Tiranuelo diminuto se
consideraba a sí mismo un altísimo demócrata. "Tirania
va bien", decía. "Gozamos de cotas de libertad inalcanzables"
(y ciertamente la libertad era inalcanzable y estaba acotada), "la
economía crece, los impuestos bajan, hemos creado miles de puestos
de trabajo". Los Becarios Precarios se sentían afortunados
de gozar de un mundo de oportunidades, aplaudían a rabiar y,
lo que es peor ¡votaban!
Por si estos fueran pocos méritos, Tiranuelo era campeón
de pala corta. Esto hacía que no se llevara muy bien con Su Excelsa
Majestad, que era muy alto, el rascacielos más alto de la capital
Su Majestad era, y por tener las piernas tan largas no era muy bueno
con las pelotas bajas. En cambio, era un gran capitán de barco,
y cada año los Tiraduros Reunidos del Reino hacían una
colecta y le compraban un yate. Su aura intelectual resplandecía
con meritorio brillo en un país plenamente alfabetizado como
era Tirania: no había casa sin dos televisores y al menos un
libro. Los Agudos Intelectuales y Sabios de Cabellos Plateados competían
con las Silicon-Vedettes por conseguir que el Rey les impusiera las
manos o una medalla o ambas cosas. Aquello imprimía carácter
¡y vendía libros!
Corruptín era Inspector de Obras del Ayuntamiento y un gran admirador
de Tiranuelo. Tanto le admiraba que había sacado la oposición
cum laudem. Desde su cargo, vigilaba que a nadie le faltara una vivienda
digna, localizaba solares y los ofrecía a los Constructores-Demoledores,
agilizaba diligentemente los trámites y en breves minutos aparecía
un nuevo bloque en Ciudad Sumidero. Sin duda Corruptín tenía
un don especial, pues pronto gozó de un notable patrimonio y
pudo ingresar en el selecto Club de Enanos Palacortistas. Si acaso alguien
sospechaba algo turbio, con castizo gracejo se encogía de hombros
y exclamaba "¡Todos somos iguales!". Los Solidarios
Progresistas Solitarios, al oír las mágicas palabras,
repetían: "Eso, eso, eso ¡Libertad, Igualdad, Fraternidad!".
La Banca Benefactora prestaba dinero virtual a los Ciudadanos Nominados
con una Nómina, que se convertían en Agradecidos Propietarios
y disfrutaban de un crédito a 40 años, uno por metro cuadrado
de vivienda. La ONG Apostólica y Romana y Graciosamente Subvencionada
construía albergues para los Pobrecitos Excluidos y Menesterosos
Marginados, que acudían a millares de todo el Globo ante la suculenta
visión de las sobras.
¡Qué gran país podría ser Tirania! Qué
gran ejemplo de convivencia, si no fuera por los Violentos. En primer
lugar estaban los Violentos Por Antonomasia, que ponían bombas
y pegaban tiros en la nuca, porque querían un tirano local, que
jugara al frontón y hablara esperanto. Pero luego había
Violentos a la medida de cada delito. Contra la Santa Propiedad, los
Vagos Apandadores u Ocupas Desocupados, que pretendían cobijarse
gratis. Contra el Progreso Inevitable, los Incendiarios Barricados,
atávicos inadaptados que se resistían a la reconversión
cienciafictícica. Contra el Orden Inviolable Consensuado, los
Anarco Fachas Rapados y Melenudos... y así podríamos seguir,
hasta dejarlo todo hecho un asco. Mejor miremos para otro lado, cambiemos
de canal: esto no se lo merece el Inocente Contribuyente. Para su tranquilidad,
puede contar con las Instituciones Penitenciarias (de próxima
privatización, compre ahora sus acciones) y las Fuerzas que Velan
por Nuestra Seguridad. Todo dentro de un Sistema de Garantías:
en Tirania, el que la hace, la paga.
Recomendaciones
Llamaron a la puerta y, esperando encontrar a mi amada, que se había
ido a cenar con mi mejor amigo hay que joderse-, me topé
con dos clones encorbatados que me espetaron: "¿Has leído
la Biblia?". "Desde luego, no la de Lutero. ¿Habéis
leído vosotros el Cándido, de Voltaire?"-
les respondí, invitándolos a pasar. Tras un diálogo
imposible entre especies diferentes, nos intercambiamos nuestros respectivos
libros: ellos se fueron con el Cándido, yo me quedé
su Biblia. También os lo recomiendo a vosotros, sufridos lectores.
El Cándido, zoquetes, no la Biblia (este gran libro, mentiroso
y sagrado, hay que leerlo después de otros 23.000, al menos)
. ¡Ay, si tuviéramos un Voltaire aquí, en Tirania!
Lo que nos íbamos a reír.
Cristóbal
Cobo
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