CONCLUSIONES GENERALES

En referencia a la última parte de cierta obra suya, dice GB: "sea el último recuerdo que de ella nos llevemos autor y lectores"1. Lo mismo cabe decir de este apartado conclusivo del presente estudio.

Ya en la "Introducción General" advertíamos al lector sobre nuestro propósito de convertir este estudio en algo transitorio: obra a superar una vez acabada su lectura (obra abierta, sin futuro mas con porvenir). La verdad, como afirma Hegel, está al final: en el Todo; mas una verdad que sirva de fundamento para otra dialécticamente superior.

Por ello, y a fin de mantener la coherencia con lo expresado en dicha introducción, este apartado final se divide en dos secciones: A) un breve resumen-recordatorio de las principales conclusiones obtenidas en cada capítulo; B) una colección de propuestas que, fundamentadas en los resultados del estudio, interpretan la filosofía de la técnica de GB en consonancia con el tono sentimental que empapa su obra2.

Desde estas coordenadas puede afrontarse con provecho la lectura de los escritos de nuestro autor y captar lo que, en rigor y en el fondo, GB pretende con su filosofar: ser una llamada de atención sobre el advenimiento de una nueva fase en la historia de la humanidad; fase en que la técnica resulta decisiva por diversas razones y motivos; una etapa desconcertante (atómica) en que el Hombre va resultando "persona" y la realidad íntegra (física y mental), material para sus inventos. Desde la perspectiva bacquiana, tomar conciencia de esta circunstancia permite enfrentar con actitud más adecuada tanto las posibilidades que se abren ante la tecnociencia actual como los peligros que encierra. Este aspecto es fundamental para el problema de la toma de decisiones sobre ciencia, tecnología y sociedad, las cuales se hacen ya ineludibles ante las situaciones generadas por los avances científico-técnicos.

El talante precursor de la filosofía de la técnica de GB, cuyas dimensiones antropológicas y cósmicas resultan ahora evidentes, permite comprender mejor su carácter innovador en cuanto síntesis de tradiciones diferentes y hasta opuestas de la filosofía de la técnica, tal como se dijo en el primer capítulo; síntesis que, por integrar aspectos tan diversos, puede reivindicar para sí con derecho la condición de filosofía (trato explícito, reflexivo) de la técnica a la altura de las actuales circunstancias históricas, a la vez que servir de base para nuevos avances (aspecto práctico de su filosofía de la técnica, o trato implícito)3.

A) Conclusiones-recordatorio.

Tras realizar una breve, pero suficiente para nuestro propósito, exposición del panorama de la filosofía de la técnica en el presente siglo, afirmamos que el pensamiento o reflexión de GB sobre la técnica presentaba tales características que constituía una filosofía de la técnica, quedando así justificado el título de la tesis que presentamos, a la vez que se ponían las base para concluir que la filosofía de la técnica de GB es una aportación original a dicho panorama.

Esta originalidad se concreta, tal y como propusimos, en su carácter de síntesis peculiar del espíritu definidor y distintivo de todas y cada una de las tradiciones de la filosofía de la tecnología: ingenieril, de las humanidades y de la Teoría Crítica de la sociedad, de cuyas figuras más representativas, además, expusimos las ideas básicas. El resto del estudio ha pretendido demostrar la verdad de esta tesis, a la vez que ofrecer sistematizado el amplio espectro de temas y cuestiones involucrados en la reflexión de GB sobre la técnica; una reflexión difícil y poco sistemática, apenas conocida en nuestro país y, en cualquier caso, sólo fragmentariamente como consecuencia de las circunstancias expuestas en su momento. Esta falta de sistematización y desconocimiento resulta carencia tanto más lamentable por cuanto que, como argumentamos, la filosofía bacquiana de la técnica es quizá el primer paso (en cualquier caso aportación inestimable) para dar cumplimiento a lo que, según Carl Mitcham, es la tarea pendiente de la filosofía de la tecnología en su estado actual.

En consecuencia el trabajo que ahora presentamos constituye una contribución original tanto a la historia de la filosofía en lengua castellana, como a los estudios sobre filosofía de la técnica.

Para lograr nuestro objetivo comenzamos demostrando cómo la filosofía de la técnica de GB se sostiene sobre una metafísica general del ser de tipo polimorfía óntica. Dicha metafísica se fundamenta en los descubrimientos realizados por la ciencia física, en particular la cuántica, acerca de la naturaleza del substrato materio-energético que es, según GB, la base de toda la realidad. Pues bien, GB sostiene, tomando como fundamento la citada metafísica, que el dominio artificial es el único en que rige, en sentido riguroso de la expresión, el principio de causalidad. El hombre, en virtud de su diferencia específica (racionalidad) y ontológica (existencia auténtica) frente a los demás animales, aparece ante GB como la única fuente de racionalidad del universo, con capacidad, además, para imponerla o transferirla mediante una acción artificializadora de carácter técnico.

Mostramos, en una primera aproximación, cómo en virtud de su peculiar estructura la acción artificializadora técnica, por su implicación simultánea de los dominios transcendental (vida intelectual o humana superior) y físico, era la más adecuada, según GB, para producir transformaciones reales en el ser real desde patrones humanos. Al ser esto así, la técnica quedaba definida como eficacia (acción eficaz) a servicio del hombre (guiada por el valor de utilidad, entendiendo éste en sentido antropocéntrico), frente a la artística que, al no reconectar causalmente la obra de arte y subordinar el valor utilidad al de belleza, funda un dominio artificial con menor grado de realidad que el generado por la acción técnica. El tipo de transformación que sobre lo natural produce la acción técnica permite concebir en el hombre, tal como lo entiende GB, la esperanza de transustanciar el universo en creatura suya, es decir, en un ser hecho por él y, como secuela, a su servicio; correlativamente, transustanciar al hombre en Creador que sea a la vez Dueño y Señor de su Obra. Y todo ello en pugna con la tendencia descendente (entropía) de un universo que aparece, a la luz de la física actual, con una constitución de paradójicos contrastes, es decir, dialéctica, pero que, por ello mismo, permite al hombre servirse de él para imponerse a él por dialéctica artificial ascendente potenciadora de la natural, también ascendente, de la Vida. En ello la técnica muestra su condición de aliada de la Vida.

Por otra parte, el tipo de verdad dominante en una época histórica depende, según GB, del tipo de sentimientos peculiares que le surjan a la vida humana en su contacto con lo real. Esto, a su vez, está en función de la consistencia con que se note existiendo la intimidad vital. Distingue GB varias formas de trato con lo real en función del tipo de verdad y descubre en ello un proceso de intimación o compactación creciente del yo inversamente proporcional al que sufren las cosas, que pierden consistencia. Dicho proceso viene posibilitado por el creciente formalismo en la actividad de la vida intelectual y lo que GB denomina reducción óntica y categorial. Cada tipo de verdad vital es origen de un tipo de técnica ("trato implícito" o práctico con lo real) y de ciencia ("trato explícito" o teórico), siendo la propia del momento histórico actual la verdad entendida como eficacia o verdad como "invento". Tal tipo de verdad es consecuencia del grado de constructivismo y operacionalidad conseguidos por la vida intelectual en virtud de los dos procesos citados.

Lo peculiar de la técnica actual, la propia del tipo vital "persona", es que en su estructura quedan unidas sintética, inseparablemente, la transcendentalidad humana, que en su grado superior de manifestación es el formalismo científico (cuyo grado supremo, a su vez, es el matemático), y el poder real (causal) del universo físico. Por este hecho, la técnica occidental actual encuentra su origen histórico en la romana, y su continuación en la renacentista y moderna pero, por ello mismo, resulta diversa de cualquier tipo de técnica anterior.

Como secuela de lo dicho, GB considera que la técnica griega y medieval no forman parte de la tradición que culmina en la técnica actual. En cualquier caso, con independencia del tipo de técnica de que se trate, ésta es siempre para GB manifestación de la vida humana y, por tanto, de la Vida. La técnica es concebida por nuestro autor como medio u órgano-instrumento creado por la Vida para servirse de él en su lucha contra la entropía. Recuérdese la sentencia bacquiana que, a modo de frontispicio, abre y resume explícitamente la idea fundamental de su pensamiento sobre la técnica, la cual el presente estudio ha querido explicitar: "la Vida, de quien Inteligencia procede y de quien la técnica deriva".

Con independencia del tipo de técnica histórica de que se trate, es decir, del tipo de verdad que tenga en su base, el análisis que en su etapa heideggeriana realiza GB de la estructura de "mundo admanual" muestra que éste encuentra su condición de posibilidad en la estructura transcendental de "Mundo" que el filósofo alemán pone de relieve. Pero, contra éste, GB considera que la actitud o interpretación instrumental del universo no es algo privativo de la época histórica actual, aunque sí dominante, sino que forma parte consustancial de la condición humana, y de tal modo que dicho trato instrumental no será considerado forma ínfima (caída y recaída) de estar siendo el yo su transcendencia sino, contrariamente, la única que la elevará sobre el universo real, eficaz y eficientemente. Por esta razón, frente a Heidegger, que pretende tal superación por sobreseimiento o transcendencia en el Ser entendido como Posibilidad-Pensamiento, es decir, por transcendentalidad, GB propone potenciar la acción técnica o interpretación instrumental del universo y, en consecuencia, la expansión cualitativa y cuantitativa del mundo resultante: el artificial técnico, y todo ello en aras de una transcendencia por transustanciación práctica del universo en Mundo Artificial y, correlativamente, del ser humano en Dios.

Según GB, la actitud instrumental es, además de constitutiva del ser humano, la única que a la altura de su condición de transfinito transfinitante debe potenciar si desea albergar alguna esperanza de cumplimiento para su anhelo básico de ser Infinito. Desde esta perspectiva, la técnica actual sería un momento privilegiado en el reencuentro (concienciación) del hombre con su propia "esencia" y por tanto, en la medida en que ella misma resulte potenciada artificialmente, una momento de realización (liberación) por sometimiento del universo.

El análisis bacquiano de la estructura de "Mundo" se complementa durante los años sesenta y setenta desde un enfoque marxista al enfatizar el aspecto práctico, es decir, al insistir en la necesidad de su realización práctica o encarnación creciente en artefactos. Esto implica tomar conciencia de que la citada estructura y, en consecuencia, los artefactos en que se materializa, resultan tanto más eficaces en su dominio del universo cuanto mayor sea su carácter tecnemático, es decir, cuanto mayor grado de planificación o artificialización (segundo grado) posea su estructura. GB realiza un esfuerzo teórico por mostrar cómo la estructura transcendental "Mundo", si es dotada de potencia dialéctica artificial, puede generar "Mundo Artificial" o "Tecnocosmos". El desajuste significacional que descubrimos en algunos términos fundamentales de la teoría bacquiana sobre la estructura de lo artificial (enseres, artefacto, aparato...), encuentra su explicación en la radicalización que, con el paso de los años, sufre el pensamiento de GB en su exigencia de condiciones para que una creación humana merezca ser llamada artificial o artefacto y, por tanto, a la acción de la que surge "técnica". Todo ello condensa, y es, el término "tecnema", el cual resulta elevado por GB en esta etapa de su pensamiento a la categoría de modelo paradigmático de lo artificial-artefactual.

Distingue GB entre "historia transcendental" e "historia real", y muestra cómo la técnica es el origen de la historia real, siendo el "hecho fundamental" para su fundación la concienciación por parte del hombre de la inesencialidad de lo real, así como de su condición de creador. El factum de la técnica consiste, justamente, en que su existencia es la mostración de dicha inesencialidad, de manera que la técnica resulta clave del proceso humanizador de universo y hombre, es decir, de la "historia real". Pero GB considera que, si bien la técnica es clave, ello no debe entenderse en el sentido de que sea posible definir completamente al hombre en términos de "homo faber". No niega GB que el hombre posea tal condición, pero ésta debe quedar integrada con aquello que, según él, constituye lo propiamente humano: ser el transfinito transfinitante. Pensar otra cosa sería caer en reduccionismos peligrosos y, en cualquier caso, ignorar lo que de ser en realidad-de-verdad tiene o es la técnica.

