na de las preocupaciones fundamentales dentro de la amplia obra zubiriana es el problema del hombre. Zubiri tenía amplios conocimientos no sólo en el campo de la antropología filosófica, sino también en el de la antropología científica y cultural. Su antropología es coherente con todo su pensamiento, pues su filosofar fue sistemático. En cualquier punto de su filosofía se hace presente todo su filosofar. Como él mismo decía, en el principio del filosofar ya está toda la filosofía, que después tendrá que madurar en cada filósofo.

Por este pensar sistemático, para entender bien la antropología zubiriana es necesario tener presentes tanto su teoría del conocimiento como su teoría de la realidad o metafísica.


Cuando Zubiri se pregunta por el hombre, comienza afirmando que este, por poseer inteligencia sentiente, tiene una vida radicalmente distinta de la vida vegetal o animal. El hombre vive realmente, en la realidad, porque además de vivir y sentir puede inteligir sentientemente. Lo peculiar humano no es la vida, que el hombre comparte con animales y vegetales, ni el sentir, propio también de los animales, sino la inteligencia sentiente.

Como vimos anteriormente, para Zubiri toda realidad es un sistema de notas. Mas la realidad humana alberga una peculiaridad: en su sistema podemos diferenciar dos subsistemas, que tradicionalmente han sido llamados cuerpo y alma. El vocablo alma lo sustituye Zubiri por psiqué, para evitar la resonancia de los equívocos provocados por algunas teorías y creencias formadas por la tradición platónica.

El cuerpo es un sistema de notas físico-químicas que tiene tres momentos: organismo, solidaridad y actualidad, siendo esto último lo radical del cuerpo (principio de actualidad de la realidad humana en el mundo). La psiqué es el otro subsistema de la realidad humana. Ninguno de los dos subsistemas por separado es el hombre. De este modo, afirma Zubiri, el hombre es una sustantividad psico-orgánica.

Mas esta sustantividad psico-orgánica no es algo estático; la realidad humana es estructura dinámica que da de sí en la acción. Los actos humanos se desarrollan en un ámbito muy concreto: en la realidad. La inteligencia sentiente que el hombre posee le coloca bajo la formalidad de realidad y en la realidad. Este estar en la realidad es para el hombre un sentirse de una determinada forma en la realidad: es el sentimiento. Además, la tendencia y el apetito ceden el paso a la voluntad. El hombre no está atado estimúlicamente a la realidad, sino que su vida es un proceso abierto en el que tiene que elegir, tiene que realizarse. Si lo animal está enclasado en el sentir, el afecto y la tendencia, el hombre está abierto en su inteligencia sentiente, sentimiento afectante y voluntad tendente. Y esto es así porque el hombre no es un animal de estímulos, sino un animal de realidades.

Aquí finaliza Zubiri el análisis del hombre en cuanto a sistema de notas. Pero con esto no está todo dicho. Ahora es necesario penetrar en la forma y en el modo de la realidad humana. El hombre tiene como forma de realidad la suidad, el ser suyo, que constituye la razón formal de la personeidad. La personeidad es el ser persona como forma de realidad. Y las modulaciones concretas que esta personeidad va adquiriendo es a lo que llamamos personalidad.

«La personeidad es forma de realidad; la personalidad es la figura según la cual la forma de realidad se va modelando en sus actos y en cuanto se va modelando en ellos (El hombre y Dios, Ed. Alianza, Madrid, 2003, pp. 49-50)».

Pero con esto aún no basta; es necesario precisar más el carácter de la realidad humana. El hombre está implantado en la realidad de una forma muy especial: es una realidad relativamente absoluta. Así es como el hombre está en la realidad y, consecuentemente, en el mundo, en la actualidad de esa realidad. Y en virtud de esto, el hombre tiene su ser en el mundo. El ser del hombre, afirma Zubiri, es la actualización mundanal de su sustantividad personal, y no es otra cosa que lo que llamamos Yo. El Yo es el ser de la realidad relativamente absoluta, del hombre. El Yo tiene en cada instante una figura determinada; es lo que Zubiri ha llamado personalidad.

Ahora bien, el hombre no es una realidad aislada, sino que vive en sociedad. Cada hombre realiza su vida afectado por la vida de los otros hombres. Es necesario, pues, estudiar las dimensiones interpersonales. La primera es la dimensión individual según la cual el hombre se actualiza como Yo. Pero esto sólo es posible respecto de un tú. Cada hombre es absoluto, pero diversamente. La segunda dimensión es la versión estructural de convivencia, y la convivencia de los hombres entre sí en tanto que realidades es lo que constituye la sociedad humana. Por esto afirma Zubiri que el hombre es un animal constitutivamente social. La tercera dimensión es la historia, que Zubiri define como transmisión tradente (entrega de formas de estar en la realidad), y que en lo que respecta al hombre es capacitación y posibilitación.

En el curso de la historia cada hombre se ve impelido a realizar su historia individual y socialmente. Para ello tiene que elegir entre las diversas posibilidades ante las que se encuentra abierto y realizarlas. Esta realización vital es la ética. Cada hombre se apropia de aquello que realiza configurándose (tomando una determinada figura, moldeando su personalidad) a sí mismo como tal o cual persona en el decurso de su vida.

Luis Rosa Invernón