LA FILOSOFÍA DEL LÍMITE A JUICIO (PorFernando Pérez-Borbujo)

Hacer, o impartir, justicia es una de las tareas más difíciles a las que el ser humano pueda consagrar su tiempo. En realidad, impartir justicia más parece tarea de un dios, de un destino ciego, de una estructura ideal o de un extraño equilibrio vital. Sin embargo, toda realidad viva reclama, desde lo más profundo de sus entrañas, una de las formas más lúcidas de justicia, e incluso, de forma paradójica, aún en el caso de que dicha justicia exija o reclame el castigo propio. No teman, no nos encontramos ante un tedioso o aburrido tratado sobre la justicia, aquélla a la que todos apelan con los labios, y que parece brillar por su ausencia en el mundo real, aunque "brillar por la ausencia" sea una de las formas más lúcidas de justicia. Queremos, pues, como hercúleo Prometeo, consagramos de corazón a dicha tarea, y aún en el fracaso, levantar con ello un monumento a una filosofía que no tiene otro aliciente que el de merecérselo.

Han pasado ya treinta años desde que apareciera en el marco de la filosofía española La filosofia y su sombra (1969), rareza inclasificable dentro de las filosofías de moda (estructuralismo, marxismo, positivismo lógico, neoescolasticismos, etc.), tanto por su contenido como por su forma. Un breve vistazo a dicha obra nos convencerá de que nos encontramos con un desconcertante novum en el campo filosófico, con una filosofía que antes de iniciar su andadura se pregunta e interroga por su propio ser. "¿Qué es la filosofia?", tal será la pregunta fundamental de un pensamiento que parte de este modo del dato de la absoluta ignorancia.

Esta filosofía crítica, cautelosa consigo misma y con cada uno de sus pasos, llegará, en su balbuciente caminar, a encontrar   la  "base" o el "Fundamento" de su funambulista deambular en el límite: en el límite de la pasión, de lo bello, de lo simbólico, de lo ético, del lenguaje, del mundo. En esta filosofía-niña hay algo del niño divino nietzscheano, dispuesto a caminar siempre al borde del abismo, dejándose fascinar y apresar por él, para al mismo tiempo mantener el imperativo ético, el de una voluntad heroica y de una nueva naturaleza del hombre, del superhombre, la exigencia de jamás traspasar el límite, de habitar en él, en la penuria grandiosa de la frontera, en aquel terreno que, por su exigua presencia espacial y topológica, parece a momentos convertirse en delgada línea inexistente, en transparente espacio-luz, como habitar en las grietas refulgentes de un volcán en erupción. Esta imagen, que pretende conjurar algunos de los rasgos de esta filosofía con vocación de eterna precariedad, de ontología trágica, nos abre el espacio para una filosofía "con vocación de futuro" y que nos obliga a in novitate sensum ambulemus.

Esta filosofía, que avanza con pasos de gigante en su aparente imnovilidad, pretende, como parte de su élan íntimo, modificar todas nuestras estructuras de pensamiento, no por la vía de demoler todo vestigio de la tradición del pasado, sino por la más audaz de pensar a fondo los conceptos tradicionales, revivificándolos. Si tal objeto, de una filosofía que arroja de sí todo el lastre de "rnorales" pesadas, y que pretende librarse del terrible peso de una sociedad o cultura sobrecodificadas, por la vía de atravesar la barrera de fuego de la propia tradición, es un objeto desmedido o tan sólo la consecuencia lógica de una filosofía modesta, que tan sólo se propuso mantenerse fiel a sí misma en todo momento, y en esa fidelidad se encontró con su alma de titán en el corazón del más pacífico de los hombres, es cuestión que el lector habrá de dilucidar por sí mismo tras el esfuerzo por penetrar en el meollo, en el núcleo íntimo de esta "modesta" filosofía.

El límite a la sombra, al amparo del cerco hermético

Allí, en la sombra del no-saber, dormitaba alegre el límite". Tal podría ser el inicio de esa novela, de ese Bildungsroman en el que se narrará la gestación, el alumbramiento y la forja de este ser del límite, del que este artículo sólo pretende ser proemio, prólogo, o mejor aún, párvula incoacción. Como bien dice el propio Trías en el prólogo a la nueva edición de La filosofía y su sombra, en 1981, este libro "toma nota de un olvidosintomático e intenta repararlo". ¿En qué consiste dicho error o fallo básico de toda filosofía hasta la fecha? En el hecho de no haber reparado en el carácter normativo de la filosofía. Por tal carácter normativo de la filosofía entiende Trías que la filosofía no es un desapasionado ir a las cosas mismas, como propusiera Husserl, sino que la filosofía es un saber que demarca, que designa, que establece, de manera normativa, y por tanto en pugna o lucha con otras posibles concepciones, lo que es saber y no-saber.

