FILOSOFÍA Y SUJETOS IDEALES EN RORTY.
Ponencia presentada por Pablo Gutiérrez Echegoyen [1] en el Seminario de Postgrado “Rorty; ironismo liberal y giro narrativo de la Filosofía” durante el semestre de primavera 2005 en el Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, bajo la dirección del Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca.

III.- La filosofía como ciencia, como metáfora y como política .[10]


n su artículo La filosofía como ciencia, como metáfora y como política. (Más allá de una filosofía científica) [11] Rorty desarrolla desde una perspectiva pragmática y postnietzscheana el producto filosófico de la Ilustración, la Revolución Francesa y el Romanticismo o, dicho de otro modo, la presencia del filósofo cientificista, del utopista político y del poeta romántico en la filosofía del siglo XX. En la primera parte el texto señala:


“En nuestro siglo se han ofrecido tres respuestas a la cuestión de cómo concebir nuestra relación con la tradición filosófica occidental, respuestas que transcurren paralelas a tres concepciones del objeto del filosofar. Éstas son la respuesta husserliana (o “cientificista”), la respuesta heideggereana (o “poética”) y la respuesta pragmatista (o “política”). La más conocida es la primera, una respuesta común tanto a Husserl como a sus oponentes positivistas. De acuerdo con esta concepción, la filosofía sigue el modelo de la ciencia y está relativamente alejada tanto del arte como de la política.
[12]

Rorty se opone a la concepción husserliana y positivista de la filosofía: “una filosofía que sigue el modelo de la ciencia y está relativamente alejada tanto del arte como de la política”, alejada, por tanto, según lo que intento mostrar, tanto de los ejemplares y conciudadanos ideales de Rorty como de sus filosofías deseables.

Husserl en su obra La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental [13] plantea su posición ante el conocimiento: la ciencia y la filosofía. En ella argumenta a favor de la posibilidad de la filosofía como tarea, es decir, como búsqueda de un conocimiento filosófico universal y ahistórico de los fundamentos. Según Husserl el olvido de los europeos por estas cuestiones, una posición común a Nietzsche y el pragmatismo, se debió a que “durante la segunda mitad del siglo XIX toda la cosmovisión del hombre moderno se dejó determinar por las ciencias positivas y cegar por la “prosperidad” de éstas lo que a su vez determinó el abandono de cuestiones decisivas para una verdadera humanidad. [14]

La crítica rortyana a esta posición cientificista de la filosofía (que perdura hasta hoy) viene tanto de la posición “poética” de Heidegger como de la posición “política” de Dewey. Para Heidegger una filosofía científica como la de Husserl no es más que una errónea comprensión matematizante y racionalista de la tradición filosófica. Según Heidegger las demandas de fundamentación del conocimiento se basan en un racionalismo equivocado; expresión de prejuicios a superar. Por otra parte, para Dewey, desde una perspectiva pragmática e historicista, una filosofía según el modelo de la ciencia natural no es más que una nostalgia sentimental, un intento de mantener vivos los viejos eslóganes y estrategias de la Ilustración que han perdido ya su utilidad práctica.

Rorty afirma que Heidegger y el pragmatismo coinciden en su desconfianza de las metáforas visuales, que ilustran las tesis cientificistas del ideal contemplativo y de la “perspectiva desde fuera del mundo” o “la perspectiva del ojo de Dios”, y que vinculan a Husserl con Platón y Descartes. Señala que Husserl y Carnap, ambos “cientificistas”, compartían la esperanza platónica tradicional de ascender hasta un punto de vista desde el que pudieran verse las interconexiones entre todo. Para ambos el objetivo de la filosofía es desarrollar un esquema formal en el cual poder situar todo ámbito de la cultura. Dicho más sencillamente encajar datos en un esquema preestablecido.

Esta posición impugnada por la perspectiva “política” pragmatista y por la “poética” heideggereana funda, según lo que me interesa mostrar, por una parte, un ahistoricismo del conocimiento posible y, por otra, hecha por tierra la premisa de que la verdad es algo que se construye y no algo que se halla, pues excluye a priori la creación de conocimientos en la expansión del lenguaje. A la vez no da cabida a la tesis rortyana y romántica según la cual es la imaginación y no la razón la facultad humana fundamental . Según Rorty, Heidegger denomina estos intentos como una captación de tipo divino del ámbito de la posibilidad: intentos por disponer de una casilla preparada para todo acontecimiento que pueda tener lugar, esto es, lo matemático. Definido por Heidegger como aquel “acerca de” cosas que en realidad ya conocemos [16].

Este intento por disponer de una casilla preparada para todo acontecimiento que pueda tener lugar establece una clausura formal al lenguaje. Se opone tanto a la posibilidad rortyana de ampliación de nuestros léxicos privados y públicos como a la posibilidad de que las contingencias históricas puedan cambiar nuestras prácticas sociales y nuestra relación con nosotros mismos de un modo completamente nuevo. La concepción cientificista de la filosofía está reñida con la idea de que el cambio de lenguajes y de otras prácticas sociales pueda producir seres humanos de una especie que antes nunca había existido. Está anclada todavía en creencias como las que aún hoy defienden, por ejemplo, el analista norteamericano Thomas Nagel, que afirma que la filosofía no es un lenguaje particular, y agrega:

“sus fuentes son preverbales y a menudo preculturales, y una de sus más difíciles tareas consiste en expresar problemas carentes de forma, pero experimentados intuitivamente mediante el lenguaje sin perderlos. [17]

