EL VÉRTIGO: JOSE ANTONIO CONCHA GONZÁLEZ  [ continuación]

Este sentimiento lleva a la desesperación. Es el vértigo. El fenómeno de la droga en nuestra sociedad es consecuencia de este mismo sentimiento, en cuanto camino de destrucción y de muerte. No es una causa, como muchas veces se quiere ver, sino una consecuencia. Que los jóvenes busquen el suicidio, aunque sea de una manera lenta y en principio aparentemente placentera es una señal clara de que algo no funciona.

No sé adonde voy
Pero voy a tratar de llegar al reino,
Si puedo, porque hace que me sienta un hombre
Cuando meto la aguja en mi vena
Y entonces os digo que las cosas ya no son iguales,
Cuando voy lanzado en mi carrera
Y me siento hijo de Jesús,
Y supongo que no sé
Y supongo que no sé.

He tomado una gran decisión,
Voy a tratar de anular mi vida,
Porque cuando la sangre empieza a fluir
Cuando salta del cuello del cuentagotas,
Cuando estoy cercando a la muerte
Y nadie puede hacer nada, ni vosotros tíos
Ni todas vosotras niñas tontas con vuestra dulce conversación,
Os podéis ir todos a paseo.
Y supongo que no sé
Y supongo que no sé.

Me habría gustado nacer hace mil años,
haber navegado los mares oscuros
en un gran clíper,.
Ir de una tierra a otra,
Con gorra y traje de marinero,
Lejos de la gran ciudad
Donde un hombre no puede librarse
De todos los males de la ciudad,
Ni de si mismo ni de aquellos que le rodean,
Oh y supongo que no sé
Oh y supongo que no sé.

Heroína, se mi muerte,
Heroína, es mi mujer y mi vida,
Porque una gran
Vía en mi vena
Conduce al centro de mi cabeza,
Y entonces estoy mejor arriba y muerto
Cuando el caballo empieza a fluir
Y realmente ya no me importa
Ninguno de los payasos de esta ciudad,
Ni medio mundo acabando con el otro medio,
Ni todos los políticos haciendo ruidos infernales,
Ni todas las pilas de cadáveres amontonados.

Porque cuando el caballo empieza a fluir
Entonces realmente ya no me preocupa nada,
Oh, cuando la heroína está en mi sangre
Y esa sangre en mi cabeza,
Doy gracias a Dios por sentirme tan bien como muerto,
Doy gracias a vuestro Dios por no estar despierto,
Doy gracias a Dios porque ya no me importa nada,
Oh y supongo que no sé.
Heroin. Lou Reed


Han sido los escritores los que han tenido una mayor percepción del vértigo. El abismo siempre ha atraído a los creadores. No ha sido infrecuente que su caos pariera estrellas danzarinas. Hay en Conrad algo especial que le hace distinto. Para mi se trata de la reverencia que tiene hacia el sentimiento moral de cumplir con el deber, más allá de la razón, más allá de la propia muerte.

El gran tema es desde hace cien a- os el nihilismo, tanto si expone como pasivo o como activo. En eso no tiene nada que ver con el valor, si debilidades o fuerzas dan luces a la obra: son variantes en uno y el mismo juego. Sin embargo, hay mucho en común en autores tan diferentes como Verlain, Proust, Trakl, Rilke, e igualmente en Lautreamont, Nietzsche, Rimbaud, BarrËs. Por eso la obra de Joseph Conrad es extra- a, porque se equilibran en ella resignación y acción y están estrechamente unidas. Ernst Jünger.

Otras veces el nihilismo se vuelve cínico. Así lo hace cuando la desilusión es mayor. Es el nihilismo de los que en otro tiempo ambicionaron ser héroes. Ahora se arrastran en el fango, se burlan de cualquier intención elevada y no hacen planes más allá de un día. Esto es el vértigo.

Si no me viera tan astringido, forzado, suprimiría todoÖsobre todo el ¡Viaje!ÖDe todos mis libros el único verdaderamente da- ino es el ¡Viaje!ÖYo me entiendoÖ El fondo sensibleÖ¡ Todo va empezar de nuevo!. ¡ El aquelarre!.. Oirás gritar desde arriba, de lejos, de lugares sin nombre: palabras, órdenesÖ

¡ Verás que tiovivo! Ya me dirás.

¡ Ah, no vayas a creer que es un juego!. Ya no juego; ni siquiera soy amable. Si no estuviese ahí totalmente obligado, la espalda contra algo; lo suprimiría todo. Celine.