En este sentido, el punto de partida de la filosofía de Trías es crítico, en el sentido de que empieza preguntándose por el propio saber, lo cual, como bien indica el mismo autor, "significa una actitud de distancia y de desapego con relación a aquello por lo que se pregunta; significa una toma de conciencia bastante elevada de la problemática filosófica". Entender la filosofía como un saber normativo es darse cuenta de su función policiaca (1), según la cual la filosofía se configura como una superestructura respecto al saber mismo, marcándolo con el signo de lo que es saber o no saber. Antaño, dicha función la desempeñaba el saber mismo de forma inconsciente, como en el caso de Parménides y su clásica distinción entre la vía de la opinión y la vía de la verdad, pero ahora la filosofía, en la cumbre de su ilustración moderna, alcanza, en la filosofía del límite, a esclarecerse sobre la naturaleza de su proceder inconsciente.

Toda gran filosofía, como toda gran obra de arte, empieza gracias a la ocasión, como muy bien viera Kierkegaard, y mucho antes el astuto Maquiavelo. En este caso, la ocasión que dio lugar al nacimiento de esta filosofía del límite no fue otra que el proceso inquisitorial al que el positivismo lógico sometió a la metafísica, o filosofía primera. En opinión de dicha corriente filosófica, la metafísica no es nada más que una ilusión, un fantasma, al que marca y tipifica como no-saber. Eugenio Trías señala con acierto que el positivismo lógico en su esencia no es nada más que un saber negativo, es decir, aquél cuya consistencia como saber sólo radica en su desmarcarse de la metafísica como no saber, de modo que sólo por la presencia de aquélla puede subsistir como tal. Adelantemos, en sintético gesto cargado de expresión, como de los que gustaban aquellos diablos de las vanguardias, que la filosofía del límite, si es algo, no es nada más que una metafísica, y todavía más -"creo que esta segunda afirmación me generará el tipo de polémica que me estimula a pensar"-, la única metafísica posible accesible al pensamiento humano.

La primera parte de este libro tiene la grandeza de haber establecido que existe un paralelismo entre la función normativa de los tabúes del incesto y el canibalismo para generar cultura con la del saber de la filosofía para alcanzar un saber consciente sobre dicha cultura. En este sentido, la "marca" o el "distintivo" de Occidente es la filosofía, en tanto que saber que hace aparecer "a nivel consciente esta estructura que domina a nivel inconsciente todos los dominios".

En la segunda parte de su libro, aquélla en la que su autor se pregunta por la estructura dominante en la filosofía misma, ésta es entendida como una teoría del conocimiento, en la que se define como un triángulo epistemológico, aquél que se da entre sujeto, objeto y medio de conocimiento. En dicha relación se desenvuelve toda la filsoofía moderna, desde Descartes hasta Feuerbach. En la evolución del triángulo, la primacía cae en algunos casos en el objeto; en otras en el sujeto, o en otras en el mismo fundamento de conocimiento, que a veces se encuentra situado más en el ámbito del sujeto, otras en el del objeto. Dicha historia de la filosofía intenta perfilar una nueva antropología, una nueva imagen del hombre en el seno del saber que el hombre mismo promueve. En esta historia se constata que el fundamento del conocimiento parece haberse desplazado, o "transferido", desde el ámbito de la luminosidad propia de las ideas innatas en la filosofía cartesiana al ámbito de una estructura inconsciente, como aquélla presentida por Marx y Freud, y explorada por Chomsky, Levi-Strauss, Foucault y otros, en la que el hombre aparece como un epifenómeno de una estructura inconsciente.

Este es el seno, la matriz de la filosofía propia originaria del límite. En dicho suelo patrio o natalicio se encuentran las claves de gestación de la.idea del límite, se comprende la atmósfera que da forma a la idea. Si bien resulta claro que el imperativo vital de abandonar a la madre, de ser expulsado del suelo propio, y la orden de no volver a profanar el suelo propio, tan cierto es esto como que la madre nunca es del todo abandonada, o, en visión gráfica, que la filosofía del límite mantiene aún su cordón umbilical con la morada de las Madres. El límite en esta fase parece ser también una estructura inconsciente que determina los procesos conscientes del sujeto; el límite en la sombra, o con expresión castiza, a la sombra, parece encontrarse aún en estado de reclusión forzada, en prisión, aherrojado y falto de libertad. El resto de los libros que precederán al nacimiento público del límite (El artista y la ciudad, Tratado de la pasión, Lo bello y lo siniestro, etc.) no harán más que explorar el ámbito de esta estructura inconsciente que limita el saber del no saber en los ámbitos de la pasión, de la ciudadanía cívica, de la poiesis, etc. Esta acción de desbrozo, de rotulación. y preparación del terreno curiosamente precede a la del descubrimiento y a la de la fundación. Podríamos decir que si bien la filosofía, como la define Trías, es un saber crepuscular, que llega siempre tarde respecto a la acción inconsciente, sin embargo, ella es siempre la primera en tomar conciencia de lo acontecido. Por eso, desempeña simultáneamente una función profética respecto al resto de las ciencias, y asume un carácter aparentemente subversivo respecto a la realidad social, cuando en realidad proclama el inicio de un nuevo orden, de un nuevo tiempo. La función propia de la filosofía verdadera es la inauguratio (2).

