TIRANIA (Por Cristóbal Cobo)

Tiranuelo diminuto se consideraba a sí mismo un altísimo demócrata. "Tirania va bien", decía. "Gozamos de cotas de libertad inalcanzables" (y ciertamente la libertad era inalcanzable y estaba acotada), "la economía crece, los impuestos bajan, hemos creado miles de puestos de trabajo". Los Becarios Precarios se sentían afortunados de gozar de un mundo de oportunidades, aplaudían a rabiar y, lo que es peor ¡votaban!

Por si estos fueran pocos méritos, Tiranuelo era campeón de pala corta. Esto hacía que no se llevara muy bien con Su Excelsa Majestad, que era muy alto, el rascacielos más alto de la capital Su Majestad era, y por tener las piernas tan largas no era muy bueno con las pelotas bajas. En cambio, era un gran capitán de barco, y cada año los Tiraduros Reunidos del Reino hacían una colecta y le compraban un yate. Su aura intelectual resplandecía con meritorio brillo en un país plenamente alfabetizado como era Tirania: no había casa sin dos televisores y al menos un libro. Los Agudos Intelectuales y Sabios de Cabellos Plateados competían con las Silicon-Vedettes por conseguir que el Rey les impusiera las manos o una medalla o ambas cosas. Aquello imprimía carácter ¡y vendía libros!

Corruptín era Inspector de Obras del Ayuntamiento y un gran admirador de Tiranuelo. Tanto le admiraba que había sacado la oposición cum laudem. Desde su cargo, vigilaba que a nadie le faltara una vivienda digna, localizaba solares y los ofrecía a los Constructores-Demoledores, agilizaba diligentemente los trámites y en breves minutos aparecía un nuevo bloque en Ciudad Sumidero. Sin duda Corruptín tenía un don especial, pues pronto gozó de un notable patrimonio y pudo ingresar en el selecto Club de Enanos Palacortistas. Si acaso alguien sospechaba algo turbio, con castizo gracejo se encogía de hombros y exclamaba "¡Todos somos iguales!". Los Solidarios Progresistas Solitarios, al oír las mágicas palabras, repetían: "Eso, eso, eso ¡Libertad, Igualdad, Fraternidad!".

La Banca Benefactora prestaba dinero virtual a los Ciudadanos Nominados con una Nómina, que se convertían en Agradecidos Propietarios y disfrutaban de un crédito a 40 años, uno por metro cuadrado de vivienda. La ONG Apostólica y Romana y Graciosamente Subvencionada construía albergues para los Pobrecitos Excluidos y Menesterosos Marginados, que acudían a millares de todo el Globo ante la suculenta visión de las sobras.

¡Qué gran país podría ser Tirania! Qué gran ejemplo de convivencia, si no fuera por los Violentos. En primer lugar estaban los Violentos Por Antonomasia, que ponían bombas y pegaban tiros en la nuca, porque querían un tirano local, que jugara al frontón y hablara esperanto. Pero luego había Violentos a la medida de cada delito. Contra la Santa Propiedad, los Vagos Apandadores u Ocupas Desocupados, que pretendían cobijarse gratis. Contra el Progreso Inevitable, los Incendiarios Barricados, atávicos inadaptados que se resistían a la reconversión cienciafictícica. Contra el Orden Inviolable Consensuado, los Anarco Fachas Rapados y Melenudos... y así podríamos seguir, hasta dejarlo todo hecho un asco. Mejor miremos para otro lado, cambiemos de canal: esto no se lo merece el Inocente Contribuyente. Para su tranquilidad, puede contar con las Instituciones Penitenciarias (de próxima privatización, compre ahora sus acciones) y las Fuerzas que Velan por Nuestra Seguridad. Todo dentro de un Sistema de Garantías: en Tirania, el que la hace, la paga.

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Llamaron a la puerta y, esperando encontrar a mi amada, que se había ido a cenar con mi mejor amigo –hay que joderse-, me topé con dos clones encorbatados que me espetaron: "¿Has leído la Biblia?". "Desde luego, no la de Lutero. ¿Habéis leído vosotros el Cándido, de Voltaire?"- les respondí, invitándolos a pasar. Tras un diálogo imposible entre especies diferentes, nos intercambiamos nuestros respectivos libros: ellos se fueron con el Cándido, yo me quedé su Biblia. También os lo recomiendo a vosotros, sufridos lectores. El Cándido, zoquetes, no la Biblia (este gran libro, mentiroso y sagrado, hay que leerlo después de otros 23.000, al menos) . ¡Ay, si tuviéramos un Voltaire aquí, en Tirania! Lo que nos íbamos a reír.

Cristóbal Cobo
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