avier Zubiri, pensador extraordinario, nació en San Sebastián (España) cuando el siglo XIX veía pasar sus últimos años, el 4 de diciembre de 1898. Ávido lector en su juventud, demostró albergar una brillante, incisiva y perseverante inteligencia.

Cuando contaba los 17 años, el joven Xavier ingresó en el Seminario de Madrid, iniciando una andadura eclesiástica que no tendrá el final que, por aquel entonces, él podía prever. En el seminario el profesor Zaragüeta le orientó en sus primeros años de estudios filosóficos. En 1920, conociendo ya a Ortega –referente del pensamiento filosófico español–, obtiene el doctorado en teología por la Universidad de Roma, a la vez que alcanza la licenciatura en filosofía en la Universidad de Lovaina. Al año siguiente consigue el doctorado en Filosofía por la Universidad Central de Madrid. También en 1921 será ordenado diácono.

En 1926 gana la cátedra de Filosofía en la Universidad Madrileña, que por aquellos años gozaba de una salud excepcional. Zubiri participó activamente en la famosa “escuela de Madrid”, impulsada por Ortega, que abrió la filosofía española al pensamiento europeo del momento. Ortega inició a Zubiri en la fenomenología de E. Husserl. La fenomenología supuso un fuerte giro en la filosofía del siglo XX, y los filósofos españoles de la escuela de Madrid pudieron conocer esta nueva filosofía gracias a la labor de Ortega. Zubiri viajó a Alemania, donde pudo estudiar con Husserl y con Heidegger. También conoció a científicos de la talla de Einstein, Planck o Schrödinger, que le iniciaron en sus respectivas disciplinas. Pero nada de esto fue lo más importante que aconteció en Alemania para la vida personal de Zubiri. El filósofo y diácono vasco conoció en tierras germanas a Carmen de Castro, con quien se casará en 1936, habiendo alcanzado el estado laical tras un proceso eclesiástico.

Los años siguientes a su vuelta de Alemania (1930) van a estar marcados por la guerra. Pudo ejercer su cátedra en Madrid durante cinco años (1931-1935), pero el advenimiento de la guerra provocó la disolución de la escuela de Madrid. Muchos de sus miembros se ven obligados a abandonar el país: es la época del exilio. Pero no todos los filósofos salieron de España. Tras la guerra algunos permanecieron enseñando y otros, entre los que encontramos a Zubiri, permanecieron en España, aunque totalmente aislados del mundo público (y consecuentemente, del mundo académico).

En estos años Zubiri se dedicó a elaborar su propia filosofía, distanciándose poco a poco de los planteamientos fenomenológicos de Husserl y de la oscuridad de la filosofía de Heidegger. Como apreció el mismo Zubiri, su filosofía sufrió una evolución importante a partir del año 1944. Hasta ese año alcanzaba su etapa fenomenológica (recogida en Naturaleza, Historia, Dios), desde ese año hasta su muerte su filosofía no será ya tanto fenomenología como metafísica. Y es en esta última etapa en la que encontramos sus obras más importantes, aquellas que constituyen su más interesante aportación a la reflexión filosófica. Esta nueva filosofía de Zubiri ya no podía ser enseñada en las aulas universitarias, por lo que Zubiri buscó la alternativa en los cursos privados que ofrecerá desde 1945 hasta 1976. Finalmente, desde 1977 hasta 1983, año de su muerte, se dedicó a preparar meticulosamente su obra escrita, en la que expone ampliamente su filosofía. Entre estas obras podemos destacar la trilogía sobre la inteligencia humana, Inteligencia sentiente, y el trabajo que supone la culminación de todo su pensamiento, El hombre y Dios.