Por lo que respecta a la topología, al imaginario que dicha filosoria del límite promueve, me gustaría recoger una anotación del mismo autor que nos puede ser realmente útil para llegar a la intelección correcta de la idea que funda esta filosofía del límite. La imaginación juega también un papel en el pensamiento filosófico, pero como toda facultad, ha de ser sometida a una aesthesis, a un método, o corre el riesgo de equivocar, confundir o deslumbrar. Una de las mayores dificultades de la filosofía del límite es sin duda la imagen que la idea desde sí genera; la riqueza, complejidad y fecundidad de dicha imagen del límite es necesaria para llegar a una correcta comprensión de la idea de límite. La primera imagen visual, la primera construcción imaginativa o topológica del límite es la línea; pero ya en este texto el autor "visualiza" una idea de límite, en el marco de una estructura compleja, muy diferente a la de la línea geométrica. En su análisis de la estructura entre saber/no saber, "el no-saber no es la intemperie del saber, sino su más allá interior, su sombra" (p. 92). El límite no es una línea que separa el saber del no saber, como si ambos fuesen exteriores el uno al otro, al modo de aquella definición escolástica de la materia como pars extra pars, sino algo interno al propio saber. Como bien viera Wittgenstein, y antes de él Duns Scoto y Leibniz, el límite no es externo a aquello que limita, sino interno. Si pudiéramos revolucionar nuestra imagen geométrica del límite, entonces nos encontraríamos en una condición óptima para entender la génesis posterior de la filosofía del límite.

El límite en el cerco del aparecer

El límite qua límite hace acto de presencia, o irrumpe en la escena pública, recibiendo carta de ciudadanía, en Los límites del Mundo (1985). En el prólogo al mismo su autor nos explica toda su filosofía anterior como el esfuerzo denodado por encontrar el acceso a la filosofia primera. Escuchemos sus propias palabras: "He debido rajar de parte a parte del escenario de cartón de nuestra farsa cotidiana con la espada crítica del concepto y del estilo con el fin de mostrar el agujero ontológico que ese tenderete de feria trata vanamente de ocultar. Bajo el reconfortante placer estético, supuestamente desinteresado, que actúa como analgésico del sufrimiento, a través de lascanónicas categorías de lo bello y lo sublime, pude revelar la siniestra y atormentada faz de una deidad del arte: eso que Jacobo Muñoz, con expresión magnífica, llamó en un comentario a un libro mío el corazón atroz de la belleza. Bajo la tranquila farsa de las éticas hedonistas y de los brindis seculares en honor de un sujeto autárquico recordé el oscuro trabajo de la pasión, señalando el corazón dividido y partido de ésta. Bajo la trama dramática que codifica la gran producción cultural secular de occidente pude desvelar el vacío trágico latente a esa mascarada. El componente trágico del ser se fue perfilando así, de texto en texto, a partir de aproximaciones diversas. Ahora se trata, pues, de enunciar y de decir lo que el ser es, afirmar el carácter trágico, sin fundamento, de un ser que, en Filosofia del futuro, determiné como devenir o suceder. El ser es devenir o suceder: singular sensible en devenir derivado de un fundamento en falta y referido a un fin sin fin" (p. 9- 10).

De este modo vemos cómo toda la filosofía anterior de Trías ha sido una verdadera filosofía de la deconstrucción, pero no como aquella filosofía del martillo de Nietzsche, sino una filosofía que experimenta, que avanza tentando, no en otro lugar sino en la forja misma de la escritura, en lucha viva con el propio lenguaje, que no es sino plasmación en hierro incandescente de un pensar al rojo vivo, en eterna fragua. Kierkegaard afirmaba que Mozart, en un rasgo de modernidad sin precedentes, nos hizo acceder con su obertura a la ópera Don Giovanni, al laboratorio mismo del creador, a la sede de las madres donde la música se gesta en retazos de ensueño, en volcánico juego de fuerzas primigenias. De modo semejante, la primera época de la filosofía de Eugenio Trías ha sido asistir públicamente a la forja de un sistema filosófico en la fragua de la escritura, en la forma del ensayo (3). Es como si pudiéramos asistir a la gestación y construcción de la Crítica de la Razón Pura de Kant. Evidentemente, los conocedores de este autor saben que existe una génesis de la obra, que a veces se puede rastrear en los llamados escritos precríticos, y sobre todo en algunas de las lecciones impartidas por el propio Kant, pero la obra aparece como un novum, en su grandeza arquitectónica, de edificio monumental acabado. Por razones que no podemos analizar ahora, la filosofía del límite se muestra públicamente en su propia gestación, con los rasgos inequívocos de lo que tantea, tienta, o hasta podríamos decir, en metáfora de biografía humana, gatea. Algunas de las razones de este proceder radican, en mi opinión, en lo que me gustaría llamar una hiperconciencia: este niño que gatea tiene una extraña forma de ser inconsciente: es plenamente consciente de su grado progresivo de inconsciencia. Trías se ha declarado siempre un ilustrado, y aún más, un moderno ilustrado, pero como aquél que piensa que la ilustración de lo que adolece es de ingenuidad, es decir, que en su máxima autoconciencia era todavía plenamente naïf. La fase deconstructiva de la filosofía del límite no es otra cosa que desenmascarar esta ingenuidad de la conciencia crítica y hacerla caminar hacia una conciencia crítica madura.

