LAS TEORÍAS DEL SACRIFICIO PRIMITIVO
Y SU SIGNIFICADO ANTROPOLÓGICO
Textos de Víctor Cadenas de Gea


SEGUNDA PARTE


11. El sacrificio en Mircea Eliade

Frente a una manera de comprender los hechos religiosos como la problemática relación entre lo humano y lo divino, la escuela sociológica francesa sustituyó este dualismo por otro: lo profano y lo sagrado. Dichos conceptos vinieron a consolidarse en la disciplina antropológico-religiosa, convirtiéndose prácticamente en su carta de presentación.

Así, para el investigador de procedencia rumana Mircea Eliade (1907-1986), la noción de lo sagrado es la que constituye el verdadero objeto de estudio de la antropología de la religión. Todas las diversas formas religiosas tienen en común precisamente esto. Todas ellas, tengan o no tengan dioses, sí poseen una determinada concepción, más o menos nítida, más o menos confusa, de lo sagrado. La religión, en su aspecto más genérico, no se define bien por medio de esa “creencia en seres espirituales” de la que nos hablaba Tylor. Algunas religiones, incluso muy primitivas, desconocen esa acepción de los “espíritus”. Otras, más modernas, se configuran sin ninguna necesidad de dioses, como el budismo. Pero todas ellas poseen una determinada “experiencia de lo sagrado”, desde la cual edifican todas sus creencias y prácticas [64].

Eliade ha sido el gran científico de las religiones del siglo XX. Su obra, extensa y abrumadora, comparte de igual modo grandes volúmenes eruditos con escritos divulgativos. Tuvo un íntimo contacto con la religión de la India, a la que dedicó no sólo trabajos ensayísticos, sino también novelas y diarios. Posteriormente elaboró una morfología y una hermenéutica de las manifestaciones religiosas, haciendo acopio de materiales de procedencia muy diversa.

En el tema que nos ocupa, Eliade analizó prolijamente el fenómeno del sacrificio primitivo. En muchas de sus obras se rastrea un examen concienzudo del enigma sacrificial, tan importante en la estructuración de las sociedades arcaicas. Eliade se enfrentó al problema sin ningún tipo de cortapisas, tratando de comprender, sin reservas, la naturaleza y la función de los ritos sacrificiales. Para las comunidades que los han practicado y practican, los rituales de inmolación revisten una fuerza y una necesidad que, para nosotros occidentales, es difícil de entender. El sacrificio aparece como la condición de toda creación, como el requisito indispensable que ha de llevarse a cabo para la consecución de cualquier obra de importancia.

Es con la aparición de la agricultura donde surge el sacrificio cruento. Las comunidades que, por medio de la siembra y la recolección, comienzan a tomar conciencia del ciclo en el que se inscribe todo lo existente, comienzan también a comprender que la vida sólo puede surgir a partir de algo que muere. Toda creación implica una transferencia de la vida. A través del sacrificio, se proyecta la energía y la vida de la víctima sobre la obra que se pretende crear. Ésta puede ser una buena cosecha, la caída de la lluvia, una obra arquitectónica, etc. Dice Eliade: “El hombre arcaico creía que no era posible crear nada sin el sacrificio cruento. Se trata de una concepción muy antigua, y casi universal, concretamente la creencia de que toda creación implica una transferencia mágica de la vida. Se proyecta, a través de un sacrificio cruento, la energía, la vida de la víctima sobre la obra que se pretende crear” [65].

En Herreros y alquimistas, libro altamente interesante para comprender, no sólo a las culturas metalúrgicas, sino a la mentalidad arcaica en general, el sacrificio se suele presentar como el requisito previo de toda fabricación. Se basa en “la idea de que la vida sólo puede engendrarse partiendo de otra vida que se inmola”[66] . En La prueba del laberinto, texto en el que el filósofo rumano mantiene conversaciones con Claude-Henri Rocquet, se dice de un modo similar: “Toda vida implica la muerte de otros seres; para vivir hay que matar” [67].

Esta terrible paradoja constituye quizá el rasgo fundamental de la mentalidad arcaica. Hablamos de una manera de comprender la vida como íntimamente relacionada con la muerte, y viceversa. Para la óptica de nuestro mundo moderno, vida y muerte aparecen con frecuencia como elementos opuestos, cuando no contradictorios. Pero para el hombre arcaico y primitivo, entre estos dos términos se da una relación de profunda afinidad. El sacrificio, cuyo principal movimiento es el de dar muerte, otorga en cambio fecundidad; hace crecer. En este sentido, vida y muerte no se entienden como contradictorios, sino como complementarios. Los dos términos se necesitan recíprocamente. Uno de ellos nos dirige al otro, y viceversa. Esta coincidentia oppositorum es el rasgo fundamental de la ontología arcaica [68].

