"Meus Senhores:
A decadência dos povos da Península nos três últimos
séculos é um dos factos mais incontestáveis, mais
evidentes da nossa história: pode até dizer-se que essa
decadência, seguindo-se quase sem transição a um
período de força gloriosa e de rica originalidade, é
o único grande facto evidente e incontestável que nessa
história aparece aos olhos do historiador filósofo. Como
peninsular, sinto profundamente ter de afirmar, numa assembleia de peninsulares,
esta desalentadora evidência. Mas, se não reconhecermos
e confessarmos francamente os nossos erros passados, como poderemos
aspirar a uma emenda sincera e definitiva? (...)".
Cabía al filósofo y poeta Antero de Quental abrir
la 2» Conferencia del Casino Lisbonense, realizada en noche del 27 de
mayo de 1871. El discurso de apertura que reproducimos rompía
con el silencio que reinaba en todo lo que fuera crítica pública
a nuestras costumbres y a nuestra situación política,
social y económica.
Período de suma importancia en el marco cultural portugués,
este capítulo de nuestra Historia pone en causa una situación
que, aunque analizada y criticada por algunos de nuestros intelectuales,
era común a Portugal y a España la de nuestro retraso
respecto al desarrollo europeo.
¿Qué importancia revestían estas Conferencias?
¿Qué pretendía la joven elite que las organizaba?
¿Qué pretendia Antero de Quental en esta Conferencia ?
I. Las Conferencias rompían como un marco revolucionario
dentro de un cuadro de "miseria intelectual", abriendo el
paso a la discusión pública de temas que llevados a la
tribuna, conllevaban un ejercicio de autocrítica y de interrogación
ontológica ejercido por primera vez en la Península. Traerlos
al debate público, ya representaba algo de revolucionario.
La herencia de las guerras civiles, la inestabilidad política
y el caos económico, reflejados en el endeudamento de la nación,
en una corrupción descarada y en una industria incipiente (retrato
detalladamente pintado por Oliveira Martins in Portugal Contemporâneo
e in A Província), minaban la capacidad del pueblo reaccionar
frente a la situación que vivía. Portugal, desposeído
de su importancia colonial y del oro brasileño, figuraba en el
plan internacional como país de menor valía, dominado
por los intereses de Inglaterra. Internamente, dormía sobre una
paz podrida y seguía siendo un país agrícola, carenciado
de la nueva clase social que se erguía en lucha por sus derechos
para imponer un nuevo orden social.
Contra la apatía y la indiferencia, el grupo liderado por Quental
pretendía levantar el ánimo de todos, inaugurando el debate
y la presentación pública de nuevas teorías sociales,
pasando palabra una palabra de contestación y sembrando
un ideal de trasformación, de progreso y, por tanto, de un Futuro.
En el XIX peninsular, progreso significaba "Europa" y por
ella se volvería categoría misma de la Filosofía
de la Historia por lo que, entre nosotros, acompañar el Progreso
implicaba "europeizarnos". Sin embargo, y a pesar de lo que
aquí se dice, queremos destacar que Antonio José Saraiva
fecha esta tendencia ya en el siglo XVIII (A Cultura em Portugal, I,
p.144), por lo que cabría, en otra oportunidad, discutir lo particular
y lo universal de esta "herencia" conceptual y tal vez las
circunstancias que determinaron su uso...
II. En esta conferencia, Quental analiza la situación
de las naciones peninsulares y expone los fundamentos de nuestra decadencia:
"(...) O primeiro é a transformação do
catolicismo , pelo Concílio de Trento. O segundo, o estabelecimento
do absolutismo , pela ruína das liberdades locais. O terceiro,
o desenvolvimento das conquistas longínquas. Estes fenómenos
assim agrupados, compreendendo os três grandes aspectos da vida
social, o pensamento, a política e o trabalho, indicam-nos claramente
que uma profunda e universal revolução se operou, durante
o século XVI, nas sociedades peninsulares. Essa revolução
foi funesta, funestíssima.(...) esses três fenómenos
eram exactamente o oposto dos três factos capitais, que se davam
nas nações que lá fora cresciam, se moralizavam,
se faziam inteligentes, ricas, poderosas, e tomavam a dianteira da civilização.Aqueles
três factos civilizadores foram a liberdade moral, conquistada
pela Reforma ou pela filosofia: a elevação da classe média,
instrumento do progresso nas sociedades modernas, e directora dos reis,
até ao dia em que os destronou: a indústria, finalmente,
verdadeiro fundamento do mundo actual, que veio dar às nações
uma concepção nova do Direito, substituindo o trabalho
à força, e o comércio à guerra de conquista.(...)".