El aparecer del límite en su dimensión ontológica, pero de una ontología trágica, no es sino la "gran revolución" de este pensar crítico. Continuando con la metáfora de la biografía humana podemos decir que ahora el niño "se alza", "se eleva", y este "alzarse" es la única forma de poseer una visión correcta del límite, de lo que éste es. Si el Gran Salto, el ponerse en posición erguida, fue para muchos antropólogos identificado con el nacimiento de la inteligencia, podemos decir que en este texto la filosofía del límite se eleva a la inteligencia sobre sí misma, pasa de esa inconsciencia consciente a una conciencia hiperconsciente. Baste para entender lo que tan tortuosamente intentamos esbozar ahora cotejar el prólogo a la obra de 1985, con el prólogo para la segunda edición del 2000. En él nos dice su autor: "De todos mis libros éste tiene, para mí, una especial sígnificacion, ya que fue en él donde pude exponer una idea filosófica que, desde entonces he ido desarrollando y matizando. Es la idea de ser del límite, que conlleva una concepción  de la condición humana como condición fronteriza. Tanto esta idea como su posible expansión y la elaboración de un vocabulario adecuado a la misma brotó casi por entero en el curso mismo de redacción de este libro. Los que le han seguido (La aventura filosófica, Lógica del límite, La edad del espíritu,

Pensar la religión y sobre todo La razón fronteriza se han movido, todos ellos, en el universo de ideas, de palabras y de giros de escritura que tracé, casi de modo espontáneo, en este libro que ahora se reedita" (p. 13).

Pero, ¿en qué radica este "alzarse"? ¿Cuál es el novum de esta filosofía que el propio autor afirma? Si bien en La filosofia y su sombra se estableció que existia un triángulo epistemológico entre el sujeto y el objeto y el fundamento de conocimiento, entre el saber y el no saber frente al sujeto de conocimiento que tomaba conciencia de dicha distinción, la revolución copernicana tiene lugar cuando este sujeto, solipsista en su inicio, descubre que el fundamento de conocimiento es el verdadero sujeto. El límite no es sólo fundamento sino sobre todo sujeto. Este "giro" constituye la idea central de este libro, y los libros anteriores constituyen las condiciones de posibilidad sin las que este "giro" no hubiese sido posible. Se nos dice en el prólogo: "Este libro que ahora publico gravita todo él en tomo a una única idea especificada por su título. Es una gigantesca variación en tomo al único tema del límite: el límite como límite, la idea filosófica de límite. En la primera sinfonía ese límite aparece en forma que exige el genitivo: como límite del mundo. En la segunda sinfonía se explora el límite mismo, el límite de sí a sí, el límite de lo mismo (interno respecto a lo mismo), el límite en toda su diamantina pureza de anverso y reverso de un cristal, el límite como límite o la transparencia como transparencia." (p. 16)

Este alzado de la inteligencia humana posibilita comprender que el límite no es sólo en su referencia fenoménica a un sujeto de conocimiento, sino que es el único y verdadero sujeto, es decir, permite descubrir el verdadero carácter ontológico del límite. Este descubrimiento se da en una "única figura fenoménica", o dicho con otras palabras, el límite, en su lugar ontológico, genera una imagen fenoménica de sí que le es esencial: la que Trías denomina los "cercos del aparecer". El límite como verdadero sujeto, en su relación con la inteligencia, se muestra como límite entre un cerco de lo que aparece, cerco del aparecer, de lo que se manifiesta a la propia inteligencia; como límite de aquello que nunca aparece en el ámbito fenoménico, el cerco hermético, y como un límite doble, que establece el espacio, casi evanescente, entre ambos cercos, que su autor denomina el cerco fronterizo. Como vimos anteriormente, lo propio del límite parece ser su carácter aporético, su incapacidad para comparecer totalmente en todo momento, puesto que es el mediador entre el cerco del aparecer y el cerco hermético. Esta aparente contradicción se resuelve si se tiene en cuenta que la metáfora o imagen usada en la presente exposición de la filosofía de Trías contempla el hecho diferencial de que "todo acontece en el límite, y nada fuera de él", es decir, que el límite comparece en su mismo mantenerse oculto. El límite no es ni hermético, ni aparente, el límite es aquello que media entrambos, por ende, aquella naturaleza bífida de los pitagóricos, que presenta un doble rostro: hacia el circulo del aparecer como límite limitante, hacia el cerco hermético, corno límite limitado, y en ambos casos, como un único y mismo límite.

; De este modo, podríamos afirmar que en Los límites del mundo comparece el rey de esta filosofía, el límite, pero que como todo buen rey, lo hace acompañado siempre de su inalienable cortejo, los tres cercos, que constituyen la figura o imagen esencial que el límite promueve desde sí en relación a la inteligencia que lo conoce. La grandeza de este libro no radica en haber hecho explícita la dimensión ontológica de este "giro", sino en haber trazado metódicamente la naturaleza de su aparecer fenoménico de una vez para siempre.