* * * *

El gran error de Nietzsche fue el superhombre. Ahora podemos decirlo, ya ha pasado el tiempo suficiente. Ya son varias las generaciones ¡sin Dios! y el superhombre, lejos de aparecer, se antoja más utópico que nunca. Nietzche pensó que cuando el hombre dejara definitivamente de buscar paraísos más allá de las estrellas se decidiría finalmente a ser el sentido de la tierra. Nietzche era muy consciente de las dificultades de tama- a empresa.

Más aún, también cuando se manda a si mismo tiene que expiar su mandar. Tiene que ser juez y vengador y víctima de su propia ley. Nietzsche.

Ningún hombre podría estar a la altura de tales exigencias, pero en un futuro la superación del hombre, llevaría al alumbramiento de una nueva figura: el superhombre. Es una burda simplificación, no siempre desinteresada, ver en la teoría del superhombre intenciones racistas. El superhombre no es una raza, sino un nuevo tipo, un titán capaz de robar el fuego a los dioses. El gran error de Nietzche fue el superhombre. Ahora podemos decir, tras los a- os de oscuridad que profetizó este gran visionario, que el hombre ha fracasado en su intento de ser el sentido de la tierra. Cansado de correr, siempre detrás, persiguiendo al fantasma inalcanzable de su ¡deber ser!. Una imagen espectral cada vez más difuminada. Una imagen girando en el torbellino.

El vértigo es el sentimiento indescriptible del hombre ante el vacío. Imposibles ya para la sacralización el espacio y el tiempo, el hombre sucumbe en el torbellino. Ante la ausencia de palabras adecuadas las imágenes se vuelven luminosos puntos de luz, estratégicos faros de las costas abruptas y brumosas. Si queda alguna imagen esta es la del movimiento.

* * * *


Bueno, pues ya está. Esto era todo. A fin de cuentas todas estas letras no son más que razones, opiniones, intentos de acercamiento. En cuanto a tales también giran en el torbellino. Están inmersas en él y sujetas a sus leyes. Lo realmente importante es la Pregunta porqué es el eje alrededor del cual vuela el torbellino de las respuestas. Dónde se desatan grandes fuerzas hay un punto céntrico en torno al cual se desata la violencia, mientras él permanece al margen. El ojo del huracán. En el todo está en calma. Por esto es importante la Pregunta.

En este sentido me escribe Ricardo Viejo:
¿Dónde está el grial?. ¿Habrá que preguntarse antes qué es e Grial?. Pero vayamos al mito: ¡se trata de un detalle de la leyenda de Parsifal y del Rey Pescador. Conocida es la misteriosa enfermedad que paralizaba al viejo Rey poseedor del secreto del Grial. Por lo demás no era él solo quién sufría; todo en torno a él se derrumbaba, se esterilizaba: el palacio, las torres, los jardines; los animales ya no se multiplicaban, los árboles no daban fruto, se secaban las fuentes. Muchos médicos habían intentado salvar al rey Pescador; ningún resultado obtuvieron. Día y noche llegaban caballeros y todos empezaban por preguntar nuevas relativas a la salud del rey. Un solo caballero- pobre, desconocido, hasta un poco ridículo- se permite ignorar la etiqueta y la cortesía. Su nombre es Parsifal. Sin tener en cuenta el ceremonial cortesano, se dirige directamente al rey y sin ningún preámbulo le pregunta al acercársele: ¡Dónde está el Grial!. En el mismo instante todo se transforma: el rey se alza del lecho de dolores, los ríos y las fuentes vuelven a correr, renace la vegetación, el castillo se restaura milagrosamente. Las palabras de Parsifal habrían bastado para regenerar la Naturaleza entera. Pero es que estas pocas palabras eran el problema central, el único problema que podía interesar no sólo al rey Pescador, sino al Cosmos entero: ¿Dónde se haya lo real por excelencia, lo sagrado, el Centro de la vida y la fuente de la inmortalidad?. ¿Dónde estaba el Santo Grial?. A nadie se le había ocurrido hacer la pregunta central antes que la hiciera Parsifal, y el mundo perecía por esa indiferencia metafísica y religiosa, por tama- a falta de imaginación, y por tal ausencia de deseo de lo real.!

Ante esto apostilla Mircea Eliade:! Este peque- o detalle de un grandioso mito europeo nos revela por lo menos un lado desconocido del simbolismo del Centro: no sólo existe una íntima solidaridad entre la vida universal y la salud del hombre, sino que basta con plantear el problema de la salud, basta con plantear el problema central, es decir, el problema para que la vida cósmica se regenere perpetuamente. Porque muchas veces - como parece mostrar este fragmento mítico - la muerte no es más que el resultado de nuestro problema frente a la inmortalidad.!

