4. Inmortalidad: animalculismo y preformación.

Leibniz conocía las teorías de algunos biólogos del siglo XVII, como Swammerdan y Leeuwenhoek (el autor los menciona en el punto 6 de su obra Nuevo sistema de la naturaleza). Si las substancias ni nacen ni perecen, tampoco los animales y las substancias organizadas estarán sujetos a generación y corrupción. Los cuerpos animales han de haber existido desde un principio, cuando fueron generados con el mundo.

Hay un asombroso parecido entre la teoría de los gérmenes preexistentes del naturalista y anatómico holandés Swammerdan y la teoría leibniziana de la substancia.

El naturalista sostenía que Dios había creado en un sólo instante todos los seres vivientes, y que habían sido creados bajo la forma de gérmenes extremadamente pequeños, sólo visibles mediante un microscopio.

Para Leibniz las substancias, las formas primitivas, han nacido con el mundo. Los animales no han podido generarse a partir de la materia meramente extensa. Todas las formas animales existen desde un principio:

"...los cuerpos orgánicos de la naturaleza no son nunca productos de un caos o de una putrefacción, sino siempre de simientes, en las cuales había, sin duda, cierta preformación" (Monadología, 73, pg. 397, Op. Cit. )

Del biólogo Loewenhoek aprovechó la 'Teoría de los Animálculos Espermáticos', para anular la validez del concepto de metempsícosis o transmigración de las almas:

"Así el alma cambia de cuerpo poco a poco y por grados, de suerte que no se ve despoblada nunca de golpe de todos sus órganos; hay a menudo metamorfosis en los animales, pero nunca metempsícosis ni transmigración de las almas. Y lo que llamamos generaciones son desenvolvimientos y acrecentamientos. Ni tampoco hay almas totalmente separadas, ni genios sin cuerpo. Sólo Dios está enteramente desprovisto de él" ( Monadología, Op. Cit. 72, pg. 397)

El animalculismo era un sistema que afirmaba que sólamente los animalillos espermáticos eran capaces de producir un embrión animal. Los cuerpos no proceden de la pura extensión, sinó de un principio de movimiento (alma) desde la creación.

Leibniz va a incorporar estas doctrinas, insertándolas en su teoría metafísica de la substancia:

" Y puesto que no hay en el animal nacimiento ni generación enteramente nueva, síguese que no habrá extinción final ni muerte completa, en el rigor metafísico de la palabra; y que, por consiguiente, en lugar de la transmigración de las almas, lo que hay es transformación de un mismo animal, según que los órganos estén dispuestos de un modo u otro o más o menos desarrollados". (Nuevo sistema de la naturaleza. Op. Cit. 8, pg. 43)

Transformación, envolvimiento, metamorfosis...todas estas palabras pretenecen al campo semántico de lo móvil, de lo indeterminado, de lo no acabado o lo que no ha llegado a su fin, qizás porque éste no es sino su continuo ir haciéndose, ir transformándose a través de los múltiples repliegues que adquiere en su desenvolmimiento. Lo que es, lo que hay ya está dado de antemano. El mundo es siempre el mismo mundo, un mundo viejo que sólo puede mostrar su identidad a partir de la diferencia, generarse a sí mismo a través de la pluralidad de cualidades y aspectos que van surgiendo desde dentro de él mismo.

La metamorfosis se oculta tras la máscara, el aspecto, igual que la crisálida se esconde en su capullo y no nos revela la hermosura de su nueva apariencia hasta que ésta toma una forma temporal. El acabamiento, la cosificación de "lo natural" es una gran mentira: un disfraz que oculta nuevas y secretas transformaciones.

El mundo es, por lo tanto, un ir desplegándose y replegándose lo mismo en lo mismo bajo apariencias diversas que, por un lado,individualizan a cada parte (aparición) del conjunto y, por otra, conectan a cada individuo con el todo, formando una unidad compacta.

De esta manera no es de extrañar que Leibniz haga uso del campo semántico de las trasnformaciones y metamorfosis para explicar su teoría de la inmortalidad:

"Se ha juzgado que no sólo el cuerpo orgánico estaba en ellas ('preformado en los animales espermáticos') antes de la concepción, sino también que había un alma en ese cuerpo y, en una palabra, estaba el animal mismo, y que por medio de la concepción, el animal quedó dispuesto para una gran transformación y llegar a ser animal de otra especie. Algo semejante a ésto se ve, aparte de la generación, cuando los gusanos se tornan mariposas y moscas." (Monadología. Op. Cit. 74. Pg. 397-398)

"No hay nadie, pues, capaz de señalar bien el verdader momento de la muerte, la cual puede por mucho tiempo considerarse como una mera suspensión de las acciones notables y, en el fondo, nunca es otra cosa en los simples animales; atestíguanlo las resurrecciones de las moscas ahogadas y luego enterradas en creta pulverizada y otros varios ejemplos semejantes." (Monadología. Op. Cit. 74. Pg. 397-398)


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