Entrevista a Gustavo Bueno


Por Frank G. Rubio

Gustavo Bueno, catedrático emérito de Fundamentos de Filosofía e Historia de los Sistemas Filosóficos en la Universidad de Oviedo, recientemente apartado de su función docente, es autor de obras como “El animal divino: Ensayo de una filosofía materialista de la religión”, “Idea de ciencia desde la teoría del cierre categorial” o “El papel de la filosofía en el conjunto del saber” y otras muchas. Es, sin lugar a dudas, la figura más destacada de la filosofía española contemporánea.

 

Generación XXI: A la luz de su frase “Pensar es siempre pensar contra alguien”, ¿qué es para usted la filosofía?

Gustavo Bueno: Tal y como entiendo la filosofía, su función es pública, pienso que no va encaminada a resolver problemas personales, de tipo individual o existencial; parece que es imprescindible la actividad filosófica cuando los individuos particulares se juntan entre sí y entran en la plaza pública. A partir de un determinado nivel de civilización, parece imprescindible atacar a fondo el análisis de las ideas, ideas que brotan de situaciones particulares, contextualizadas por las ciencias, por la política, por lo que sea; la coordinación de segundo grado de estas ideas que atraviesan estas categorías no es unívoca, siempre hay diferentes alternativas. Por esa razón es por lo que creo que la filosofía no es una ciencia, sin que por ello deje de ser racional. La coordinación de estas diferentes alternativas supone el enfrentamiento de unas contra otras, y en ese sentido, pensar es pensar contra alguien.

GenXXI: Ud. ha dicho: “Es imposible hablar castellano sin filosofar”. ¿Existe una filosofía española? ¿Qué relación tiene con la religión católica?

G. B.: Creo que el español es un idioma que, por así decirlo, está sembrado de ideas filosóficas, palabras tales como “sustancia”, “categoría”, “relación”, “causa”… Quien quiera hablar este lenguaje está necesariamente filosofando. Defendemos la tesis de que el romance castellano fue la primera lengua filosófica de Europa, antes que el alemán o que el francés. La gran filosofía escolástica española se hizo en latín, por razones históricas muy complejas, pero quienes la hicieron hablaban español. Una de las tareas que queremos hacer ahora es traducir sistemáticamente todo ese material inmenso de la tradición escolástica, que es desconocido prácticamente, salvo por algún erudito, para ponerlo en circulación. Creo que la filosofía española está asegurada por su propia implantación lingüística y además por una razón muy importante, por sus características históricas, particularmente por su condición de imperio, España y el español tuvieron que asimilar prácticamente todo lo que había en el mundo. De ahí deriva esa característica que es la enorme receptividad que tiene el español para traducir y asimilar ideas que se han expuesto en otros idiomas.

GenXXI: La física contemporánea ha cambiado nuestro concepto de materia. ¿En qué medida esto ha tenido repercusión en la filosofía?

G. B.: Creo que ha tenido una repercusión decisiva,  fundamental. Ha cambiado en varias etapas: Primero con la relatividad general, y más tarde con la física cuántica y el big-bang, se abre un escenario completamente distinto de lo que se podría entender por materia en el siglo pasado: el materialismo corporeista. El positivismo lógico, en gran parte, se explica en función de la teoría de la relatividad, cosa que generalmente se olvida. El concepto de materia que propicia la física contemporánea, a diferencia de la física del siglo pasado, es un rebasamiento del concepto de materia como cuerpo, desde el momento en que se introduce el concepto de campo electromagnético por Maxwell, y que empieza a tratarse en serio en concepto de campos gravitatorios. Lo fundamental es la desconexión que la física contemporánea obliga a hacer entre la materia y el cuerpo. Esto tiene mucho que ver con el cristianismo católico, porque lo fundamental de la filosofía católica, sobre todo en su orientación tomista, es la idea de que la materia no es cuerpo; esto es una idea central desconocida por los griegos, por los atomistas, por los pitagóricos, por los epicúreos. Para explicar las transustanciación de la eucaristía, Santo Tomás tuvo que poner a punto una teoría donde el cuerpo queda reducido a la condición de accidente de la sustancia material, un accidente no vinculado a la extensión.

GenXXI: ¿Es posible que la bioquímica y la genética lleguen a conseguir la inmortalidad para los seres humanos? ¿Podría poner esto en relación con las teorías sobre la inteligencia artificial?