Del límite del ser al ser del límite

Que una idea encuentre su lugar, aquél para el cual está destinada y en el que da su máximo rendimiento, es algo tan difícil en filosofía como que un hombre encuentre su lugar en el mundo. Tentandum aprehendo essentia meam. Palpando, experimentando, jugando, intentando encajar los elementos de los que uno dispone, y tiene a la mano, nace a veces ese "ajustamiento", ese "ensaniblaje" que hace que el todo adquiera significación y sentido. Dicha operación es la que el profesor Trías lleva a cabo en ese ecléctico libro, tan maltratado por público y crítica, y sin embargo, de una importancia capital para entender lo que he dado en llamar el "giro ontológico": La aventura filosófica (1988)

A veces un pequeño cambio en la estructura, una leve alteración entre los elementos de la misma puede suponer una verdadera revolución o, como el mismo Trías decía en La filosofía y su sombra, un cambio de valor de la significación de la misma. Tal es el caso con el que nos encontramos en esta fase de la filosofía de Eugenio Trías. Se trataba tan sólo de cambiar en el sintagma "el límite del ser", una palabra por otra, para alcanzar "el ser del límite"; pero para que tal operación sea racionalmente coherente, y plena de significado, dicha variación ha de llevarse a cabo dentro de la lógica de un sistema que fundamente y dé razón de dicha variación. En la Filosofia del Futuro (1983) Trías llegó a formular por primera vez in extenso su "principio de variación" como principio articulador de su filosofía de la historia. Dicha idea, preñada de la pasión de una vocación abortada la de ser músico y, en concreto, compositor, nos habla de la forma en que un tema se 're-crea' gracias a la variación musical del mismo.Creo que en el mundo de las formas, "y el pensar siempre lo es de formas", se cumple aquella extraña ley del mundo musical según la cual una pequeña variación puede provocar a veces una verdadera revolución del mundo musical que le da acogida, creando con ello un 'nuevo mundo'. La filosofía de Trías ha cumplido, en el seno de la tradición metafísica ad litteram,la promesa de su propia concepción: la leve, y aparentemente insignificante, variación en este sintagma ha originado una revolución en el ámbito de la metafísica.

Esta filosofía hiperconsciente e hipercrítica tardó en coger la medida a la propia revolución que había llevado a cabo. Cumpliendo la inalterable ley de todo lo vivo, a la inauguración sucedió la fundación, y al descubrimiento del solar, de la tierra apta para construir, siguió su demarcación, preparación, exploración, cultivo, todo para hacerla habitable. Se inicia, pues, la fase constructiva de la filosofía del límite, la colonización del espacio descubierto en los Límites del mundo. Quien se acerque a La aventura filosófica con esta óptica podrá entender tan enigmática obra. En ella se intenta cogerle la medida a la propiaidea filosófica, colonizarla, a la par que dicha idea comienza a fecundar ya los espacios de la ética, de la estética y de la política. El enigmático ensayo sobre la lógica del limite, que cierra esta obra, es el intento de visualizar, de llevar la idea del límite a imagen, pero no a la expresión fenoménica de la misma, como en los cercos, sino en un icono construido para hacerla sensible e inteligible, precisamente aquella idea, la del límite, que rechaza toda encarnación en imagen.

; El propio proceder de esta fase constructiva queda establecido, de una fonna clara y plenamente consciente, en el "sistema de las artes" esbozado en el primer libro de esa trilogía que compone la filosofía del límite: la Lógica del límite. El trípode sobre el que la filosofía del límite se soporta lo configuran los libros de esta época: Lógica del límite (1991), La edad del espíritu (1994), con su proemio y colofón en Pensar la religión (1995), y La razón fronteriza. A este trípode le sale un pequeño y poderosísimo apéndice, me refiero al recién aparecido Ética y condición humana (2000) (4). En el primero de estos libros Trías explora el ámbito de la estética, al que ha consagrado la mayor parte de su vida. En él el límite empieza a mostrarse por primera vez como un espacio habitable, en el que el ser humano aparece como ser fronterizo, es decir, como ser que vive en relación y proximidad de la frontera, de ese espacio que los romanos denominaban limes. Es el límite el que ofrece un criterio objetivo para una ordenación sistemática de las artes, en el que la arquitectura y la música aparecen como las artes fundacionales.

