JUAN HUARTE DE SAN JUAN

5. Las acciones del entendimiento

Cuando Huarte define la naturaleza del entendimiento, destaca sobre todo su dignidad, su falibilidad y la unidad de la verdad que persigue... Lo que corresponde al entendimiento es saber de raíz la verdad: el propter quid. "Es la potencia más noble del hombre y de mayor dignidad, pero ninguna hay que con tanta facilidad se engañe acerca de la verdad como él... el sentido siempre es verdadero, pero el entendimiento, por la mayor parte, raciocina mal". Este es el punto de vista de Aristóteles, pero, además, se ve claramente por experiencia -añade nuestro doctor-, porque si no fuera así, ¿había de haber entre los graves filósofos, médicos, teólogos y legistas, tantas discusiones, tan varias sentencias, tantos juicios y pareceres sobre cada cosa, no siendo más que una la verdad?

Huarte anticipa a Kant en su descripción del proceder del entendimiento. En un interesantísimo pasaje del capítulo XI, se pregunta por qué el entendimiento es más fácil de engañar que los sentidos, y responde que los objetos de los sentidos tienen ser real, firme y estable por naturaleza; "pero la verdad que el entendimiento ha de contemplar, si él mismo no la hace y no la compone, ningún ser formal tiene de suyo; toda está desbaratada y suelta en sus materiales, como casa convertida en piedras, tierra, madera y teja, de los cuales se podrían hacer tantos errores en el edificio cuantos hombres llegasen a edificar con mala imaginativa" (18).

No es que el entendimiento dependa de la imaginación, sino que así como la imaginación construye activamente las figuras sensibles, el entendimiento construye las inteligibles, pero sólo a partir de la "síntesis" que le proporciona la imaginación (19).

Y sigue diciendo: "Lo mismo pasa en el edificio que el entendimiento hace componiendo la verdad: que si no es el que tiene buen ingenio, todos los demás harán mil disparates con unos mismos principios. De aquí proviene haber entre los hombres tantas opiniones acerca de una misma cosa, porque cada uno hace tal composición y figura como tiene el entendimiento. De estos errores y opiniones están reservados los cinco sentidos; porque ni los ojos hacen el color, ni el gusto los sabores, ni el tacto las calidades tangibles: todo está hecho y copuesto por naturaleza, antes que cada uno conozca su objeto".

Vemos la insistencia de Huarte en el valor objetivo del contenido de las impresiones sensibles, lo dado, contrapuesto a las composiciones, figuras y opiniones fabricados por el entendimiento, y que son constructos suyos. Los sensibilia son también aquí, en el tratado de Huarte de 1575, anteriores al conocimiento objetivo, esto es, al objeto formalizado por el entendimiento. He aquí, ¡dos siglos antes de la primera edición de la Crítica de la razón pura (1781)!, la determinación del entendimiento como una facultad creadora, y del conocimiento como un hacer y una composición inteligente (ingeniosa), que atribuye forma y supone estructura en el desorden material sensible. En esta concepción arquitectónica del conocimiento, Huarte asigna -de modo parecido a Hume en su Tratado de la naturaleza humana (1739-1740)- una función trascendental a la imaginación, como facultad de enlace entre la sensibilidad y las acciones del entendimiento. En un doble sentido, pues como ha explicado ya Huarte, es la imaginación la que saca las figuras de la memoria para ofrecérselas al entendimiento, pero también es ella, como se dice aquí, la responsable de la aplicación de los principios del entendimiento, que son los mismos siempre, a los materiales y elementos sensibles, para construir "el edificio que el entendimiento hace componiendo la verdad".

La analogía entre la doctrina que aquí se expone sintéticamente y la de la "analítica trascendental" es tan grande, que nos parece muy verosímil que ésta deba algo a aquélla, al menos en esquema. No es descabellado conjeturar dicha influencia directa, habida cuenta de lo muy conocida y valorada que era la obra del médico español en los ámbitos universitarios de la cultura alemana de la ilustración.