Desde la perspectiva bacquiana, la técnica no consiste simplemente en la fabricación y uso de artefactos con el fin de cubrir las necesidades humanas naturales o artificiales, es decir, en el modo típicamente humano de solucionar problemas y satisfacer necesidades sino, además y sobre todo, en ser la acción que convenientemente potenciada transustanciará al hombre en Dios y el universo en creatura suya. Por tanto, si el hombre es "faber", lo será secundaria o derivadamente por serlo primero y ante todo "inventor". Recuérdese, además, que GB distingue entre "homo laborans", "homo faber" y "homo creator".

Por el carácter de auténticos "efectos" de las creaciones artefactuales humanas, éstas resultan realidades simbólicas lo cual es aprovechado por GB para elaborar también, además de una historia de la técnica, una historia de los artefactos en consonancia con el principio de isomorfía entre tipos de vida y de técnica.

En cualquier caso, la "técnica" queda caracterizada por GB, de forma mínima o básica, con independencia de su estado histórico, como "hallazgo básico", es decir: resulta técnica cualquier acción instrumental (A sirve para B) de la que se adquiera conciencia explícita de su servir para (poner en estado conciencial el carácter admanual de una realidad). Tal técnica mínima es la definidora del "primer hombre" frente a los animales, de los que naturalmente ya se diferencia. A partir de este origen, la técnica misma devendrá histórica llegando a entrar en la categoría de "invento", especialmente en su forma actual de tecnociencia o, en lenguaje bacquiano, "tecnica supernatural" o "técnica de explosivos".

Se ha mostrado, también, la concepción bacquiana de la filosofía como fuerza vectorial hacia el infinito necesitada de una magnitud escalar en la que encarnar. A partir de ello, han sido puestos de manifiesto los presupuestos filosófico-antropológicos de la filosofía bacquiana de la técnica que completan los advertidos en el capítulo 2, resultando que si el hombre es específicamente distinto de los animales por su racionalidad, y ontológicamente por ser "existencia", también lo es onto-metafísicamente por su condición de transfinito transfinitante. Por lo mismo, la técnica revela su papel de mediador entre el universo y Dios o, lo que es lo mismo, como ayuda intrínseca de la vida humana en cuanto transfinitud transfinitante con "tema y tarea de infinito". Con ello, la técnica queda enraizada en la dimensión onto-metafísica de la vida humana, siendo ésta la causa profunda del papel desempeñado por aquélla en el proceso de humanización, tal como lo concibe GB. Pero este privilegio humano es también drama o, mejor, tragedia íntima pues por su causa queda el hombre convertido en "endemoniado" o anfibio ontológico.

En efecto, según GB, el hombre media entre la base real del universo físico de la que procede, llena de poder creador pero carente de transcendentalidad (racionalidad, imaginación, conciencia, entendimiento...), y Dios entendido como esfera o dominio donde la trancendentalidad humana se proyecta u objetiva bajo la categoría de perfección suprema (argumento pseudo-anselmiano) pero cuya realidad es sólo de tipo aparencial y, en consecuencia, sin poder real (causal) sobre lo real. El hombre es el transfinito transfinitante, es decir, capaz de tomar conciencia de lo que es ser límite, y por ello mismo la acción técnica le es consustancial estructuralmente pues, en cuanto transfinitud consciente de serlo, al hombre todo le sirve para ensayar su condición onto-metafísica en un intento de aproximación creciente al Infinito, luego en virtud de la definición de técnica, ésta resulta ser el medio adecuado y propísimo del hombre para dar alguna posibilidad de cumplimiento a su in-tención vital constitutiva y definidora: ser Infinito. Se comprende ahora, desde otra perspectiva, la razón por la cual la técnica es valorada por GB como aliada de la tendencia ascendente del Universo: la Vida, así como el papel de mediador del hombre entre lo finito y lo Infinito (endemoniado, maroma).

El hombre, que es creatura del poder creador superior (la creatividad de la Vida) debe hacer que lo divino del universo, su poder creador en bruto y anónimo (poder inferior o radiactividad), adquiera rostro de Persona: se materialice o encarne, es decir, se apersone en un tipo de hombre adecuado, de modo que en él Dios se haga real quedando los poderes creadores superior e inferior sintetizados dialécticamente en poder supremo. Todo ello conforma y confirma el carácter místico-eucarístico de la técnica en la filosofía de GB. Sin este talante místico, la técnica en GB no pasaría de representar un esfuerzo que, en el mejor de los casos, es decir, guiada por una ética popular o de bienes (práctica) fuese redimensionada socialmente pero dejase al hombre en estado natural aún.

La ética popular no sobrenaturaliza al hombre, aunque venza al formalismo kantiano universalista y destructor del poder creador de la vida, el cual sólo consigue parcialmente su objetivo de elevar la transcendencia humana sobre la animalidad al hacerlo de un modo que amenaza su poder transfinitador tal como lo demuestra, según GB, el tipo de técnica que resulta isomorfo con ella: la "técnica societaria", es decir, anti-vital, arrasadora o uniformadora de la variedad de pueblos humanos en que se expresa el poder creador de la vida (variedad-novedad). Pero tal victoria ético-popular, sin embargo, no resulta suficiente para quien se descubre con vocación de ser Dios en Persona, es decir, hombre sobrenatural, y descubre, a la vez, que su anhelo no es pecado de soberbia sino condenación por su condición vital de transfinitud transfinitante o "demonio erótico".

Por todo ello, la técnica, tal como la concibe GB, hunde su raíz en la transfinitud humana, quedando así antropológicamente centrada desde un fundamento óntico-vital, mostrando que su verdadera función o eficacia consiste en ayudar a la transfinitud humana en su meta hacia Dios.

La influencia de Marx en la filosofía bacquiana de la técnica queda de manifiesto cuando, tomando como base la ley ontológica del acto creador, GB critica el capitalismo en tanto que sistema socio-económico fundamentado sobre una antropología naturalista e idealista justificadora de la cuantificación que sufre la cualidad del acto de creación y del creador, es decir, de la alienación que soporta el hombre en su condición de creador y de la enajenación de sus creaciones, aunque sea a cambio de dinero. Según GB, el comunismo, entendido como antropología, y sólo derivadamente como sistema socio-económico, respeta la dignidad y el significado profundo del acto de creación (trabajo) y del creador (trabajador) al entender al hombre como sujeto colectico real-viviente que toma posesión (mihiface) de lo real artificialmente.

Según GB, si capitalismo y comunismo coinciden en su proyecto de hacer del hombre Dios, lo que explicaría tanto el ateísmo teórico de ambos (humanismo teórico) así como su valoración positiva de la técnica en tanto que medio para conseguir hacer del hombre Dios (humanismo práctico), divergen, sin embargo, en el designio. En el capitalismo, "hombre" es un universal abstracto (especie humana como humanidad) siendo real únicamente el individuo. El capitalista no encuentra razón por la que, imitando a Dios, no pueda despojar a los demás hombres de su calidad y derechos de creadores, de los medios de creación y de sus creaciones (productos). Por la acción de "mihifacer" el capitalista pretende hacer todo (hombres y cosas) suyo, es decir, de uno solo, pero GB nota que se trata de una acción natural propia de un hombre en estado aún natural, aunque su técnica sea supernatural. Por todo ello el capitalismo no pasa de ser humanismo práctico "híbrido", es decir, fallido: su éxito económico es su fracaso antropológico.

El comunismo, en cambio, concibe la especie humana como todo real viviente u Hombre. La cuestión consiste, entonces, en lograr que ese Todo humano no quede escindido en clases (creador-siervos) por una acción natural. Cuando eso se consiga la especie humana será Sociedad o Supersujeto, es decir, Todo humano sujeto de artificiales acciones que, mediante el trabajo (acción creadora) técnica y socialmente organizado, funcione con la eficacia de la máquina sin por ello mermar un ápice el poder creador de la vida humana en particular y el de la Vida en general. Sociedad, por tanto, como "artefacto viviente" o viviente artefactual.

En Sociedad, la eficacia queda al servicio de la transfinitud humana de todos y cada uno de los seres humanos que la integran, de modo que no sean ya piezas sino órganos, cada uno con su función específica pero colaborando todos en la misma dirección: hacerse Dios en Persona (humanismo práctico con apertura a humanismo positivo). Por tanto, la eficacia de la técnica actual, en tanto que instrumento de transustanciación, sólo rendirá al máximo dentro de un sistema antropológico, económico y social que posibilite la existencia de un hombre artificial (causa de sí, creatura o efecto de sí mismo) sujeto de artificiales acciones (artefacto viviente) resultando, en consecuencia, sujeto más eficaz que en su estado natural para conseguir realizar la tendencia esencial de la transfinitud transfinitante definidora del hombre, es decir, ser Dios en Persona o Infinito.

Desde esta perspectiva, se entiende que el capitalismo, en la medida en que mantenga una concepción antropológica idealista y un sistema socio-económico acorde con un sujeto natural en su forma de adueñarse y usar los artefactos y técnica sobrenaturales, sea considerado por GB pecado transteológico. El capitalismo es un híbrido natural-sobrenatural: lo segundo, por el tipo de técnica de que se sirve (supernatural); lo primero, por su forma de adueñarse y usar de tal técnica y sus productos. El comunismo, en cambio, por su concepción del hombre como creador social dueño y señor de sus creaturas, será para GB el contexto antropológico y socio-económico adecuado, por su artificialidad, al proyecto, plan o empresa, de ser Dios, y de ahí su bondad transteológica o antropológica, y no pura ni principalmente económica o política.

Por otra parte, según GB, la técnica, de por sí, no tiene límites, por lo que es inútil ponérselos. Si hay algún límite infranqueable en el universo (vg. la velocidad de la luz), éste no ha de ser freno para la transfinitud humana, sino oportunidad para su lucimiento al brindarle ocasión de encontrar el modo de burlarlo, mostrando así su superioridad no sólo específica y ontológica sino también metafísica. Esta consideración bacquiana de la técnica como carente de límites es coherente con su concepción del hombre como transfinito transfinitante, y dada la conexión estructural entre técnica y transfinitud humana, lógicamente los peligros que acechan a la transfinitud humana serán los mismos que amenacen a la técnica.

La técnica, como se dijo, es la acción propia, consustancial y a la altura del hombre como transfinito en cualquier época histórica, aunque la técnica actual lo sea en grado superior. Ningún peligro, según GB, proviene de la técnica, como ninguno conlleva la transfinitud humana de por sí, excepto para las realidades que son "cosa". Todos los peligros que señala GB tienen como origen la eficacia de la ley de los grandes números y el frenesí racionalista, por lo que son exógenos a la técnica. En rigor, no es la técnica la que amenaza a lo natural, sino el naturalismo el que pone en peligro a la técnica; y no es la técnica la que pone en peligro la vida pues, como se ha demostrado, para GB es su mejor aliado, sino ciertas actitudes vitales, a caballo entre la vanidad y el olvido del ser, y el determinismo natural los que hacen peligrar la técnica y la vida al acabar con su poder creador por mecanización cegando toda esperanza en lo inesperado, poniendo así en peligro la transfinitud humana. Tal sucede cuando el "mundo artificial" adquiere estructura de "mundo artificioso" o de "máquina" con aspecto de "fábrica"

Por todo ello, la propuesta baquiana de solución pasa por evitar la naturalización y mecanización de la técnica y sus procesos, a la vez que concienciar (educar) a la sociedad de su papel creador y, por tanto, de la gravedad de sus responsabilidades. Con lo anterior, GB pretende embridar (montar provechosamente, es decir, en motor) el poder del universo físico (radiactividad), el de la transfinitud del hombre actual (explosivo viviente) y el de su técnica isomorfa (técnica de explosivos) de manera que, sin comprometerlos irreversiblemente en su ser básico, queden orientados en dirección al límite Infinito con forma de Dios. Para ello, se trataría de renunciar a ciertas actitudes que pervierten el valor de la técnica al volver su poder contra la vida, en lugar de hacerlo contra la naturaleza.

