MUNDOS PARALELOS

Todo aquel que haya podido acceder y observar de cerca el impoluto Mundo Verdadero, de las Ideas, sabrá que éste es perfecto y existe desde siempre y para siempre, con una constancia tan vehemente, que desanimaría a cualquiera.

De hecho, y para paliar los posibles efectos nocivos que pudiera producir esta insidiosa eternidad, se determinó crear un mundo paralelo, efímera chapuza disminuida en sus perfecciones, de tal manera que en él nada era lo que parecía ser: la virtud se quedaba siempre a medio camino entre el vicio y la mojigatería; la risa contenía fragmentos de tristeza y el amor era prácticamente un imposible.

A fin de llevar a cabo la construcción y mantenimiento de este Pseudomundo se enviaron multitud de almas sabias que trabajaban sin descanso, informando puntualmente de todas aquellas innovaciones que, por su audacia, merecía la pena relatar al Mundo Verdadero, como por ejemplo, la invención de la locomotora o la vacuna contra la viruela.

Pasada una cantidad de tiempo nada despreciable, eran tantas las maravillas producidas o pensadas que Mundo Verdadero también las quiso para sí y decidió copiar a la copia para paliar sus carencias.

Hoy en día existen serias sospechas para pensar que ha sido la copia la que ha construido y servido de modelo al Mundo Verdadero. Es más, nadie se atreve ya a distinguir el Mundo del Pseudomundo y, menos aún, a afirmar que alguno de los dos existió alguna vez.

Un tal Platón lo intentó, pobre loco. Pero esa es otra historia.

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