G. B.: A mí me parece que no, en absoluto. Me parecen fantasías sin fundamento. La inteligencia, tal como la entendemos nosotros, va ligada al cuerpo orgánico, es una inteligencia manual. Me parece que todo esto es ciencia ficción, interesante, eso sí, porque a raíz de esto se pueden descubrir muchas cosas. Lo que llamamos inteligencia, el logos, va ligado a las operaciones con las manos; cambian los instrumentos, pero la escala de las categorías sigue siendo “quirúrgica”. La relación del hablar con el manipular ya fue señalada por Platón en el “Cratilo”. Los técnicos y los físicos necesitan una corrección fundamental, habría que decirles lo que decía Goethe a los escultores: “Escultor, trabaje y no hable”.

GenXXI: Ud. prepara un nuevo libro titulado “España contra la Unión Europea y por América”. ¿Podría relacionar este concepto -expuesto ya en su artículo “España”- con la extinción del Estado nación y el advenimiento del Estado mundial?

G. B.: Los dos puntos centrales de este libro son la idea de Nación y la idea de Imperio, que no han sido desarrolladas en el artículo. El problema de la nación es más controlable, sobre todo cuando se vinculan las diferentes acepciones del concepto. Cuando hablo de nación me refiero a la acepción clásica, en latín, de  “natio”, donde la palabra nación quiere decir “algo que ha nacido” (de “nasco”, nacer); estas acepciones se van transformando. Para que podamos hablar de nación en sentido político hace falta que haya una polis; pero cuando se habla de la nación asturiana o la nación burgalesa, esto no tiene ningún sentido político, nos referimos a las gentes; la idea de nación en sentido político empezaría muy entrado el s. XVIII, es un invento francés, un invento republicano, la nación adquiere un sentido completamente distinto. La idea de nación es más fácil de controlar con argumentos históricos que la idea de imperio. La idea de imperio es una idea difícil, porque ha sufrido también unas ampliaciones consecutivas desde un concepto puramente subjetual. En Roma, la idea de imperio es una facultad que tiene el Imperator, que es prácticamente el jefe militar, pero ese concepto no tiene nada que ver con el concepto de imperio que viene después de Constantino, bajo la influencia del cristianismo, en que la idea de imperio se convierte en la ciudad de Dios o la ciudad de los hombres, y toda esa evolución increíble que tiene lugar en la Edad Media, particularmente con la creación del Sacro Imperio Romano Germánico, con la creación del Imperio de Alfonso VI, frente a las pretensiones dle Papa. La teoría de Imperio de Alfonso X el Sabio, prácticamente desconocida, y la teoría de Francisco Suárez, son materiales imprescindibles para hablar del imperio. Yo creo que no se puede explicar la historia contemporánea sin utilizar el concepto filosófico de imperio, que es distinto del concepto puramente diamérico que utilizan antropólogos y politólogos: Imperio es cuando un Estado empieza a controlar a otros estados de un modo indefinido. Este concepto es muy distinto del concepto metamérico de imperio, que se hace desde fuera de la estructura política, porque tiene una nota de universalidad. Hablamos del imperio americano, o dle ruso (la URSS), que no existen, o dle imperio español, que realmente era la monarquía hispánica. Todo esto desemboca, de algún modo, en la discusión que se dio entre Bakunin y Marx en la Primera Internacional; el conflicto entre la toma del Estado o si hay que empezar con la extinción del Estado.

GenXXI: ¿Qué piensa usted de Internet y de su relación con conceptos tales como “aldea global”, “sociedad de la vigilancia”, “rebelión de las elites”?

G. B.: Son tecnologías nuevas, que nos ponen ante una situación completamente nueva. Todo depende de qué grupos controlen, y de cómo controlen, porque la lucha por el poder se plantea ahora en este terreno, que por sí mismo no tiene entidad, aunque sí puede facilitar la presión de ciertos grupos, de ciertas multinacionales. El peligro de estas cuestiones es suponer que hemos amanecido en un mundo nuevo, porque aunque haya novedades absolutas, están siempre entremezcladas con las situaciones anteriores; lo que hay que hacer es intentar controlar cada uno como pueda y según sus intereses estos medios.

GenXXI: El crecimiento poblacional es una preocupación constante de determinadas corrientes de pensamiento. ¿Qué opina usted del problema del hacinamiento en las grandes ciudades a la luz de la etología?