Ninguna propuesta de solución en alguna de las direcciones indicadas supondrá en GB el rechazo de la técnica ni su limitación, que sería tanto como renunciar a la propia transfinitud humana. En este sentido, hasta las propuestas más radicales de GB (años cincuenta) deben ser entendidas como una estrategia que evite poner en peligro el proyecto definidor del hombre: ser Dios4. En este empeño, la técnica es instrumento esencial de la Vida, por lo que el proyecto filosófico de GB no podrá renunciar a ella en la medida en que se sostenga la definición del ser humano como transfinitud transfinitante; aspecto éste por el que la vida humana siente todo como límite o "cuerpo" (incluida su propia transfinitud) comenzando por el cuerpo biológico notado actualmente como "encerrona", y de la cual, como de las demás, intenta evadirse, por superación transustanciadora, mediante una técnica supernatural, atómica y actual, que no entiende, como él, de límites.



B) Conclusiones-propuesta.

1- La reflexión bacquiana sobre la técnica carece de temas tabú. Cualquier tema, como lo demuestran sus obras, es susceptible de ser puesto en relación con la técnica. Nuestra sistematización del pensamiento de GB sobre la técnica demuestra que el amplio abánico de temas involucrado posee una coherencia indiscutible que responde a un proyecto, más o menos explícito en función de la etapa de su pensamiento, pero siempre presente y actuante. Desde esta perspectiva, y teniendo presente lo expuesto en el capítulo 1 de este estudio, es claro que en la obra y pensamiento de GB existe una reflexión que puede denominarse con pleno derecho "filosofía de la técnica"5.

La filosofía bacquiana de la técnica parece concebida a modo de sinfonía inacabada por inacabable, pues siempre resulta posible añadirle algún nuevo movimiento o instrumento así como re-tocar lo ya compuesto a la luz de nuevas inspiraciones, de manera que cada interpretación lo será a título de novedad o riguroso estreno de la misma, que no idéntica, sinfonía.

GB, con su vida y obra, demuestra que la filosofía de la técnica no debe excluir tema alguno, siendo apropiado reflexionar combinando armoniosa, pero audazmente, intelecto y sentimiento; ciencia y esperanza, es decir, hechos, datos y planes (proyectos, designios...). Este aspecto muestra claramente, como ha quedado patente con nuestro estudio, el talante integrador de tradiciones de la filosofía de la tecnología (mejor, de la técnica) que implícitamente presenta el pensamiento bacquiano sobre la técnica. Desde esta perspectiva puede comprenderse el viaje de nuestro autor por diferentes sistemas-etapa filosóficos a lo largo de su intensa vida intelectual, de cada uno de los cuales guarda simiente valiosa que cultivará y hará fructificar con nuevas categorías filosóficas en el siguiente.

Por tanto, y sea esta la primera conclusión-propuesta: la reflexión de GB sobre la técnica no sólo constituye una "filosofía de la técnica" sino que, además, lo es de un tipo que sabe armonizar razones y motivos (sentimientos). Su filosofía de la técnica es, por ello, una filosofía integradora, o sintética, de la técnica.

2- Nuestra sistematización del pensamiento de GB sobre la técnica ha procurado combinar diacronía y sincronía. El resultado de este esfuerzo histórico-sistemático es el presente estudio. Con él creemos haber demostrado, entre otras cosas, que el pensamiento de GB no sólo contiene una "filosofía de la técnica", sino que la maduración de su filosofar constituye en realidad una transformación progresiva de la técnica en centro de analogía de los demás temas con los que se relaciona, y hacia el que van dirigidos sus desarrollos, de manera que puede afirmarse que su pensamiento se transustancia íntegramente en una filosofía de la técnica.

En efecto, en el pensamiento y obra de GB la técnica pasa paulatinamente, de ser un tema entre otros, a convertirse no sólo en "el" tema de su filosofar sino también, y sobre todo, en categoría desde la que reinterpretar los demás temas peculiares de su filosofar. En este sentido, con el paso de los años la técnica en el pensamiento de GB se transforma progresivamente en vértice de un cono en cuyo desarrollo o periferia abarca todas las demás cuestiones, y en el que todas ellas convergen.

El pensamiento de GB sobre la técnica es o contiene, cuando menos:

a) Una fenomenología del hecho artificial-técnico, pues establece la estructura de la acción técnica, así como la de los artefactos y la del dominio por ellos fundado (mundo artificial);

b) Un análisis transcendental de la técnica, es decir, de las condiciones de posibilidad del hecho artificial-técnico, a saber: el carácter dialéctico del universo materio-energético; la Vida como poder creador de auténticas novedades; la inesencialidad de lo real (material o mental); la doble transcendencia del hombre en tanto que viviente peculiar frente al universo físico: transcendencia transcendental y transfinitante; la posibilidad de separar vida de naturaleza y transferir, de manera creciente además, la vida a cuerpos artificiales de modo que no sólo no muera sino que en ellos realice con mayor eficacia sus funciones que en los naturales;

c) Un análisis transcendente de la técnica: de las implicaciones y consecuencias metafísicas que sobre lo real, humano (antropología) o no, tiene el hecho técnico;

d) Un análisis histórico-filosófico del hecho técnico que descubre en la técnica un poder por el que la libertad y el poder creador constitutivos de la vida humana se imponen crecientemente al componente de necesidad o determinismo del universo físico;

e) Todo ello redimensionado prácticamente por la propuesta de potenciar a) mediante la intervención activa en b) de manera que se consiga conectar c) con d) culminando todo ello en la transustanciación del Hombre en Dios creador y, correlativamente, del Universo en creatura o efecto suyo de tipo Tecnocosmos.

Por lo dicho, es posible afirmar que: el pensamiento filosófico de GB pasa, de contener una filosofía de la técnica, a convertirse él mismo en una filosofía de la técnica. Brevemente: la filosofía de GB se transforma íntegramente (transustancia) en una filosofía de la técnica. Luego la filosofía de GB constituye una filosofía íntegra de la técnica.6

3- Según GB, el auténtico filosofar se distingue por su poder dialéctico, es decir, por su capacidad para impulsar aquello que toca en dirección al Absoluto. GB concibe el auténtico filosofar y su resultado, la filosofía, como fuerza vectorial orientada hacia lo Absoluto. En este sentido, es claro que un pensar sobre la técnica sólo podrá calificarse de filosofía de la técnica si impulsa su objeto específico, en este caso la técnica, en tal dirección. Pues bien, el pensamiento de GB sobre la técnica, como se ha demostrado en este estudio, tiene su culminación en lo Absoluto en estado de "Dios en Persona", por lo que no sólo resulta "filosofía de la técnica" al uso sino además, y sobre todo, una filosofía rigurosa de la técnica.

Sea, pues, la siguiente, otra conclusión-propuesta: la filosofía de la técnica de GB es una filosofía rigurosa, o dialéctica, de la técnica.

4- La marcha ascensional del hombre hacia Dios es concebida por GB como un viaje hacia un ideal; como la realización posible, no segura, de una utopía. La idea de Dios funge como causa final transcendente orientadora de los procesos transfinitadores que la Vida despliega y potencia de manera especial en su estado humano: hombre como transfinito transfinitante en dirección a un Infinito caracterizado fenoménica o transcendentalmente como "Dios". Dios no es para GB un mero concepto abstracto gravitante hacia material empírico alguno del que proceda, sino concepto elevado a funciones categoriales (re-flejo, imagen especular o aparencial con funcionamiento transcendental). Nada real empíricamente, pero tampoco irrealidad plena. Dios es para GB idea con función vectorial o cibernética.

En cuanto concepto, el de Dios tiene como contenido, según GB, las perfecciones que el hombre anhela pero aún no posee (prefiguración, aparencial). El sentimiento anhelante de Infinito procedente de la estructura transfinita humana es, para GB, la base real de la que la idea "Dios" absorbe la fuerza que precisa para su elevación a categoría o paradigma de sentido. Para GB, Dios actúa como modelo de la acción transfinitante humana; el único a la altura, en cuanto causa final y formal, del tipo de dinamismo que la define: el transfinitador dialéctico o transustanciador. Por esta razón, "Dios" no gravita hacia nada empírico, sino que tira de ello y lo eleva hacia sí (poder dialéctico o antigravitatorio de lo ideal en estado transcendental). Pues bien, si existe alguna posibilidad de que el hombre realice ese ideal, sólo la acción técnica, en virtud de su estructura peculiar, será, según GB, el medio adecuado para conseguirlo.

En rigor, es la existencia humana el lugar en que los dominios vital y físico se juntan y repelen antonomásticamente; el paradigma de la lucha entre las tendencias ascendente y descendente del universo. La técnica, en cuanto realidad que es efecto (creación) del hombre (a imagen y semejanza suya) posee esta doble naturaleza resultando, de entre las acciones humanas, aquella en que convergen ambas tendencias de forma tan peculiar que resulta acción con poder para luchar eficaz, realmente, contra la entropía sirviéndose de ésta para remontarla creando novedades. Luego la técnica es acción humana que colabora con el poder creador de la Vida, de ahí que GB la conciba como ayuda o arma de salvación (sindéresis) de la Vida y de la transfinitud humana.

Pues bien, si el poder remontador de la técnica queda orientado y a servicio de la Vida en la realización del ideal Dios y, correlativamente, hacerse Dios conlleva la creación de un mundo nuevo, entonces es claro que estamos ante una concepción de la técnica como fenómeno netamente vital ("la Vida, de quien Inteligencia procede y la técnica deriva") de dimensiones antropo, cosmo y teogónicas7.

En virtud de lo dicho, formulemos ya otra propuesta: si la técnica es concebida por GB como instrumento a servicio de la Vida, la filosofía de la técnica, en cuanto trato explícito o teórico con la técnica, también lo será (función vital de las ideas). Por tanto: la filosofía de la técnica de GB es un órgano con el que se dota la Vida en su estado superior y del que se retira (formalización) para servirse de él como máquina con que ayudar a salir de apuros a la transfinitud.

Así, pues: la filosofía de la técnica de GB es órgano esclerotizado de la vida mental o superior y, por ello, susceptible de intrumentalización por ella misma convirtiéndola así en máquina a su servicio, es decir, con la que ayudarse a salir de las dificultades que le sobrevienen en su lucha contra su contrario esencial: el universo físico. O bien, GB concibe implícitamente la filosofía o reflexión dialéctica sobre la técnica como artefacto de tipo biomáquina a servicio del poder creador de la Vida; una biomáquina inventada para hacer frente a las dificultades que afectan a la Vida como consecuencia del poder alcanzado por la técnica actual, y de los sentimientos y actitudes humanos que surgen hacia ella. Filosofía de la técnica, pues, y no sólo la técnica, como sindéresis o arma bioartefactual de salvación de la Vida.

5- La dimensión práctico-vital de la filosofía dialéctica bacquiana de la técnica se complementa con otra de carácter práctico-social (marxista), que adopta como clave donadora de sentido el trabajo. En esto, GB está a tono con las tendencias modernas de pensamiento que no ven en el trabajo condenación alguna, sino instrumento de salvación del hombre por cuyo medio éste se apropia o participa de la acción divina a fin de hacerse un nuevo ser para sí y para el mundo. Esta dimensión es observable en la triple tarea que, como se verá seguidamente, nuestro autor demandaría más o menos implícitamente de una filosofía de la técnica.

En efecto, la reflexión filosófica de GB sobre de la técnica, en cuanto trabajo intelectual o espiritual productor de teoría, debería funcionar como artefacto-herramienta de la vida superior a servicio de la transfinitud vital. Con tal aspecto instrumental del filosofar, GB pretendería superar el defecto idealista o transcendentalista que, según él, arrastra el pensamiento occidental impidiéndole crear una filosofía a la altura de la técnica actual, es decir, capaz de advertir no sólo sus condiciones de posibilidad y su potencial sino también, y de forma temerosamente urgente, capaz de actuar como fuerza vectorial que oriente y corrija el rumbo de la transfinitud hacia su verdadera meta.

Para ser eficiente-eficaz, la filosofía, como toda fuerza vectorial, deberá encarnarse en una magnitud escalar adecuada, que en este caso resulta ser cierto tipo de artefactos (instituciones, valores, democracia, formas de trabajo dignas...) cuya función es mantener el rumbo del dinamismo de la transfinitud transfinitante, o corregirlo automáticamente si los diferentes peligros que acechan su viaje hacia el límite Dios lo desvían, evitando así su fracaso. Profundicemos ahora en las tres tareas aludidas de la filosofía de la técnica como labor práctica a la altura de los tiempos (actual):

a) Labor descubridora: descubrir la condición creadora del hombre; correlativamente, la inesencialidad de lo real y, por secuela, su grado de transformabilidad. Descubrírselo, además, advirtiendo que es la acción técnica, a causa de su hibridismo constitutivo (acción regida por causalidad física y guiada por modelos transcendentales) la única adecuada, en última instancia, para afrontar eficazmente la transformación de lo real: técnica como único instrumento capaz de suturar la escisión que sufre el universo en dos dominios (transcendental y empírico) ante la presencia del hombre, y hacerlo con ganancia para el tipo de transcendencia que lo constituye y define: la transfinitud transfinitante.

