ARTHUR SCHOPENHAUER

SCHOPENHAUER;
DEL MUNDO COMO VOLUNTAD Y REPRESENTACIÓN AL PESIMISMO METAFÍSICO .

Adolfo Vásquez Rocca, Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Universidad Complutense de Madrid.

Correspondencias entre aspectos de la psicología de Schopenhauer y el modelo topográfico de Freud.

Ellenberger, en su clásica historia de la psicología dinámica de 1970. Subraya en varias ocasiones las ideas psicológicas de Schopenhauer e insta a que sea incluido "definitivamente entre los antecesores de la moderna psiquiatría dinámica". También menciona con aprobación la interesante afirmación de Foerster de que "nadie debe ocuparse del psicoanálisis sin antes haber estudiado profundamente a Schopenhauer" . En general, ve a Schopenhauer como el primero y más importante del gran número de filósofos del inconsciente del siglo XIX, y concluye que "no cabe la menor duda de que el pensamiento de Freud es uno de ellos".

 

Son innegables las semejanzas entre la voluntad de Schopenhauer y el Ello de Freud, así como entre las ideas pioneras de Schopenhauer sobre la sexualidad y las posteriores ideas de Freud. Schopenhauer anticipó la teoría de la racionalización de Freud. Además uno y otro consideran la importancia capital de la infancia en la formación de la posterior personalidad.

Volvamos ahora a la noción de voluntad de Schopenhauer. Como vemos, su psicología se desarrolla directamente a partir de esta noción, especialmente sus doctrinas de que la sexualidad penetra toda la motivación humana y que el intelecto es secundario respecto a la voluntad.

El artífice principal de la voluntad como principio y fundamento último de la realidad en la filosofía moderna, llevándolo a su máxima radicalidad, ha sido Schopenhauer, hasta tal punto, que a partir de él se ha producido una verdadera inversión en la filosofía occidental. Así lo ha visto Ruiz-Werner: “Un componente de particular influencia en la filosofía de Schopenhauer es su insistencia sobre el primado de la voluntad en oposición a la razón. Aquí hay un viraje radical en relación con la tendencia predominante en la cultura occidental, que desde los griegos había tenido un marcado matiz intelectualista. A lo largo de la historia hubo sin duda intentos de recalcar el factor de la voluntad a expensas del conocimiento, pero hasta Schopenhauer no se había afirmado de manera clara y taxativa la supremacía absoluta de la voluntad en el plano metafísico”. Schopenhauer fue consciente de las consecuencias que su planteamiento produjo en el pensamiento de la filosofía occidental, al afirmar con su habitual presunción: “Yo soy el primero que he reivindicado para la voluntad la primacía que le pertenece, transformando así todo el dominio de la filosofía” .

Para Schopenhauer la voluntad es fundamental. Ella subyace y anima a todos los fenómenos (todo lo que se puede observar o lo que llamamos el mundo objetivo). De acuerdo con Schopenhauer, podemos saber algo de la voluntad a partir de la conciencia de nuestra propia volición; la volición individual es simplemente una manifestación limitada de la misma voluntad que se manifiesta en todo el mundo objetivo. Desde el punto de vista de Schopenhauer la voluntad está en lucha continua y todas sus múltiples manifestaciones en este mundo están eternamente compitiendo por alcanzar alguna satisfacción, éste es el fundamento de su pesimismo. Dejando a un lado las funciones metafísicas que le asigna Schopenhauer, examinemos lo que vio en sus manifestaciones en la voluntad de los seres humanos individuales.

Schopenhauer piensa que la voluntad misma es inconsciente, pero que se manifiesta en el deseo sexual y en el "amor a la vida" de los seres humanos. Ambos son manifestaciones de una voluntad de vivir subyacente. Freud toma prestada esta imagen de dos instintos enraizados en una única voluntad de vivir y la mantiene sin cambios hasta 1923 por lo menos. Para ambos, la sexualidad es la más fuerte de los dos, la más perfecta manifestación de la voluntad de vivir. Ciertamente, Schopenhauer llegó tan lejos como para afirmar que el ser humano es impulso sexual concreto por cuanto su origen es un acto de copulación y este impulso por sí solo perpetúa y mantiene por completo su existencia fenoménica.

