FILOSOFÍA Y SUJETOS IDEALES EN RORTY.
Ponencia presentada por Pablo Gutiérrez Echegoyen [1] en el Seminario de Postgrado “Rorty; ironismo liberal y giro narrativo de la Filosofía” durante el semestre de primavera 2005 en el Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, bajo la dirección del Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca.

I.- Rorty y el giro historicista de la filosofía; algunas tensiones entre lo público y lo privado [2].


n la introducción de Contingencia, ironía y solidaridad Rorty comienza estableciendo una distinción tanto teórica como práctica de los ámbitos de lo público y lo privado, y de los supuestos metafísicos y teológicos que subyacen a los intentos de conciliación de ambas esferas que se han venido intentado a lo largo de la tradición filosófica occidental.


S
eñala también que desde Hegel, y el giro historicista en la concepción del hombre y la cultura, hemos podido librarnos gradual y firmemente de la teología y la metafísica; de lo que él llama: “una tentación de huída del tiempo y del azar”.

Según Rorty a partir del giro historicista de la filosofía se derivan dos grandes líneas de pensamiento o tipos de filósofos, que aún mantienen la vieja tensión entre lo público y lo privado, éstos son según dice:

“Los historicistas en los que predomina el deseo de creación de sí mismo, de autonomía privada (por ejemplo, Heidegger y Foucault), tienden a aún a ver la socialización tal como lo hacía Nietzsche como contraria a algo que se halla en lo profundo de nosotros. Los historicistas ¬¬-en cambio- en los que predomina el deseo de comunidad humana más justa y más libre (por ejemplo, Dewey y Habermas) tienden aún a concebir el deseo de perfección privada como algo infectado de irracionalismo o de esteticismo. [3]

Así, pues, estos dos tipos de pensadores historicistas parecen inclinarse hacia uno y otro lado de la cuestión entre lo público y lo privado. Rorty no propone elegir entre ellos, sino –según su perspectiva pragmática¬¬¬- darles la misma importancia y utilizarlos para diferentes propósitos. Por esto dice:

“Autores como Kierkegaard, Nietzsche, Baudeaire, Proust, Heidegger y Nabokov son valiosos como ejemplares, como ilustraciones de cómo puede ser la perfección privada: una vida autónoma que se crea a sí misma. Autores como Marx, Dewey, Habermas y Rawls son conciudadanos más que ejemplares. Están comprometidos en un esfuerzo compartido, social: el esfuerzo por hacer que nuestras prácticas sean más justas y menos crueles. [4]

Para Rorty no hay forma de reunir en el plano teórico el léxico de la creación de sí mismo, necesariamente privado, no compartido e inadecuado para la argumentación, con el léxico de la justicia, necesariamente público, compartido y un medio para el intercambio de argumentaciones. Para él la relación entre ambas tendencias se asemeja a la relación existente entre dos tipos de instrumentos, instrumentos tan poco necesitados de síntesis como los pinceles y las palancas. Según él tanto los autores que nos advierten del peligro de hablar únicamente el lenguaje de la tribu, como los que nos advierten de la importancia de las virtudes públicas y de las deficiencias de nuestras instituciones y prácticas sociales, tienen razón. Hay muy buenas razones tanto para afirmar la primacía de lo privado como de lo público, pero no hay forma de que ambos hablen un mismo lenguaje. Por ello, Contingencia, ironía y solidaridad intenta de acuerdo a Rorty:

“Mostrar el aspecto que cobran las cosas si excluimos la exigencia de una teoría que unifique lo público y lo privado y nos contentamos con tratar las exigencias de creación de sí mismo y de solidaridad humana como igualmente válidas, aunque definitivamente inconmensurables. [5]


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