Sencillamente: filosofía de la técnica como instrumento de humanización del universo, puesto que su tarea descubridora prepara y contribuye a la toma de conciencia por parte del hombre de sus posibilidades como transfinito transfinitante y, en consecuencia, del papel de la técnica como única acción instrumental a la altura de semejante sujeto. Esta labor descubridora incluye necesariamente denunciar los diferentes peligros que amenazan el viaje-empresa hacia el límite Infinito-Dios.

b) Tarea cibernética: que los resultados de la filosofía de la técnica funjan como fuerza vectorial o rectora de las fuerzas reales que hacen "historia real". Esto es: que los resultados de la filosofía de la técnica sirvan para orientar y asistir al hombre en los problemas, debates y decisiones políticas, económicas, éticas..., que sobre ciencia, tecnología y sociedad, y como consecuencia del estado actual de ciencia y técnica, se le plantean urgente e ineludiblemente, permitiendo así a la filosofía participar de forma práctica (real-vectorial) en la producción de historia real. Poder orientador de las ideas: ideas como fuerza vectorial o ideas-guía (y de ser posible, ideas-fuerza8), tanto más necesarias en la actualidad por cuanto que, según GB, el hombre "actual" se juega su ser y el de todo lo demás de forma insólita en la historia como consecuencia del grado de eficacia y omnipresencia alcanzado ya por la tecnociencia. La ganancia de la apuesta: transustanciarse el hombre a sí mismo en Dios (humanizarse positivamente) y al universo en Tecnocosmos; de perder, la aniquilación de su ser y el de todo lo real. Así, pues, urge descubrir tanto las posibilidades como los peligros a fin de crear condiciones humanas en todo los dominios (vida material y espiritual, trabajo, economía...), que potencien y orienten adecuadamente, en lugar de comprometer, la marcha ascensional del transfinito humano.

c) Labor pedagógico-democrática o político-concienciadora: que los descubrimientos de la filosofía de la técnica sean el material con el que llenar la conciencia social e individual de las nuevas generaciones y de los que aún permanecen ignorantes en los tiempos actuales. Ello contribuiría, desde la perspectiva de GB, a que los miembros de la sociedad dejaran de sentirse alienados en un mundo tecnológico repleto de artefactos ante los cuales se siente amenazados sin ser capaces de valorar lo que de creatura suyas y a su servicio tienen.

Por todo lo dicho, el pensar bacquiano sobre la técnica es una filosofía rigurosa y práctica de la técnica: un factor generador de "historia real", resultando así meta-física o filosofía de transformación pues, no se olvide que, como se vio oportunamente, "el hecho fundamental" para la existencia de "historia real" es, según GB, la concienciación por parte del hombre de la inesencialidad de lo real, a la vez que la de su condición de creador.

Además, como se dijo en su momento, GB considera que la técnica, actualmente, sólo puede ser entendida como meta-física, y ésta como técnica.

Luego la filosofía de la técnica de GB, en cuanto actual, es: a) una filosofía de la metafísica o meta-metafísica9; b) una técnica ella misma y, por tanto, una metafísica, a la que denominaremos tecno-metafísica o tecno-filosofía. En cuanto tecnofilosofía, la filosofía de la técnica bacquiana es: b.1) acción estratégica (logos práctico: descubrir, concienciar y orientar) o tecno-logía metafísica; b.2) artefacto espiritual co-productor de efectos metafísicos: en este caso de historia real o metafísica.

Por tanto, como se dijo, la filosofía bacquiana de la técnica constituye una biomáquina creada por la vida superior (carácter artefactual), con que la Vida se dota para mantener firme el rumbo (aspecto estratégico o tecno-lógico de carácter cibernético o vectorial) de su transfinitud hacia el Infinito (aspecto metafísico-dialéctico).

6- A decir de Hegel, la verdad sólo está al final. Es ésta una afirmación común a todo pensar dialéctico, con independencia del matiz que presente. Lo abstracto es lo separado del todo, mientras que en conexión con la totalidad resulta concreto (concrescente, creciente), recibiendo de ella su sentido. Por tanto, si la verdad de la parte reside en el todo, pero hasta llegar al final no es posible saber la verdad, será imposible a prori estar seguro de la verdad de la parte. Por eso, como buen dialéctico, GB afirmará que sólo retrospectivamente es posible hallar el sentido, la verdad del proceso dialéctico. La filosofía, desde esta perspectiva idealista, resulta ave que levanta el vuelo al caer la noche.

Pero advierte GB que, desde categorías marxistas y pragmatistas, la verdad se descubre a sí misma actualmente como eficacia transustanciadora. Esto implica, correlativamente, descubrir lo real (humano o no) bajo la categoría de "material". Sin embargo, tal forma de desvelar lo real (verdad) es, como cualquier otra, y a pesar de su mayor capacidad transformadora del ser o eficacia, una interpretación o sentido emergido de sentimientos. Ahora bien, puede ensayarse poner dicha eficacia al servicio de la enmaterialización o realización de la idea "Dios". Para ello, el hombre deberá, con deber de necesidad impuesta por ley de creación ontológica, transustanciar toda la realidad en estado natural (la suya y la del universo físico) en riguroso "efecto": en "producto" o "tecnema", convirtiéndose él en Dueño y Señor de sí mismo y de todo lo demás como secuela de su condición de Creador. Ahora bien, si la verdad está al final, esto resulta especialmente cierto en el caso de que el hombre se proponga ser Dios, pues es posibilidad, según GB, que no admite pruebas racionales, ni a favor ni en contra (cuestión abierta), sino que por su condición de decisión metafísica únicamente admite solución experimental. Sólo poniendo a prueba tal decisión podrá saberse su verdad (éxito) o falsedad (fracaso).

Desde esta perspectiva, la filosofía de la técnica de GB posee racionalidad retrospectiva, nunca prospectiva (oracular, profética), de ahí que funcione como hermenéutica a posteriori. Tal hermenéutica extrae su clave interpretativa de los datos y teorías de la ciencia (especialmente de la física) en tanto que actividad intelectual ocupada en el significado, y de la filosofía como actividad intelectual que lo está en el sentido. Al someter lo empírico a la acción transcendental de ciencia y filosofía, tal compuesto exuda conceptos que posteriormente deben destilarse en categorías que actúen como propuestas de sentido.

En la hermenéutica bacquiana ciencia y poética, determinismo y esperanza, se dan cita dialéctica: lo físico aparece bajo la categoría de disponibilidad y transformabilidad; la transcendentalidad, bajo la de historia del espíritu como vida intelectual (creciente formalismo); por último, la vida consigue unir en el hombre los poderes de los dominios causal-físico y transcendental-mental en virtud de la conexión que se descubre entre formalismo, constructivismo y operacionalidad. Además, el hombre se descubre como transfinito transfinitante que, por su esencia, tiende irremediablemente al limite Infinito. Nada tiene de extraño, por tanto, que una vez creada la idea "Dios" decida encauzar todas sus energías y poderes doblemente transcendentes hacia la enmaterialización de tal idea, y que lo intente mediante la acción técnica en virtud de las especiales circunstancias que concurren en ésta, tal como tuvimos oportunidad de mostrar en el capítulo 2 de nuestro estudio.

Por ello, la filosofía de la técnica de GB resulta ser una hermenéutica del sentido de la vida humana y del universo, en la cual tecnociencia y mística quedan unidas sintéticamente en una visión alquímica de la realidad: un sentido o interpretación de lo real con efectos causales, tal que permite al hombre actuar eficazmente en la "transmutación" del universo y de sí10.

La hermenéutica concebida al modo bacquiano tendría como ventaja, frente a otras de carácter puramente transcendental, su eficacia para la transformación de lo real (carácter meta-físico tecno-lógico), resultando por ello operacionalmente verdadera mientras la razón vital (sentimientos, deseos, anhelos...) y la razón teórica (datos, teorías científicas...) no entren en flagrante contradicción, de ahí el interés de nuestro autor por compatibilizar ciencia y esperanza. Mas de su verdad definitiva, de la verdad total del proceso dialéctico así interpretado, sólo habrá constancia al final, es decir: cuando deje de ser interpretación vital o sentido surgido de sentimientos por haberse convertido en hecho artificial, esto es: en realidad objetiva de carácter artefactual exitoso por transustanciación del sentido en significado.

Se entiende, por tanto, que GB afirme de su propuesta que sólo es verificable o falsable por experimentación, por lo que su realidad, caso de tener éxito, precederá a su posibilidad, es decir, será auténtica creación o posición y, puesto que de algo que sea auténtica novedad nada puede saberse con certeza a priori, el primer sorprendido de lo que resulte será el propio hombre. Sólo si el hombre espera lo inesperado y contribuye en la medida de sus posibilidades a ese ansiado final podrá (con poder de posibilidad-probabilidad) sorprenderse a sí mismo en un estado del que únicamente puede decirse, en virtud de la fuerza de la dialéctica, que será estado inescindido, o re-ligado con su esencia; estado superior al primitivo u original.

Por otra parte, el pensamiento de GB sobre la técnica, en lo que de historia de la técnica tiene, no es un mero quehacer descriptivo, sino que pone en conexión los fenómenos o manifestaciones superficiales (tipos de técnica y artefactos) con la corriente profunda desde la que se explican (tipos de vida mental, actitudes y sentimientos), de modo que puede afirmarse que la filosofía de la técnica de GB es una filosofía de la historia de la técnica antropológicamente centrada, porque aunque es la Vida el sujeto último de acciones y pasiones (corriente profunda), sólo bajo forma humana se fenomeniza recibiendo su potenciación superior y adquiriendo autoconciencia. Universo-Vida y Dios como alfa y omega de un viaje de salvación que tiene como mediador al Hombre. Desde esta clave hay que entender la constante secularización de categorías teológicas que hace GB, tal como se ha ido advirtiendo a lo largo del estudio. Por tanto: la filosofía de la técnica de GB es una filosofía de la historia de la técnica de tipo hermenéutico-soteriológica. Y como se trata por su medio de contribuir al éxito de la empresa de ser Dios, a la vez que explicar-comprender el camino recorrido hasta llegar a esa re-conciliación o re-ligación del Hombre con Dios, tal filosofía de la técnica resulta ser una tecno-religión o, si se prefiere, tecno-mística.

Puede afirmarse, también, que si GB concibe la técnica como teogonía "actual" o momento de sobreparto divino causado artificialmente (sobrenaturalización de Dios), lo cual es evidente a estas alturas de nuestro estudio y, como afirma nuestro autor, sólo de lo artificial puede el hombre dar razón completa, nunca de lo natural, entonces la filosofía de la técnica de GB tendría carácter de teodicea o, cuando menos, de preludio de una teodicea "real-de-verdad" a surgir una vez que el hombre se encuentre siendo Dios y el universo Creación suya (Tecnocosmos).

La filosofía de la técnica de GB, pues, se nos descubre ahora, también, como una filosofía de la historia entendida como hermenéutica tecno-mística y hasta teodicea actual por haber sido la técnica, previamente, teogonía o teogénesis artificial.

7- El pensamiento de GB sobre la técnica debe quedar abierto a porvenir: su exposición no puede, por imposibilidad lógico-dialéctica, culminar en unas cuantas conclusiones con pretensiones de dogma. Todo lo dicho hasta aquí, desde la primera página, es ya pensamiento desvitalizado: vida intelectual cosificada y, por tanto, instrumentalizable. Y así pretendemos que sea nuestro estudio: huella fosilizada en letra de lo que una vez fue pensamiento viviente y, por ello, instrumento de incitación y orientación para que el del lector se anime a transitar por nuevos caminos en su reflexión sobre la técnica. Con ello, el instrumento queda a servicio de la vida intelectual, en lugar de oponerse a ella cosificándola en dogma y condenándola a tener sólo futuro. En este sentido, es posible afirmar que el pensamiento de GB sobre la técnica, por su dinámica interna, aleja de sí todo futuro y anhela vehementemente porvenir.

