FILOSOFÍA Y SUJETOS IDEALES EN RORTY.
Ponencia presentada por Pablo Gutiérrez Echegoyen [1] en el Seminario de Postgrado “Rorty; ironismo liberal y giro narrativo de la Filosofía” durante el semestre de primavera 2005 en el Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, bajo la dirección del Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca.

II.- Ejemplares y conciudadanos; sujetos ideales en Rorty [6]


Esta ponencia intenta vincular los sujetos ideales que se desprenden de la distinción rortyana entre lo público y lo privado con los tipos de filosofía postnietzscheana que durante los últimos cien años han concebido su relación con la tradición filosófica de un modo pragmatista, antirrepresentacionalista y poético.

Rorty comienza su obra capital Contingencia, ironía y solidaridad en el capítulo uno: La contingencia del lenguaje [7], con una descripción pragmatista e historicista de lo que ha venido sucediendo durante los últimos dos siglos en el ámbito de la cultura y del lenguaje. Rorty dice:

“Hace unos doscientos años, comenzó a adueñarse de la imaginación de Europa la idea de que la verdad es algo que se construye en vez de algo que se halla. La Revolución Francesa había mostrado que la totalidad del léxico de las relaciones sociales, y la totalidad del espectro de las instituciones sociales, podían sustituirse casi de la noche a la mañana. Este precedente hizo que, entre los intelectuales, los utopistas políticos fueran la regla más que la excepción. Los utopistas políticos dejan a un lado tanto las cuestiones referentes a la voluntad de Dios como las referentes a la naturaleza del hombre, y sueñan con crear una forma de sociedad hasta entonces desconocida. [8]

Este primer párrafo sienta la premisa central que da coherencia a toda la obra de Rorty, esto es, que la verdad es algo que se construye en vez de algo que se halla. En un primer intento de demostración de esta tesis historicista Rorty señala la Revolución Francesa como el momento histórico que mostró que las instituciones y el discurso que las sustenta pueden sustituirse, de un momento a otro casi por completo, creando con ello una nueva pauta de conducta lingüística y no lingüística. Este hecho produjo un tipo de intelectual muy particular: el utopista político, quien sueña con una forma de sociedad hasta entonces desconocida, y deja fuera prescripciones teístas y fundamentos metafísicos para elaborar ese ideal de sociedad. El utopista político, según lo que intento mostrar, es el proto sujeto ideal intelectual rortyano de solidaridad humana y perfección social, esto es, el precedente intelectual ideal del ámbito de lo público. En una expresión general es el político revolucionario: quien diseña futuras ficciones políticas de la sociedad en que habita, el que nos aporta los mejores instrumentos para el progreso social, las palancas con las cuales dar sentido a la propia comunidad.

Por otra parte, Rorty indica qué es lo que ha venido sucediendo en el ámbito de las artes al mismo tiempo que se sucedían todos estos cambios en la construcción de la verdad social. A este respecto Rorty señala:

“Más o menos al mismo tiempo, los poetas románticos mostraban qué es lo que ocurre cuando no se concibe ya el arte como una imitación, sino más bien como una creación del artista. Los poetas reclamaban para el arte el lugar que en la cultura tradicionalmente habían ocupado la religión y la filosofía, el lugar que la Ilustración había reclamado para la ciencia. El precedente que los románticos fijaron dio a su reclamo una inicial plausibilidad. El verdadero papel que han desempeñado las novelas, los poemas, las obras de teatro, las pinturas, las estatuas y la arquitectura en los movimientos sociales del último siglo y medio, le ha conferido una plausibilidad aún mayor. [9]

Esta segunda referencia histórica indica un cambio fundamental en la historia del arte y la cultura occidental: el fin de la concepción del arte como imitatio natura y el comienzo de una concepción creacionista en arte. Este hecho produjo un tipo de artista (y en un sentido amplio también un tipo de intelectual) totalmente nuevo: el poeta romántico. Sujetos opuestos al espíritu unilateralmente ilustrado y racionalista de fines del siglo XVIII carente de corazón y meollo, poetas creadores de su propio mundo poético, desgarrados ante la asfixiante y dura realidad. Ironistas tempranos que interrumpían sus relatos para no dejarse atrapar por completo por sus fantasías, afirmando así la contingencia de sus ficciones, deseos y creencias, con el propósito de garantizar “la libertad del espíritu”. De este modo el poeta romántico es, según lo que intento mostrar, el proto sujeto ideal rortyano de perfección privada: aquel que es capaz de crearse a sí mismo y describirse de un modo completamente nuevo. El poeta romántico es, entonces, el precedente intelectual ideal del ámbito de lo privado. Dicho de un modo general es el artista quien nos aporta los principales instrumentos para la descripción de nosotros mismos, los pinceles con los cuales dar sentido a la propia vida.

Pero esto no es lo único que se desprende de la cita anterior. En ella Rorty dice que los poetas románticos reclamaban para el arte el lugar que en la cultura tradicionalmente habían ocupado la religión y la filosofía, esto es, el lugar privilegiado, hasta ese entonces, en la construcción de la verdad, el lugar que la Ilustración, desde una perspectiva racionalista, había reclamado para la ciencia. Este triple reclamo histórico por conseguir el sitial hegemónico de la construcción discursiva produjo un tercer tipo de sujeto intelectual, no deseable desde la perspectiva rortyana: el filósofo cientificista. Este tipo de intelectual ha permanecido fiel a la Ilustración y ha seguido identificándose con la causa de la ciencia. Los filósofos cientificistas consideran la tesis de que la verdad es algo que se construye en vez de algo que se halla como una expresión de mala fe: “meramente metafórica y que induce a error.” Y a la vez conciben a la política y al arte como esferas en que la noción de verdad está fuera de lugar. Miran con recelo una filosofía poética, como la heideggereana, y una filosofía “política”, como la pragmatista; en cambio miran con satisfacción una filosofía como la de Husserl o los positivistas lógicos del Circulo de Viena, en la cual la filosofía es continua con la ciencia natural y prosigue la lucha ilustrada de la razón contra la sinrazón bajo la forma de lo que llamo “lucha entre lógicos y retóricos”, esto es, entre aquellos que creen que descubren la verdad y nos convencen de un modo apodíctico y empírico de sus hallazgos, entre los cuales está Husserl, Carnap y la mayoría de los actuales representantes de la filosofía analítica no continental; y aquellos que construyen la verdad y nos convencen de un modo creativo y persuasivo, entre los cuales cuento a Nietzsche, Foucault, Freud y el mismo Rorty entre otros constructores y destructores de narrativas.

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