MAURICIO LANGON


Fui invitado por el Prof. Dr. Ricardo Viscardi a dar una clase en un curso introductorio en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de la República. La temática planteada fue las cuestiones de la comunicación y la experiencia en el aula, con referencia especial al uso del video. Yo aclaré que solamente iba a compartir con ellos una actividad que realicé la semana pasada con estudiantes de 4º año del Liceo Francés para trabajar las falacias no formales en el análisis de propagandas electorales de las recientes elecciones nacionales del 31 de octubre. Primero les pedí que, en pequeños grupos, formularan preguntas que les parecieran importantes sobre el tema (preguntas que no discutiríamos en esta instancia). Luego hice una breve presentación de algunos problemas de la comunicación en la educación. A partir de ahí proyectamos un video en que fueron grabadas (sin ningún orden predeterminado) muchas de las propagandas utilizadas por los diferentes partidos en la campaña electoral. Trabajamos analizando algunas de las propagandas, con una metodología similar a la utilizada en el liceo. Por último leímos las preguntas formuladas por los estudiantes al principio.

A continuación reproduzco aproximadamente la presentación que hice.



ALGUNOS PROBLEMAS DE LA TRANSMISIÓN EDUCATIVA

Quiero reflexionar sobre los problemas de la trans-misión educativa. Entender la educación como transmisión ha sido clásico: el profesor aparece revestido de la misión de pasar a las nuevas generaciones ciertos contenidos considerados valiosos por la cultura de la sociedad. Se habla así de transmisión.

Yo interpreto el asunto de otra forma si misión es envío, trans-misión es algo que se da a través de los envíos, a través de los distintos mensajes enviados por los medios educativos. Lo que educa no es exactamente el contenido enseñado que el estudiante debe recordar, sino que la educación es la formación de la persona que se va logrando a través de los distintos mensajes educativos. Que no son sólo contenido. Si se educa a través de envíos ¡el medio es el mensaje!. Y, en educación (muy particularmente -pero no sólo ni privilegiadamente- en filosofía) el medio o el ambiente es el diálogo. El logos (razón, palabra, lenguaje, discurso) legítimo que propone Sócrates cuando, a través de distintos logos, en diá-logos va generando en el discípulo la capacidad de desarrollar su propio logos (su razón autónoma, su pensamiento libre, su propio lenguaje, distinto del del maestro) también legítimo, capaz de defenderse por sí mismo y arrojarse en diálogo con otros.

En un curso de filosofía en 4º de Liceo se trata de hacer sentir, comprender, sopesar, pensar el valor de algunos elementos que simplemente enumeraré:

del examen, la reflexión; de la duda, el cuestionamiento (crítico y autocrítico); de cierto escepticismo, o inseguridad que se abre paso desde allí; de hacer sentir la relatividad de todo conocimiento como la opinión de cada uno, acercándose al riesgo de quedar cerrado en sí mismo, en la construcción de su propio relato, hasta advertirse que se trata de establecer relaciones entre los relativos; de la comunicación, del diálogo que implica el avance a través de las distintas razones y el descubrimiento del valor de los otros.

Digamos que estos elementos que articulan entre sí lo crítico, lo creativo y lo solidario tienen que estar en la base de la formación filosófica. La filosofía debe dar además los instrumentos para que eso sea posible. Y ser capaz de educar filosóficamente también a través de las distintas técnicas y de los distintos soportes: el diálogo legítimo no debe circunscribirse a la comunidad oral ícara a caraî; también ha de ser posible ese diálogo a través de lo escrito, de la imagen (pictórica, televisiva...)... Y también a través de los diversos accesos a la experiencia que nos brindan las diversas disciplinas y sensibilidades. Que se aprende a través del cuerpo, y de la historia y de las matemáticas y de la música...