Y también: "El instinto sexual es el más vehemente de todos los anhelos, el deseo de los deseos, la concentración de toda nuestra voluntad" (1844, 2, p. 514). Como muchas de sus ideas, las opiniones de Schopenhauer sobre el poder del deseo sexual están expresadas en un lenguaje metafísico. De hecho, muestra sus afirmaciones sobre la sexualidad como simples inferencias del constructo metafísico de la voluntad. Cuando la voluntad se manifiesta por sí misma en la forma de una criatura viva, tiende a perpetuarse a sí misma de acuerdo al método de reproducción de la criatura. Así, la sexualidad es fundamental para la voluntad de perpetuarse a sí mismo. Es "la más completa manifestación de la voluntad de vivir, su carácter más claramente expresado" (1844, 2, p. 514). Para Schopenhauer, la sexualidad es "la más decidida y poderosa afirmación de la vida por el hecho de que para el hombre en su estado natural, como para el animal, es la finalidad de su vida y su meta más elevada" (1819, 1, p. 329). Debido a que la conducta sexual es la más poderosa afirmación de la vida y la más completa manifestación de la voluntad de vivir, Schopenhauer se refiere a los genitales como "el núcleo central de la voluntad" (1844, 2, p. 514), esto es, la más clara manifestación física de lo que la voluntad quiere alcanzar en el mundo físico. La conducta sexual "fluye desde las profundidades de nuestra naturaleza" (1844, 2, p. 511).

Estas doctrinas anticipan de modo contundente las ideas de Freud sobre la sexualidad. Como la teoría de Freud, destacan la importancia y la universalidad de la conducta sexual; para Schopenhauer, la sexualidad es la más poderosa parte de prácticamente la totalidad de la motivación humana, y sus ilustraciones de las manifestaciones de esta conducta parecen un resumen de la teoría de Freud. Schopenhauer incluso amplió antes que Freud el dominio de la sexualidad más allá de la procreación e incluso más allá del orgasmo y el placer genital. Ambos llegaron a usar el término para describir prácticamente la totalidad del placer adquirido de cualquier manera, aunque creemos que Freud llegó mucho más lejos que Schopenhauer.

Notas II

Con Schopenhauer se destruye el dogma, según el cual la razón constituía la más profunda esencia humana. Mientras que antes se consideraba como el último fundamento del hombre aquella energía que encontraba su más adecuada expresión en el pensamiento y su lógica, Schopenhauer arranca este fundamento esencial a la razón y por un giro atrevido la transforma en un accidente, en un medio o una consecuencia del querer que demanda para sí aquel puesto.

Si el hombre es un ser de razón siente los valores y los fines, y porque los siente como tales, los quiere; el fin dado y valorado determina la apetencia; esta es la concepción corriente. En cambio, para Schopenhauer el fin que estimamos y tras del cual vamos impulsados surge de la voluntad considerada como hecho originario. No queremos porque nuestra razón estatuya fines y valores, sino que, porque queremos, tenemos fines; porque queremos continuamente, desde lo más hondo de nuestro ser. Los fines no son otra cosa que la expresión o la organización lógica de los procesos de la voluntad. Así, la racionalidad de nuestra existencia pierde el último apoyo que tenía en el concepto de fin, mientras que el querer era el camino hacia los puntos previamente designados –en principio– por la razón. Mas ahora el intelecto no es más que la iluminación del proceso de la voluntad, que fluye de sí mismo, y al que la conciencia configura según las categorías que del entendimiento, y los distintos fines individuales no son más que puntos de luz esparcidos sobre aquel proceso.

Una de las características fundamentales de la voluntad es su absoluta independencia e irracionalidad. Nos podríamos preguntar si Schopenhauer fue consciente -y con él cualquier pensador que sostenga la irracionalidad y ceguera del fundamento como atributo esencial-, de las graves contradicciones a las que conduce la aceptación especulativa de tal supuesto. Schopenhauer fue tan explícito y taxativo en su inversión epistemológica, que produce cierta zozobra comprobar con que entusiasmo acogió lo que para él constituía un auténtico descubrimiento, pensando que con ello, se desvanecía el principio de razón cognoscitiva, como el estatuto más propio de las anteriores filosofías racionalistas: “Todo se reconoce como voluntad, como algo que siendo en sí no obedece al principio de razón, que es independiente de todo y del que todo depende” . Un principio cognoscitivo, que Schopenhauer considera que ha impedido hacerse cargo del verdadero fundamento de la realidad: “El error de Descartes y de todos los filósofos que han existido ha sido el de colocar la base fundamental de nuestro ser en el conocimiento en vez de en la voluntad, es decir, de hacer de ésta lo secundario y de aquél lo primario” .

