LAS PALABRAS Y LOS NÚMEROS por Boyán Ivanov Bonev
"Las palabras frente a los números: Boyan Ivanov Bonev. Un mundo subjetivo

Estamos acostumbrados a demostrar lo que ocurre en el mundo mediante las matemáticas, hasta tal punto, de que si algo no es cuantificable y no se puede clasificar como determinado tipo de dato para un problema, es despreciado. Por otro lado las matemáticas se pueden utilizar en la descripción de los fenómenos naturales sólo si el problema se estudia de forma aislada, cosa que no se da en la naturaleza. Pero todo está influido por todo, ningún dato es despreciable, ningún dato tiene menos importancia que otro.

Cuando se plantea esta objeción muchos dicen "¿Y qué hacemos, dejamos de investigar?", como si la única forma posible de investigación fuera el análisis matemático. Dado que ésta es nuestra forma de imaginar el mundo, resulta muy difícil y sería cuestión de mucho tiempo cambiar de enfoque. Pero tiene que ser posible y de hecho en otras culturas ha habido (o hay) otras formas de ver el mundo, donde las verdades son explicadas mediante paradojas que la lógica no puede ocuparse de resolver.

En las matemáticas cualquier situación se simplifica hasta reducirla a sus características mínimas y esenciales (por lo menos aparentemente). Una vez hecho ésto se intenta resolver la situación mediante procedimientos ya conocidos o inventando nuevos, los cuales hemos de demostrar a partir de los anteriores. Así tenemos unas posibilidades de actuar claramente definidas y limitadas, donde no cabe lo subjetivo. Llevamos esta exagerada objetividad a nuestra forma de ver el mundo y nos convertimos en presas suyas: automáticamente descartamos todo aquello que no se basa en lo ya conocido. Es una forma de pensar que sólo se acepta a sí misma, es decir, las matemáticas demuestran las matemáticas: para ser objetivos, sólo nos podemos basar en lo objetivo. Si dejamos que ese ciclo se cierre, nuestra forma de pensar dejará de evolucionar y aunque vaya estudiando situaciones nuevas, en realidad estará girando sin ningún sentido entorno a lo mismo.

¿Se podría traducir este artículo a fórmulas matemáticas? Probablemente sí, con algún "apaño" matemático. Supongamos que hemos hecho la traducción a funciones matemáticas, habiendo supuesto que está basada en datos objetivos. Con esto ya podemos buscar la forma de demostrar que es "verdadero" o "falso", o al menos sacar un porcentaje de veracidad. Si resultara verdadero, otros artículos posteriores serían demostrados a partir de éste. ¿Llegaremos lejos? ¿Descubriremos una forma de pensar más flexible e ingeniosa? Sólo podremos descubrir cosas que no sobrepasen el límite de lo ya definido. En cada término matemático de la supuesta traducción sólo veríamos la definición y características del mismo. Sin embargo, en cada palabra del lenguaje de este texto tenemos una infinidad de matices. Es más, la palabra expresa un concepto mental, expresa nuestra forma de pensar de la manera más directa posible, mientras que para hacer nuestra traducción matemática hemos tenido que simplificar los matices y crearnos un modo de pensar artificial.

La creación del análisis morfosintáctico es un claro ejemplo de nuestro deseo de objetivizarlo todo. Hemos ideado unas fórmulas (o, mejor dicho, unas formalidades técnicas) que, centrándose en unas características mínimas de las palabras y clasificándolas en categorías, conforman unas reglas lingüísticas que, a mi opinión, están desvinculadas de nuestra forma de pensar. Por eso llama la atención que en el sistema educativo se dé cada vez mayor importancia a la gramática, morfología y sintaxis, apartando la lengua del pensamiento y la reflexión, que son la verdadera finalidad del lenguaje.

Las palabras implican subjetividad, tanto la del escritor como la del lector. No sólo implican subjetividad en la comunicación sino también subjetividad hacia uno mismo: cada vez que utilizamos una palabra en un contexto, estamos aportando nuevos matices al significado que antes tenía la palabra para nosotros. El mundo de lo subjetivo nos ofrece una libertad infinita. Nuestra naturaleza es subjetiva, no podemos decir que el mundo sea objetivo porque lo que vemos no es la realidad: sólo somos capaces de movernos en nuestros mundos mentales. Cuanto más intentamos descubrir la realidad, más entendemos que lo que estamos estudiando es un espejo en el que nos reflejamos, por ejemplo, el estudio de una forma de la naturaleza nos puede permitir saber cómo es esa forma en nuestra mente. Cierta parte del rechazo a la subjetividad se debe a que la asociamos con el error. Entendemos por error cualquier cosa que no encaje en el contexto que hemos tomado como verdadero. Pero subjetividad es creatividad. A los grandes descubrimientos que revolucionan la ciencia o el pensamiento, se suele llegar por ese camino: rompiendo el contexto formal establecido: operando subjetivamente.

Nada debe ser descartado como inválido. La lógica necesita la subjetividad y viceversa. Igual que la ciencia y el arte tienen tales lazos de unión, que muchos opinan que no habría ciencia sin arte ni arte sin ciencia. De hecho cada vez más se habla de estética en las matemáticas: se buscan objetos matemáticos bonitos y soluciones elegantes. Por otro lado, en el arte se utilizan cada vez menos estos términos para calificar las obras. El arte (como ejemplificación de lo subjetivo) y la ciencia (lo objetivo), están en continua interrelación, alimentándose el uno al otro y viceversa, a pesar de que parezca que el uno descarte al otro.

Boyan Ivanov Bonev

Bohr decía, las investigaciones científicas no suponen sólo fórmulas matemáticas, datos y experimentos, sino que los conceptos se someten a discusiones informales, haciendo uso del lenguaje. Ante la utopía de una ciencia objetiva, sus palabras eran: "Estamos condicionados por el lenguaje de tal manera, que somos incapaces de determinar qué está arriba y qué está abajo."

*Boyan Ivanov Bonev.

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