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Leibniz conocía las teorías de algunos biólogos del siglo XVII, como Swammerdan y Leeuwenhoek (el autor los menciona en el punto 6 de su obra Nuevo sistema de la naturaleza). Si las substancias ni nacen ni perecen, tampoco los animales y las substancias organizadas estarán sujetos a generación y corrupción. Los cuerpos animales han de haber existido desde un principio, cuando fueron generados con el mundo. Hay un asombroso parecido entre la teoría de los gérmenes preexistentes del naturalista y anatómico holandés Swammerdan y la teoría leibniziana de la substancia. El naturalista sostenía que Dios había creado en un sólo instante todos los seres vivientes, y que habían sido creados bajo la forma de gérmenes extremadamente pequeños, sólo visibles mediante un microscopio. Para Leibniz las substancias, las formas primitivas, han nacido con el mundo. Los animales no han podido generarse a partir de la materia meramente extensa. Todas las formas animales existen desde un principio:
Del biólogo Loewenhoek aprovechó la 'Teoría de los Animálculos Espermáticos', para anular la validez del concepto de metempsícosis o transmigración de las almas:
El animalculismo era un sistema que afirmaba que sólamente los animalillos espermáticos eran capaces de producir un embrión animal. Los cuerpos no proceden de la pura extensión, sinó de un principio de movimiento (alma) desde la creación. Leibniz va a incorporar estas doctrinas, insertándolas en su teoría metafísica de la substancia:
Transformación, envolvimiento, metamorfosis...todas estas palabras pretenecen al campo semántico de lo móvil, de lo indeterminado, de lo no acabado o lo que no ha llegado a su fin, qizás porque éste no es sino su continuo ir haciéndose, ir transformándose a través de los múltiples repliegues que adquiere en su desenvolmimiento. Lo que es, lo que hay ya está dado de antemano. El mundo es siempre el mismo mundo, un mundo viejo que sólo puede mostrar su identidad a partir de la diferencia, generarse a sí mismo a través de la pluralidad de cualidades y aspectos que van surgiendo desde dentro de él mismo. La metamorfosis se oculta tras la máscara, el aspecto, igual que la crisálida se esconde en su capullo y no nos revela la hermosura de su nueva apariencia hasta que ésta toma una forma temporal. El acabamiento, la cosificación de "lo natural" es una gran mentira: un disfraz que oculta nuevas y secretas transformaciones. El mundo es, por lo tanto, un ir desplegándose y replegándose lo mismo en lo mismo bajo apariencias diversas que, por un lado,individualizan a cada parte (aparición) del conjunto y, por otra, conectan a cada individuo con el todo, formando una unidad compacta. De esta manera no es de extrañar que Leibniz haga uso del campo semántico de las trasnformaciones y metamorfosis para explicar su teoría de la inmortalidad:
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