Tres estigmas históricos de especies distintas, uno moral, otro
político y, finalmente, el económico, conducieron paulatinamente
a la degradación de los pueblos que no podían ahora reconocerse
en el Continente que integraban. La Inquisición, el Absolutismo
y la política de conquista aportada por los Descubrimientos,
causaron la ausencia de acción indispensable a toda evolución.
Este ataque ya traducía una provocación, un reto al poder
instituído y más intencionalmente al público anónimo
que asistía. A la vista vista estaba el despertar de las conciencias
para una situación histórica paradójica cuando
comparada con Europa, y en causa estaba el valor histórico de
los pueblos peninsulares.
El panfleto-programa que en el 17 de mayo anunciaba los objetivos de
las "Conferências Democráticas do Casino Lisbonense",
expresaba ya esta intención:
"Ninguém desconhece que se está dando em volta
de nós uma transformação política, e todos
pressentem que se agita (...) a questão de saber como deve regenerar-se
a organização social.
Sob cada um dos partidos que lutam na Europa, como em cada um dos grupos
que constituem a sociedade de hoje, há uma ideia e um interesse
que são a causa e o porquê dos movimentos.
Pareceu que cumpria, enquanto os povos lutam nas revoluções,
e antes que nós mesmos tomemos nelas o nosso lugar, estudar serenamente
a significação dessas ideias e a legitimidade desses interesses;
investigar como a sociedade é, e como ela deve ser; como as Nações
têm sido, e como as pode fazer hoje a liberdade; e, por serem
elas as formadoras do homem, estudar todas as ideias e todas as correntes
do século. (...)
Abrir uma tribuna, onde tenham voz as ideias e os trabalhos
que caracterizam este momento do século, preocupando-nos sobretudo
com a transformação social, moral e política dos
povos;
Ligar Portugal com o movimento moderno, fazendo-o assim nutrir-se dos
elementos vitais de que vive a humanidade civilizada;
Procurar adquirir a consciência dos factos que nos rodeiam, na
Europa;
Agitar na opinião pública as grandes questões da
Filosofia e da Ciência moderna;
Estudar as condições da transformação política,
económica e religiosa da sociedade portuguesa:
Tal é o fim das Conferências democráticas. (...)"
III. Firmado por las figuras de las Letras que consolidaron
la "Geração de 70"- Adolfo Coelho, Antero de
Quental, Eça de Queirós, Guillermo de Azevedo, Manoel
de Arriaga, Teofilo Braga, Jaime Batalha Reis, y otros - el Programa
olvidaba, en cuanto a nosotros, el cuadro de ignorancia y analfabetismo
del pueblo. Por otra parte, al poder instituído no le interesaría
cuestionar los valores que lo apoyaban. Así que, en nuestro entender,
la expresión "ninguém desconhece" no podría
referirse más que a la elite intelectual y, por los planteamientos
democráticos y republicanos del programa, a la minoría
no comprometida con las estructuras del mismo Poder. El objetivo más
inmediato de las Conferencias estaba por tanto, bastante limitado y,
de tal modo, que desde luego nos podrán parecer condenadas al
fracaso. Sín embargo, con cada conferencia la sala se llenaba
de gente y el éxito que iban alcanzando preocupó al Gobierno.
El tema de la última conferencia, con ponencia de Francisco Adolfo
Coelho, determinó la ilegalización de las Conferencias.
Coelho sostenía que la unión de la Iglesia y del Estado,
establecida en la Carta Constitucional, inviabilizaba una enseñanza
de estilo científico. Con la acusación de ataque a la
religión del Estado y considerando la tesis presentada como una
violación de la Carta, el gobierno encontró el pretexto
para cerrar las puertas del Casino Lisbonense. Las sesiones siguientes,
una a cargo de Saragga ,que trataría de los "historiadores
críticos de la vida de Jesus", y otra de Batalha Reis, sobre
el Socialismo, "con una exposición crítica de los
distintos sistemas socialistas, particularmente los de Proudhon, Marx
y Engels", jamás se realizaron...