Ahora bien, para entender en su justa medida todo lo que aquí se está diciendo, debemos ahondar más en el complejo significado que abriga el sacrificio para las culturas que lo practican. Con efectiva unanimidad, todas estas culturas hacen descansar la realidad de sus ritos de inmolación en configuraciones míticas, en relatos acerca de sucesos originarios, perdidos en la noche de los tiempos. Todo rito sacrificial concreto tiene su explicación y su justificación, en suma, su razón de ser, en esas historias fundacionales que la propia cultura ha elaborado, convirtiéndolas en mitos. En este sentido, el sacrificio no es más que la repetición de un mito cosmogónico, es decir, la escenificación del acto primordial que creó el mundo.

Vemos aquí desarrolladas varias cuestiones importantes. Por un lado, como hemos visto, la idea de la coincidencia de los opuestos: la vida y la muerte formando un ciclo indisoluble. Por otro, la idea de la repetición de un suceso acaecido en los orígenes. Respecto a lo segundo, es notable comprobar cómo, a pesar de las críticas que ha recibido el genetismo en antropología de la religión, es su mismo objeto de estudio el que se dirige a los orígenes. Las propias sociedades primitivas son genetistas: sustentan y legitiman toda su idiosincrasia en sucesos modélicos, legendarios, acontecidos en una era remota y esencial. En su famoso Tratado de historia de las religiones, Eliade estudia los sacrificios agrarios, haciéndonos ver cómo descansan en actos primordiales que tuvieron lugar ab initio. En este sentido, el rito no sólo es una repetición escenificada de la creación, sino, al tiempo, una reproducción de la creación originaria. Su función es la regeneración de la fuerza sagrada que sustenta todo lo real, la reconciliación entre el hombre y la naturaleza [69].

En el tema del sacrificio, todo remite a un suceso originario. Pero del mismo modo ocurre en los demás fenómenos, sean religiosos o no. El hombre primitivo, llega a decir Eliade, entiende que todas las cosas y acciones, que para él y su cultura están dotadas de un significado, repiten o imitan un arquetipo, un modelo establecido desde los orígenes. Todo lo que tiene realidad, la tiene porque reitera y perpetúa conductas míticas fundacionales. Todo gesto importante, lo es por esa repetición de lo que ocurrió al principio de los tiempos. Para Eliade, todo rito es “una copia del acto primordial de la creación del mundo”. El sacrificio que se ejecuta cuando se edifica una casa, el que se realiza para la fertilidad de las cosechas, etc., “no es sino la imitación, en el plano humano, del sacrificio primordial celebrado in illo tempore para dar nacimiento al mundo” [70].

El relato cosmogónico que sustenta el sacrificio ritual, a pesar de las variantes, suele presentar rasgos comunes. Respecto al sacrificio agrario, el ritual no sólo debe ser entendido como la petición a los dioses de una óptima cosecha. El rito es significativo y posee eficacia, no principalmente porque consiga el efecto pretendido, sino más bien porque repite un suceso fundamental:

“La concepción de aquellas poblaciones es que la planta nutricia es fruto de un asesinato primordial. Un ser divino fue muerto, descuartizado, y los fragmentos de su cuerpo dieron origen a unas plantas hasta entonces desconocidas (...) Sin embargo, para asegurar la cosecha siguiente, hay que repetir ritualmente el primer asesinato. De ahí el sacrificio humano, el canibalismo y otros ritos a veces crueles. El hombre ha aprendido no sólo que su condición le exige matar para vivir, sino que además ha asumido la responsabilidad de la vegetación, de su perennidad, y por ello ha asumido el sacrificio humano y el canibalismo”[71] .

El incidente es, por tanto, un asesinato ocurrido in illo tempore, al inicio del mundo. La víctima es identificada como una deidad, cuyo cuerpo es despedazado, resultando de cada fragmento una porción de lo existente. En el caso agrario, son las plantas las que surgen tras la inmolación; pero en las sociedades metalúrgicas, dichos pedazos originan los metales [72]. Sustentar el mito en un asesinato primordial ya había sido una hipótesis propuesta por algunos investigadores anteriores. Frazer destacó el fenómeno, así como Sigmund Freud [73]. Eliade siempre tuvo presente el tema, principalmente porque es el contenido de un buen número de mitos cosmogónicos. Las referencias que los pueblos primitivos hacen del origen violento son, en este sentido, numerosas: “Para un número considerable de pueblos (…) las tradiciones concernientes al origen de la actual condición humana revisten una expresión más dramática todavía. Según sus mitos, el hombre se ha vuelto en lo que hoy es (mortal, sexualizado y condenado al trabajo) como consecuencia de un asesinato primordial” [74].

Lo que nos interesa destacar de esta compleja secuencia es la propia raigambre en la que hay que inscribir el fenómeno del sacrificio ritual. Éste descansa en un relato que, genéticamente, escenifica la muerte violenta de un dios. De sus pedazos, como si fueran semillas, crecen la cultura humana y sus principales instituciones. El rito no es más que la reactualización periódica del recuerdo de ese dramático suceso primordial. Todo sacrificio, por tanto, imita un modelo mítico. La cultura y todos sus productos son resultado directo de esa violencia comunitaria. La misma existencia del hombre es producto de ese primer asesinato.

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