El uso práctico de la razón fronteriza (Por Crescenciano Grave)

Una de las cuestiones m·s acuciantes de la filosofÌa contempor·nea y, por lo mismo, una de las m·s dignas de ser pensadas es la referente al fundamento de la Ètica. Pretender la aclaraciÛn reflexiva del ·mbito de la Ètica es tambiÈn una de las labores m·s definitorias del modo en que en nuestra Època se asume la filosofÌa. Acometer, tanto frente a proyectos de razÛn dogm·tica como a sus pretendidas disoluciones postmodernas, la tarea de mantener un concepto de razÛn crÌtica que no renuncia a confrontarse con sus propias sombras es una de las caracterÌsticas distintivas de la filosofÌa de Eugenio TrÌas. …sta, desde la memoria histÛrica sobre ciertos hitos que han marcado su rumbo, insiste en esclarecer el trabado problem·tico de lo que somos y lo que hacemos; de lo que indefectiblemente nos constituye y de lo que sÛlo es posible como objetivaciÛn de nuestra praxis.



La aventura filosÛfica de Eugenio TrÌas, tanto por su sÛlido anclaje histÛrico como por la destilaciÛn navegante de ideas propias, es una de las propuestas m·s potentes del pensamiento contempor·neo. Precisamente al problema de la naturaleza, funciÛn y estructura del discurso filosÛfico dedicÛ TrÌas su primer libro: La filosofÌa y su sombra. La idea-fuerza de este texto seminal es que todo filÛsofo levanta una normatividad de conocimiento con la cual establece lo que puede definirse como “saber” y lo que, por violar la reglamentaciÛn instituida, como “no saber”. …ste es la proyecciÛn de la normatividad cognoscitiva y, por lo mismo, se constituye en su sombra. Posteriormente, esta idea fue ensayada, con variantes que la enriquecen y matizan, en distintos campos de la reflexiÛn como el teolÛgico, el del poder y el de lo bello en los libros MetodologÌa del pensamiento m·gico, TeorÌa de las ideologÌas, MeditaciÛn sobre el poder y Lo bello y lo siniestro.

Dos singladuras definitivas en la producciÛn teÛrica de TrÌas son, por una parte, El artista y la ciudad, donde se esbozan las bases de una ontologÌa, y, por otra parte, dos obras complementarias: El lenguaje del perdÛn y Tratado de la pasiÛn. En la primera se indaga cÛmo los conceptos filosÛficos dominantes de razÛn y actividad se alzan mediante el rechazo y la negaciÛn del elemento pasional, y, en la segunda, lo que se muestra es la contraparte: el conocimiento y la actividad emergen desde el sustrato inhibido de lo pasional. Sin embargo, a este respecto conviene no olvidar lo que el propio TrÌas nos dice en una de las primeras retrospectivas sobre su obra:

Interesarse por lo irracional, investigar sus leyes ocultas, es una operaciÛn altamente racionalista. [...] Jam·s he afirmado que la razÛn, el logos humano, carezca de fuerza para internarse con algún Èxito en esos territorios. He afirmado incluso que en el seno de esa apertura pasional despunta el conocimiento racional, o que razÛn y pasiÛn son una sÌntesis humana de tal naturaleza que lo pasional posibilita o abre lo racional y lo racional tiene en la pasiÛn su premisa y su soporte.[1]

DespuÈs de esta etapa –de la que tambiÈn forman parte tÌtulos como La dispersiÛn, La memoria perdida de las cosas y, para nosotros el m·s memorable, Drama e identidad –en la que el ensayo filosÛfico en espaÒol es llevado hasta una de sus alturas m·s sugerentes, viene otra, de mediaciÛn y encuentro, conformada por una primera trilogÌa: FilosofÌa del futuro, Los lÌmites del mundo y La aventura filosÛfica. AquÌ TrÌas descubre y traza el itinerario de acceso a su idea filosÛfica: concebir el ser en tanto que ser como lÌmite y frontera.