Quental, Eça, Jaime, Adolfo y Salomão Saragga reaccionaron
firmando un manifiesto de protesta:
"Em nome da liberdade de pensamento, da liberdade de palavra,
da liberdade de reunião, bases de todo o direito público,
únicas garantias da justiça social, protestamos, ainda
mais contristados que indignados, contra a portaria que mandou arbitrariamente
fechar a sala das conferências democráticas. Apelamos para
a opinião pública, para a consciência liberal do
país, reservando-nos a plena liberdade de respondermos a este
acto brutal de violência como nos mandar a nossa consciência
de homens e de cidadãos.(...)."
Y en una carta remetida al Marqués de Ávila, Antero
de Quental destacaba los ideales pacificos del grupo :
"(...)Não pretendemos impor opiniões; vimos simplesmente
expor as nossas: não pedimos adesão, pedimos discussão.
Colocamo-nos placidamente no campo das ideias: repugnam-nos as revoluções
violentas e é exactamente porque nos repugnam que apelamos para
a discussão serena(...)".
Así mismo, no han podido sacar por delante sus objetivos.
IV. Causa histórica material para la organización
de las Conferencias, ha sido la inauguración de la línea
del ferrocarril del Norte, que facilitaba el contacto de la Coimbra
académica con la Europa "civilizada". Nuevos estilos
literarios, nuevas ideas filosóficas y políticas, nuevas
disciplinas científicas llegaban allí y autores como Proudhon,
Hegel, Vico, Goethe, Heine y Victor Hugo, despertaban el entusiasmo
de los estudiantes; igualmente los entusiasmaban los huecos de la Comuna
de París, de la unificación de Italia y la guerra francoprusiana.
Esa Europa que nos servía de paradigma preparaba ya las trasformaciones
reclamadas por un nuevo Orden, mientras la Península, volcada
sobre sí misma, se veía estancada y rechazaba el riesgo
de lo nuevo. Entre nosotros, el choque se dió en la confrontación
de dos paradigmas: uno, el clasico parmenidiano, postulado del Ser como
permanencia, como regularidad y orden, como invitación a la rutina,
a la repetición, a la acceptación del Destino como un
dado adquirido y de la Historia Providencialista, y postulado desde
hace siglos como lo Único; otro, el que brotaba más radicalmente
de las Luces, del Kantiano sapere aude, y concepción misma de
Progreso: evolución, trasformación, y el Hombre como sujeto
constructor del fieri de su Destino, autor de la nueva Historia ahora
escrita bajo el signo de la Libertad.
Ejemplo de este choque ha sido la disputa estetico-literária
entre Antonio Feliciano de Castilho y Antero de Quental, que dió
el mote a la conocida cuestión "Bom Senso e Bom Gosto"
o "Questão Coimbrã". Sín duda es el acceso
al Otro y la comparación con lo Mismo, que llevará el
grupo de destacados pensadores reconocido entre nosotros como la "Geração
de 70" a poner en entredicho nuestra identidad , nuestra forma
de ser, y nuestro destino como nación. Convencidos de su papel
trasformador de la sociedad por la Idea, pasaron a la acción
a través de la escritura y de la oratoria:
"(...)nós, Portugueses e Espanhóis, que destinos
demos às prodigiosas riquezas extorquidas aos povos estrangeiros?
Respondam a nossa indústria perdida, o comércio arruinado,
a população diminuída, a agricultura decadente,
e esses desertos da Beira, do Alentejo, da Estremadura espanhola, das
Castelas (...)". (ANTERO, Causas de la decadencia..., p. 56).
La figura de Antero de Quental, que destacaba como el líder principal
de esta generación, se eleva hoy como mito, en parte por su perfil
psicológico y por su protagonismo de heroe fallido, en parte
por su suicidio con la respectiva carga simbólica: el mito del
Bien que excepcionalmente no triunfó sobre el Mal y, por ello,
se inmola ante la inmolación de toda la comunidad.