Rorty desea desembarazarse de esta idea ahistoricista de la filosofía. Plantea que el lenguaje no es un espacio clausurado, los lenguajes son los que nos hacen cambiar, los que nos permiten describirnos de una manera completamente nueva tanto en nuestra dimensión pública como privada. Por ello, Rorty propone como deseable una filosofía como metáfora. Él entiende a la metáfora como “el punto de crecimiento del lenguaje”. Según Rorty la metáfora permite concebir el espacio lógico y el ámbito de la posibilidad como algo abierto. Permite abandonar la idea de que el objetivo del pensamiento es alcanzar el punto de vista de Dios. Rorty comienza su examen de la metáfora contraponiéndola tanto a la percepción como a la inferencia. Ambas pueden modificar nuestras creencias y deseos pero no nuestro lenguaje. A este respecto Rorty dice:

“Tanto la percepción como la inferencia dejan intacto nuestro lenguaje, nuestra forma de descomponer el ámbito de la posibilidad. Modifican el valor de verdad de oraciones, pero no nuestro repertorio de oraciones. Suponer que la percepción y la inferencia constituyen la única forma en que han de cambiarse nuestras creencias es adoptar lo que Heidegger identificó como actitud “matemática”. Es suponer que el lenguaje que hablamos actualmente es, por así decirlo, todo el lenguaje existente, todo el lenguaje que podemos necesitar. [18]

Para Rorty semejante concepción del lenguaje concuerda con la fenomenología husserliana y la filosofía analítica, de que filosofar es una labor de clarificación, de hacer explicito lo que está implícito en el ámbito de la posibilidad. Por el contrario una filosofía deseable en la perspectiva de Rorty es aquella que presta oído, que escucha atentamente a “las voces desde fuera del espacio lógico” en la apertura del lenguaje. Rorty lo expresa de la siguiente manera:

“Metáfora es, por así decirlo, una voz desde fuera del espacio lógico, en vez de un rellenado empírico de una parte de ese espacio, o una clarificación lógico-filosófica de la estructura de ese espacio. Es una llamada a cambiar el propio lenguaje y la propia vida, en vez de una propuesta de sistematización de ambos” [19] .

En esta idea de la metáfora y de la filosofía como metáfora Rorty desarrolla su tesis a favor de la contingencia del lenguaje desde una perspectiva davidsoniana, al igual que como lo hace en Contingencia, ironía y solidaridad. Según él, Davidson sostiene que la mayoría de las metáforas prima facie (en primera instancia) parecen obviamente falsas. Sin embargo, agrega que con el tiempo estas mismas oraciones pueden llegar a considerarse literalmente verdaderas. Para ejemplificar su propuesta, Davidson cita un caso trivial: “Érase una vez… que los ríos y las botellas no tenían, como tienen hoy, bocas en el sentido literal”. Considerado esto en casos más importantes como la primera vez que alguien dijo: “el amor es la única ley” o que “la tierra gira alrededor del sol” la respuesta general habría sido, tal y como lo sugiere Davidson: “debes de estar hablando metafóricamente”, esto es de un modo que en rigor es falso, o al menos no verdadero. Pero cien o mil años después, estas oraciones llegaron a ser candidatas de la verdad literal.

En términos más generales la concepción de la filosofía como metáfora, que según lo que me interesa proponer es propia tanto de los ejemplares como de los conciudadanos ideales rortyanos, socava en palabras de Rorty:

“cualquier proyecto filosófico cientificista, cualquier proyecto que dependa de la versión ahistórica de lo que Davidson denomina “el dualismo de esquema y contenido”. Esta versión se basa en la afirmación de que la filosofía puede hacer explicito un esquema, o un núcleo de posibilidades permanente y neutro, situado en el trasfondo de todas nuestras indagaciones y prácticas [20]

La filosofía es, entonces, en el concepto de Rorty aquello que nos propone un nuevo lenguaje: nuevos usos del lenguaje que pueden eclipsar los antiguos usos, esto es, empleos más útiles que los antiguos, de nuevos instrumentos conceptuales, en la consecución de determinados fines. Según este planteamiento el objetivo del pensamiento filosófico es liberarnos del lenguaje que utilizamos actualmente recordándonos que este lenguaje no es el de la “razón humana” sino, dicho al modo “poético” de Heidegger, la creación de pensadores de nuestro pasado histórico. Estos pensadores son los poetas del ser, “los copiadores de ese poema del ser que es el hombre” [21] . Copiadores que narran al hombre, que se narran de tal manera a sí mismos, que crean un sujeto completamente nuevo. Es lo que hace a un nivel comunitario un filósofo pragmatista como Dewey: liberar a la cultura de obsoletos vocabularios, tomando nuevas metáforas en la red comunitaria de creencias y deseos, esto es, pragmática y holísticamente: rascarse donde pica y sólo donde pica, reducir las nuevas metáforas pragmáticas al estatus de instrumentos del progreso social. La filosofía deseable para Rorty es, con todo, una continuación de la reacción romántica a la santificación de la ciencia natural por parte de la Ilustración. Reacción que sustituye los viejos léxicos, que se han convertido en un estorbo tanto para nuestro desarrollo privado como público, mediante la creación de nuevas descripciones del yo y la comunidad. Descripciones que nos ofrecen respectivamente los ejemplares poéticos como Heidegger y los conciudadanos pragmatistas como Dewey.

 

----- Índice --- Pág. anterior --- Pág. siguiente -----