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introducción

l siglo XVII francés es una época de crisis que coincide con el Barroco: hay cierta conciencia general de ruptura con una época anterior, el Renacimiento. Se estrena un nuevo saber: la revolución está ahora enfocada al futuro y no al pasado como en los siglos XV y XVI. El saber deja de ser meramente teórico y se desprende de sus raices teológicas no sin trágicas consecuencias: el proceso de Galileo en 1633 es el mayor ejemplo de la inadecuación que existía entre la nueva realidad y las arcaicas e inadecuadas ideologías.

Pese a ello, el optimismo en la razón humana y sus futuras conquistas necesitaba no sólo de un apoyo económico que pudiera llevarlas a cabo, sino de una investigación seria sobre el alcance y los límites del conocimiento, así como sobre los métodos más adecuados para intervenir exitosamente en la naturaleza. La ciencia no es únicamente un conocimiento de las causas, sino que es un instrumento para mejorar la vida del hombre. Este saber que persigue el hombre como algo útil para la vida ha de poder construirse sólidamente y con certeza. Se ha de encontrar un modo de conocer que impida el error y la subjetividad, a semejanza del que ya poseen la aritmética y la geometría. El privilegio de certeza de las matemáticas deriva de su alejamiento de los engaños de los sentidos. La matemática no recibe nada de la experiencia ni depende de ella, y por ello puede aportar verdades universales. Lo que sucumbe a la duda es lo empírico y sensible.

Dicho sea de paso, semejante concepción del mundo traerá consigo innumerables desgracias, muy bien expuestas en el libro de Morris Berman, "Cuerpo y espíritu" (Edit. Cuatro Vientos). Una crítica al paradigma cartesiano puede verse en la sección textos.

La necesidad del método reside en remitir, a través de ciertas reglas, todo conocimiento a la certeza.El método no es más que un camino seguro para llegar a la verdad y evitar el error.

Este camino ha de ser único. No hay distintos métodos para distintas ciencias, como postulaba Aristóteles. Si todas las ciencias que posee el hombre forman un único saber, que expresa la sabiduría humana en su totalidad y como algo unitario, ha de haber también un único método que se corresponda con esa unidad de saber y que se pueda aplicar después a cualquier campo o región del conocimiento.

Esta es la idea de una "mathesis universalis", es decir, de un saber que contiene los rudimentos necesarios para hacer salir de sí todas las verdades respecto a cualquier asunto. Este método basado en las matemáticas va a decidir de antemano sobre lo que encontramos de verdadero en las cosas y va a ser la instancia fundamental a partir de la cual se determina lo que puede llegar a ser objeto de conocimiento o de saber, y por lo tanto, de verdad. Eso que decide de antemano el método ha de ser simple y "descualificado", y por lo tanto, susceptible de ser conocido con certeza. Lo simple, o se conoce o no se conoce y no puede ser de otra manera porque no tiene partes. Veámoslo:


EL MÉTODO CARTESIANO


Hemos visto que el método que propone Descartes ha de ser matemático y universal, sea cual sea su aplicación o campo del saber a que se refiera. La definición de lo que él entiende por método la podemos encontrar en la Regla IV de su obra Regulae ad directionem ingenii:

Así pues, entiendo por método reglas ciertas y fáciles, mediante las cuales el que las observe exactamente no tomará nunca nada falso por verdadero, y, no empleando inútilmente ningún esfuerzo de la mente, sino aumentando siempre gradualmente su ciencia, llegará al conocimiento verdadero de todo aquello de que es capaz.»
("Reglas para la dirección del espíritu". Alianza editorial, Madrid 1989, pg. 79 )



La primera ventaja que nos proporciona el método es escabullirnos del error. Pero, además de proporcionarnos un conjunto de reglas o procedimientos para deducir lo que ya conocemos, puede aplicarse a cualquier nuevo campo del saber. El método permitirá que aumentemos nuestros conocimientos y descubramos verdades nuevas.

Estas reglas del método pueden resumirse en cuatro fundamentales, enunciadas por Descartes en su Discurso del método:


1. Regla de evidencia


«No admitir jamás como verdadero cosa alguna sin conocer con evidencia que lo era: es decir, evitar con todo cuidado la precipitación y la prevención, y no comprender en mis juicios nada más que lo que se presentara tan clara y distintamente a mi espíritu que no tuviese ocasión alguna para ponerlo en duda»

Descartes no acepta como verdadero sino lo que es evidente. Pero ¿Qué es lo evidente? La evidencia se produce sólo en la intuición, es decir, en un acto puramente racional por el que nuestra mente capta o "ve" de modo inmediato y simple una idea. La intuición es la captación intelectual inmediata de una idea. Inmediato implica que no hay una cadena deductiva de por medio y, por otra parte, que no hay mezcla con nada sensible (no median los sentidos o la experiencia para captar esa idea). Si lo que es evidente es lo que es intuido, ¿Qué es lo que la mente intuye?: ideas claras y distintas.

Una idea es clara cuando podemos advertir todos sus elementos sin la menor duda (se opone a oscura).
La idea será distinta cuando aparezca claramente diferenciada, separada y recortada de las demás, de tal manera que no podamos confundirla con ninguna otra idea. (se opone a idea confusa).