Desde esta perspectiva, la cuestión de la verdad en nuestro estudio, al igual que sucede en el filosofar de nuestro autor, pasa a segundo plano. Las afirmaciones y negaciones contenidas en él, tanto si son resultado de un exactísimo rigor lógico y, por ello, racionalmente demostrables, como si son de origen sentimental y, por tanto, sólo emotivamente verificables o falsables, todas ellas poseen la misma función dinamogénica: mover a pensar y, posteriormente, a actuar (teoría-praxis).

Por todo ello, nos sentiríamos satisfechos si con el presente estudio hubiésemos contribuido a considerar el pensamiento de GB sobre la técnica, con independencia del acuerdo o desacuerdo que suscite, como fuente viva de problemas, sorpresas, sugerencias, enfoques, relaciones, alternativas, provocaciones..., con los que fecundar el panorama filosófico nacional e internacional del filosofar sobre la técnica.

Así, pues, la filosofía de la técnica de GB, por estar a la altura de los tiempos (ser actual), resulta manantial de cuestiones y problemas actuales y desconcertantes, pudiendo ser calificada por ello de filosofía atómica.

8- Sin duda, la mejor manera de notar lo que de fermentario de ideas o apertura a posibilidades hay en la filosofía de la técnica de GB es confrontarla con otras ideas y categorías a fin de superarla evitando así su muerte por repetición. Nuestra exposición histórico-sistemática del pensamiento de GB sobre la técnica hasta la época marxista pretende ser una aportación inicial seria, de carácter básico, que contribuya, entre otras cosas, a posibilitar la citada labor crítica y a que ésta se lleve a cabo de forma rigurosa. La filosofía de la técnica de GB ha de ser objeto de una labor crítica. Con esta intención traemos las siguientes cuestiones11.

Advierte bien GB que fábrica y mercado no sólo se han convertido actualmente en el principal centro productor de bienes y de acceso a ellos respectivamente sino, sobre todo, en el plan rector con que, de forma predominante, se ha dotado desde el Renacimiento esa empresa-aventura que es el transfinito humano puesto a ser Dios. Se trata de un plan rector cuya racionalidad estructural se ha erigido en paradigma organizativo de todas las demás actividades humanas (política, sociedad...) en un intento por unir a la transformación de todo en dinero la eficacia en conseguirlo.

Si bien GB admite que la creación de un auténtico tecnocosmos no es posible bajo condiciones artesanales de producción sino de división del trabajo del tipo especialización industrial, denuncia en cambio al capitalismo por cuanto que siendo ya un modo de producción de tipo industrial lo es de forma que perdividiendo el trabajo descuartiza al trabajador en favor del producto, sirviéndose para ello de la tecnociencia (tecnología). Añádase a lo anterior que ni la eficacia de los procesos productivos tecnológicos (racionalización de la producción) ni sus productos son puestos al servicio de la humanidad sino de capitalista y del capital, es decir, del dinero y de su poseedor.

Al considerar el beneficio social desde esta única perspectiva, la humanidad queda descubierta a los ojos del capitalista como un recurso más a explotar eficazmente para que el sistema económico funcione, ampliando así su dominio de lo "mihifacto". Este trato cosificante o deshumanizante también afecta al capitalista, pues aunque por la acción mihifactiva haga suyas las creaciones sobrenaturales del hombre en cambio, por lo que de natural tiene tal acción apropiativa, permanece en estado de hombre natural.

Por este hecho, la disponibilidad de la humanidad (Hombre) para ser Dios en virtud de su potencia de transfinitud suprema, al quedar apropiada por el capitalista y reducida a mera capacidad para generar dinero, condena al genero humano al estado de mero material económico en sus manos, es decir, a ser masa o rebaño a la que se compra-anula su condición creadora a cambio de dinero (forma legitimada de alienación antropológica antes que económica) con el que acceder al disfrute de todo un mundo de artefactos que, hechos por y para el mercado con afán de mercancía antes que como valores de uso, oculta la auténtica dimensión transcendente de la técnica y del dominio por ella fundado12.

El "mundo artificial" queda rebajado así a "mundo artificioso" y los artefactos, por sofisticados que sean, descienden a la categoría de cacharrería para comerciar, quedando la especie humana escindida en dos tipos de hombre (clases): los poseedores y los desposeídos, mas en ambos casos alienados en su condición de sujetos creadores plenamente sobrenaturales.

Para evitar que eso suceda, GB propone como única solución el trabajo técnica y socialmente organizado pues, como se vio oportunamente, según nuestro autor para el advenimiento de Sociedad basta trabajar en condiciones humanas, es decir, respetuosas con la condición creadora y transfinitante del hombre creador-trabajador13. Pero la exclusiva confianza en la acción instrumental, aun siendo ésta de tipo transustanciador, y aconteciendo en un contexto antropológico y socio-económico respetuoso con la dignidad del hombre creador, nos parece excesiva e injustificada.

Si la concepción bacquiana de la acción instrumental en tanto que acción transustanciadora de toda la especie humana parece evitar el pecado transteológico de ponerla a servicio de una clase dominante con las consecuencias antropológicas que ello conlleva, consideramos sin embargo que la filosofía de la técnica de GB no contempla suficientemente la acción comunicativa o dimensión dialógica como mecanismo de control democrático sobre una técnica potencialmente negativa para el proceso transfinitador14. Tal dimensión no aparece nítidamente en la filosofía bacquiana de la técnica, por lo que no se plantea explícitamente en ella la participación del individuo (social o no) en el debate sobre ciencia, tecnología y sociedad en tanto que usuario de tecno-ciencia y sujeto paciente de sus efectos a todos los niveles. Este hecho queda especialmente de manifiesto en su forma de concebir el nuevo tipo de conciencia social que demanda el mundo artificial actual, así como el tipo de pedagogía acorde al caso.

En efecto, dicha conciencia social parece cumplir en su filosofía una función meramente adaptativa carente de cualquier dimensión crítica para con la técnica y lo artificial, produciendo la impresión de que el encauzamiento social de la técnica actuase como mecanismo corrector automático suficiente ante cualquier problema relacionado con la creación, uso y expansión de la técnica.

Al hilo de lo anterior, sorprende igualmente que en el proyecto pedagógico bacquiano la enseñanza de las matemáticas ocupe un lugar de privilegio en el advenimiento de dicha conciencia, mientras que la historia, la única disciplina humanística y, por tanto, con función básicamente crítica, vea reducida dicha tarea a mantener la guardia ante el naturalismo en cualquiera de sus manifestaciones (antropológica, económica, religiosa, laboral...), debiendo consistir su principal labor, en cuanto disciplina, en mostrar al hombre su condición histórica de técnico o inventor, la de lo real-natural como material para sus inventos y el carácter simbólico de sus artefactos, en los que debe aprender a verse reflejado como lo que es: creador.

Este hecho, sin embargo, resulta tanto más paradójico si se considera la importancia que nuestro autor concede al advenimiento de una nueva moral capaz de regular correctamente los procesos tecnológicos actuales, así como la llamada a la responsabilidad social y política y su defensa de la democracia, todo ello con fundamento en la libertad de pensamiento.

La propuesta bacquiana de colaboración usuario-creador, o emprendedor-colaborador, se encuadrada dentro de su apelación al diálogo como parte de la condición ontológica del hombre como ser colectivo (hablarnos, oirnos, vernos...) y siempre dentro del contexto de la acción instrumental: diálogo práctico o hacer-nos frente al mero decir-nos (idealismo). Tal propuesta, sin embargo, nos parece excesivamente rígida, poco desarrollada y menos vertebrada, por lo que no puede aspirar a erigirse en solución viable al tema que nos ocupa, aunque bien pudiera serlo como referencia para la apertura de su pensamiento a la dimensión dialógica a condición de profundizar en ella desde nuevas categorías, evitando así en lo posible la sospecha de tecnocracia o tecno-despotismo ilustrado que pudiera planear sobre su filosofía de la técnica (aspecto ingenieril radical de la misma)15.

Ante preguntas como: quién decide qué se investiga y qué no; qué inventos sacar al mercado y qué patentes se archivan; con qué intenciones se hace todo ello y qué efectos tiene tal actuación sobre la sociedad, nada parece aportar explícitamente la filosofía de la técnica de GB, que carece de propuestas concretas en lo que respecta a la necesidad de elaborar códigos morales y legales, deontologías y derechos humanos de tercera generación, es decir, demandados por las novísimas situaciones generadas para la dignidad humana por la tecnociencia, y de las que los medios de comunicación sociales se hacen eco a diario en virtud de la rapidez con que se producen las noticias en este terreno; nada sobre si esas regulaciones deben quedar en manos del sector privado, de instancias políticas estatales, parlamentarias o sociales de algún tipo.

Esta carencia se mitiga en parte si se considera la importante función que GB otorga a su reflexión sobre la técnica como llamada de atención sobre la complejidad y profundidad del fenómeno técnico y sobre la condición creadora y transfinitante del hombre, pues considera que con ello contribuye a su concienciación (talante ilustrado) y, por su medio, decisivamente a la construcción de la "historia real", es decir, de manera básica o estructural, ayudando a reorientar eficazmente la lucha por la dignidad del hombre creador o técnico. Desde esta perspectiva hay que valorar la ética concreta o de bienes (popular) propuesta por GB en cierto momento de su andadura filosófico-vital, posteriormente repensada bajo categorías de pragmatismo marxista. Pero esta postura no consiste tanto en propuestas concretas como en un marco general para la acción (praxis), aunque sin caer en formalismos (o al menos eso pretende nuestro autor).

Si por una parte GB considera que la tecnociencia actual, dada la magnitud de su proyecto y designio (tanto en general: transustanciación del hombre en Dios y del universo en Tecnocosmos; como en particular: viajes espaciales, transmutaciones atómicas, ingeniería genética...), posee carácter de empresa planificada que sólo es posible sacar adelante colectivamente, tal idea en cambio no aparece suficientemente vertebrada y desarrollada en su pensamiento, a pesar de sus esfuerzos por definir Sociedad. Esto se debe, a nuestro juicio, a la carencia de una auténtica dimensión dialogal o interpersonal en su proyecto filosófico, lo cual resulta punto de gravedad a tenor de la magnitud de las pretensiones y, por tanto, de los posibles riesgos, de semejante empresa.

Con todo, esta carencia encontraría cierta razón de ser si se considera que ante la situación de la tecnociencia actual GB parece considerar más urgente dar forma a la llamada de atención o labor concienciadora sobre ciertos aspectos metafísicos y antropológicos involucrados en y por aquélla antes que detenerse en consideraciones de otra índole.

En relación con la cuestión precedente, surge esta otra: si bien GB se muestra respetuoso con los sentidos que otros pueblos y culturas dan a lo real, criticando en consecuencia toda idea y técnica societarias, uniformistas y arrasadoras de las diferencias culturales, por su nocividad para la Vida en tanto que destructoras de la variedad y novedad con que ésta expresa su poder creador bajo forma humana, debiera mostrar, por lo mismo, igual respeto por los tipos de vida mental y técnicas isomorfas con esa variedad de culturas y pueblos humanos. Tal cosa, sin embargo, no parece suceder en realidad o, cuando menos, no aparece suficientemente encajada con el hecho de que para nuestro autor sólo la técnica tecnemática o sobrenatural merezca ser investigada, difundida y aplicada, de manera que llegue el momento en que nadie se sienta extraño y extrañado en Tecnocosmos.

La postura bacquiana tiene aspecto cientifista, toda vez que nuestro autor parece considerar el modelo tecno-científico actual como la forma superior de expresión universal de las potencialidades humanas y, por tanto, también universalmente deseable y extensible como paradigma de la acción humana transformadora. Es ésta una consideración en la que parecen coincidir tanto el capitalismo o neoliberalismo como el marxismo, que ven en la tecnociencia actual la plasmación de un proceso evolutivo de carácter universal que actúa, además, como variable independiente. El problema aparece, y es lo que ya no admite GB, cuando tecnociencia y economía se aunan de tal modo que la sabiduría del experto y la legitimación del gobernante son juzgadas exclusivamente por su capacidad para potenciar, o al menos sostener, el crecimiento económico dentro de ciertos parámetros considerados aceptables. Esto sería la consecuencia de considerar que dicho crecimiento económico es lo único capaz de producir beneficio social, que lo produce de forma automática y que dicho beneficio social sólo existe cuando puede cuantificarse de algún modo en dinero. Con esta idea como trasfondo no debe resultar fácil considerar en serio que el beneficio resida en la transustanciación del hombre en Dios, excepto para vender artefactos, como lo demuestran ciertos esloganes publicitarios que han proliferado en los últimos años.

