Lógica paraconsistente, mundos posibles y ficciones narrativas
La ficción como campo de proyección de la experiencia
Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca [1]

I
LÓGICA MODAL Y VALOR COGNOSCITIVO DE LA FICCIÓN

El estatuto ontológico de los mundos posibles y la identidad transmundana

También, ahora en el ámbito lógico-ontológico, habrá que explorar los problemas que surgen a partir de lo que en estos nuevos modelos lógicos ha dado en llamarse la identidad transmundana, que no es otro asunto que exigir al principio de identidad el asumir un rol de fiscalizador de fronteras, otorgamiento de pasaportes y visas, y que finalmente se haga cargo de los casos ya sin solución, los de entidades indocumentadas, las que indefectiblemente habrán de ser deportadas a su mundo –donde sí son viables– u, otra vez parafraseando a Wittgenstein, repatriados al juego de lenguaje que constituye su lugar natural, donde no serán objeto de ninguna amenaza de extrañamiento. La exploración lógica se convierte, de este modo, en una actividad de caza de espectros, como los dobles o fantasmas que pululan en los filmes ruizianos o en las novelas de Juan Rulfo [4].

He aquí un primer excursus para proporcionar los ejemplos exigidos por la tesis aquí desarrollada.

La obra de Rulfo constituye uno de los ejemplos más cristalinos que posee la literatura sobre cómo un proceso de decantación y de construcción esquelética de una trama relacional lleva a acceder a altos niveles de generalidad y de riqueza estética, gracias a una muy diversificada polisemia que permite elevar lo más particular y singular a lo más amplio y plural. La limpieza descarnada de la prosa es uno de los rasgos característicos de la escritura de Rulfo. Rulfo elimina el "yo" –lo que constituye la tacha del autor y la emancipación de los personajes– para entrar así en un campo relacional de reflejos soterrados.

La "libertad" de los personajes, la "estructura construida de silencios" y la posterior complexión que efectúa el lector conjugan una extrema limpieza del discurso, con el reconocimiento descarnado de símbolos míticos que gobiernan subterráneamente una compleja red de manifestaciones diversas. La narrativa de Rulfo es una urdimbre de murmullos, silencios y ecos (tanto de la voz como del mismo silencio), con imágenes sintéticas que se modulan y deslizan subrepticiamente en una malla estructural aparentemente ausente. El desnudamiento del lenguaje va acompañado de un regreso al mito, entendido como arquetipo, como concepto "libre", como construcción polifacética y plurivalente [5].

Ahora, volviendo sobre la indagación central, pondré en cuestión el estatuto ontológico de los mundos posibles para desentrañar qué tipo de realidad son.
A este respecto me parece necesario formular algunas preguntas cruciales, aun cuando, aquí no se dé cabal cuenta de todas las consecuencias que se derivarían de un desarrollo más exhaustivo, y estemos lejos de las que podrían ser sus respuestas definitivas. Las preguntas en cuestión son las siguientes: ¿En qué sentido es posible decir que hay muchos mundos? ¿Qué es lo que diferencia a mundos genuinos de mundos espurios? ¿De qué están hechos y cómo están hechos estos mundos? ¿Qué papel juegan los símbolos en ese hacer mudos y cómo se relaciona la construcción de mundos con el conocer?

En el fondo de estas consideraciones hay una pregunta elemental, y ésta es de carácter ontológico, a saber, la creencia en la existencia de entidades que podrían llamarse ‘las cosas como podrían ser’, que algunos lógicos han querido llamar ‘mundos posibles’.

Una posición es afirmar que nuestro mundo real es sólo un mundo entre otros. Nosotros lo llamamos real no sólo porque difiere en calidad de todos los demás, sino porque es el mundo que nosotros habitamos.

El mundo real difiere de los otros mundos posibles en que todos los miembros de su mundo-historia (el juego de todas las proposiciones que son verdad en él) son verdaderos; en contraste, las historias de todos los otros mundos posibles tienen unas proposiciones falsas entre sus miembros.

Fundamentalmente la concepción de la modalidad propuesta por Kripke se basa en la tesis siguiente: si dos mundos posibles tienen algún objeto en común, entonces comparten también algún segmento temporal inicial de sus respectivas historias, cada uno de ellos se ramifica a partir del otro.

Los mundos posibles que contienen objetos en común son mundos que constituyen ramificaciones temporales unos respecto a otros, es decir, mundos posibles que comparten un pasado temporal común hasta algún momento de tiempo en que los mundos divergen, en que lo que ocurre es diferente.

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