La intuición intelectual se caracteriza por su indubitabilidad y exclusión total del error. Entre lo absolutamente falso y lo absolutamente verdadero no hay término medio. Algo es verdadero o falso. Descartes excluye los conocimientos que son únicamente probables. La certeza, como propiedad fundamental del saber, exige la desestimación absoluta de lo probable. Lo que no es claro y distinto (evidente) es confuso y oscuro debiendo ser rechazado como posible fuente de conocimiento.

La evidencia, como criterio de verdad, exige también que el conocimiento se retraiga a sus propios dominios y leyes, independientemente de lo que exista externamente a nuestra mente y su proceder. No hay posibilidad de experimentar una intuición sensible. Esto no existe. Las ideas que provienen de la sensación son siempre oscuras y confusas.

Descartes llamó también "naturae simplices" o naturalezas simples a las ideas que poseen las características de claridad y distinción. Estas naturalezas simples son conocidas intuitivamente y constituyen los pilares sobre los que se asientan las verdades o ideas complejas. Por supuesto, Descartes sólo admite un reducido número de ideas simples (extensión, substancia, pensamiento, etc.). La mayoría de nuestras ideas son complejas, por lo que hay que encontrar la manera de reducirlas a ideas simples, por lo tanto, evidentes.

Descartes va cerrando el círculo: las naturalezas simples son, además, ideas innatas, es decir, ideas que están potencialmente en la mente y surgen con ocasión de determinadas experiencias.





Las ideas innatas son poseidas por todos los hombres por el hecho de ser racionales. No son ideas que se adquieran a través de la experiencia o el aprendizaje y tampoco dependen de la cultura o las condiciones históricas. Son verdades evidentes que se hallan en nuestras mentes, independientemente del tiempo, el lugar y la persona que las piense. Este postulado era necesario para poder garantizar un conocimiento evidente o cierto. Las ideas innatas garantizan la veracidad de nuestros conocimientos al convertirse en su verdadero y único sostén. Ellas mismas no necesitan (ni pueden) ser demostradas ya que caen fuera de la cadena de deducciones. El primer motor inmóvil que mueve sin ser movido queda transformado en las unidades simples de conocimiento que son la base de toda demostración, sin ser ellas mismas demostradas por nada.




2. Análisis

La segunda regla del método se enuncia así:

«Dividir cada una de las dificultades que examinase en tantas partes como fuera posible y como requiriese para resolverlas mejor»


Cualquier problema que tengamos que estudiar no es más que un conjunto vertebrado de ideas complejas. Analizar consiste en descomponer lo complejo en sus elementos simples, elementos que podrán ser intuidos como ideas claras y distintas, esto es: evidentes.

Reducimos lo complejo a lo simple y, en el mismo movimiento, accedemos desde lo desconocido a lo conocido: las ideas innatas.




3.Síntesis

«El tercero, en conducir por orden mis pensamientos, comenzando por los objetos más simples y más fáciles de conocer para ascender poco a poco, como por grados, hasta el conocimiento de los más compuestos, suponiendo incluso un orden entre los que se preceden naturalmente unos a otros".


Una vez que hemos llegado a los elementos simples de un problema hay que reconstruirlo en toda su complejidad, deduciendo todas las ideas y consecuencias que se derivan de aquellos principios primeros absolutamente ciertos. La síntesis es un proceso ordenado de deducción, en el que unas ideas se encadenan a otras necesariamente. En el proceso deductivo no sólo reconstruimos lo complejo a partir de sus elementos simples y verdaderos, sino que ampliamos nuestros conocimientos con nuevas verdades: de lo conocido (los elementos simples) accedemos a lo desconocido mediante un proceso ordenado y riguroso de concatenación de ideas.

La síntesis complementa al análisis y nos permite avanzar en la búsqueda de nuevas verdades.




4. Comprobación

«Y el último, en realizar en todo unos recuentos tan completos y unas revisiones tan generales que pudiese estar seguro de no omitir nada»


Se trata de comprobar y revisar que no haya habido error alguno en todo el proceso analítico-sintético. La comprobación intenta abarcar de un sólo golpe y de manera intuitiva la globalidad del proceso que se está estudiando. Se parte de la intuición y a ella se vuelve.
Una vez comprobado todo el proceso, podremos estar seguros de su certeza.





Conclusión

La verdad no depende de ninguna experiencia externa a nosotros mismos. El verdadero entendimiento es un concebir en la mente y un percaterse ("ver") de este sometimiento a la ley de la propia mente. Esto es el método: una serie de reglas de sometimiento de la mente a sus propias leyes.

Descartes intenta escapar al error regresando a lo más absoluto, que es aquello que el espíritu, en tanto que res cogitans (cosa pensante), posee por sí mismo y no depende de ningún factor externo. Todos los hombres podremos llegar a la verdad sigiendo las reglas de nuestro propio pensar.

El método tiene una función propedeútica respecto a todo conocimiento y es el punto de partida de la nueva filosofía que inaugura Descartes.