5. Comunicación entre substancias. La repraesentatio mundi.

Pero, avanzando un poco más ¿De qué manera están unidas entre sí las substancias?

Descartes no pudo explicar la comunicación de las substancias, al haber introducido en el mundo una escisión radical entre dos órdenes que eran, de suyo, incompatibles entre sí: la res cogitans y la res extensa.

Los ocasionalistas tampoco explicaron esta relación, viéndose obligados a recurrir al milagro para que la acción de unas substancias sobre otras se mantuviera:

"Descartes al llegar a este punto, abandonó la partida, a lo menos, así se infiere de sus escritos; pero sus discípulos, viendo que la opinión común es inconcebible, juzgaron que sentimos las cualidades de los cuerpos, porque Dios hace que en el alma nazcan pensamientos con ocasión de los movimientos de la materia y cuando, a su vez, el alma quiere mover el cuerpo, juzgaron que Dios es quien lo mueve por ella. Y como la comunicación de los movimientos les parecía inconcebible, creyeron que Dios da un movimiento a un cuerpo con ocasión de los movimientos de otros cuerpos." (Nuevo sistema de la naturaleza. Op. Cit. pg. 45)

La hipótesis del Deus ex machina no basta para dar razón de la relación de las substancias entre sí y con el mundo.

Leibniz niega que una mónada pueda obrar sobre otra. El principio de todo lo que hace o le acontece a la mónada es exclusivamente interno a ella; nada puede recibir de otra mónada. La razón de todo lo que abarca la mónada no puede estar más que en la mónada misma, en tanto que es una parte necesaria en correspondencia necesaria con las demás partes que componen el universo.

En última instancia es Dios el responsable de la producción continua de las cosas, ya que él ha garantizado la perfecta conexión del mundo como un todo desde el momento de la creación.

No obstante Dios ha imprimido en las substancias, desde su origen, las leyes de su propio desarrollo y desenvolvimiento y, por lo tanto, no tiene que estar continuamente "produciendo milagros", es decir, actuando sobre el mundo, porque para eso dotó a las substancias de un principio interno de acción.

"Pero en las substancias simples, esa es influencia ideal de una mónada sobre otra, lo cual no puede tener efecto a no ser por intervención de Dios, en cuanto que, en las ideas de Dios, una mónada solicita, con razón, que Dios, al regular las demás, desde el comienzo de las cosas, la tenga en cuenta." (Monadología. Op. Cit. 51, pg. 395)

 

"Y por esto, entre las criaturas, las acciones y pasiones son mutuas. Pues Dios, comparando las substancias simples, halla en cada una de ellas razones que le obligan a acomodar la otra a la primera; y por consiguiente, lo que en ciertos respectos es pasivo, es activo visto desde otro punto de vista" (Monadología. Op. Cit.52, pg. 395)

Las relaciones entre mónadas son descritas en términos de acción y pasión. La acción es el cambio interior de una mónada que aumenta la riqueza de su expresión; las pasiones son los cambios interiores de una mónada que, en correspondencia con la acción de otra mónada, disminiye la riqueza de su pluralidad de expresión. Sin embargo, esa acción no pasa de una mónada a otra.

La única relación entre mónadas es que las representaciones de ellas concuerden entre sí en todos los momentos.

Es imposible un contacto directo entre las substancias. Si el mundo no es una serie de episodios dispersos sin ningún orden se debe a que existe una estrecha concordancia y relación entre las representaciones en cada substancia y entre las substancias. A esto lo denominó Leibniz comunicación de las substancias.

"YSin embargo, es muy cierto que las percepciones o expresiones de todas las substancias se corresponden mutuamente, de suerte que cada cual, siguiendo con cuidado ciertas rezones o leyes que ha observado, se encuentra con otro que ha hecho otro tanto, al modo que cuando convienen muchos en reunirse en un paraje dado y en día fijo, lo pueden hacer efectivamente si quieren. Mas aunque todas expresan los mismos fenómenos, no por eso hay precisión de que sus expresiones sean perfectamente semejantes, sino que basta que sean proporcionales." (Discurso de metafísica. Op. Cit.14, pg. 17)

El mundo es una totalidad cooperante. Cada substancia representa el universo entero a su manera y según su punto de vista. Cada substancia es un espejo del universo, una repraesentatio mundi.

El mundo es un complejo compuesto por una pluralidad infinita de substancias singulares que están en mutua conexión y dependencia. Las representaciones del mundo en cada substancia y según su punto de vista, otorgan, así mismo, el caracter individual y particular de cada mónada: no hay dos substancias iguales porque todas representan el universo desde puntos de vista diversos; porque todas son repraesentationes mundi desde perspectivas esenciales distintas. Y, sin embargo, aunque todas las representaciones son desiguales, no por ello dejan de concordar unas con otras. Esas visiones del mundo mantienen entre sí una extraordinaria proporcionalidad debida, quizás, a su origen común: Dios. Un origen que se regía por una racionalidad absoluta. Hay una total unión y trabazón de todo con todo. El mundo, en su totalidad, está en el alma, en las substancias pero también las substancias están en el mundo.