La necesidad de una crítica de la razón, esto es, de un análisis de su límites, es expresada a continuación por Huarte en el mismo capítulo XI de su Examen de ingenios: "Por no estar advertidos los hombres en esta triste condición del entendimiento, se atreven a dar confiadamente su parecer, sin saber con certidumbre cuál es la manera de su ingenio y si compone bien o mal la verdad". La desconfianza huartina del entendimiento procede también de la constatación de la variedad de gustos y apetitos que se hallan en las composturas que el entendimiento hace: "un mismo argumento, a uno parece razón sofística, a otro probable, y a otro le concluye como si fuese demostración". Desde luego, esta humanización del entendimiento es distinta de su consideración como inteligencia pura o potencia espiritual. Y a Huarte no le cuesta declarar que es la pérdida del buen temperamento del cerebro lo que hace aborrecer la verdad y aprobar la mentira, y que los hombres (particularmente los graves y doctos) están persuadidos que tanto vale la autoridad humana cuanto tiene de fuerza la razón en que se funda, pero he aquí que, dada la falibilidad y variedad de los entendimientos, cada uno juzga de la razón conforme al ingenio que alcanza. A veces hace más efecto y es más persuasivo el liviano argumento que el muy bueno... "En lo cual se muestra la gran miseria de nuestro entendimiento, que compone y divide, argumenta y razona, y, después que ha concluido, no tiene prueba ni luz para conocer si su opinión es verdadera". Como ejemplo, Huarte pone la incertidumbre de la teología (en las materias que no son de fe). El teólogo, al contrario que el médico o el capitán general, no tiene que contrastar sus argumentos con los resultados.

Con respecto a la utilidad de la fe, Huarte repite, sin citarle, un famoso argumento de Tomás de Aquino (20), el cual extrae toda su fuerza de la constatación de la labilidad del entendimiento... "porque entendiendo Dios cuán inciertas son las razones humanas y con cuánta facilidad se engañan los hombres, no consintió que cosas tan altas y de tanta importancia quedasen a sola su determinación"... Y así, "lo que no se puede alcanzar con fuerzas humanas revela". Pero, en las demás cuestiones, el entendimiento tiene libertad de opinar, sin más limitaciones que la coherencia ("buena consonancia"), aunque Huarte advierte que muchas falsedades suelen tener más apariencia de verdad y mejor probación que las muy verdaderas. En los saberes prácticos, como la medicina y el arte militar, el suceso y la experiencia sirven de prueba, aunque no del todo concluyente, "porque teniendo un efecto muchas causas, bien puede suceder bien por la una, y las razones ir fundadas en otra causa contraria".

Siguiendo la doctrina de Aristóteles (Tópicos), le reconoce valor conclusivo a la opinión pública: "es bien seguir la común opinión" en que cristaliza históricamente el punto de vista de "muchos sabios varones", aunque Huarte matiza que "en las fuerzas del entendimiento, más vale la intensión que el número". Anticipando a Descartes (Discurso del método, 2ª parte), el autor del Examen afirma: "para alcanzar una verdad muy escondida, más vale un delicado entendimiento que cien mil no tales; y es la causa que los entendimientos no se ayudan, ni de muchos se hace uno, como en la virtud corporal".

El mismo ilustra con un ejemplo la función formadora que tiene la lógica (dialéctica) para el entendimiento: "no es más la dialéctica, para el entendimiento, que las trabas que echamos en los pies y manos de una mula cerril: que andando algunos días con ellas, toma un paso asentado y gracioso. Ese mismo andar toma el entendimiento en sus disputas trabándolo primero con las reglas y preceptos de la dialéctica"


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Las acciones del entendimiento|Introducción|1. Huarte y la filosofía moderna|2. Naturaleza e ingenio|3. Imaginación: reminiscencia y sentido común|4. La prudencia de la carne: la destreza y la gracia|6. Trascendencia de la voluntad racional|7. El bruto y el ángel |

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José Biedma