LAS TEORÍAS DEL SACRIFICIO PRIMITIVO
Y SU SIGNIFICADO ANTROPOLÓGICO
Textos de Víctor Cadenas de Gea


SEGUNDA PARTE


9. El sacrificio totémico en Émile Durkheim

Émile Durkheim participó de las características esenciales de la antropología evolucionista, si bien no puede decirse con justicia que se conforme plenamente a esta manera de pensar, del modo en que la vimos, por ejemplo, reflejada en Tylor. El investigador francés, en efecto, no visitó aquellas sociedades australianas de las que hablaba. Pretendía alcanzar, desde la pura especulación acerca de ellas, un conocimiento universal y genético, y todo ello por medio de un análisis comparativo. Además, su explicación de la vida colectiva fue objeto de críticas. La más contundente la presentó Evans-Pritchard cuando afirmó que la teoría de Durkheim no era sociológica sino psicológica. Esos estados de exaltación que generaban las representaciones colectivas eran, en último término, patrimonio de la psicología, no de las relaciones sociales [51].

Destaquemos ahora algunas de sus ideas principales acerca del fenómeno sacrificial. Dentro del marco en el que Durkheim se concentró, el de la religión totémica, los ritos sacrificiales gozan de una extraordinaria importancia. Aunque definir la noción de totemismo es algo particularmente difícil, pues se presenta de modos muy diversos en lugares muy distantes, propondremos una explicación introductoria [52]. Basándose en ideas expuestas por Robertson Smith, y en el trabajo etnográfico de su época, Durkheim entendió el totemismo como aquella forma originaria de lo religioso, característica de algunas sociedades agrupadas en clanes. Los individuos que componen un clan se consideran unidos entre sí por un lazo de parentesco. Pero dicho parentesco no se entiende desde el punto de vista de la consanguinidad. Los individuos de un clan se consideran parientes por el sólo hecho de llevar un mismo nombre y participar de una serie de valores y acciones comunes. El nombre que portan corresponde, en cada caso, a una especie animal, vegetal e incluso natural. Cada clan tiene su tótem, que le pertenece en exclusiva, y éste es considerado como un ancestro originario, una figura sagrada. Aun cuando el tótem sea, antes que nada, un símbolo del clan.

Sobre la especie totémica de cada clan reina un profundo respeto. Es objeto de numerosas prohibiciones, en tanto que imagen sagrada del grupo. Se supone que en la planta o en el animal totémico reside un principio temible. Y como tal debe ser considerado. Suele estar prohibido comer de la especie totémica y hasta incluso tocarla. Pero, no obstante, tal interdicción se rompe en determinadas ocasiones festivas. Durkheim estudió a fondo estas festividades, llamadas Intichiuma. En ellas, la especie totémica es devorada por la comunidad. Esta comida supone ingerir una especie sagrada, frecuentemente un animal, y por tanto la comunidad participa de esa sacralidad, la hace suya. Así entendido, el sacrificio es un “acto en base al cual es inmolado un ser y después comido por parte de aquellos que le adoran” [53].

Para los propios fieles que participan en el Intichiuma, la finalidad del rito alimenticio es bien evidente: sirve para propiciar la reproducción de las especies totémicas. Por medio de esta práctica, los individuos reunidos participan de la sacralidad de la víctima, y tal congregación facilita la nueva generación de los animales y plantas totémicos. Vemos, por tanto, que el efecto que persigue el sacrificio es positivo. Por medio de la muerte de la víctima, se obtienen nuevas vidas. Pero no debemos olvidar algo esencial. Como ya dijimos, las especies totémicas no son más que símbolos de la sociedad. Por tanto, el sacrificio, a pesar de su finalidad aparente, es decir, la afirmada por los propios implicados, tiene otra finalidad esencial, más verdadera. Ésta no es otra que la reproducción y mantenimiento de la propia sociedad. Si las especies totémicas no son más que la propia sociedad transfigurada, deificada, es claro que lo que secretamente se pretende con el sacrificio es lograr la permanencia de la propia comunidad. No olvidemos que, para Durkheim, es constitutivo de lo religioso la ignorancia del implicado en los fenómenos en los que toma parte. Para éste, la finalidad del rito es obtener una abundancia de especies totémicas. Pero, en realidad, lo que se obtiene es la revitalización de la propia sociedad. El efecto inmediato de toda ceremonia religiosa es “aproximar a los individuos, multiplicar entre ellos los contactos y hacer que sean más íntimos” [54].

 

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