LAS TRES ALMAS DE LOS JíVAROS

El concepto de alma de los jívaros del este del Ecuador no es unitario como el de Platón o Aristóteles, sino plural y heterogéneo: hay tres tipos diferentes de almas y no todos los hombres poseen cada una de ellas.

Los jívaros creen que el alma verdadera está presente desde el nacimiento dentro de todos los jívaros vivos, sean varones o hembras. Con la muerte, esta alma abandona el cuerpo y experimenta una serie de cambios.

Durante la primera fase de su vida de ultratumba, la verdadera alma regresa al lugar de nacimiento del cuerpo y revive su vida anterior en una forma invisible. La principal diferencia entre las dos existencias consiste en que, después de la muerte, el alma verdadera no puede comer alimentos reales y permanece, así, eternamente hambrienta. Ni que decir tiene que los jívaros no aguardan con ansia esta experiencia. Después que el alma verdadera ha revivido toda la vida de su poseedor fallecido, se inicia la segunda fase. Se convierte en un demonio. Este demonio vaga por el bosque, solitario y hambriento. La segunda fase dura el equivalente a otra vida. El alma verdadera vuelve a morir entonces y entra en su tercera fase. Se convierte en un wampang, una especie de mariposa gigante , a la que de cuando en cuando se ve revolotear de un lado para otro. Los vivos tratan de alimentarla porque también está eternamente hambrienta.

En su cuarta y última fase, el alma verdadera se transforma en niebla, persistiendo en esa forma eternamente.

Ningún jívaro nace con la segunda alma: la arutam. Hay que adquirirla. Todos los hombres, y en ocasiones algunas mujeres, tratan de adquirir una. El poseedor de una arutam experimenta gran poder y no puede ser matado.

Para obtener una arutam hay que ayunar, bañarse en una cascada sagrada y beber agua de tabaco o el jugo de una planta que contiene la substancia alucinógena datura. La arutam surge de las profundidades del bosque en forma de un par de jaguares gigantes o un par de enormes serpientes que ruedan sin cesar hacia el buscador de un alma. Cuando se aproxima la aparición, el aterrorizado buscador de un alma debe correr hacia ella y tocarla. Si esto se consigue, el alma arutam penetrará en su cuerpo cuando el buscador de un alma duerme, alojándose en su pecho.

La gente que posee un alma arutam es diferente de otros hombres y mujeres. Hablan y actúan con gran seguridad y sienten un deseo irresistible de matar a sus enemigos. Los grandes guerreros y otros individuos excepcionalmente poderosos pueden poseer simultáneamente más de un alma arutam. Por desgracia, las almas arutam no pueden ser una posesión permanente. Abandonan su morada temporal antes de que su poseedor mate a alguien. Finalmente, mientras vagan por el bosque, serán capturadas por otros buscadores de almas lo suficientemente valientes como para tocarla.

El tercer alma de los jívaros es la muisak: el alma vengadora. La muisak aparece cuando la persona que antes poseía un alma arutam es muerta por sus enemigos. La muisak se desarrolla dentro de la cabeza de la víctima, de la cual trata de escapar para atacar a su asesino. Para impedir que suceda esto lo mejor es cortar la cabeza de la víctima, "reducirla" y llevarla a casa. Si se maneja adecuadamente en diversos rituales y danzas, la muisak puede hacer al asesino fuerte y feliz.

Después que la muisak se ha usado en provecho del asesino, se celebra un ritual para devolverla a su aldea de procedencia. Para ello las mujeres cantan esta canción:


Ahora, ahora vuelve a la casa en la que viviste.
Tu esposa está allí, llamándote desde tu casa.
Has venido aquí para hacernos felices.
Finalmente hemos acabado.
Vuelve, pues.