Lucio Anneo Séneca nació en Córdoba aproximadamente el año 4 a. de C, hijo del famoso retórico Marco Anneo Séneca (Séneca El Viejo), autor de Suasorias y Controversias y de Helvia Paulina, ambos pertenecientes a la clase noble.

Cuando muere su madre, Séneca pasa al cuidado de su tía, que le lleva a Roma, lugar en el estudiará Retórica con Fabiano Papirio, y filosofía con el estoico Atalo y con Soción, un pitagorista ecléctico. Sin embargo, pronto abandonará la filosofía para centrarse en la retórica, interesándose por el derecho, y oficiando de abogado.

De salud delicada, en el año 25 Séneca viaja a Egipto (Alejandría) para reponerse, aprovechando que el marido de su tía, Cayo Galerius, era prefecto en ese país. Allí toma contacto con la cultura egipcia y con las filosofías alejandrinas, instruyéndose en el pensamiento de los estoicos tardíos, Panecio de Rodas y Posidonio de Apamea. De esta época data su primera obra, De situ et sacris Aegypti, libro que no se ha conservado.


En tiempos de Tiberio, Séneca marcha a Roma (año 31) donde comienza su carrera política y de orador, obteniendo el cargo de cuestor en el año 33, y el de cónsul un poco más tarde. Su perspicaz retórica y su brillante dramatismo provocaron celos en el emperador Calígula (37-41), que planea matarlo aunque, previendo que no haría falta debido a la mala salud del filósofo, pospone la decisión, hasta que él mismo fue asesinado, pasando el Imperio a manos de Claudio.

En esta época Séneca contrae matrimonio del que nace su primer hijo, Marco Anneo, y se dedica a escribir profusamente obras de carácter diverso: De lapidum natura, De piscium natura y De motu terrarum, libros no conservados.

Cuando fallece su padre, escribe Ad Marciam de consolatione en el año 39 y dos años después, De ira.

En el reinado de Claudio, la emperatriz Mesalina acusa a Séneca de mantener relaciones adúlteras con la hermana de Calígula, Julia Livila, por lo que es desterrado a Córcega el año 41, confinación que durará ocho años, hasta la boda de Claudio con Agripina. Durante este duro período escribe Séneca otras dos obras: Ad matrem Helviam de consolatione, consolación dirigida a su madre para confortarla del pesar por su destierro, y Ad Polybium de consolatione, dedicada a elevar el ánimo a un amigo que pasaba por circunstancias adversas.

Apoyado por Agripina que deseaba que Séneca se hiciese cargo de la educación de su hijo Nerón, el filósofo vuelve a Roma el año 49, después de ser indultado y nombrado pretor, dedicándose junto con Burro, a labores de consejería del gobierno. De esta época son sus obras De brevitate vitae y De tranquilitate animi.

Después de contraer Séneca segundas nupcias con Paulina, en el año 54 muere envenenado Claudio, momento que aprovecha el filósofo para escribir una obra en la que se burla de sus aspiraciones de divinidad. Se trata de la sátira Apokolokyntosis divi Claudii, que viene a significar algo así como "la transformación en calabaza del divino Claudio", en un juego de palabras en relación al término apoteosis o "transformación en Dios". En este momento y contando Nerón tan sólo con 16 años cuando se convierte en emperador, Séneca toma las riendas del Imperio, siendo él y Burro, los verdaderos gobernantes. Pese a la mayor benevolencia con los esclavos y a las suaves reformas fiscales y judiciales que realizaron, lo cierto es que Séneca abusó de su poder e influencia, acopiándose de una enorme fortuna de dudosa adquisición y utilizando métodos avasalladores y crueles frente a sus antiguos adversarios, a muchos de los cuales desterró en distintas islas. De esta época es su obra De vita beata, en la cual se defiende de las acusaciones que le hizo Suilio por sus excesos y atropellos. También escribió De constantia sapientis y De clementia.

Por mandato de su hijo Nerón, su madre Agripina es asesinada en el año 59, comenzando un gobierno despótico y arbitrario en el que Séneca se va a encontrar en una situación muy comprometida e incómoda, sobre todo a raíz de la muerte de Burro acaecida el año 62, momento en el cual, los abusos de poder que había cometido contra sus adversarios políticos, en especial los agrupados en torno a Tigelino, se vuelven contra él. Temeroso de ser asesinado, Séneca se va retirando paulatinamente de la vida política, a pesar de la negativa de Nerón de que éste abandone sus labores políticas.

