VISIÓN SINÓPTICA DE ROGER SCRUTON
Artículos recopilados por F. Huneeus . Chile.

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Contra Rawls

De los muchos temas que aborda este libro multifacético quisiera comentar uno: el papel de las instituciones.
¿Contra qué escribe Scruton? ¿A qué se opone?
Los adversarios son dos escuelas: el liberalismo individualista fundacional y el liberacionismo.

El liberalismo individualista se propone fundar las instituciones más básicas de la sociedad desde cero a partir de individuos racionales, aislados, sin historia, sin cultura, sin pertenencias ni tradiciones. Sería el caso de Rawls en su Teoría de la justicia, y de los teóricos de la decisión racional colectiva, por ejemplo. Para un liberal de este tipo «todas las instituciones son el producto de decisiones humanas, y estas opciones en símismas son la fuente de su legitimidad.» La objeción arranca de Hegel: «la legitimidad surge precisamente del respeto que tiene el ser racional hacia símismo y hacia sus semejantes como seres formados, nutridos y amplificados por las instituciones.» Es un error «intentar fundamentar una visión de la sociedad basándose en la sola idea de la elección racional,» afirma Scruton.

Nuestra concepción de los derechos y libertades constituye un conjunto de reglas que no se pueden entender sino al interior de una tradición. Es un espejismo imaginar la posibilidad de una fundamentación abstracta de principios cuyo sentido sólo se capta sobre la base del entramado de prácticas de una cultura. ¿Se ve cómo Scruton compone un contrapunto con argumentos de Wittgenstein y de Hegel? Esto es característico de su modo de pensar. Sin embargo, ¿Hasta dónde vale esta crítica contra Rawls después de su último libro, Liberalismo Político?

Su crítica a John Rawls, más que a los principios que deriva, se centra en el método a través del cual los deriva. Y esto rige para toda la tradición contractualista. Ese es el liberalismo que repudia Scruton. No cree que sea posible fundar la legitimidad de las intituciones. Se inclina por la posición de pensadores como David Humee, como Adam Smith a los cuales nosotros llamaríamos, por cierto, liberales. La legitimidad surge del consenso tácito que nutren «las costumbres sancionadas por el tiempo, donde los ciudadanos escogen libremente actuar de acuerdo a la tradición. Por supuesto que esto huele a mano invisible,», afirma «y no es un accidente que los defensores del libre mercado en el siglo XVIII estuvieran también dispuestos a aceptar la idea de la legitimidad basada en las costumbres».

* Arturo Fontaine es escritor. Su última novela es «Cuando éramos inmortales» (Editorial Alfaguara)

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