Podría decirse que es como una apuesta. Una apuesta cuya conclusión está mas allá de la muerte. El truco podría estar en que se gana con solo tener la valentía de aceptarla.

Cuando escuché estas palabras pensé en ellas para cerrar el Vértigo. Faulkner es adecuado porque puede presumir de haberse asomado al abismo.

Yo no creo en el fin del hombre. Es harto simple decir que el hombre es inmortal sencillamente porque perseverará, porque cuando el eco de la última campanada del juicio se haya apagado en la última y más miserable roca, vacilante, aunque ya no la sacuda la marea, en el último crepúsculo rojizo y agonizante, aún entonces habrá un sonido más: el de la mezquina pero inextinguible voz humana que seguirá hablando y hablando. Lo que yo creo es algo más. Creo que el hombre no sólo perdurará, sino que prevalecerá. Es inmortal, no porque sea de todas las criaturas la única que posee una voz inextinguible, sino porque tiene un alma, un espíritu, capaz de compasión y de sacrificio y de sufrimiento. William Faulkner.

 En Llanes. Finalizando el milenio: Jose Alberto Concha González. [ E-mail ]




NOTAS

Acerca del nihilismo. Ernst Jünger. Sobre la línea. Martin Heidegger. Hacia la pregunta del ser. Ediciones Paidós. Traducción de José Luis Molinuevo.

La tradición liberal y el Estado. Dalmacio Negro. Unión Editorial S.A. Madrid.

El análisis de D. Dalmacio es valiente, profundo, y de una nitidez cristalina. Cualquiera que esté interesado en la supervivencia del hombre haría bien en tenerlo en cuenta. Es de justicia reconocer que pocas veces he estado tan de acuerdo con mis lecturas. Lo más sorprendente de D. Dalmacio Negro es precisamente su escasa difusión en comparación con lo importante de la obra. He llegado a D. Dalmacio, como a tantas otras cosas gracias a mi amigo Ricardo Viejo. Ricardo es un lector incansable, conoce la obra de Ernst Jünger rigurosamente y tiene la gran virtud de que, aquello que realmente merece la pena, acaba siempre - como por obra de la Providencia - por llegar a sus manos. Cuando hablo de la trascendencia de todos los actos pienso en Ricardo.

Prólogo a la edición española edición al cuidado de Jesús Huerta de Soto. LA FATAL ARROGANCIA. Los errores del socialismo. F.A Hayek. Unión Editorial S.A Madrid. Ver nota anterior.

Teológica. 3. El Espíritu de la Verdad. Hans Urs Von Balthasar. Traducción de José Pedro Tosaus. Ediciones Encuentro. Madrid.

Sobre la verdad y mentira en sentido extramoral. Nietzsche. Antología. Edición de Joan B. Llinares Chover. Traducciones de Joan B. Llinares Chover y Germán Meléndez Acu- a. Ediciones Península. Barcelona.

Los titanes venideros. Ernst Jünger. Ideario último recogido por A. Gnoli y F.Volpi. Traducción de Atilio Pentimalli. Ediciones Península. Barcelona.

Ver nota anterior.

Ver nota 6.

Ver nota 1.

The Captive Public. Benjamin Ginsberg. Cita de Noam Chomsky en Ilusiones necesarias,Control del pensamiento en las soiedades democráticas.

Dinero, crédito bancario y ciclos económicos. Jesús Huerta de Soto. Unión Editorial. Madrid.

Ver nota 6.

Ver nota 7.

Selección de aforismos 1878-1882. Nietzsche. Antología. Ver nota 6

Canciones. Lou Reed. Traducción Alberto Manzano. Editorial Zafo. Barcelona.

Ver nota 1

Viaje al fin de la noche. L.F. Celine. Trad. Ed.Planeta. Seix Barral. Barcelona.

No me resisto a contar como conseguí este discurso pronunciado por el autor al recibir el premio Nobel. En Llanes no hay biblioteca pública pero hay Ignacio Gracia Noriega, nuestro genial escritor. Toqué abajo y se asomó a la galería con el rostro cubierto de jabón. ¡ Ah, si lo tengo!. No tardó ni dos minutos en volver con unas hojas de periódico, color sepia por el paso de los años. ¡ No me lo pierdas!.

Jose Alberto Concha González: E-mail

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