A desplegar todo el potencial de esta idea est· dedicada una segunda trilogÌa que muestra la madurez y el vigor de una propuesta de pensamiento filosÛfico levantada en nuestro propio idioma, desmintiendo asÌ de la mejor forma posible, es decir, pensando realmente, ciertas opiniones disparatadas que niegan al espaÒol la condiciÛn de lengua filosÛfica. La elaboraciÛn y recreaciÛn insistente de la idea del ser del lÌmite se despliega en LÛgica del lÌmite, La edad del espÌritu –con su apÈndice aparte: Pensar la religiÛn –y La razÛn fronteriza. La idea definitoria de la propuesta filosÛfica de Eugenio TrÌas es que lo que desde ParmÈnides y AristÛteles se llama ser puede ser pensado como ser del lÌmite.

Desde la idea del ser del lÌmite se desprenden distintos contenidos: se descubre, en primer lugar, el ·mbito en el que el ser aparece; el cerco del aparecer en el que transcurre nuestra existencia. En segundo lugar, el lÌmite implica lo que se encuentra m·s all· de Èl; el campo misterioso y sagrado que circunda el cerco del aparecer y al que nuestra propia existencia se encuentra ligada. Este cerco hermÈtico no es objeto de apariciÛn clara y distinta sino de una revelaciÛn peculiar en tanto lo muestra salvaguard·ndolo en su propio misterio. La manifestaciÛn sensible de lo que en tanto tal no aparece es tarea de la revelaciÛn simbÛlica. La exploraciÛn de la revelaciÛn simbÛlica en el campo de las artes de desarrolla en LÛgica del lÌmite. AquÌ, mediante un retorno creador a PlatÛn y nutriÈndose de la tradiciÛn que va de Kant, Schelling y Hegel hasta Cassirer, Heidegger, Nicol y Gadamer, TrÌas piensa ontolÛgicamente el concepto de sÌmbolo y, a la vez, muestra el núcleo simbÛlico reflexivo de la filosofÌa misma. Y en la monumental La edad del espÌritu se continúa, en clave religiosa, la reflexiÛn sobre el sÌmbolo persiguiendo: “determinar un concepto filosÛfico de espÌritu, desglosado en la exposiciÛn de sus categorÌas; y mostrar el curso histÛrico de esas categorÌas, o el engarce de eones que deriva de las formas de acontecer y de experiencia que esas categorÌas hacen posible”.[1] Por último, el tercer contenido de la idea del ser del lÌmite es el lÌmite mismo como espacio donde es posible habitar (limes), es decir, colonizar la tierra desde el cultivo y el culto.

Concebido el ser de la tradiciÛn como ser del lÌmite, se imponÌa la tarea de recrear el concepto de razÛn, a travÈs de la trama de categorÌas que le son propias, como razÛn referida al ser del lÌmite. Esta es la razÛn fronteriza que, como hemos seÒalado, aspira a mantener su car·cter crÌtico y a dialogar con sus propias sombras.

TrÌas ha desarrollado una concepciÛn unitaria de la filosofÌa configur·ndola como filosofÌa del lÌmite. Sin embargo, y aunque la preocupaciÛn no estaba ausente de las modulaciones anteriores de la idea, a la filosofÌa del lÌmite le faltaba probarse exclusivamente en uno de los campos m·s resbaladizos de la discusiÛn actual: la Ètica. …tica y condiciÛn humana “es, justamente, esa modulaciÛn, o variaciÛn, de la <<filosofÌa del lÌmite>> en el ·mbito de la Ètica”(p.15). Se trata, pues, de probar la pertinencia interpretativa de la razÛn fronteriza en su uso pr·ctico.

El ocuparse de la Ètica es, en el caso del pensador del lÌmite, una necesidad proveniente tanto de su afirmaciÛn de que la filosofÌa no puede renunciar a la pregunta sobre la condiciÛn humana como de su fÈrtil filiaciÛn kantiana: los grandes cuestionamientos de siempre se resumen y concentran en la pregunta por lo que somos. AsÌ, lo que TrÌas pretende desbrozar desde su idea del ser del lÌmite es “[...]una Ètica que se sustente en una reflexiÛn sobre la condiciÛn humana, o sobre lo que podemos saber acerca de ese perpetuo enigma que constituye lo que somos” (p.20).

