FOUCAULT
UNA APROXIMACIÓN AL PENSAMIENTO FILOSOFICO
Textos de Alfonso Forero, Profesor Universidades Libre y Autónoma de Colombia.

 

Sobre la relación de la Ciencia y Pensamiento filosófico [14]

También aquí y pese a todo, haré otro intento de reflexionar sobre el pensamiento filosófico no tanto por la vía negativa sino por el lado de sus diferencias con el conocimiento y, más particularmente, con lo que se llama el proceso de adquisición de conocimientos.

El conocimiento es circunscripción, delimitación que define sus objetos, discurso que impone fronteras, pensamiento que cerca su territorio para encontrar dentro de él nuevas relaciones y posibilidades de manipulación y transformación del objeto. Objeto “formado por sus mecanismos de estabilidad... La objetividad es garantía de identidad, de que la cosa es lo que es y no otra cosa, de que la definición es válida. El objeto es una definición existente...” [15]

El pensamiento filosófico es más libre y amplio por su carácter de lógica sin término, porque no se deja someter a ningún marco. “ Parece por el contrario poseer una vida propia; extiende sus ramificaciones a los más diversos campos, contamina las creencias y convicciones que parecían más alejadas de su punto de partida y por lo tanto afecta, conmueve y perturba los fundamentos de nuestra vida...” [16]

Ello está relacionado con el carácter de violencia en el sujeto que significa el pensamiento filosófico y por la diferente relación que frente a la vida establecen conocimiento y filosofía; lo que determina, al mismo tiempo, que contra el pensamiento filosófico se levanten las más altas barreras y resistencias de tipo y grado muy diverso de las que se levantan contra el conocimiento científico. “ Entre estas resistencias al pensamiento está, en primer lugar, la amenaza de la soledad que puede llevar hasta la locura, es decir, la salida de la comunicabilidad...” [17]

Si bien el conocimiento científico puede no afectar el conjunto de estructuras sedimentadas de un sujeto individual o de un grupo humano determinado; el pensamiento filosófico, al desarrollar de manera amplia la crítica de la vida en todas sus esferas, resulta siempre siendo objeto de rechazos mayores al abrir paso a la soledad y a la tribulación. Sin embargo, “... si el pensamiento fuera solo duelo, soledad, angustia, seguramente no existiría. Es, necesariamente, también, sentimiento de liberación, de nuevo nacimiento, de autoafirmación.” [18]

En la actividad científica actual, conocemos el caso, tan corriente, pero tan notable, de una comunidad científica con un altísimo grado de especialización, produciendo series enormes de conocimientos, y cuyo uso social nada les interesa, y perfectamente integrada y adaptada a las normas convencionales del tipo de sociedad en la que le ha tocado vivir. Y esto, porque el mundo del conocimiento, al no plantear a cada paso los problemas del sentido y el valor, al no referirse siempre a la pregunta del “¿para qué?” de una actividad, permite y fomenta tal adaptación y tal integración.

Más lamentable aún, el caso, cuando no se trata de procesos de producción de conocimientos, así sean limitados y parciales, sino de su transmisión –del lado de la institución- y de su adquisición –del lado del sujeto -; es decir, hablamos de las llamadas “instituciones del saber”, en un increíble abuso del lenguaje; esos establecimientos que dominan por entero en nuestra sociedad, dedicados a la transmisión y adquisición de simple información acerca de resultados anteriores del pensamiento y la investigación, resultados “recibidos” por fuera de los procesos de pensamiento que su producción involucró. Transmisión y adquisición efectuada al margen del marco histórico y cultural en el cual tal producción se realizó, generando el tipo de conocimientos que Marx denominaba “a-conceptuales”, ya que todo ha sido pensado simplemente “como una serie de actividades orientadas a conseguir una meta de información con determinados instrumentos y técnicas” [19], tal como se imaginan ciertas pedagogías el problema del conocimiento.

A diferencia de ello, se puede decir con seguridad, que el pensamiento filosófico no se puede transmitir, porque él no es un conjunto de informaciones muertas y disecadas. El acceso al pensamiento filosófico depende en todos los casos y situaciones de una ‘crisis’, tanto en el orden individual como en el orden histórico, y la existencia de esta crisis, que es angustia y pregunta constante, no está condicionada por tal o cual pedagogía, por tal o cual maestro o empresa editorial, sino que depende por entero de las condiciones de historia y biografía del sujeto que, conmocionado por una serie de circunstancias de su vida – el surgimiento de un amor, una cadena de duelos, una crisis familiar, un derrumbe en su estructura cálida de prejuicios, la quiebra de un proyecto económico o político, etc. -, se ve forzado a pensar, se ve sometido a la violencia del pensamiento, y entre el deseo de saber, que no es un instinto natural, y las demandas de protección, vence el primero y se ve arrojado como un balón perdido a una reflexión de la que nunca se sabe bien a dónde conducirá. Y esa violencia que lo lleva a pensar, que literalmente lo obliga sin remedio, no es otra cosa que el producto de la crisis vivida, del fin de las respuestas escolares y familiares, viéndose el individuo lanzado, entonces, a un “devenir activo’ contra la coacción y el adiestramiento, que Nietzsche llamaba ‘cultura’. La cultura, según Nietzsche es esencialmente adiestramiento y selección. [20]


El pensamiento filosófico es un impulso del sujeto cuya tarea es hacerse distinto de sí mismo, volverse inestable, reinventarse una y otra vez, y ello solo se consigue ‘cuando hay fuerzas activas que se apoderan del pensamiento’, y este es un aporte de “los maestros de la sospecha” aunque haya sido anunciado con antelación. “Ya Goethe decía, en sus conversaciones con Eckerman, que ‘para pensar de nada sirve ponerse a pensar’; las ideas más luminosas se nos aparecen como libres creaturas de dios y nos gritan: ¡aquí estamos!”. [21]

La imagen dogmática del pensamiento sostiene que el pensar es “el ejercicio de una ‘facultad’, que el pensador en tanto pensador quiere la verdad; que hemos sido desviados de la verdad por fuerzas extrañas al pensamiento (el cuerpo, las pasiones, los intereses sensibles); que basta un método para pensar bien y que poco importa el lugar y la hora si aplicamos el método”. Y contra esa imagen se han levantado grandes pensadores. “Pensar, como actividad, es siempre una segunda potencia activa del pensamiento, no el ejercicio natural de una facultad, sino un acontecimiento extraordinario para el propio pensamiento. Pensar es una nueva potencia del pensamiento. Y debe ser elevado a esta potencia, para que se convierta en ‘el ligero’, ‘el afirmativo’, ‘el danzante’. Y jamás alcanzará esta potencia si algunas fuerzas no ejercen sobre él una violencia” [22]


NOTAS

[14] Véase: Forero, Alfonso. Poesía y Ciencia. En: Revista “UD. tiene la palabra”. Bogotá D.C., Universidad Distrital, Nº 4, Diciembre 1993, pp.7-16
[15] Savater, Fernando. Leer, inventar, olvidar. En: La tarea del héroe. Elementos para una ética trágica. Madrid, Taurus, 1983, p.215
[16] Zuleta, Estanislao. Felicidad y Tribulación del pensamiento.p.5
[17] Idem., p.4
[18] Idem., p.12
[19] Idem., p.4

[20] Deleuze, Gilles. Nietzsche y la filosofía. P.153
[21] Zuleta. Op.cit., p.11
[22] Deleuze. Op.cit., p.146 y ss.

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