Durante este período, que se extiende desde el año 62 al 65, Séneca escribe algunas de sus más importantes obras: Naturales quaestiones, obra en la que analiza problemas concernientes a los fenómenos naturales desde un punto de vista filosófico, no físico, que le sirve para justificar su idea de la divina providencia. Epistulae morales ad Lucilium, que consta de 124 cartas distribuidas en diez libros y que constituyen una guía para la acción y en la que aparece reflejada casi toda la temática del estoicismo. De esta época data también su libro De providentia, donde se considera que todo lo que acontece en el mundo está determinado según un plan o designio divino.

Destapada la conjura de Cayo Calpurnio Pisón contra el emperador Nerón al que pretendían asesinar, éste ordena que Séneca se suicide, el cual cumple el dictamen cortándose las venas e ingiriendo cicuta para acelerarla, el 19 de Abril del año 65.

La vida de Séneca parece extrañamente disociada e incluso antagónica con lo que propone en sus escritos: frente a la austeridad postulada en sus obras, su enorme ambición le hizo poseedor de una de las fortunas mayores del imperio y no por medios ciertamente lícitos. Pese a su invitación a una vida sencilla conforme a la naturaleza, prefirió el vivir en los ajetreos de la ciudad y en la labor complicada y artificiosa del gobierno. Tampoco se hizo eco de su propuesta ética de vivir felizmente conforme e la virtud, dominando las pasiones, fomentando la templanza, la compasión con el enemigo y la generosidad en la clemencia. Nada de esto llevó a la práctica en su quehacer político, cómplice de crímenes, adulador servil de los emperadores y enemigo impasible de sus opositores.

Todo ello nos lleva a preguntarnos si fue Séneca como filósofo un impostor oportunista, o si, al contrario, en su labor política tuvo que atenerse a una dura realidad que soportó "estoicamente" para frenar las tendencias despóticas de los emperadores. Lo que sí parece cierto es que nos encontramos con un hombre escindido entre la teoría y la praxis, una especie de doctor Jeckill y Mr. Hide que, después de su muerte, fue paradójicamente convertido en símbolo por los cristianos, atribuyéndosele falsamente correspondencia epistolar con San Pablo.

De lo que no cabe duda es de que Séneca fue uno de los más influyentes filósofos de la época, siendo el máximo representante del estoicismo Nuevo en Roma, el cual se caracteriza por mantener el interés, como ya hizo el Estoicismo Medio representado por Cicerón, por las cuestiones éticas y antropológicas, realizando una filosofía que sirviera de guía para la vida, que estableciera una serie de "normas" para vivir conforme a la naturaleza y a la inexorable ley de la providencia:

"Los hados nos guían, y la primera hora de nuestro nacimiento dispuso lo que resta de vida a cada uno; una cosa pende de otra, y las públicas y particulares las guía un largo orden de ellas. Por lo cual conviene sufrir todos los sucesos con fortaleza, porque no todas las cosas suceden como pensamos; vienen como está dispuesto, y si desde sus principios está así ordenado, no hay de que te alegres ni de qué llores, porque aunque parece que la vida de cada uno se diferencia con grande variedad, el paradero de ella es uno" (De la providencia).

Carece de sentido hablar de mal o bien en el mundo. Siendo nuestro ser parte de una naturaleza universal, el fin de todas nuestras acciones consistirá en aceptar nuestro propio destino con serenidad de ánimo y autodominio. Séneca nos conmina a vencer espiritualmente los reveses de la fortuna, absteniéndonos de los placeres, despreciando la posesión de riquezas, y eliminando ciertas pasiones como la ira, la angustia o el aburrimiento.

El ideal del sabio es aquel que se somete a la necesidad, sabiendo que pertenece a un universo donde todo hombre es "ciudadano del mundo" (cosmopolitismo). La filosofía sirve de consuelo y remedio ante las calamidades de nuestro destino. Por ello, el filósofo ha de ser un pedagogo dedicado a enseñar a vivir bien a los demás:

"El que acude al filósofo ha de llevarse consigo algo bueno cada día, ha de volver a su casa o más sano o más curable. Y así volverá: ésta es la virtud de la filosofía, que ayuda no sólo a quienes se consagran a ella, sino hasta a quienes con ella tienen trato" (Cartas a Lucilio).

Elena Diez de la Cortina Montemayor