LAS TEORÍAS DEL SACRIFICIO PRIMITIVO
Y SU SIGNIFICADO ANTROPOLÓGICO
Textos de Víctor Cadenas de Gea


SEGUNDA PARTE


10. Don y consagración en Henri Hubert y Marcel Mauss

Las aportaciones de Durkheim en antropología de la religión gozaron de una notable influencia. La fundación de la revista L´Année Sociologique, aparecida en 1898, supuso la creación del órgano de difusión de las ideas de la sociología francesa. De entre los muchos autores que participaron en la publicación hay que destacar, en nuestro tema, a Henri Hubert (1872-1927) y Marcel Mauss (1873-1950). Este último era el sobrino de Durkheim. Hubert y Mauss trabajaron conjuntamente en algunos textos. De entre ellos, el más importante fue el Ensayo sobre la naturaleza y la función del sacrificio, aparecido en 1899. Esta investigación parte de la gran premisa indagada por Durkheim: lo sagrado, y lo religioso en su conjunto, no son otra cosa que lo social. La sociología francesa encaró de un nuevo modo la archisabida relación entre lo humano y lo divino. Continuando la gran intuición durkheimiana, según la cual había que abandonar toda pretensión de definir lo religioso en términos de divinidad, la comunicación de lo humano y lo divino es ahora sustituida por la comunicación entre lo profano y lo sagrado.

En el sacrificio tal comunicación se revela en todo su esplendor. El rito de inmolación no es más que “un medio para que el profano pueda comunicarse con lo sagrado a través de una víctima” [55]. Esta relación entre los dos mundos es lo que llamamos consagración. Por medio del sacrificio, la víctima desempeña el papel de mediador o intermediario. Transita de lo profano a lo sagrado, cambiando de condición. Pero este cambio no sólo afecta a la víctima como tal, sino también a la comunidad que la ofrece. Aun cuando no haya comunión en sentido estricto, el oferente o sacrificante, esto es, aquel que realiza el rito, aquel que pone en marcha la operación sacrificial, cambia él mismo de condición, participa él mismo de lo sagrado. El sacrificio es un acto religioso que, por medio de la consagración y la destrucción de la víctima, modifica el estado de la persona que lo realiza. De este modo, se produce una especie de contagio en el que la víctima hace de eslabón a través del cual se establece una corriente sacralizante [56].

Para poder comprender, en su justa medida, la teoría del sacrificio de Hubert y Mauss, debemos acudir a un texto fundamental de este último. Hablamos del célebre Ensayo sobre los dones. Motivo y forma del cambio en las sociedades primitivas. En este trabajo, el fenómeno sacrificial queda inscrito en otro mucho más general. En numerosas sociedades primitivas, localizadas en Polinesia, Melanesia, América del norte, etc., se presenta un modo de transacción de obsequios que conserva la forma del do ut des, doy para que me des, ya comentada en la primera parte de nuestra investigación. En dichas sociedades se establece un intercambio de diversos objetos que, a pesar de su aparente carácter voluntario, reviste en último término una naturaleza obligatoria e interesada. Por medio de este trueque, diferente del mercantil propiamente dicho, los diversos grupos humanos eliminan sus rencillas a través de una reciprocidad manifiesta. La instauración de esta forma de don-contra don tiene como finalidad establecer el orden y la cohesión entre los diversos grupos, fomentar la armonía, mantener la estabilidad. Se trataría, por tanto, de una composición jurídica que sustituiría la venganza y todo tipo de rivalidad por medio de una simetría pacífica de derechos y deberes. Su función no es otra que la de mantener el orden y producir abundancia y riqueza [57].

Sobre la naturaleza misma del don, Mauss nos da algunos detalles importantes. En primer lugar, hay que insistir en la naturaleza aparentemente voluntaria del don-contra don. Pero esta naturaleza es sólo eso, aparente, pues en verdad el intercambio de presentes sigue una estricta pauta de obligatoriedad. En este sentido, el intercambio abriga una contradicción en su seno: “El carácter voluntario, por así decirlo, aparentemente libre y gratuito y, sin embargo, obligatorio e interesado” [58]. En segundo lugar, el don se considera como algo que supera su entidad de mero regalo, para convertirse en algo muy cercano al propio donante. En las sociedades primitivas, aceptar algo de alguien significa aceptar algo de su esencia espiritual, de su alma, nos dice Mauss. El objeto que se da no es algo inerte, lleva impregnada la esencia del donante. En este sentido, tanto negarse a dar, así como olvidarse de invitar o negarse a aceptar, supone romper esa simetría del cambio recíproco e inclinar a la comunidad al conflicto entre sus miembros [59].

Este “fenómeno social total”, como lo llamaba Mauss, tiene ramificaciones de todo tipo; jurídicas, morales y, por supuesto, religiosas. Se trataría, entonces, de un fenómeno cultural inmenso que “pone en juego a la totalidad de la sociedad y de sus instituciones”[60] . El etnólogo Bronislaw Malinowski estudió in situ este fenómeno en el kula de las islas Trobriand, un enorme sistema comercial inter e intratribal, hallando la misma función subrayada por Mauss, la de domesticar y frenar la violencia entre diversos grupos humanos [61].

El sacrificio, en tanto que relación contractual entre hombres y dioses, se presentaría, desde esta óptica, como una visión sublimada de este mismo fenómeno de intercambio. A este respecto, Mauss afirma taxativamente que “la relación entre estos contratos y cambios entre hombres y entre esos contratos y cambios entre hombres y dioses aclaran buena parte de la teoría del sacrificio” [62]. La finalidad sacrificial seguiría siendo la misma que en el kula oceánico o el potlatch americano: “comprar la paz entre unos y otros”, es decir, frenar la violencia, posibilitar un estado de pacífica reciprocidad entre dichos ámbitos.

Pero hay algo esencial que todavía no hemos mencionado. Si bien en el intercambio pautado de regalos éstos se ofrecen intactos, en el sacrificio la víctima obsequiada, sea ésta un animal o un hombre, ha de pasar por una modificación notable. En efecto, la consagración que mencionábamos más arriba se produce por medio de la muerte de la víctima. Es mediante su destrucción cuando se produce el tránsito de lo profano a lo sagrado. Este elemento, que quizá constituya el verdadero enigma del sacrificio, es por otra parte lo esencial del ritual. La víctima es aquella cosa que se destruye durante la ceremonia. Y es su muerte la que posibilita su cambio de condición.

Según Mauss, en el sacrificio el “dar” coincide con el “destruir”. Y es así porque se entiende que esta forma de dar es la forma superior del gasto, la renuncia total al objeto por medio de su aniquilación. Cuanto mayor es el gasto, mayor es la posibilidad de réplica por parte de la divinidad. La víctima continúa siendo un obsequio que realiza un viaje de uno a otro mundo, pero dicho viaje viene marcado por el asesinato. Este elemento de la teoría maussiana ha gozado de una importante influencia en autores posteriores. Uno de los que adoptaron esta forma de ver el asunto fue el filósofo francés Georges Bataille [61]. Del mismo modo, la instauración en el análisis de las categorías de lo “sagrado” y lo “profano” ejerció un cambio de rumbo total en la antropología de la religión. Así se pone de manifiesto en las obras de autores fundamentales en la materia como Roger Caillois, Jean Cazeneuve, Rudolf Otto y Mircea Eliade.

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