A este libro le siguió esa hermosísima pieza, de inteligencia y pasión, que es La edad del espíritu. Decir que dicho libro trata de la religión, o más concretamente de las religiones, frente a aquél otro, que trataba de las artes, no ofrece una buena clave para acercarse al que creemos es uno de los mejores libros, si no el mejor, de su autor. Este libro ha sido, visto por algunos como un giro del pensamiento filosófico de su autor hacia la religión, o dicho en otros términos, como si el pensamiento filosófico acabase sometiéndose, inclinándose y mancillándose ante la religión: la famosa philosophia est ancilla teologia. Para otros, este libro era la ilustración, erudita y rica, de una peculiar filosofía de la historia, en la que el principio de variación de Filosofía del futuro alcanza su suelo y matriz propia al ver descubierto el tema única del límite y su recreación en ls diversas modalidades categoriales que definen los eones o las épocas de esta historia. Una de las grandes aportaciones de este libro es, sin duda, dicha tabla categorial, y ciertamente se encuentra aquí también una peculiar filosofía de la historia, pero este libro es mucho más. Finalmente, para una gran mayoría, este libro, que curiosamente anda ya por su cuarta edición, era una sincrética historia de las ideas, con pasajes y momentos tan curiosos como emocionantes: la descripción de la cultura occidental como el hijo bastardo, el híbrido, entre un área poético-filosófica y otra profético-sofiológica; la relectura de la ilustración como un período de un simbolismo oculto o en estado de latencia, etc. A mi entender, la grandeza de este libro es doble: el intento por hacer justicia, de una vez por todas, a la realidad espiritual, es decir, el esfuerzo denodado por dar "un concepto que sea acorde y consonante con la realidad espiritual". Explicar esta dimensión del libro daría para escribir uno, pero baste que se reseñe dicho aspecto tan olvidado. Este esfuerzo por hacer justicia a la realidad espiritual condujo a su autor a desarrollar una investigación a fondo sobre la naturaleza del símbolo y sobré el simbolismo. El otro specto, mucho más notable, sorprendende y me atrevería a decir que misterioso, es que dicho esfuerzo se vio recompensado con un efecto no querido, o mejor dicho, no previsto: la más profunda y radical teoría de la razón o, dicho con otras palabras, la mejor explicación de qué sea la inteligencia humana. Si bien la exploración de la dimensión simbólica de la razón, en su vertiente estética y religiosa, pretendía hacer justicia a dichos dominios desde la nueva idea conquistada de límite, el resultado fue sorprendente: una mejor y mayor comprensión de la naturaleza de la razón.

Si mi hipótesis es correcta, se entiende la e conexión existente entre La edad del espíritu, al final de la cual se proponía como tarea para el futuro, a la edad del espíritu, la reconciliación de razón y simbolismo o, dicho de otro modo, de la razón consigo misma, y La razón fronteriza, en la que se nos expone el verdadero canon de la misma. Quien se enfrente con este texto sentirá un dilema irreconciliable en sí mismo: el libro parece incoherente, con dos partes claramente diferenciadas, y un inicio o punto de arranque aparentemente injustificado. No se arredre el lector, ni se espante, persista en la lectura atenta de este texto, siempre aleccionador. Este inicio arrollador no es otro que entender la "existencia" como dato que precede a la razón, como elemento que la desborda y la precede, y que hace concebir la existencia de la razón como éxodo o exilio. En ella se hacen claras y concebibles las nociones de tiempo y eternidad, de libertad, de la muerte. Sin embargo, accedemos de pronto a una segunda parte, en la que se acomete una verdadera Crítica de la razón fronteriza. No me extenderé en explicar la naturaleza de dicha Crítica, pero permítaseme dar lo que me una explicación plausible de dicha estructura. Desde el comienzo me pregunté por qué el profesor E Trías identificaba la filosofía con una teoría del conocimiento, cuando yo entendía que era mucho más. Quizá mi formación, y un cierto recelo natural, me impulsaban a pensar que el profesor Trías se equivocaba. De : hecho, cuando vi que en su nuevo prólogo a La filosofía y su sombra, alertaba sobre esta confusión inicial suya, me sentí plenamente satisfecho. Sin embargo, creo que he llegado a entender que era yo el que estaba equivocado y que Trías pensaba en algo muy distinto cuando apuntaba a esta posible confusión. Toda filosofía es, en su núcleo íntimo, una teoría del conocimiento, o en palabras menos académicas, una comprensión de qué sea la inteligencia humana, porqe el único modo de acceso al único Hecho, a lo que denominamos Mundo o, en otro sentido, metafísica, es partir de la existencia de la razón. Si la razón no existiese no habría algo así como Mundo, y aún menos ser humano. Si he entendido bien la filosofía del límite, la idea central radica en el hecho de que sólo una profunda comprensión de qué sea la razón, de qué sea la inteligencia humana, nos permite acceder a la realidad. De este modo, allí donde la filosofía del límite ha alcanzado su máxima comprensión de qué sea la razón, en La razón fronteriza, preparada por La Edad del Espíritu, la realidad misma se ha abierto con toda su riqueza, y todas las categorías han ocupado su lugar, su ubicación correcta: el universo de las ideas ha conseguido ordenarse de manera acorde a la realidad, recubriéndose de un potencial explicativo del que antes carecía. De esta forma entiendo yo la noción acuñada allí de "secularizar" la razón, y se me hace claro que del ajuste entre inteligencia y realidad, es decir, de lo que clásicamente se llamaba verdad, y de la constatación de la posibilidad del error o desajuste, como del hecho de que no vivimos en la verdad,surja la posibilidad de un uso práctico de la razón teórica. En este sentido, la razón práctica, la de una facultad libre sometida a un imperativo categórico, se fundamenta en el descubrimiento teórico de ese hiato entre inteligencia y realidad. Dicho descubrimiento es la verdadera fundamentación de la libertad que en Etica y condición humana se analiza.