V. El espirítu de las Conferencias radicaba en una ambición
propedeútica de dinamizar el pensar colectivo, de operar la unidad
a través de una revolución mental que estimulara en nosotros
la voluntad de actuar y de participar en una construcción colectiva:
"(...) pedimos o concurso de todos os partidos, de todas as escolas,
de todas aquelas pessoas que, ainda que não partilhem as nossas
opiniões, não recusem a sua atenção aos
que pretendem ter uma acção - embora mínima - nos
destinos do seu país, expondo pública mas serenamente
as suas convicções e o resultado dos seus estudos e trabalhos.(...)".
Quental señalaba las dos caras de una misma moneda - pasado y
presente de nuestra forma de ser - tal vez la dimensión menos
explícita de nuestra Historia - como medio de estimular un cambio
de comportamiento y de costumbres, que la modernidad imponía
como condición necesária:
"(...)Fomos os Portugueses intolerantes dos séculos XVI,
XVII e XVIII: somos agora os Portugueses indiferentes do século
XIX.(...) se o poder absoluto da monarquia acabou, persiste a inércia
política das populações, a necessidade e o gosto
talvez) de que as governem, persiste a centralização e
o militarismo, que anulam, que reduzem ao absurdo as liberdades constitucionais.
Entre o senhor rei de então, e os senhores influentes de hoje,
não há tão grande diferença: para o povo
é sempre a mesma servidão. Éramos mandados, agora
somos governados: os dois termos quase se equivalem.(...) do espírito
guerreiro da nação conquistadora, herdámos um invencível
horror ao trabalho e um íntimo desprezo pela indústria.
(...) Contra o trabalho manual, sobretudo, é que é universal
o preconceito(...) Por ele sobem as classes democráticas em todo
o mundo, e se engrandecem as nações; nós preferimos
ser uma aristocracia de pobres ociosos, a ser uma democracia próspera
de trabalhadores. É o fruto que colhemos duma educação
secular de tradições guerreiras e enfáticas!(...)"
Hecha la crítica, señalados los prejuicios, nuestro orador
enfatiza el postulado fundamental de su intervención - la necesidad
de romper con lo viejo , ruptura que se plantea como imperativo categórico
de la progresión histórica:
"(...)Dessa educação, que a nós mesmos
demos durante três séculos, provêm todos os nossos
males presentes. As raízes do passado rebentam sob forma de sentimentos,
de hábitos, de preconceitos. Gememos sob o peso dos erros históricos.
A nossa fatalidade é a nossa história . Que é pois
necessário para readquirirmos o nosso lugar na civilização?
Para entrarmos outra vez na comunhão da Europa culta? É
necessário um esforço viril, um esforço supremo:
quebrar resolutamente com o passado. Respeitemos a memória dos
nossos avós; memoremos piedosamente os actos deles: mas não
os imitemos. Não sejamos, à luz do século XIX,
espectros a que dá uma vida emprestada o espírito do século
XVI. A esse espírito mortal opunhamos francamente o espírito
moderno.(...)".
Oposición es la clave hegeliana del derrumbe de un sistema que
no sirve ya los intereses de una sociedad carente de renovación
y que se pretende siempre renovable, de una sociedad dinámica
responsable por el progreso de la Historia y, como tal, regulada por
una razón crítica y autónoma. La tradición
no es ya sentido para nosotros, sino sentimiento, o sea, carece de razón
y del razonamiento que explica la entrega de nuestra historia al azar
del "fatum", a la fatalidad de nuestro destino histórico.
Para Quental el pasado tiene una dimensión didáctica,
pero una sociedad instalada en su pasado,carece de validez y de eficacia
en el tiempo nuevo. Las mismas categorías de tiempo y de espacio
se volvieron otras: todo se manifestaba como un fieri incesante y también
la geografía política estaba cambiando, iluminada por
nuevas ideas y nuevas ideologías. Por antítesis, la metáfora
de la muerte, su silencio y su inmobilidad, simboliza el pueblo que
lo escucha:
"(...) Oponhamos ao catolicismo(...) a ardente afirmação
da alma nova, a consciência livre, a contemplação
directa do divino pela humano (isto é, a fusão do divino
e do humano), a filosofia,a ciência, e a crença no progresso,
na renovação da humanidade pelos recursos inesgotáveis
do seu pensamento, sempre inspirado. Oponhamos à monarquia centralizada,
uniforme e impotente, a federação republicana de todos
os grupos autonómicos, de todas as vontades soberanas, alargando
e renovando a vida municipal, dando-lhe um carácter radicalmente
democrático, porque só ela é a base e o instrumento
natural de todas as reformas práticas, populares, niveladoras.(...)