Para quien defienda el reduccionismo ilimitado de la calidad a la cantidad y el sometimiento de la ciencia y técnica a la economía, cualquier cuestionamiento de la validez del modelo tecnocientífico actual como fuente de progreso humano será indeseable y pernicioso. Así, en la medida en que el científico (cientifismo) y el político (economicismo) rechacen tal cuestionamiento calificándolo de intromisión inaceptable por parte de dominios ajenos al debate especializado en tecnociencia y economía, tales como el religioso, el antropológico, el ético..., estarán ambos evidenciando su oposición a una filosofía de la técnica de corte humanista o crítico para con la tecnología y, por tanto, su adscripción a otra de talante ingenieril donde ciencia y economía quedan co-implicadas no sólo por razones de intereses dinerarios comunes (tecnociencia desarrolla economía-economía impulsa investigación tecnocientífica) sino, fundamentalmente, por compartir una base operativa común de la que surge su eficacia: la cuantificación o formalización matemática de toda cualidad, resultando derivado el que dicho cuantificacionismo tome forma suprema en la reducción potenciada de carácter economicista o dinerario.

Pues bien, en virtud del carácter sintético o integrador que, como hemos demostrado, posee la filosofía de la técnica de GB (básicamente: ingenieril y de las humanidades), la tensión que la constituye se resuelve en una filosofía de la técnica de corte crítico social en el que la crítica al capitalismo forma parte de otra más amplia contra cualquier forma de naturalismo e idealismo, pero mantiene la idea de que la tecnociencia es el único camino para el progreso humano. Por esta razón, bastaría con cambiar las condiciones antropológicas y económico-sociales del trabajo para que éste pudiera dar de sí todo su poder en cuanto actividad creadora. Tal es la postura de GB. En ella se pone de manifiesto algo apuntado con anterioridad: la consideración de la tecnociencia como variable independiente respecto de cualquier otro proceso, incluido el económico, tanto en el comunismo como en el capitalismo o neoliberalismo, y de ahí la posibilidad que advierte GB de su instrumentalización o uso herramental en cuanto proyecto común a ambos sistemas (hacer del hombre Dios) pero divergente en el designio, el cual depende de una decisión metafísica de origen sentimental y, derivadamente, racional. Es este un tema en el que la filosofía de la técnica de GB pone de manifiesto con nitidez su vertiente ingenieril (aspecto cuantificacional) de eficacia y de racionalidad y la humanista (decisiones metafísicas a partir de motivos o sentimientos, en especial los de divinización o contacto con lo sagrado).

Pues bien, teniendo en cuenta lo anterior, la pregunta es: )cómo evitar que la estructura de la técnica supernatural o transustanciadora no sea también arrasadora de la diversidad cultural humana en aras de la transformación universal del Hombre en Dios y del universo en tecnocosmos? )Es suficientemente respetuosa la idea bacquiana de construir un Supersujeto artificial humano (Sociedad) dotado de técnica supernatural con la decisión de algún grupo humano de reconquistar su identidad escindida mediante la potenciación de técnicas menos beligerantes y más amorosas con lo natural, en lugar de afanarse en la separación de vida y naturaleza mediante artefactos y actitudes violentas, belicosas, contra lo natural? De otro modo: )es suficiente reconducir socialmente (comunismo) lo que GB denomina "colosalismo" de la técnica moderna para evitar el efecto "megamáquina" denunciado por Mumford y, en consecuencia, la deshumanización del hombre y la destrucción de su variedad cultural por una técnica que con designio capitalista o neoliberal parece perseguir conscientemente o no? )Es método único o, por el contrario, cabe alguna otra alternativa al comunismo como acción liberadora de la tentación o "pecado transteológico" que es el capitalismo? Más aún: )no será el comunismo propuesto por GB como solución más de lo mismo bajo aspecto diferente?

A nuestro juicio, la postura de GB, así como su contradicción interna apuntada, son el resultado necesario de tener que optar obligatoriamente ante el dilema que se le plantea sin remedio en su pensamiento como consecuencia de un par de ideas básicas que forman parte de su sistema filosófico desde el principio, tal como descubrimos en su momento: por un lado el universo presiona al hombre desde múltiples frentes; por otro, la técnica, surgida como defensa eficaz contra esa presión, avanza imparable como consecuencia de su conexión esencial con transfinitud humana.

Ante la situación generada por esta perspectiva, tan inútil será oponerse a la técnica (conservacionismo o ecologismo radical) como intentar ignorarla (Heidegger, misticismos tradicionales, orientalismo...), pues en ambos casos el hombre haría dejación de su peculiar esencia en favor de la tendencia descendente del universo. No menos imposible resultaría intentar armonizar técnica y naturaleza16, alternativa insostenible para GB por cuanto que la naturaleza tiende a infiltrarse en la técnica bajo formas sutiles (ley de los grandes números, repetición...) logrando imponerse a la corriente ascendente del universo en su forma suprema: la transcendencia humana, acabando en última instancia con la Vida.

Tampoco sería viable dejar la técnica en manos exclusivamente de la racionalidad científica, pues la tendencia racionalista atacada por su peculiar frenesí acaba favoreciendo, tal como se vio, al determinismo del universo físico en contra del poder creador de la Vida. Por tanto, no queda sino hacer de la necesidad virtud y afrontando el hecho de lo implacable de la técnica, al par que su imprescindibilidad como escudo-arma de la Vida con que evitar la agresión del universo, utilizar su poder desespecificador, y por tanto deshominizador, para hacer que el hombre deje de ser hombre, mas hombre natural y, a la vez, usar su poder creador, y por tanto humanizador, para crear un nuevo tipo de ser a partir del hombre natural, es decir, para sobrenaturalizar o re-crear al hombre sobrenaturalmente (artificializarlo). No quedaría más remedio, por tanto, que acabar con lo natural para salvar a la Vida, rompiendo su cordón umbilical con el universo e insertándola (cambio de cuerpo) en un dominio artificial-artefactual o mundo técnico de tipo Tecnocosmos. Desde esta perspectiva, que es la de GB, cualquier otra alternativa a este posicionamiento significaría, de un modo u otro, la muerte del hombre y de la Vida a manos del universo.

En consecuencia, el respeto por las diferentes culturas y técnicas no pasará de ser un gesto magnífico de democracia pero, en rigor, puramente estético, es decir, ineficaz como instrumento de salvación de la Vida y, por tanto, falso por avocar a la transfinitud humana, por acción u omisión, irremediablemente a la muerte. En este sentido, podría afirmarse que tal alternativa entraría en la categoría bacquiana de "pecado transteológico".

Así, pues, la mundialización del proceso tecnológico occidental con exclusión de cualquier otra forma tecnológica, a pesar de la reconducción social de su designio, resulta consustancial a la filosofía de la técnica de GB y ello no por afán imperialista del autor, sino por necesidad o imperativo ontológico que ha de transmutarse en virtud. Advertimos cierto fatalismo en el planteamiento bacquiano al otorgar a la categoría de porvenir, tan cara por otra parte a su sistema filosófico, las siguiente posibilidades: vencer por tecnociencia antinatural socialmente reorientada; sucumbir ante el avance de lo natural (en esta posibilidad se encontraría el híbrido tecnociencia-capitalismo); sucumbir de forma irreversible por fracaso o sorpresa negativa en el proceso de tecnificación a pesar de estar bien encauzado su designio. Dos contra uno a favor de la tendencia descendente del universo.

Lo dicho nos permite comprender mejor la insistencia de GB en los aspectos metafísico y antropológico de la técnica antes que en otros, así como en la necesidad de construir un tecnocosmos o mundo artificial donde la vida humana, para morar a la altura de su dignidad específica, ontológica y metafísica, deba hacer que todo rastro del ser en estado natural desaparezca. Tal planteamiento fuerza implícita y necesariamente a GB, en contra de su voluntad expresa de respeto a la diversidad vital de culturas, a hacer de la tecnociencia el modelo universal, único (exclusivista) y actual de interpretación o donación de sentido vital a lo real, y ello como consecuencia de su mayor eficacia para imponerse a lo natural en favor de la Vida. El tono vital de las obras que constituyen la última etapa del pensamiento bacquiano (1980-1992), caracterizada por su arrebatada defensa de la tecnociencia, es la consecuencia lógica de lo que se acaba de decir17.

Pues bien, si esto es así, entonces )hasta qué punto admite esta postura bacquiana un debate abierto a todos los agentes sociales (y esto incluye tanto a individuos como sociedades y culturas) implicados en la producción y uso de una técnica cuya presencia y consecuencias en todos los órdenes se extienden creciente y aceleradamente por todo el planeta? )restringe la crítica social a poner en solfa el modelo capitalista en cuanto contexto inadecuado para la acción creadora técnica sin admitirla, en cambio, cuando se trata de cuestionar los problemas derivados exclusivamente de la aplicación del modelo tecnocientífico? O, caso de admitirla, )la labor crítica habría de quedar en manos de los especialistas, técnicos e ingenieros? )Contempla la existencia de tecnologías alternativas respetuosas con el medio ambiente como una fase del proceso de transustanciación, o ve en ellas la claudicación de la transfinitud humana ante los límites de lo natural en lugar de un reto para su poder? En definitiva, )hasta qué punto es compatible la concepción bacquiana de la técnica con un ethos ecológico18?

Cuestiones abiertas todas ellas, y algunas más que se dirán, que son otros tantos retos lanzados a y por la filosofía de la técnica de GB; retos que claman por desembocar en una filosofía crítica de carácter integral u holísta (crítica económica, cultural, social, epistemológica, psicológica, ética...) de la técnica.

En relación con lo anterior, hay que notar que la filosofía de la técnica de GB, si bien respetuosa con la vida, carece sin embargo de cualquier sensibilidad para los problemas medio ambientales generados por el progreso tecnológico, si por respeto al medio ambiente se entiende respeto a lo natural o conservacionismo. Podría parecer que nuestro autor ignorase algo por otra parte evidente: que capitalismo y comunismo coinciden en su capacidad para deteriorar el medio ambiente en grados y formas alarmantes (colapso ecológico) por las consecuencias que en diversos órdenes ello comporta, incluso desde la perspectiva antropológica transfinitadora19.

No creemos, sin embargo, que esta ausencia deba atribuirse a la ignorancia por parte del autor de datos y sucesos en relación al tema, sino a una cuestión interna a su sistema: la separación radical entre vida y naturaleza, de modo que GB acierta muy bien a ver que capitalismo y comunismo coinciden en el proyecto transustanciador, debiendo alterar profundamente para ello el estado natural de cualquier realidad, por lo que, en este sentido, ambos sirven a la transfinitud aunque el comunismo lo haga mejor por su designio, opuesto al del capitalismo, ya que siendo respetuoso con la vida permite, sin embargo, reducir la dosis de naturalismo.

Pero, una vez más, )es suficiente orientar (designio) la sobrenaturalidad y el colosalismo de la técnica actual desde un sistema antropológico y socioeconómico comunista para evitar los problemas indicados? )Cómo los evita, si es que puede hacerlo, una técnica propia del Hombre que lo sea ya de forma práctica y tienda a serlo aún positivamente? Nada dice GB a este respecto en sus escritos, limitándose a constatar y potenciar la posibilidad, y es factum de la técnica, de que la vida no necesita cuerpos naturales para realizar sus funciones, pudiendo ejecutarlas de manera incluso más eficaz en cuerpos artificiales20.