El imperio de los motivos

La inclinación supone la impresionabilidad mas intensa de la voluntad con respecto a cierta índole de motivos. La pasión es una inclinación tan fuerte que / los motivos opuestos a los suyos no pueden competir con ellos, los cuales ejercen un dominio absoluto sobre la voluntad, de suerte que esta se conduce pasivamente frente a tales motivos padeciéndolos.

El afecto constituye una emoción tan poderosa por parte de la voluntad que, mientas persiste su duración (un lapso de tiempo que no puede ser muy largo), obstruye y paraliza el empleo de las potencias cognitivas, condensa el conocimiento, neutraliza en cierta medida la libertad intelectual y la voluntad actúa por lo tanto desenfrenadamente. Los afectos no son en definitiva sino las erupciones de una pasión.-por todo ello resulta obvio que el afecto \ nace ciertamente de la voluntad y no tiene a lugar sino merced a una intensa excitación de la misma, si bien tampoco queda enclavada en ella por entero y emplaza su sede muy cerca del intelecto, desde donde opera nuevamente sobre la voluntad, ejerciendo ahora un influjo mediato y externo en tanto que no consiste, sino en una supresión momentánea de las facultades cognitivas, máxime cuando una representación actual alcance, por MOR de su inmediatez y viveza, una magnitud tal como para que todas las demás queden eclipsadas por ella. De ahí que un acto apetecido en medio del afecto no sea del todo imputable a la voluntad ni considerado enteramente como nuestro; el asesinato cometido en un arrebato de cólera no es castigado en Inglaterra, al ser considerado algo involuntario dicho actos vienen a suponer un signo distintivos del carácter empírico, mas no lo son necesaria e inmediatamente del inteligible.- en cambio la pasión sí está completamente incardinada en la voluntad. La pasión se muestra persistente y sus motivos dominan siempre a la voluntad, tanto cuando son meditados como si se presentan de repente. Sus actos, pues, son atribuible a la voluntad y suponen síntomas del carácter inteligibles.

El afecto constituye una emoción tan poderosa por parte de la voluntad que, mientas persiste su duración (un lapso de tiempo que no puede ser muy largo), obstruye y paraliza el empleo de las potencias cognitivas, condensa el conocimiento, neutraliza en cierta medida la libertad intelectual y la voluntad actúa por lo tanto desenfrenadamente. Los afectos no son en definitiva sino las erupciones de una pasión.-por todo ello resulta obvio que el afecto \ nace ciertamente de la voluntad y no tiene a lugar sino merced a una intensa excitación de la misma, si bien tampoco queda enclavada en ella por entero y emplaza su sede muy cerca del intelecto, desde donde opera nuevamente sobre la voluntad, ejerciendo ahora un influjo mediato y externo en tanto que no consiste, sino en una supresión momentánea de las facultades cognitivas, máxime cuando una representación actual alcance, por mor de su inmediatez y viveza, una magnitud tal como para que todas las demás queden eclipsadas por ella. De ahí que un acto apetecido en medio del afecto no sea del todo imputable a la voluntad ni considerado enteramente como nuestro; el asesinato cometido en un arrebato de cólera no es castigado en Inglaterra, al ser considerado algo involuntario dicho actos vienen a suponer un signo distintivos del carácter empírico, mas no lo son necesaria e inmediatamente del inteligible.- en cambio la pasión sí está completamente incardinada en la voluntad. La pasión se muestra persistente y sus motivos dominan siempre a la voluntad, tanto cuando son meditados como si se presentan de repente. Sus actos, pues, son atribuible a la voluntad y suponen síntomas del carácter inteligibles.

La voluntad es lo primero y originario; el conocimiento hace mero acto de presencia y pertenece a la manifestación de la voluntad. Todo hombre es cuanto es merced a su voluntad, posee originariamente su voluntad y su carácter, y el querer constituye la base de su esencia; el conocimiento se añade a ello y solo sirve para mostrarle lo que ya es. Se conoce a consecuencia de y en conformidad con su voluntad. Para todos los demás pensadores, el hombre quiere a consecuencia de y en conformidad con su conocimiento; le bastaría con reflexionar sobre como le gustaría ser; para hacerlo. Tal seria su libertad: \ el hombre seria su propia obra bajo la luz del conocimiento. Por el contrario, yo mantengo que ya es su propia obra antes de todo conocimiento y que el conocimiento solo viene a iluminar esto; por eso no puede decidir ser de tal o cual manera, pues no pues no puede ser de otro modo, sino que lo es de una vez para siempre y luego va conociendo cuanto es. Según ellos, quiere lo que conoce; en mi opinión conoce lo que quiere.