à inércia industrial oponhamos a iniciativa do trabalho
livre, a indústria do povo, pelo povo, e para o povo, não
dirigida e protegida pelo Estado(...) organizada duma maneira solidária,
equitativa, operando assim gradualmente a transição para
o novo mundo industrial do socialismo, a quem pertence o futuro.(...)"
Contra un Estado paternalista que impide el ejercicio mismo de la razón
y de la voluntad, Quental postula el federalismo y la municipalidad
como formas socio-políticas garantizadoras del pleno ejercicio
de nuestra humanidad en la sociedad. El futuro y la sociedad del futuro,
reclaman nuevas formas de organización que, para él, suponían
la necesidad de nuestra adesión a la Revolución:
"(...) Esta é a tendência do século esta
deve ser também a nossa. Somos uma raça decaída
por ter rejeitado o espírito moderno: regenerar-nos-emos abraçando
francamente esse espírito. O seu nome é Revolução:
revolução não quer dizer guerra, mas sim paz: não
quer dizer licença, mas sim ordem, ordem verdadeira pela verdadeira
liberdade.(...)".
La Revolución predicada por Quental no cabía en los límites
arquetípicos de la violencia. En esta no había lugar al
odio, sino al amor universal, de todos por todos, y por ello, implicaba
la necesidad de la participación de todos y de cada uno para
alcanzar el Bien que subyace como Bien universal. Este ideal de humanismo
y universalidad explica la tesis revolucionaria que cierra su intervención:
"(...)o Cristianismo foi a Revolução do mundo
antigo. A Revolução não é mais do que o
Cristianismo do mundo moderno.(..)". (Op. Cit., p.69)
Para Quental, la forma triunfante del nuevo orden social, económico
y político reclamaba el estatuto de credo para colmar el sentido
ecumenista de su proyeto de paz y de progreso social; sólo como
credo podría partir desde el interior de cada uno como un imperativo
categórico, superior a toda la diversidad fenoménica.
Su revolución no es más sino una revolución mental
la última que se desarrolla en el fieri de las sociedades.
Siendo la última, Quental la reclamaba como primera instancia
del cambio nacional, con lo cual ya estaba condenando al fracaso la
realización de su ideal
VI. La importancia de esta Conferencia emana no sólo del
hecho de que se exponen publicamente, y por primera vez en Portugal,
las nuevas teorías sociales y políticas difundidas en
Europa, sino también de que en ella se presenta una concepción
de socialismo con un fundamento moral de raíz cristiana. Al fin
y al cabo, la ambición de universalidad para una sociedad fundada
en los valores de libertad, igualdad y fraternidad, fundamenta la forma
federalista y republicana que el poeta revolucionario postula como la
única adecuada a ese objetivo humanista.
En lo que toca a los aspectos de orden práctico, la antinomia
Europa/Península eran, al final, las dos caras de una misma Europa
regulada por dos Razones que, en lugar de dialogar y completarse, se
excluían mutuamente. No éramos tan sólo nosotros
los que volvíamos la espalda a Europa, sino que esta también
nos ignoraba, de acuerdo con el análisis de Eduardo Lourenço
en Nós e a Europa, ou as duas razões.
A los tres fenómenos señalados, responsables de nuestra
decadencia habría que añadir nuestro aislamiento. Portugal
y España atravesaban una profunda crisis que marcó todo
el siglo XIX y cuyas convulsiones se ampliaron prácticamente
hasta los inicios del siglo xx. Exiliados en nuestra realidad y conformados
a ella, determinamos el fracaso del proyeto de este grupo de prohombres
y lo utópico del ideal humanista subyacente a esta Conferencia.
La generación o, mejor, las generaciones - porque dentro del
mismo ámbito debemos considerar la española del 98 - que
buscaron nuestra regeneración, carecieron de seguidores, lo que
nos permite concluir que la crítica de Ortega en La España
Invertebrada, no se debe limitar a las fronteras españolas -
también aquí carecíamos de masas.
Lisboa, Mayo de 1999
María Monteiro