G. B.: La objeción global que yo hago es que cuando se habla de los seis mil millones de habitantes que constituyen nuestro presente, esto es una cuenta abstracta que carece por sí misma de sentido, porque hay que tener en cuenta la descomposición de ese colectivo, esa cuenta está hecha con 1.200 millones de chinos, mil millones de indios, y así sucesivamente, y entonces resulta que la unidad es aparente, no porque sea falsa, sino porque tiene otros niveles. Hay otras corrientes, en Inglaterra, por ejemplo, que dicen que el incremento demográfico puede ser básico para el desarrollo tecnológico y social e, incluso, dicen algunas voces que los problemas que padece Africa podrían estar dirigidos por los grandes imperios industriales y comerciales, que quieren evitar la pérdida de sus mercados. Creo que el pensar que el incremento de la población haya tocado techo es altamente discutible, lo discuten bastantes técnicos, una cosa es la posibilidad de supervivencia y la posibilidad de organización del imperio y otra cosa es el cambio total de la humanidad, que se determina por el crecimiento del Tercer Mundo. El crecimiento demográfico del Tercer Mundo es una defensa propia de estos países. Los sociólogos dicen que la única defensa que tienen estos países es el incremento de población, si no, quedarían barridos completamente, y si se les toma en cuenta es por esto. Véase como ejemplo el crecimiento vegetativo de los hispanos en los EE.UU. Así, sabemos que el islamismo va creciendo frente al cristianismo. Lo que se alteran son las estructuras sociales y culturales, y lo que no está probado en absoluto es que tenga ningún sentido decir que tal límite de población -los seis mil millones- sea el techo, sobre todo con el desarrollo de las nuevas técnicas.

GenXXI: ¿Está la universidad española en crisis? ¿Cuáles son los rasgos de esta crisis? ¿Existe algún remedio? ¿Ha muerto la universidad?

G. B.: La universidad española atraviesa una etapa muy heterogénea. Como conjunto, yo creo que ha muerto hace años, en el sentido de que no existe. “Universidad” es un término equívoco para designar conjuntos de facultades y de escuelas que actúan cada una a su aire y que tienen en común ciertos rasgos administrativos, como por ejemplo que haya un cuerpo de catedráticos, un cuerpo de profesores, estudiantes con una serie de derechos parecidos, pero la universidad como tal cada vez está más dispersa, prácticamente ha desaparecido. Incluso vemos día a día un proceso de degradación de la universidad como conjunto, porque si antes se organizaban seminarios, colaboraciones, hoy en día es prácticamente imposible, a lo sumo logras una conferencia. Esta situación ha estado desfigurada por cuestiones políticas en la época de la transición. Ahora todo depende de las facultades, hay grupos que de repente desarrollan un nivel muy alto, en medicina, en tecnología, en matemáticas, pero otras están en una pendiente de degradación progresiva, y a la que más le afecta esto es a la facultad de filosofía, como es natural, que queda replegada a una especie de facultad de filología, que se nutre o bien de clásicos o de escritores, llamados “filósofos actuales”, como pueden ser Habermas o Wittgenstein, cuya alcurnia y cuya sustancia es muy discutible. Lo que caracteriza a muchas facultades y departamentos es la “invidencia”, en el sentido etimológico, que significa envidia, y esta envidia yo creo que más que envidia es un aforma de autodesprecio, como la que sentía Alfonso VI por el Cid.

GenXXI: ¿Con qué criterio se seleccionan las materias y se organizan los planes de estudio?

G. B.: Creo que es aleatorio. Modas americanas, sin fundamento. Desde la época de Maravall se ha optado por hacer a los jefes de departamento cargos burocráticos, no hay un plan común de trabajo. Es una burocracia más. La división en “ciencias y letras”, las “dos culturas” y su “comunicación” son pura retórica.

GenXXI: ¿Se considera usted a sí mismo como uno de los últimos representantes de una estirpe de intelectuales segregados por el sistema?

G. B.: Hombre, no. Si fuera el último sería muy pesimista, creo que soy uno más de la cadena, si no, habría que hacerse el harakiri.

 * (Agradecemos al canal Filosofía de Arrakis y a Carlos Fernández Sedano su colaboración en la elaboración de esta entrevista)