Consideramos que es el carácter dialéctico del pensamiento bacquiano lo que permite a nuestro autor proponer como solución, en coherencia y respeto con su proyecto transustanciador de universo y hombre, una síntesis de dos posturas aparentemente irreconciliables: una, de corte ingenieril: la de huida hacia delante confiando en que la técnica será capaz de resolver con más técnica los problemas que ella misma genera; la otra, de marcado talante humanista: precaución como actitud, aunque no tanto frente a la técnica en sí como ante ésta por amplificadora de males exógenos. He aquí una nueva fuente de problemas y posibilidades suscitados por la paradójica filosofía bacquiana de la técnica, que explicitamente advierte de la insuficiencia de las meras soluciones técnicas para los problemas generados por la técnica actual21.

Otro aspecto interesante consistiría en confrontar la filosofía de la técnica bacquiana con una sociología del conocimiento y actividad científicos a fin de corregir lo que parece una concepción ingenua de GB acerca de la actividad científica y de las actitudes de los científicos, a los que llega a calificar como santos del siglo XX; concepción que contrasta, sin embargo, con sus profundísimos conocimientos epistemológicos y su gran preocupación por la dimensión social de ciencia y técnica, la cual desemboca en una crítica feroz al capitalismo. Demasiada ingenuidad, a nuestro juicio, para un sistema con tantas pretensiones como el bacquiano.

Otra cuestión: si bien en la etapa marxista GB destaca el papel que el naciente capitalismo juega desde el Renacimiento en el impulso científico y técnico, y su incremento a raíz de la Revolución Industrial, la perspectiva onto-antropológica desde la que nuestro autor realiza sus análisis relega a un segundo plano la dimensión político-económica, de manera que desde el marxismo ortodoxo su filosofía de la técnica podría ser vista con recelo y llegar a ser tachada de idealista, en especial si se considera el énfasis que pone en todas las etapas de su pensamiento sobre la conexión causal entre el proceso creciente de formalización de la vida mental y el progreso científico-técnico (aumento de la eficacia).

A nuestro juicio, este hecho se debe al interés de GB por el aspecto transustanciador de la filosofía de Marx y las posibilidades que en ella ve nuestro autor desde su condición de filósofo sentimentalmente llamado a una transcendencia mística de carácter actual o tecnocientífico o, en término por él empleado en cierto momento puntual de su trayectoria intelectual, sentido español, aunque actualizado (principalmente, con el pragmatismo, el existencialismo, el vitalismo, la ciencia (en especial la física cuántica) y el marxismo) de su filosofar. Desde esta clave se entiende, como se vio en su momento, que GB se distancie, incluso explícitamente, de los enfoques marxistas que de la filosofía de Marx suelen hacerse por considerarlos afectados de reduccionismo economicista empobrecedor del semillero de posibilidades que en punto a la dimensión creadora del hombre constituye la filosofía del autor de Tréveris.

Desde esta perspectiva, se explica la relectura crítica del filósofo alemán que realiza nuestro autor lejos de enfoques de corte protestante o luteranos más o menos larvados; GB entronca, en cambio, con la tradición católica, tal como ha quedado demostrado en numerosas ocasiones a lo largo de nuestro estudio. Así, la reducción de la condición creadora del hombre (cualidad) a la de productor de mercancías-dinero (cantidad) encuentra su origen, según GB, en el deslumbramiento (envanecimiento) que sufre la razón a raíz de la constatación galileana de que lo natural (cualidad) está escrito en caracteres matemáticos (cantidad) y de la eficacia que se sigue de este descubrimiento para la acción instrumental.

Este hecho, por el frenesí de las tendencias, desemboca en una crisis de sentido para la cultura occidental al quedar separado lo que en la Ilustración iba unido, al menos en intenciones: razón teórica (ciencia), razón instrumental (eficacia) y razón práctica o sustantiva (la vida humana como bien común a cuyo servicio quedaban la razón teórica e instrumental). El racionalismo, o frenesí de la razón, considera como cúspide de la vida humana al individuo natural (yo), el cual se embriaga con el poder que revela la cuantificación de lo real, viviente o no. GB, consciente del peligro que supone para la vida que el poder técnico, en especial el que posee el hombre actualmente en virtud de la ciencia-racionalidad que le sirve de base, pueda albergar proyectos transustanciadores sin un designio a la altura de los mismos (designios naturalistas para proyectos que son ya sobrenaturales), propone uno en que se unan sintéticamente el tirón o atracción que lo sagrado posee para la esencia humana (sobrenaturalidad) con el factum de la técnica actual, es decir, con la mostración de que lo real no tiene esencia y la eficacia del formalismo matemático para dominarlo. Nada, pues, de cifrar el éxito de la tecnociencia en el beneficio y progreso económicos, sino en la sobrenaturalización del hombre y del universo (aspecto tecno-místico).

En relación con lo anterior, otra cuestión a debate es también, sin duda, la problemática caracterización positiva que GB hace del concepto-categoría "Dios" en tanto que Designio del proyecto transustanciador humano. )Qué sucedería si alguien considerase como paradigma de perfección o anhelo máximo humano una idea-categoría que fuese el antivalor de "Dios" elevándolo en consecuencia a causa final y formal del dinamismo transfinitador? Por otra parte, su concepción de una mística actual frente a la tradicional, así como su crítica a la teología al uso no podrán por menos que suscitar la controversia en determinados sectores que encontrarán, sin duda, material más que suficiente en la obra bacquiana para ensayar su capacidad crítica.

Otro problema suscitado por su filosofía de la técnica es el concerniente a su concepción de la historia de la técnica. GB observa, a la luz de su hermenéutica, una ruptura epistemológico-vital entre el mundo griego y medieval por una parte (epistemología esencialista o naturalista), y el romano, renacentista, moderno y actual por otra (proceso de formalización creciente), en virtud de la cual considerará que la técnica de nuestros tiempos (la supernatural) no puede ser puesta en relación genética con la griega (de la que la medieval sería ápice, es decir, tope histórico, fin y final, de las posibilidades inherentes a la técnica griega empapada de naturalismo) sino, remotamente, con la romana, poseedora de un temple vital diverso (gens romana). El mundo medieval, sin embargo, habría aportado algo que la filosofía occidental no supo aprovechar debido a su borrachera racionalista: la posibilidad de vida sobrenatural, incluso para Dios mismo, así como el sacramento de la transustanciación eucarística. La tecnociencia actual, si bien no reconoce más límite que el Infinito el cual, como se vio, no resulta en rigor limitación, está sin embargo enferma de racionalismo.

Así, pues, dos líneas evolutivas encuentra GB en la técnica o vida práctico-instrumental surgidas de sendas líneas en la vida intelectual; una sólo con futuro y sin porvenir a causa de su naturalismo constitutivo (greco-medieval); la otra, sin futuro y plena de porvenir a causa de la combinación de formalismo y creatividad que la caracteriza. Esta última, sin embargo, de no remediarse, está abocada a morir prematuramente antes de dar de sí todo su potencial a causa de su afección racionalista. Lo que GB pretende es potenciar las posibilidades de la tecnociencia actual desde la aportación católico-escolástica-medieval convenientemente actualizada (secularizada) a la luz de la física y biología actuales, de manera que se abra una tercera vía en que mística y tecnociencia se unan sintéticamente; vía que surge como reconducción de la segunda22.

Pues bien, )hasta qué punto es sostenible la ordenación o sistematización que hace GB de la evolución de la historia de la técnica con los conocimientos actuales que desde otras perspectivas existen en este campo?

Por último, )es la vía propuesta por nuestro autor, en definitiva: su filosofía de la técnica, el producto de una locura o exceso de imaginación resultado de alguna manía personal y de tal calibre que, tiñendo todo su quehacer filosófico, hace de él algo impropio de la consideración rigurosa del mundo académico, o resulta por contra vislumbre preclaro, precursor, de lo que será (o ya está siendo) la dinámica de la tecnociencia y, por tanto, cuestión a considerar seriamente por dicho ámbito oficial debiendo para ello, si fuese preciso, introducir cambios en su estructura y propósitos a fin de ponerse a la altura de las actuales circunstancias? En definitiva, temas, todos ellos y más que puedan encontrarse, con los que la filosofía de la técnica de GB debe confrontarse; cuestiones abiertas que retan a una filosofía que desea presentarse ante nosotros con las notas distintivas de actual y atómica (desconcertante).

9- A modo de síntesis conclusiva de este trabajo podría afirmarse lo siguiente:

Si GB concibe la técnica actual exclusivamente en términos de metafísica y viceversa, y si, como afirmamos, su pensar sobre la técnica constituye una filosofía rigurosa (dialéctica), íntegra e integradora de la técnica, entonces su filosofía de la técnica será una reflexión rigurosa, íntegra e íntegradora sobre metafísica. Tal filosofía de la técnica viene caracterizada:

a) Por su condición metafísico-artefactual o instrumental-transustanciadora de carácter biocibernético;

b) Por su condición hermenéutico-salvífica o tecno-mística desde la que adquiere sentido definido y definitivo la dimensión biocibernética;

c) Por su carácter heurístico o investigador-explicativo de lo que su autor considera proceso histórico de antropo-teogénesis (o antropo-teogonía) artificial y, por tanto, de tecno-antropología y tecno-teodicea, es decir: de tecnofilosofía de la historia.

Todo ello hace del pensamiento bacquiano sobre la técnica una filosofía de la técnica cuya peculiaridad radica en ser síntesis original de distintos elementos pertenecientes a las diferentes, y hasta opuestas, tradiciones de la filosofía de la tecnología. Por ello, la filosofía bacquiana de la técnica:

a) Es aspirante de pleno derecho al título de "precursora";

b) Puede ser propuesta como filosofía actual de la técnica, pero siempre de forma dialéctica, nunca dogmática, esto es: b.1.) tética o positivamente, como aporte original de ideas y dimensiones; b.2.) antitética o negativamente, como conjunto de problemas suscitados por ciertas ausencias, debilidades y tensiones internas de su sistema los cuales, lejos de invalidarlo, invitan a su superación.

Por todo lo expuesto, es posible afirmar que la reflexión de García Bacca sobre la técnica constituye una síntesis de las tradiciones occidentales de la filosofía de la técnica pues:

11- Coincide con la tradición humanista de la filosofía de la técnica en su carácter de hermenéutica del sentido de la técnica desde una perspectiva transtecnológica, la cual considera imprescindible como vía de acceso a dimensiones fundamentales constitutivas del carácter enigmático de la pregunta por el hombre. También en la búsqueda de vínculos entre la técnica, lo humano y lo extrahumano; entre la técnica y el arte, la literatura, la religión, la ética o la política a fin de resaltar la importancia de lo no tecnológico.

Se distancia de ella, en cambio, por considerar que la relación del sentido común con el conocimiento tecnológico no es base suficiente para comprender el sentido de la técnica, precisándose uno de tipo científico e ingenieril, y que ocuparse en los complejos y diversos detalles de la técnica y sus procesos no oscurece su conexión con temas y problemas humanos sino que, al contrario, permite el redimensionamiento de éstos desde una perspectiva actual.

21- Coincide con la tradición ingenieril en considerar la estructura de lo tecno-artificial como paradigma vertebrador de la estructura de otras acciones humanas con el que dotarlas de poder transformador causal sobre lo real mental o físico. Coincide también en su tendencia a traducir los diferentes lenguajes en que se expresan las distintas disciplinas humanistas a otro de carácter formal y artefactualista más próximo al ingenieril y, por último, en defender y promover el incremento y extensión de la conciencia tecnológica.

Discrepa con ella, sin embargo, al considerar que el sentido de la técnica es un problema correctamente planteado, no resultando perturbadoras ni incongruentes las cuestiones formuladas por los humanistas sino que, por el contrario, éstas recogen aspectos fundamentales de la existencia humana que evidencian la dimensión transcendente de la técnica.

31- La reflexión bacquiana sobre la técnica comparte con la tradición de la Teoría Crítica de corte marxista su preocupación por el contexto socioeconómico en que acontece la acción técnica, acometiendo su crítica con el propósito de evitar que el progreso histórico, basado en ella, se resienta.

Se distancia de ella en la medida en que su pensamiento escapa intencionadamente de adscripción a escuela alguna y reivindica una lectura crítica, renovada y heterodoxa, del pensamiento de Marx.

