VISIÓN SINÓPTICA DE ROGER SCRUTON
(Artículos recopilados por F. Huneeus . Chile)

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«Filosofía Moderna» no es un texto neutral

En Filosofía Moderna estamos ante Roger Scruton, profesor de filosofía. Esta veta se encontraba ya en Desde Descartes a Wittgenstein (1981); A Dictionary of Political Thought (1982) y Kant (1982), pero aquíse despliega en pleno. Se trata de un libro general, de una visión sinóptica. La edición chilena de Editorial Cuatro Vientos es cuidada y señala en las páginas de la derecha el número del capítulo, lo que es muy útil. La edición inglesa de Sinclair-Stevenson (1994) no da esta facilidad al lector. Se agradece el índice de nombres, lo que no siempre tienen nuestras ediciones. La traducción, tarea difícil tratándose de un autor que combina precisión analítica y estilo propio, me ha parecido en líneas generales adecuada. El prólogo del profesor M.E. Orellana, que en Oxford fue alumno de Scruton, es lo que se debe ser y rara vez es un prólogo: sólo una invitación breve y tentadora.

Un texto introductorio como este, está lleno de peligros. Decir demasiado poco o, al contrario, demasiado. Resultar difícil o desfigurar la filosofía por hacerla asequible. Su visión tal vez parezca injusta, arbitraria. Más de alguien estimará que Scruton es excesivamente opinante y categórico dada la naturaleza del libro. Pero si la obra es impasible e imparcial puede terminar aburriendo. Suele pasar con las enciclopedias.

Filosofía Moderna salva, en gran parte, estos escollos. El lector alcanza en cada uno de los temas a oír la melodía. A veces, incluso, habrá ocasión de seguir sus variaciones sutiles y de ser testigo de momentos de virtuosismo. Scruton pone al lector en contacto con los argumentos mismos. Y los plantea con una lucidez y brevedad casi desconcertantes. Vibra con ellos con esa juventud de espíritu que caracteriza a los grandes profesores, que nunca dejan del todo de ser alumnos. Por ejemplo, cuando se entusiasma exponiendo la teoría de los nombres como designadores rígidos de Kripke que contrasta con el nombre entendido como descripción en Russell, en Searle, y su teoría de lo necesario a posteriori. O cuando plantea la naturaleza de religión de Durkheim. O en general cuando analiza a Wittgenstein, a Hegel, a Kant.

Sus rechazos son claros y sus polémicas, apasionadas. Ocurre con Foucault, con Derrida. Este no es un libro neutral. Todo lo contrario. Está lleno de juicios tajantes. No siempre. Así, el capítulo sobre filosofía de las matemáticas es expositivo, claro, sereno. El autor termina, a su pesar, admitiendo que «todavía hay cierta vida en el platonismo». Qué sean los números sigue siendo una pregunta inquietante.
El lector se encontrará muchas veces en completo desacuerdo con el autor. Pero sus argumentos nunca dejarán de ser desafiantes y entretenidos. Al final hay toda una sección de lecturas comentadas y apuntes de estudio. Una guía valiosísima para quien quiera adentrarse más en estos asuntos.

El logicismo y la teoría del lenguaje de Frege, la prueba de la existencia de Dios de Plantinga que recurre a la lógica modal, la visión del derecho de Hart y de Dworkin, el construccionismo en la matemáticas según Dummett, la ling¸ística de Saussure y la semiótica estructuralista, la discusión acerca de la justicia distributiva en Rawls y en Nozick, la cuestión de los universales, el ser hacia la muerte de Heidegger, el demonio de la duda escéptica que tentó a Descartes, la mano invisible de Adam Smith, el espacio en las geometrías no euclidianas, el mercado en Hayek, el significado de Peano en la filosofía de las matemáticas, la libertad de Sartre, el problema del determinismo, el contrato social en Hobbes, en Locke, en Rousseau, en las teorías de la elección colectiva, las paradojas de Zenón, del mentiroso, del infinito, el dilema del prisionero, la intencionalidad en la sexualidad humana, el realismo interno de Hilary Putnam, lo necesario, el «yo» en Fichte, el concepto de persona a partir de Kant, el positivismo lógico de Carnap, el utilitarismo y el consecuencialismo, la genealogía de la moral en Nietzche y en Marx, el poder según Foucault, el sentido diferido de Derrida, la ciencia en la filosofía de Popper, de Hempel, las teorías de Quine, de Strawson...

Scruton es un pensador al que nada humano le es ajeno. Consigue vincular, contrastar, discutir y entrelazar pensadores de tradiciones, épocas y estilos disímiles. La filosofía en virtud de su propia diversidad, aparece como una misma, larga y absorbente conversación que se mantiene viva a través de las generaciones.

* Arturo Fontaine es escritor. Su última novela es «Cuando éramos inmortales» (Editorial Alfaguara)

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