ARTHUR SCHOPENHAUER

SCHOPENHAUER;
DEL MUNDO COMO VOLUNTAD Y REPRESENTACIÓN AL PESIMISMO METAFÍSICO .

Adolfo Vásquez Rocca, Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Universidad Complutense de Madrid.

Influencia de Shopenhauer en Freud.

Un cuidadoso análisis de la obra central de Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación, muestra que muchas de las ideas más características de Freud habían sido anticipadas por Schopenhauer. Todo pensador expresa siempre algo de la cultura de su tiempo, por supuesto, pero los paralelismos que encontramos entre Freud y Schopenhauer van más allá de la mera influencia cultural. El concepto schopenhauriano de voluntad contiene los fundamentos de lo que en Freud llegarán a ser los conceptos del inconsciente y del Ello.

Los escritos de Schopenhauer sobre la locura anticipan la teoría de la represión de Freud y su primera teoría sobre la etiología de las neurosis. La obra de Schopenhauer contiene aspectos de la futura teoría de la libre asociación. Y lo que es más importante, Schopenhauer anticipa la mayor parte de la teoría freudiana de la sexualidad.

Schopenhauer, como psicólogo de la voluntad, es el padre de toda la psicología moderna. Desde él parte una línea que, a través del radicalismo psicológico de Nietzsche, va directa hasta Freud y los hombres que construyeron su psicología del inconsciente y la aplicaron a las ciencias de la mente.

Transición entre la sensibilidad romántica y la modernista.

Freud aparecerá pues como una figura de transición entre la sensibilidad romántica y la modernista y lo es, sólo porque, precisamente Schopenhauer un siglo antes había abonado el trasfondo de las teorías psicoanalíticas. No sólo la afirmación de un estrato interior –profundo de la mente– constituyo un hito, sino, y esto de un modo aun más significativo, el postular –como Schopenhauer– que la existencia humana se sustentaba alrededor de un eje irracional y dinámico (la voluntad), consideración que tampoco es ajena a poetas como Poe y Baudelaire, quienes intuían la presencia la presencia de un mal profundo inherente al hombre . No es pues extraño que en este contexto Freud propusiera que la principal fuerza impulsora de la conducta estaba situada más allá del alcance de la conciencia, y, hallándose bloqueada en gran medida en su expresión directa, se abriera paso tortuosamente hasta la superficie en los sueños, las obras de arte, las distorsiones o deslices del razonamiento y el comportamiento neurótico. Ese recurso interior era en esencia la energía del deseo, y concretamente del deseo de realización sexual. Por cierto que con Freud, como lo hemos anunciado, las pasiones oscuras –propias de la estética y el ideario romántico de los poetas malditos– adquirieron una apariencia modernista, caracterizadas con un lenguaje cuasi-biológico como “impulsos libidinales”, y allí donde los románticos descubrían la potente evidencia de los recovecos interiores, las demandas modernistas levaron a Freud a tratar de conseguir pruebas objetivas de lo inconsciente.

De este modo, Freud caía bajo el influjo de la ciencia (la física) y la cultura de su época, de los problemas que dominaban el espíritu de aquella época, como también de los modos de abordarlos, esto es de una perspectiva de análisis y de determinadas racionalidades y modelos explicativos.

En el siglo XIX, algunos temas generales eran muy frecuentes en el mundo de habla alemana, y ninguno de ellos más que el de la voluntad y la conciencia. Estos temas pueden haber alcanzado en Freud su máximo desarrollo, como algunos han sugerido, pero no tienen su comienzo en él ni tampoco en Nietzsche. Para encontrar sus orígenes y los primeros planteamientos claros debemos, como hemos anticipado, retroceder hasta Schopenhauer. En él encontramos no sólo la anticipación de algunas de las ideas más características de Freud sino también una articulación sorprendentemente completa de ellas. Es de conocimiento general, por supuesto, que Schopenhauer anticipó de algún modo a Freud. Ciertamente, el propio Freud reconocía esto, aunque con una curiosa ambivalencia. Sin embargo, las correspondencias son más extensas y detalladas de lo que se acepta corrientemente. La razón de que no se haya reparado lo suficiente en ello puede ser la falta de una exhaustiva y cuidadosa lectura de los textos de Schopenhauer para descubrirlo.

Veamos en primer lugar el concepto de voluntad en Schopenhauer. Pensado como un concepto metafísico, la “voluntad” de Schopenhauer es sorprendentemente semejante a los primeros estímulos endógenos de Freud y más tarde del Ello. Por otra parte, la doctrina de Schopenhauer contiene una clara anticipación de los procesos primarios y la sexualidad es tan central en él como en la posterior teoría del Ello de Freud.

Además, Schopenhauer también identificó un proceso que no es solamente semejante al posterior concepto freudiano de represión sino que lo expresa incluso en un lenguaje similar, e intentó seguir el rastro de una etiología de la locura. Aunque fracasó en su empeño, prefigura la primera teoría de las neurosis de Freud; Schopenhauer vio la locura como una enfermedad mental en mayor medida de lo que se acostumbraba en su época. Por último, su concepto del hilo de la memoria y su noción de asociación como método para recuperar recuerdos y sueños perdidos anticipan aspectos de posteriores ideas freudianas.
En Freud encontramos el mismo sombrío realismo schopenhaueriano que busca las raíces de la espiritualidad humana en oscuras fuerzas primitivas e instintivas .

 

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