El mundo como voluntad

La esencia del mundo es voluntad. El mundo contemplado desde dentro de sí mismo y nuestra vida es voluntad. La voluntad es lo íntimo del ser, el núcleo de cada individuo e igualmente de todo. Se manifiesta en toda fuerza ciega natural y también en la conducta del hombre.

La voluntad obra de manera absolutamente libre, sin motivación, y es por tanto, irracional y ciega. Schopenhauer la identifica con las fuerzas que actúan en la Naturaleza, fuerzas que adoptan aspectos y nombres diversos (gravedad, magnetismo, electricidad, estímulo, motivo) en sus manifestaciones fenoménicas, pero que en sí son una única e idéntica fuerza: La voluntad de vivir.

La vida como dolor.

El pesimismo metafísico de Schopenhauer se expresa en su concepción de una voluntad torturada.

La voluntad es esfuerzo infinito, un impulso ilimitado, por ello no puede alcanzar nunca la satisfacción o un estado de tranquilidad. Su esfuerzo es continuo pero nunca alcanza. Lo que llamamos felicidad o goce no es más que el cese temporal del deseo. El deseo, como expresión de la necesidad y del sentimiento de privación, es una forma de dolor. Por ello la felicidad es la ‘liberación del dolor, la superación de la necesidad’; es real y esencialmente negativa, y en ningún caso positiva. No tarda en transformarse en aburrimiento y, entonces, el deseo de satisfacción resurge de modo natural.

La vida es voluntad, la voluntad esfuerzo, el esfuerzo es producto de la necesidad y produce la satisfacción, pero la satisfacción es breve, renacen los deseos y de este modo se perpetúa hasta lo infinito la cadena del mal. La vida es un eterno oscilar entre el deseo y el hastío.

El pesimismo de Schopenhauer

El dolor es positivo y la felicidad negativa: He aquí expresado en lo que consiste el pesimismo de Schopenhauer. Este pesimismo es resultado de la respuesta que da a la cuestión que la filosofía idealista, según él, había dejado pendiente: La voluntad es la sustancia de todo cuanto existe. En efecto, en su teoría del conocimiento Locke había expuesto que lo que conocemos nos lo hacen conocer los sentidos pero, a pesar de su empirismo, Locke se ve obligado a conceder que más allá de lo que los sentidos perciben hay un algo sobre lo que nada podemos decir, pero que se puede asegurar que existe. A este algo imperceptible Kant va a llamarlo la cosa en sí. Lo que sea esto en sí no lo podemos percibir, sólo intuir que existe. Schopenhauer entra ahora en acción y sostiene que la cosa en sí es la voluntad de vivir. Nos advierte que su descubrimiento es el paso decisivo que había que dar. Esta voluntad de vivir, sustancia del mundo, se objetiva en cada ser que lo puebla. Es una objetivación que tiene diversos grados de evolución, alcanzando en el hombre el más elevado. Es un impulso ciego e irracional de querer vivir, un deseo perpetuo de querer más y más, siempre sin percibir un límite ni marcarse un fin.

Frente a esto Schopenhauer se ve obligado a proponer una solución ética que permita salvar la voluntad, alcanzar el fin de su desasosiego, y esto lo encuentra, cosa singular para un filósofo occidental, en el hinduismo y la filosofía oriental –a través del concepto de Nirvana (supresión de la voluntad, llegar a su punto cero, el cese temporal del deseo), de modo que su propuesta, en rigor no es huir del mundo, como los ascéticos sino más bien asentarse en un radical en un crudo escepticismo, al modo estoico y la secta del perro como se le ha llamado a La escuela Cínica de Diógenes. Esto, como queda claro es precisamente lo contrario del suicidio, porque, como quedará claro, el suicida no renuncia a la vida (misma) sino a la vida –a esta- que le ha tocado vivir, buscando otra mejor. Schopenhauer reconocerá también como vía de auto salvación de la voluntad, como otra alternativa válida la contemplación artística. Quien contempla algo bello lo admira pero no pretende lo observado para sí. Suspende por un instante el deseo, la voluntad, y durante ese instante se escapa de este mundo. Pero esta salida es para pocos, e incluso para esos pocos dura poco tiempo. Por ello, el camino más recomendable es el de la vida ética. El sabio sabe que, en el fondo, él y los demás son lo mismo. Supera todo egoísmo y vive la mayor de las virtudes, la piedad. El sabio sufre tanto su dolor como el ajeno y hace lo posible por aliviarlo. Si se quiere lograr una perfección mayor, se puede intentar vivir la "santidad", la negación de la voluntad de vivir. Así se logra una perfecta indiferencia y una castidad perfecta.

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