El pragmatismo norteamericano, por su parte, ha sido tratado por los filósofos europeos como una peculiar tradición local, muy alejada de las corrientes de pensamiento que constituyen el centro de la reflexión filosófica occidental. Lo que es impreciso. Como señala Rorty, aunque los filósofos europeos estudian a Quine y a Davidson –filósofos estadounidenses– "tienden a restarle importancia al hecho de que estos filósofos compartan unas mismas perspectivas básicas con el resto de los filósofos norteamericanos que escribieron antes del denominado giro lingüístico."