Al concebir el ser mismo como lÌmite, TrÌas se percata de que el ser del lÌmite es determinante para el concepto de inteligencia y razÛn y, por lo tanto, para la viabilidad del uso pr·ctico de esta razÛn. La razÛn es onto-lÛgica al co-responder al ser del lÌmite en sus distintos contenidos. AsÌ, los pivotes del uso pr·ctico de la razÛn fronteriza son ontolÛgicos. Dicho de otro modo: promover una propuesta Ètica sÛlo es posible desde la reflexiÛn sobre lo que somos y Èsta, como fuente de inspiraciÛn y de experiencia, manifiesta que nuestra condiciÛn es limÌtrofe entre la naturaleza y el mundo. SÛlo nuestra peculiaridad de habitantes del lÌmite constituye la matriz en la que se fundamenta la formulaciÛn de la Ètica.

En la configuraciÛn de la razÛn como razÛn fronteriza –insistimos en este punto porque nos parece realmente clave para comprender la propuesta que nos ocupa– Èsta no abdica de su tradiciÛn crÌtica ni de su apertura dialÛgica con lo que la excede y sobrepasa. En el di·logo entre la razÛn y la sinrazÛn se destaca el lÌmite como lugar de conjunciÛn y disyunciÛn. Esto es lo que significa que el lÌmite sea el ser mismo de tal modo que ese lugar del lÌmite es con el que tiene que vÈrselas la razÛn fronteriza en tanto tal y en su uso pr·ctico. 

Ese lugar del lÌmite es el que inspira una concepciÛn de la humana conditio acorde con esa Idea onto-lÛgica. Y esa comprensiÛn de lo que somos (lÌmites y fronteras del mundo) es, justamente, lo que orienta en relaciÛn a la posibilidad de exponer una propuesta Ètica que se ajuste al concepto de razÛn fronteriza que aquÌ se va perfilando. Se trata de mostrar el uso pr·ctico de esa razÛn fronteriza; y sobre todo la proposiciÛn ling¸Ìstica que permite exponer, o expresar, esa razÛn fronteriza pr·ctica en un sentido ajustado o concordante con la Idea que pueda trazarse en relaciÛn a nuestra propia condiciÛn humana (p. 22)

øQuÈ somos y cu·l es la proposiciÛn Ètica que nos conmina a formar y mantener eso que somos? El objetivo de TrÌas es mostrar que hay una proposiciÛn que fundamenta a la praxis Ètica de tal modo que Èsta quede orientada al constituirse como respuesta a lo que la proposiciÛn Ètica propone.

La proposiciÛn Ètica fundamental sÛlo puede provenir de la reflexiÛn sobre la condiciÛn humana que, como ya hemos dicho, para TrÌas est· definida por su car·cter limÌtrofe y fronterizo: somos los habitantes del lÌmite. Nuestra existencia, como habitar en el lÌmite, se significa por un doble tr·nsito: de la naturaleza al mundo a partir del proceso de humanizaciÛn y del mundo, mediante la muerte, hasta los confines arcanos del cerco hermÈtico. Nuestra existencia, la que nos conforma y a la que formamos en nuestros propios lÌmites que son, a la vez, los del mundo, est· exiliada de la naturaleza y abocada al misterio del fin.

Nuestra existencia se halla, pues, marcada y de-signada por ese LÌmite que la determina y define. Un LÌmite que establece su propia Medida, a la vez distante de su origen natural, nativo, y de su último confÌn (en el cual se repliega inexorablemente en el cerco hermÈtico). En esa Medida limÌtrofe halla nuestra propia existencia el signo indicador de su propia condiciÛn: la que corresponde a la humana conditio (p. 34).



Nuestra limitaciÛn mundana nos circunscribe al campo del significado. La condiciÛn humana no es natural; es ling¸Ìstica. Procedemos de la naturaleza pero Èsta queda transmutada en nuestro ser logos (pensamiento y lenguaje). Por el logos se abandona, hasta cierto punto, la matriz fÌsica y, por lo mismo, Èsta nos expulsa conden·ndonos al exilio y al Èxodo. Nuestra condiciÛn es búsqueda errante de un hogar propio. Desde la naturaleza hemos transitado al mundo que, no obstante, sÛlo es sosteniÈndose en aquÈlla. Mundo es el tejido de sentidos y de significados introducidos por la proyecciÛn y objetivaciÛn de nosotros mismos, es decir, de los signos y sÌmbolos con los cuales poblamos la naturaleza de manera tal que Èsta misma se transmuta.