Queda claro que el "giro ontológico" ha dado lugar a la inauguración y fundación de una filosofía del límite. La dimensión simbólica de la razón, puesta en ejercicio en el arte y la religión, está estrechamente conectada con las dimensiones teórica y práctica de la razón. El ser fronterizo, el verdaderamente humano, va descubriendo las relaciones, así como los antagonismos, que definen la colonización de ese espacio que le es propio: el cerco fronterizo, el limes. Sobre ella construye el fronterizo la única ciudad, la única polis en la que puede haber verdadera vida humana: la ciudad del límite.

La ciudad del límite

A veces, en conversaciones privadas con Eugenio Trías, le he preguntado por la viabilidad de una filosofía política dentro de su filosofía del límite. En la parte final de su Ética y condición humana se apuntaban algunos posibles elementos de esa filosofía política. Hace poco pude leer un artículo del autor, que bajo el título de "Definición de Filosofía" ha aparecido recientemente (5). En el último apartado del mismo, con el nombre de "Los barrios de la ciudad del lírnite", su autor nos expone, de manera sintética, que su proyecto filosófico es, en el fondo, la fundación de una ciudad. En este sentido, me atrevería a afirmar que toda la filosofía de Trías es, en un sentido radical, una filosofía y un proyecto políticos. Realmente quien penetre en la verdadera esencia de lo político redescubrirá que, como pensaban los antiguos, todo es política.

Desde El artista y la ciudad, Eugenio Trías está preocupado por las relaciones entre la persona y la comunidad en la que se integra, en el marco de la ciudad. Ahora, dicha ciudad es entendida como el espacio verdaderamente humano, el espacio colonizado, que no es otro que el hombre mismo (6). Esta ciudad estña dividida en cuatro barrios, y presidida por dos estrellas binarias: la razón y el simbolismo. El primer barrio o quartier de dicha ciudad es el correspondiente al simbolismo estético; el segundo es el del simbolismo religioso. A su vez, la razón fronteriza, según su uso, da lugar a dos barrios, el teórico o gnosoeológico, y en su uso práctico, el ético o ético-cívico. Cada uno de estos barrios mantiene su total y radical especificidad, no se confunde con ninguno de los otros ni puede ser suprimido. La política no es nada más que el rico y complejo conocimiento, que es al mismo tiempo experiencial y teórico, de las relaciones entre dichos barrios, de la circulación y comercio entre ellos, así como de las reivindicaciones propias de cada uno de ellos. Quizás hemos llevado la metáfora demasiado lejos, pero creo que podemos entender la filosofía del límite como la inauguración, fundación y legislación de esta ciuedad del límite, en la que habite el er fronterizo que todos somos.

A modo de epilogo

Me gustaría, para acabar mi exposición, salir al paso de algunas críticas que se han hecho a la filosofía del límite, desde su reciente alumbramiento. Algunos han criticado de la filosofía del límite su falta de contenido concreto, el ser conscientemente esquemática o, incluso, el estar dirigida a un público ilustrado, ya formado en lo que atañe a muchas de las exigencias básicas de la vida, y que para muchos deberían ser las exigencias propias de la filosofía. Quizá todas estas críticas desaparecerían si se estableciera qué se puede esperar y qué se puede pedir de este saber rector de los saberes que es la filosofía, es decir, si el ciudadano medio alcanzase una conciencia más clara sobre cuál es la función de la filosofía. Sin embargo, me gustaría apuntar un par de ideas que creo de vital importancia y con las que me gustaría acabar este homenaje, es decir, este intento tan humano de hacer justicia. En primer lugar, creo que la filosofía de Eugenio, por su propio lugar de nacimiento, el estructuralismo, y por la tradición en la que inhiere, la modernidad, asume su necesario carácter esquemático. La filosofía sería siempre, y necesariamente, esbozo, esquema, en el sentido en el que se puede entender el esquematismo transcendental, inaugurado por Kantl. Y, en segundo lugar, por lo que atañe a lo que creo es la vocación de esta filosofía. Sé cuántas reticencias despierta la palabra vocación, pero si queremos usemos la perífrasis, más su gestiva, de aquello a lo que está llamada. En mi opinión, dicha llamada se puede sintetizar en una sola fecundación. Esta filosofía no nos propone soluciones hechas, ni recetarios a la mano, no pretende ser exhaustiva de un modo extensivo sino intensivamente, y con ello quiero decir que pretende haber dado, de una vez por todas, con la raíz de lo real, de ahí su carácter filosófico; pero dicha raíz es radicalmente abierta.

Frente a los sistemas filosóficos del pasado, que se pretendían cerrados, concluidos y clausurados de una vez para siempre, la filosofía del límite como sistema se distingue por su eterno carácter de ser esencialmente abierta. La filosofía del límite es ciudad siempre en proyecto, es estrella binaria que ha de guiar la praxis y el conocimiento, pero radicalmente abierta a una variedad y pluralidad de plasmaciones históricas y culturales concretas. En este sentido, y dado que no poseo otras palabras para expresarlo mejor, me gusta decir que la filosofía del límite intenta promover un cambio radical en el modo de pensar del hombre contemporáneo, en su percepción y evaluación de la realidad, mediante una recreación de todas las categorías del pensamiento en tomo a la idea de límite. Dicha revolución en los hábitos y modos de pensamiento del hombre contemporáneo no pasa, como en una falsa modernidad ilustrada, por un rechazo de la tradición, sino por una verdadera re-creación de las categorías que componen de manera esencial nuestra razón.

