LA RAZÓN POÉTICA

“Si el hombre no cerrara alguna vez soberanamente los ojos acabaría por no ver aquello que es importante que sea mirado”
René Char

Cierra los ojos y mira.

Mira la razón de dentro. Aquella que se une al pulso, al latido. Esa razón que amanece, auroral. Es así como su lectura va despertando en mí un nuevo conocimiento o tal vez ya estaba despierto, y bastaba mirarlo de nuevo, con una nueva mirada, aquella que une. Aquella que necesito. Necesito la luz de la razón y la razón del corazón. Al mismo ritmo. María Zambrano busca una visión unitaria entre filosofía, religión y poesía. Se remite a su maestro Ortega con la razón vital (integración de las exigencias de la vida con las exigencias de la razón) a Unamuno al cual le dedica un libro de ensayo escrito “desde la complicidad que nace de compartir un mismo territorio” el territorio de la religión poética y a Antonio Machado por su fe poética. Cito un verso de A. Machado que expresa muy bien la dicotomía de la que habla Zambrano.


Dice la razón: Busquemos
la verdad.
Y el corazón: Vanidad
la verdad ya la tenemos.
La razón: ¡ Ay, quién alcanza
la verdad!
El corazón: Vanidad.
la verdad es la esperanza.
Dice la razón: Tú mientes.
Y contesta el corazón:
Quien miente eres tú, razón,
que dices lo que no sientes.
La razón: Jamás podremos
entendernos, corazón.
El corazón: Lo veremos.
Profesión de fe.

“La poesía, dice María Zambrano, es respuesta, mientras que la filosofía es pregunta. El poeta llega antes a la verdad que el filósofo. Y las respuestas hacen al mundo mucho más amable y más seguro” El pensamiento de María Zambrano chocó con el pensamiento dominante de su época. Pensamiento masculino, más racional. La razón vital e histórica de Ortega y Gasset contemplaba aspectos del ser humano que habían dejado de contemplarse debido a la razón cartesiana. Gasset amplió la visión: conseguir integrar las exigencias de la vida con las exigencias de la razón. Sustituir la razón pura, por aquella que sí contempla las peculiaridades de cada cultura y de cada persona. Entender al hombre mediante la comprensión de las creencias, categorías, esquemas mentales que cada individuo, generación y cultura ha utilizado para dar sentido a su vida. Y el pensamiento de Zambrano, además de contemplar toda la razón a la que había llegado su maestro, accedió a otro albor del pensamiento. Albor que se instauró con más fuerza en ella cuando estuvo lejos de aquí, de su patria. Cuando, tal vez, la razón no le bastó para entender el mundo ni las cosas que en él ocurrían y necesitó entrar en otras razones, aquellas que ya había sentido y percibido antes del exilio. Aquellas que necesitaban ser asistidas por el corazón para que la persona esté presente toda entera. Para que la razón, se vuelva reveladora. La palabra se volverá simbólica, metafórica, creadora de realidades. Esta razón unificada será lo que María Zambrano llamará “método”.
Método como búsqueda de una vía propia y personal constituida por lo que será la razón de toda su obra en el exilio: la razón poética. No puedo evitar pensar en la locura de su hermana Araceli cuando fue torturada por los nazis después de que deportaran a su marido y lo fusilaran. La razón de María Zambrano debió de buscar en todas las partes de su alma para no sucumbir, para seguir en esa vía del corazón, donde el amor, como ella dice, es siempre necesario. Buscar en su alma para no armarse de razones y llenarse las entrañas de veneno.

María Zambrano expresa en una de sus obras que el sentir es previo al pensar. Al igual que D. Miguel Unamuno: “Lo pensado es, no lo dudes, lo sentido”. La razón poética tomó cuerpo durante su exilio, sin embargo, la semilla ya estaba instaurada en ella cuando escribió el libro de ensayo Hacia un saber sobre el alma, en el año 1934. Ella creyó estar hablando de razón vital cuando en realidad, y eso lo descubrió mucho más tarde, ya se trataba de razón poética. Y de ahí parten algunos malentendidos con Ortega. “No puedo decir que no faltaban las coincidencias, dice María, ambos seguíamos el rostro de la aurora, pero cada uno de una aurora distinta. O al menos vista de otro modo. Sí, porque también Ortega era un hombre de la aurora.”

Aunque María no tuviera entonces conciencia de ello, ya había empezado a dirigir su razón hacia la razón poética. Ya había sentido esa razón que no era nueva, pues ya aparece antes de Heráclito.

En definitiva yo busco la oscuridad de las entrañas y el abismo de la divinidad, aquello que nos sostiene y nos tiñe, lo que acerca el ser a lo místico y a lo religioso. Posición distinta y distante de la claridad de la razón vital orteguiana.
Cierra los ojos y mira.

El ver desde adentro es una mirada que unifica y trasciende. Y así, dejar ya de andar separados. Y si el ver, aún no nos llega, escribir y sentir lo que por lo pronto somos capaces de ver. Y liberarnos luego al ofrecer lo que vemos. Al dar de nuevo, lo que se nos da.
El hombre y lo divino.
María Zambrano

 

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