Somos el último confÌn de la naturaleza en el cual Èsta misma descubre su propio misterio y propone nuestro propio enigma. Este descubrimiento y esta propuesta sÛlo son posibles desde la transmutaciÛn de la naturaleza en mundo. En y desde el mundo, lo que somos proyecta sobre el h·bitat natural lo que marca nuestra diferencia: “la inteligencia ling¸Ìstica y su capacidad de dotar de significaciÛn y sentido al conjunto de lo que acaece. El conjunto de acaeceres significativos: eso es el mundo” (p. 529).

Desde aquÌ debe brotar la proposiciÛn Ètica de la razÛn fronteriza como razÛn que co-responde al ser del lÌmite. AsÌ, el uso pr·ctico de la razÛn debe determinarse en una proposiciÛn que refiera y oriente la praxis Ètica. La proposiciÛn Ètica de la razÛn fronteriza asume una forma imperativa: ella formaliza universalmente una propuesta y ante Èsta el sujeto Ètico debe responder libremente con su acciÛn, la cual puede ajustarse o no a aquello que lo conmina la proposiciÛn.


La expresiÛn ling¸Ìstica que la razÛn fronteriza obtiene en su uso pr·ctico es su imperativo Ètico. “Tal imperativo dice asÌ: <<Obra de tal manera que la m·xima que determina tu conducta, y tu acciÛn, se ajuste a tu propia condiciÛn de habitante de la frontera>>. (p. 47). …sta es la única y, por tanto, universal proposiciÛn Ètica. Sin embargo, su car·cter imperativo se matiza en dos aspectos: conminativo e incitativo, es decir, como una propuesta a la que se debe responder libremente.

La propuesta única y universal (puramente formal) sÛlo en la libre respuesta del sujeto, en la acciÛn, se materializa. Esta materializaciÛn, al sostenerse y alimentarse en la libertad, es plural, lo cual implica la posibilidad de que la respuesta actualizada muestre acuerdo o desacuerdo con la propuesta. Ajustar o desajustar los actos a la conminaciÛn de la razÛn fronteriza es posible en virtud de la gravedad de nuestra propia condiciÛn.

Lo m·s grande y grave de esa condiciÛn consiste en que, en virtud de ese limes que se cruza entre la propuesta y la respuesta, condiciÛn de posibilidad de que Èsta sea libre, esa condiciÛn humano-fronteriza se caracteriza por la posibilidad siempre a mano de contr-decirse, o de obrar en contradicciÛn con su propia constituciÛn limÌtrofe y fronteriza. Nada hay, en efecto, m·s humano que el comportamiento inhumano” (p. 48).



Con su actuar libre el hombre puede decir lo contrario de lo que el imperativo fronterizo propone. Ahora bien, la disposiciÛn a la propuesta no tiene porquÈ coincidir con las normas al uso para definir un buen comportamiento: el que asuma su condiciÛn de fronterizo bien puede humanamente transgredir los marcos morales que pretenden agostar o clausurar su capacidad de libre respuesta. El acorde a la conminaciÛn Ètica de la razÛn fronteriza est· lejos de coincidir con la sumisiÛn al dominio: ella orienta el poder libre de la persona.

A partir del reconocimiento del hiato entre propuesta imperativa y libre respuesta, se matiza la singladura Ètica de la filosofÌa del lÌmite. De la libertad depende la respuesta –la acciÛn y su justificaciÛn –a lo que la proposiciÛn Ètica propone de forma prescriptiva. AsÌ, sobre el car·cter del acto concreto que se ha de realizar, la proposiciÛn Ètica guarda silencio. Este hiato limÌtrofe entre la propuesta y la respuesta salvaguarda el car·cter crÌtico de la razÛn fronteriza pr·ctica. “La razÛn es crÌtica si exhibe el hiato (limÌtrofe) insalvable entre lo que propone y lo que la libertad (del que responde) dispone. Lo crÌtico se aloja en esa crisis en la cual se hace posible la libertad al evidenciarse dicho hiato limÌtrofe entre propuesta y respuesta”(p. 75). AsÌ, la cuestiÛn del “bien” y del “mal” no se resuelve en el ·mbito del conocimiento absoluto o epistÈmico, sino que, por asÌ decirlo, se experimenta desde la praxis de la libertad. Ante la respuesta concreta, la propuesta Ètica permanece tan sÛlo como su criterio de demarcaciÛn entre lo acorde a ella y la acciÛn que manifiesta desacuerdo.