El objetivo, al iniciar este artículo, era hacer justicia a esta filosofía, gestada en nuestro propio espacio, en nuestra propia lengua. El hecho de sumarme a este homenaje, o a la hercúlea tarea de tributar y hacer justicia, no es otra que la que creo aletea en esta filosofía del límite: sólo el justo es feliz.


Notas: (1). La pasión del autor por las novelas policiacas o de intriga no está ni se encuentra al margen de su pasión vertiginosa, sin la cual la filosofía del límite perdería su verdadera base pasional. La ávida lectura infantil de novelas de este género (la genial Agatha Christie, Sherlock Holmes, etc.) pone de manifiesto el carácter de enigma que todo proceso de pensamiento posee, pero de enigma racional, es decir, de "caso". Creo que hay aquí un profundo parentesco con la filosofía wittgensteiniana, y su famoso ejemplo de la maqueta de policías, para explicar aquello que, en el Tractatus logico-philosophicus, es "del caso" o "pertañe al caso".

(2). En La lógica del límite, Trías no solamente desarrolla un verdadero sistema de las artes, al modo de aquellos de la filosofía idealista, de un Schelling o un Hegel, sino una verdadera filosofía de la inauguración, en la que se explicita, de manera fenomenológica y filosófica, en qué consiste realmente la acción misma de inaugurar, de fundar, de igual modo que, como acción, los romanos a la hora de fundar ciudades. Muchas veces he oído el comentario del profesor Trías sobre el hecho de que Caín, el asesino de su hermano Abel y padre de la Humanidad, según la tradición bíblica, fue también el fundador de ciudades, lo que me hace pensar que el nacimiento de las ciudades era una cuestión de hermanos, como Rómulo y Remo, y que uno tenía que morir

(3) Me gustaría traer a colación aquí unas palabras del mismo autor en su libro El artista y la ciudad, como ejemplo de la profunda conciencia del lenguaje qu marca a esta filosofía desde su nacimiento: "(...) No puede ser de otro modo, ya que el texto que aquí concluye tiene carácter de ensayo, y éste es género de prueba y de experimento, algo así como lo que en términos musicales se llama Tiento. El ensayo lanza al ruedo multitud de hipótesis, sin que se le exija la necesidad de una prueba fidedigna de cada una de ellas: basta con que la prueba sea sencillamente sugerida. Incita y estimula al lector, pero nunca se propone convencerle de forma exhaustiva. El ensayo se complementa, en todo caso, con el tratado, género literario que, a diferencia de aquél, forinula unas muy pocas hipótesis y se compromete a probarlas de forma plena. Ambos son géneros legítimos e irremplazables en el campo de la escritura filosófica" (p. 235).

(4) En mi indagación en la filosofía helénica, siempre he pensado que el pitagorismo, con su consabida adoración de la cuaterna, suponía el movimiento epigonal, el resto de un movimiento más profundo que poseía una poderosa concepción de la tríada y la mónada. De igual manera, creo que en nuestra cultura cristiana, marcada por el trinitarismo, un individuo con una fuerte formación platónica, como es el caso de nuestro autor, favorezca la aparición de lo que denominaría cuaternismo, o cuaternarismo. Por cierto, no es ninguna casualidad que Heidegger también desarrollara una forma de cuaternarismo en su filosofía tardía.

(5) En concreto dicho artículo, indispensable en mi opinión para poseer una idea de qué es la filosofía del límite, se encuentra en Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, nº' 65, Octubre-Noviembre, 1999, pp. 74-83.

(6) Platón, en su República, no cometió ningún individualismo metodológico al diseñar la ciudad, a la que denonminamos ideal, según su teoría del alma o del hombre. Toda urbana o física, es en el fondo un proyecto, o la realización de un proyecto, que nace en el fondo de la ciudad que el hombre mismo es. Es decir, no se trata de que el hombre proyecte una ciudad como si ésta fuera un hombre, sino que el hombre mismo es una ciudad. Entre los pueblos más antiguos era extendida la meáfora, imagen y creencia de que el hombre mismo era un templo, un edificio, y  que el cosmos, y la ciudad humana, debía coincidir con dicho templo, es decir, que la casa del Mundo, la ciudad del Hombre, y el Hombre como Templo, debían ser uno y lo mismo. La metáfora que promueve esta filosofía del límite llega al mismo descubrimiento que Platón.

(7) Confieso que no creo en las casualidades y , por ende, veo que existe una conexión estrecha de esta preferencia por el esquematismo del pensamiento de Trías con los años pasados en la escuela de arquitectura, con su formación platónica y con su gusto por las filosofías y diagramas, en los que se expresa esta esencia esquemática, propia de la filosofía del límite.


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