Surgen diversas dificultades en la comunicación en el aula. Enumero algunas, tales como la disposición espacial y el mobiliario. Las diferencias generacionales o etarias entre profesor y alumnos. Las diferentes expectativas (yo quiero transmitir todo lo dicho y mucho más, los muchachos quieren aprobar una materia más sin aburrirse o sufrir demasiado). Los bloqueos previos de diverso tipo que aportan los estudiantes (en este caso concreto, especialmente los bloqueos ideológicos provenientes de su extracción de clase y la recarga y encierro y unilateralización que implica un horario escolar muy extenso). La diferencia entre lograr una buena motivación o comunicación inicial y conservarla en la continuidad de la actividad hasta trabajar en el plano de la razón. La dificultad de advertir el avance, que no puede ser medido en cantidad de contenidos. La dificultad de pasar de la sensibilidad a la razón. La dificultad de pasar del creído logos propio (que en realidad son prejuicios adquiridos) al diálogo ámbito que posibilita un pensar autónomo en la solidaridad. Las dificultades estructurales de la propia educación que hace que toda acción sea pensada en función de la evaluación. Las dificultades emergentes por errores de conducción del profesor u otros motivos (como ejemplo: el corte de la corriente mística comunicacional que se da cuando el profesor pide a los estudiantes que evalúen sus clases).

En los cursos que dí este semestre a alumnos de 4º de Liceo (después de muchos años de no enseñar en este nivel, sino en niveles terciarios) intenté los siguientes caminos.

1 Pedir a los estudiantes que plantearan un problema de esos que no te dejan dormir. (Se trabajó luego a partir de los emergentes: ¡ No le encuentro sentido a mi vida! , planteó una estudiante).

2 Sobre una famosa frase de Sócrates se les pidió llenar los puntos suspensivos: ¡Una vida sin...... no merece ser vivida!.

3 A partir de los emergentes de estos dos puntos se trabajó la noción de sentido a partir de sus diversos significados. Se vinculó esto con un tema de actualidad pues se anunciaba el ¡fin del mundo!. Se pidió a los estudiantes imaginar que efectivamente el mundo terminaría en 10 minutos: qué harían en ese tiempo.

4 A partir de la frase con que mi bisabuelo Franco Sagarra terminó una breve autobiografía escrita al final de su vida (íServí lo mejor que pudeî) se pidió a los estudiantes escribir su autobiografía imaginada, comenzándola ¡Tengo 82 años...! y terminándola con una frase que permitiera valorar la propia vida de acuerdo a su propio criterio.

5 Trabajamos el tema "Justicia" con materiales escritos; con una actividad lúdica en base a un diálogo problematizador; con exposición de diversas posiciones, con lecturas de textos. El resultado fue bastante desalentador. Posiblemente por el bloqueo ideológico mencionado.

6 Producción de un texto filosófico sobre la "Justicia": los estudiantes hicieron trabajos individuales a domicilio, contando con tiempo amplio, luego se designó un interloculor para la crítica de cada trabajo; y por último se armaron grupos de 4 estudiantes para la redacción final considerando todo lo aportado. El resultado fue bueno y a veces excelente. (Con todo lo mejor hubiera sido registrar por escrito las 3 etapas, para no quedarse sólo con el resultado)

7 Trabajamos los temas espacio y tiempo (acentuando especialmente el primero). En el aula dimos permiso para hacer lo que se quisiera y muy lentmente la clase entró en comunicación y salimos al aire libre en una terraza. Así se pudo vincular la cuestión con el cuerpo (ejercicios de relajación, paz, deseo, inmovilidad frustrante, expresión verbal de lo vivenciado).

8 Falacias. Se explicó el tema tradicionalmente en base al manual de Copi. La comunicación inicial no fue muy buena, pues una clasificación siempre resulta pesada. Luego pasamos a analizarlas en el video que veremos a continuación. Los estudiantes deberían separar los elementos racionales y de sensibilidad, así como sus preferencias políticas y el análisis de las imágenes. La comunicación se reestableció.

 Mauricio Langon  
 11/11/99