FRANCISCO HUNEEUS: VISIÓN SINÓPTICA DE ROGER SCRUTON  

(Artículos recopilados por F. Huneeus . Chile. ) 

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 Un libro maestro   
[ Arturo Fontaine Talavera* ]

El libro Filosofía Moderna: una introducción sinóptica de Roger Scruton, ha sido acogido con inusual interés en el mundo de la filosofía analítica. Se le ha comparado a la introducción a los problemas filosóficos de Bertrand Russell. «Bien escrito, confiable y a menudo iluminador. Sus explicaciones son siempre sensatas y con frecuencia, excelentes... Notable capacidad para comunicar la esencia específica de un pensador... Admirablemente docto en la cobertura de los temas»... (The Times Literary Supplement) Sus seiscientas veinticuatro páginas acaban de aparecer en castellano editadas en Chile por Editorial Cuatro Vientos. Su autor es una de las figuras intelectuales más polémicas y originales de hoy.

Este es un libro maestro. No hay nada hoy por hoy que pueda comparársele. Aquíestá la filosofía de nuestro tiempo. Sus preguntas, sus temas y preocupaciones, sus diferentes modalidades, sus promesas y limitaciones, sus logros y nobles fracasos, sus héroes y enemigos. La perspectiva es la de un pensador de veras, erudito y a la vez apasionado.

Scruton ha escrito otros libros. En algunos de ellos, su Estética de la arquitectura (1979) y su Estética de la música (1998), por ejemplo, ha planteado teorías propias y puesto en juego una cultura amplia y honda. En la primera de ellas argumenta en contra del intento de renunciar a la mirada estética y de sustituirla por un puro cálculo funcional. Porque implícitamente la apelación a la función funda una estética. «Lo que pretende ser ëfuncionalí atrae precisamente porque es algo más que eso, porque la funcionalidad está expresada en su apariencia». Ocurre que buena parte de la arquitectura modernista parece funcional sin serlo.

Para Scruton la perspectiva estética con respecto a cómo habitamos es irrenunciable. Cualquier estudiante que arregla su pieza introduce un orden, una intencionalidad humana que tácitamente, al menos, presupone juicios estéticos. Lo mismo pasa con la ropa. Lo estético siempre alude a un estilo de vida. Porque «el ejercicio del gusto y la transformación imaginativa de la experiencia son de hecho lo mismo».

En la segunda de estas obras, se pregunta cuándo un sonido se vuelve música. Scruton sugiere que al oír unos sonidos como música los relacionamos unos con otros en una suerte de «campo de fuerza» musical. Entran en juego otros sonidos actuales y posibles que se vinculan a él. Cuando eso ocurre, ese sonido está siendo oído como un tono. «El orden que oímos en la música es... un orden de intención, en el cual una cosa sirve de razón a otra». La música implica a la imaginación. «Un tono no sólo hace surgir a su sucesor; crea las condiciones que hacen del sucesor una respuesta correcta o apropiada a él». Esas resonancias, órdenes y vinculaciones, aunque lo presuponen, no pertenecen al mundo de la física del sonido. Por eso podemos decir «esa música no la entiendo» o « antes no; pero ahora sí me llega esta música.»

El intento de este pensador de versatilidad renacentista (ha incursionado también en la novela, la composición musical, la crítica literaria) es, en el fondo, de índole humanista. La resistencia a los reduccionismos es una expresión de confianza en la libertad humana. La forma de hacerlo no es oponerse, por cierto, a la ciencia sino que mostrar que hay un mundo impenetrable para ella. El reduccionismo cientificista, la tesis de la primacía del punto de vista de la ciencia, no es una tesis científica; es una tesis metafísica. Lo que ese enfoque deja fuera es el mundo de la intencionalidad, de las razones y motivos, es decir, de la vida tal como se nos da a los seres humanos. Además, a menudo se basa en una concepción positivista de lo que es la ciencia que difícilmente se sostiene al ser confrontada con las prácticas de la ciencia real.

Sucede, por ejemplo, con la sexualidad. «Lo que realmente somos desde un punto de vista científico», escribe Scruton en Filosofía Moderna, «es precisamente lo que no somos, y si algo lo muestra es el estudio del comportamiento sexual. El deseo sexual es una respuesta al otro tal como es percibido, no tal como es descrito anatómicamente.» En Sexual Desire(1986) sostiene que la caricia erótica es un «desvelamiento» en el sentido de Heidegger. «Intenta llenar la superficie del cuerpo de la otra persona con la conciencia del interés de uno -interés no sólo en su cuerpo, sino que en ella como encarnada, en su cuerpo como una parte integral de la identidad de su yo». En la experiencia erótica hay una conciencia de la otra persona como un foco de intenciones. Ella «está alerta respecto de mí». Por eso el rostro tiene tanta importancia. «Vemos la mirada de otra persona», dice Scruton, «como una seña de su libertad». Y en otro sitio ha escrito: «para nosotros una sonrisa es siempre más que carne, aunque sea sólo carne.» Esta obras acerca de la arquitectura, la música y la sexualidad son de extraordinario rigor y originalidad. Por otro lado, Scruton es autor de numerosos ensayos. En Chile, en la revista Estudios Públicos, han aparecido varios artículos suyos: «La dificultad de la semiótica», (1984) «La arquitectura de lo horizontal»,(1984) «La actitud conservadora», (1991) «La primera persona plural» (1994).


* Arturo Fontaine es escritor. Su última novela es «Cuando éramos inmortales» (Editorial Alfaguara)

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