La relación macrocosmos-microcosmos se halla contraída de una manera única y total en cada una de ellas:

"Este enlace, pues, o acomodo de todas las cosas con una y de una con todas las demás, hace que cada substancia simple tenga relaciones que expresen todas las demás, y sea, por consiguiente, un viviente espejo perpetuo del universo. (...) así, por la multitud infinita de substancias simples, hay como otros tantos universos diferentes, lo cuales no son, sin embargo, sino perspectivas de uno sólo, según los diferentes puntos de vista de cada mónada." (Monadología. Op. Cit.56-57, pg. 395).

Por tanto, todo lo que le sucede a la substancia, está ya contenida en ella misma: presente, pasado y futuro están formalmente insitos en ella desde el principio. La serie de las representaciones que produce el alma para sí misma, responderá de manera natural a las series de los cambios producidos en el universo.

La fuerza motriz de la substancia, su primitivo punto de vista desplegado en un movimiento sin fin, acoge dentro de él la unidad y la refleja. Nada está aislado; nada hay estéril o inútil: Dios ha querido que haya más que menos substancias. El mundo ha sido construido conforme a un plan: su perfecto desenvolvimiento, en el que cada substancia forma como un mundo aparte, cerrado e independiente, a imagen del universo total.

"Síguese de la suprema perfección de Dios que, al producir el universo, ha elegido el mejor plan posible, donde hay la mayor variedad con el mayor orden; donde están el terreno, el lugar y el tiempo mejor dispuestos; donde el efecto es mayor por los más simples conductos." (Principios de la naturaleza y de la gracia. Op. Cit.10, pg. 408).

Pero volvamos a los campos semánticos. Una de las cosas que más llama la atención al leer a Leibniz es la cantidad de palabras sinónimas utilizadas para caracterizar a las substancias: proporción, aggregatum, apetito, conveniencia,... Todas ellas hacen referencia a la categoría de la relación. Categoría que cobra una extremada importancia en el desarrollo del sistema filosófico del autor.

Lo que determina a la substancia es la red de sus múltiples relaciones, no sólo con lo externo a ella (relación entre representaciones de las distintas mónadas), sino también consigo misma: las mónadas forman compuestos que no son sino enlaces entre distintas unidades; unidades estas que no van a tener el mismo tipo de estatus entre sí. Hay mónadas que ostentan una jerarquía mayor que otras. Hay mónadas que forman los cuerpos y mónadas que componen las almas y los espíritus. Pero es más; el principio de individuación de la substancia ya no es inherente al sujeto, ni siquiera accidentalmente, o por lo menos, no es sólo algo inherente al sujeto lo que conforma su individuación. Hay algo más; algo que no es la substancia misma pero que se encuentra en ella de una manera fraccionada, en perspectiva.

La individuación ahora sólo es posible haciendo relación a algo; diciendo referencialmente relación a otros que no soy yo mismo. Es la repraesentatio mundi, entendida como una visión particular del mundo, que está supeditada a otras visiones distintas de la propia, la que va a propiciar que la substancia se constituya como un individuo concreto, discernible de los demás.

Si el ser de la mónada es ese irse plegando y desplegando a través de sus sucesivas representaciones, que conforman su imagen del mundo, y ese ir plegándose tiene que amoldarse a las transformaciones de cada una y todas las mónadas existentes, la particularidad de cada substancia no será sino el manojo, el haz de todas las posibles relaciones que configuran su propia relación.

Cada substancia tiene que amoldarse a las demás antes de poder delimitar lo que ella es. La individuación se realiza por medio de un mutuo ajuste. Las partes del todo, para salvar su particularidad, han de subordinarse al todo que, a su vez y para no perder su unidad, tiene que adaptarse a la parte.

El universo es la infinita estructura de relaciones entre las partes y el todo; el irse formando enlaces que, por ser ellos mismos inestables, contribuyen a la inalterabilidad del conjunto.

La idea de una armonía universal sólo es pensable cuando se realiza entre términos que poseen su propio principio de movimiento; es decir: entre elementos auto-móviles, pues donde no hay acción, no hay relación.

Otro requisito necesario para que sea viable una armonía universal es que los términos conctados tienen que ser conmensurables, esto es; tiene que darse una proporcionabilidad entre ellos que de razón de la necesidad de su unión. Ya que, si el enlace entre los elementos fuese meramente contingente, la racionalidad del mundo se vendría abajo y el universo quedaría sumido en la indeterminación de sus propias idas y venidas arbitrarias.

Para excluir la posibilidad de que esto ocurra, y porque de hecho observamos que esto no ocurre, Leibniz buscó el lugar de la proporción en Dios: como principio homogéneo de todas las substancias Dios es el horizonte de la complicada red de relaciones y trabazones que establecen los elementos del mundo para conservar su unidad. Y, por eso, él mismo no deja de ser un término, aunque el más importante, de la relación.

Siendo así las cosas, lo único que podría liberar a las substancias del yugo de su pertenencia a la estructura del mundo sería la muerte. Sólo dejendo de ser algo activo, unicamente muriendo podemos dejar de establecer relaciones. Y esto no le ha sido reservado a las substancias, que son eternas.

La mónada debe resignarse a ser en continuo devenir; a permanecer en la medida en que ese permanecer sea un estar siempre deviniendo.

Elena Diez de la Cortina Montemayor

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