La propuesta proviene de la “parte” del sujeto que lo religa al cerco hermÈtico, es decir, de lo que, una vez expulsados de la naturaleza, constituye nuestro fundamento en falta: es la voz que emerge de la constituciÛn metafÌsica del sujeto y a la que Èste mismo, como sujeto fronterizo, responde.[3] La respuesta pretende saldar la “deuda” con la acciÛn libre y responsable, de la cual el sujeto mismo tiene que dar cuenta, por vÌa ling¸Ìstica argumentativa, de su ajuste o desajuste con la “voz” prescriptiva. AsÌ, en esta constituciÛn tripartita (hermÈtica, libre y ling¸Ìstica) pero unitaria de la subjetividad –recreaciÛn de la doctrina renacentista del hombre como microcosmos –se proyecta la posiciÛn reflexiva del lÌmite mismo. Este posicionamiento reflexivo del lÌmite en la subjetividad es asimÈtrico.

Establece aquello de lo cual es lÌmite (la totalidad de lo que aparece). AsÌ mismo funda la referencia que, sin poder ser experimentada por el habitante del lÌmite, no puede dejar de sustentarse en forma afirmativa y positiva (el misterio o arcano de lo que se repliega a toda posible comparecencia). Y por fin se asienta en el ·mbito fundante desde el cual puede proyectarse ese desdoblamiento (en el cerco del aparecer y en el cerco hermÈtico)” (p. 90).



Desde la forma, sustentada en la voz del sujeto hermÈtico, la escisiÛn de libertad constitutiva del sujeto se alza como orientaciÛn de la praxis para el fin de la Ètica: la buena vida o eudaimonÌa. AsÌ, el imperativo fronterizo tiene dos implicaciones complementarias: la conminaciÛn a exiliarse del cerco meramente fÌsico y la necesidad de no traspasar el limes mundano. La “buena vida” sÛlo es alcanzable manteniÈndose en el limes, es decir, asumiendo el ser del lÌmite como constitutivo de lo que somos. Desde esta constituciÛn se trenzan la forma y la finalidad de la Ètica. La forma determina prescriptivamente la acciÛn Ètica y la finalidad delinea el objetivo de Èsta. Sin embargo, el movimiento Ètico sÛlo es posible desde la libertad y la responsabilidad del sujeto porque lo que est· en juego es la formaciÛn de lo que es, o sea, su constituciÛn en persona. 

Lo Ètico no es otra cosa que la formaciÛn de lo que en el hombre subyace como potencia y virtualidad. Es, en relaciÛn a la condiciÛn humana, su actualizaciÛn a travÈs de la educaciÛn, o de la paideÌa. Esa formaciÛn hace posible reforzar disposiciones y h·bitos que determinan la acciÛn a travÈs de ajustadas elecciones (que presuponen deliberaciones)” (p. 64).



La propuesta Ètica de TrÌas revive las teorÌas cl·sicas de Kant y AristÛteles recre·ndolas desde una lectura derivada de la propia composiciÛn de la filosofÌa del lÌmite. Esta composiciÛn se enriquece apelando a los dos grandes descubrimientos de la filosofÌa del siglo XX: la naturaleza ling¸Ìstica de nuestro pensamiento (Wittgenstein) y el car·cter finito y mortal de nuestra condiciÛn (Heidegger). AsÌ, TrÌas levanta su propuesta Ètica sustent·ndola en la gran tradiciÛn filosÛfica y modul·ndola desde dentro de su propia filosofÌa que es, sin lugar a dudas, una de las grandes creaciones contempor·neas del pensamiento y que, por lo mismo, reclama y merece una mayor atenciÛn y discusiÛn crÌticas.

[1] Eugenio TrÌas, La filosofÌa y su sombra. Barcelona, Seix Barral, 1983, pp. 12-13.
[2] E. TrÌas, La edad del espÌritu. Barcelona, Destino, 1994, p. 16.
[3] Para un an·lisis histÛrico-crÌtico de la “voz” como fundamento infundado de la experiencia Ètica, vÈase E. TrÌas, Los lÌmites del mundo. Barcelona, Destino, 2000, pp. 77 y ss.
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