En definitiva, la reflexión de García Bacca sobre la técnica incluye análisis relativos a la estructura de lo artificial técnico; diferencias entre lo técnico y lo artístico; distinciones conceptuales entre tipos de artefactos, instrumentos y máquinas; historia de la técnica; reflexiones sobre la invención, el diseño y la producción; cuestiones epistemológicas; consideraciones ontológicas de los entes naturales frente a los artificiales; aspectos éticos, políticos, antropológicos, teológicos, hermenéuticos, etc., así como una reflexión sobre los peligros y límites de la técnica. Tal labor tiene lugar, además, en una atmósfera crítica, incluso provocadora, esencial en el filosofar bacquiano; filosofar interesado, antes que en soluciones, en su apertura a dimensiones actuales y, por ello, novedosas y desconcertantes.

Por todo lo anterior, concluimos que la reflexión bacquiana sobre la técnica posee un neto carácter filosófico, a la vez que contiene todos los elementos necesarios para su consideración como síntesis original de las tres tradiciones de la filosofía de la técnica, razón por la cual dicha reflexión constituye una contribución relevante a la tarea pendiente de la filosofía de la técnica. Así, pues, podemos afirmar que la filosofía de la técnica de Juan David García Bacca merece el calificativo de "precursora" y su autor, quizá, el de "primer filósofo de la era atómica".


1 IFAM, 119.

2 Temple que, sin merma del rigor racional, científico, con que nuestro autor desarrolla los temas que trata, los abre a dimensiones poéticas, metafóricas o parabólicas (Cf ILF, 17). En definitiva, de lógica de la identidad a lógica dialéctica, a creación o por-venir. Tono de incitación a pensar que llega, en ocasiones, a provocación calculada o insulto (Cf vg., prólogo a ET) para mentes atrapadas en el juego de la lógica formal donde la negación en potencia par deja las cosas tal cual, es decir, sin historia.

3 Preferimos emplear el término "precursor" antes que el de "fundador", según se apuntó ya en la Introducción General, atendiendo a una observación que GB hacía respecto del pensamiento de Marx, y tal como se vio durante el estudio, al advertir que éste no condenó a la humanidad a ser comunista, tal como pretenden algunos de sus intérpretes y seguidores. Observación, por otra parte, de la que C. Beorlegui se hace eco y que da pie a nuestro distingo: "García Bacca es plenamente consciente de que con Marx no está dicha la última palabra, (...). Marx era bien consciente de sus limitaciones históricas. Los que parecen no tenerlo en cuenta son muchos de sus seguidores que lo convierten de precursor (única cosa a la que aspiraba Marx) en fundador, haciendo del mismo un dogma y no un método dialéctico de investigación y praxis" (BEORLEGUI, C.: "El pensamiento de Juan David García Bacca, un filósofo navarro desconocido". Príncipe de Viana, Año VI, n1 6 (1986), p. 237). Lo mismo puede aplicarse al filosofar de nuestro autor.

4 Por este aspecto estratégico, el radicalismo pro-tecnológico de GB es, por lo que se ha dicho en el capítulo dedicado a peligros y límites de la técnica, perfectamente compatible con lo que afirma Winner cuando dice: "Estoy convencido de que cualquier filosofía que se precie de ese nombre alguna vez debe preguntar: )Cómo podemos limitar la tecnología moderna de manera que se equipare con nuestro sentido de quiénes somos y qué clase de mundo nos gustaría construir?" (WINNER, L.: La ballena y el reactor. Barcelona 1987, Gedisa, p. 13).

5 "La filosofía de la tecnología como disciplina es el resultado de una progresiva toma de conciencia sobre la dimensión central de la tecnología como nueva realidad ontológica, como base del mundo en el que vivimos, y como estructura de dicho mundo: nos encontramos ya sumergidos en una realidad tecnológica" (TEZANOS TORTAJADA, J. F.; LOPEZ PELAEZ, A. (eds.): Ciencia, tecnología y sociedad. Madrid 1997, Sistema, p. 278). Según esto, la filosofía de GB no sólo sería "de la tecnología", sino, como se argumentó en su momento, "de la técnica", pues su reflexión no sólo se ocupa de la nueva situación ontológica (recuérdese la tesis de Ramón Fernández-Lomana apuntada al comienzo de nuestro estudio: técnica científica como horizonte para una nueva visión del ser) a la que aboca la tecnología actual, sino del papel de la técnica en la historia (génesis y progreso) del hombre y mundo, frente a los animales y el universo.

6 La verdad de lo afirmado se hace especialmente patente en los escritos pertenecientes a la última etapa de su pensamiento (1980-1992).

7 Decimos "gónicas" y no "génicas", porque tal nacimiento no se hace sin esfuerzo titánico o lucha (agonía), en que algo debe perderse (morir) para renacer en nuevo y más poderoso, exaltado o sublimado, estado (categoría hegeliana de rejuvenecimiento, clave de la tradición hermética y esotérico-salvífica occidental).

8 Este aspecto explicaría el hecho de que en algunas obras de GB, en especial entre las pertenecientes a su última etapa (1980-1992) aparezcan los intentos de su autor por dar formulación matemática a conceptos e ideas filosóficos, aumentando así su formalismo y, por tanto, su operacionalidad o eficacia para el dominio de lo real-natural.

9 Preferimos este término al de "meta-técnica", a fin de no interferir con el sentido que éste vocablo posee en Mayz Vallenilla; sentido cargado de inquietantes posibilidades tras las que no es difícil adivinar su deuda para con GB (Mayz Vallenilla, E.: Fundamentos de la meta-técnica. Barcelona 1993, Gedisa.)

10 La expresión "transmutación total" empleada por GB equivale a la de "transubstanciación" (Cf NGFC, 410-411) y es, a nuestro juicio, la fórmula que mejor evidencia y condensa el carácter alquímico del pensamiento de nuestro autor, al que se a hecho alusión en diferentes momentos del presente estudio. Recuérdese, además, la afirmación de GB, según la cual, "Toda la realidad se está transustanciando a manos y por virtud del hombre, el gran agente catalizador y autocatalizador del universo" (PPPMM, 123).

11 Nuestro intento se suma a los que en este mismo sentido tanto C. Beorlegui como I. Izuzquiza realizan al final de sus obras: García Bacca. La audacia de un pensar, y El proyecto filosófico de Juan David García Bacca, respectivamente.

12 Siguiendo a J. L. Aranguren, J. Conill dice que el peor mal de la crisis moral actual "consiste en la desmoralización producida a cambio del bienestar material, logrado por la cultura tecnológica"; "la civilización tecnológica ha favorecido la desmoralización al sofocar el sentido moral bajo los impulsos por el consumo, el éxito y la imagen" (CONILL, J.: "El enigma del animal fantástico. Bases para una antropología y ética de la técnica". Revista de Filosofía (México) n1 67 (1990) pp. 120-121). Una cultura o civilización tecnológica cuya característica, según Ortega, es la de ser una "sociedad de consumo y del bienestar, donde se educa para la producción y el consumo" (o.c. 120).

13 Tras esta postura bacquiana parecen atisbarse las sombras de varios filósofos: que la técnica sea la primera fuerza productiva en las sociedades desarrolladas y que aunque regida por leyes propias que amenazan con dominar al hombre es posible controlarla poniéndola al servicio de la humanización y emancipación social evitando así su destrucción inevitable cuando la técnica desarrolla su actividad bajo condiciones capitalistas (Marx); que la sociedad comunista no es sino una sociedad tecnocrática avanzada que advendrá necesariamente como consecuencia del desarrollo de las fuerzas productivas bajo el sistema capitalista, y de ahí el empeño típico del comunismo en considerar el desarrollo industrial y tecnológico como preludio del socialismo, de modo que hipostatizando la metodología de las ciencias naturales llega a equipararse al socialismo con la planificación tecnológica de la sociedad (Engels); que una nueva etapa histórica no puede comenzar antes de haber madurado completamente la anterior (Hegel). Para más detalles sobre este punto y su crítica desde la Teoría Crítica de la Sociedad, Cf ESTRADA, J. A.: "Crítica a la sociedad tecnocrática". Estudios Filosóficos (Valladolid) n1 101 (1987) pp. 115-119; 124-140.

14 Esta ausencia de una auténtica dimensión dialógica en la filosofía de GB ha sido puesta de manifiesto por C. Beorlegui, aunque desde una perspectiva comunicativa interpersonal que incluye el trato con Dios (Cf BEORLEGUI, C.: "El panteísmo antropológico de J. D. García Bacca". Religión y cultura, XXXIX (1993) 551-552 y 554-555).

15 En Tres ejercicios literario-filosóficos de dialéctica, obra publicada en 1983, pero prologada en Quito, en Marzo de 1980, es posible encontrar un intento de vertebración, desde categorías dialécticas y en orden a su proyecto transustanciador de la especie humana natural en supersujeto bioartificial o Sociedad, de los conceptos sociológicos de rol, posición y estatus y, por tanto, de las relaciones sociales. Con este escrito se refuerza nuestra impresión de que el orden social en el sistema bacquiano se establece preferentemente mediante criterios tecnocráticos de racionalización de la producción, aunque entendiendo por "producción" la capacidad creadora o inventora acompañada del funcionamiento o éxito de los inventos (criterio cualitativo), frente a una concepción meramente cuantitativa o fabril. Esto es acorde con la idea marxista, y comunista en general, de un orden estricto que toma como base la labor de cada individuo dentro del todo social atendiendo a sus capacidades. También sería compatible con el modelo artefactual de subordinación de piezas al total que es la máquina, y con el organicista de subordinación de las partes u órganos al todo que es el viviente. Si esto es así, resulta evidente que la dimensión dialógica puede quedar eliminada de entrada por el punto de partida que el individuo ocupe en el diálogo como consecuencia de su función cotidiana en la sociedad (su especialización), cuando tal aspecto funciona como criterio de verdad con el que juzgar lo que el individuo dice con independencia de otras consideraciones. En este caso, se corre el riesgo de caer en una fórmula moderna, tecnocrática, de argumento de autoridad al invalidar cualquier intervención de cualquier interlocutor no especialista por el mero hecho de no serlo. Con ello, las condiciones ideales de diálogo, ya de por sí difíciles de establecer, resultan radicalmente afectadas verticalizando el debate social y haciendo imposible la participación real y, en consecuencia, el entendimiento y consenso perseguidos con la participación de todas las partes. En tal caso, no sólo se habría extrapolado el modelo profesional (entre especialistas) de debate al ámbito de la vida social (ámbito no especializado, por principio, pero no por ello menos afectado por las decisiones de los especialistas), sino que incluso se habrían establecido para éste condiciones que ni siquiera se exigen plenamente en aquél, dando toda la impresión de que la intención última perseguida con tal proceder es hurtar el debate a la sociedad para dejar las decisiones en manos de los técnicos y, por tanto, a merced de los intereses que ellos representen, que pueden coincidir o no con los sociales, cayendo así en lo que álguien ha denominado "síndrome Nemo", es decir: resultando tal coincidencia algo fortuíto, no racional, y ello como consecuencia de la tendencia del tecnócrata a separar tajantemente en la acción tecnológica entre fines y medios pensando que es posible lograr una imagen racional del desarrollo técnico sin atender a problemas relativos a los fines, que no son sino un impedimento para la eficacia deseada (Cf LIZ, M.; VAZQUEZ, M.: "El síndrome Nemo y otros problemas de la Filosofía de la Tecnología". Arbor (Madrid) n1 533 (1990) pp. 31- 47). La tendencia ingenieril de esta postura queda clara en algo que denuncia Horkheimer en su crítica a la razón instrumental y que GB también detecta aunque para integrarla como parte de su sistema en un intento de superación dialéctica: el antihumanismo o cosificación del hombre que provoca tal racionalidad en virtud de su predilección por las máquinas y las matemáticas, considerando que es posible discutir sobre los medios sin tener que preguntarse sobre los fines, de modo que es la sociedad la que ha de someterse a los requerimientos de la ciencia y de la técnica y no a la inversa, lo cual produce un efecto legitimador de las ideologías conservadoras en virtud del positivismo dominante tras dicha postura, pues como todo lo inverificable carece de sentido la dimensión ético-utópica debe desaparecer en favor del pragmatismo característico del tecnócrata, que glorifica la actividad, la planificación y la eficacia (Cf ESTRADA, J. A., o. c. pp. 110-113).

16 Esta es la actitud que, adoptada mayoritariamente en la actualidad por diferentes discursos (político, comercial, pedagógico, científico, religioso...), resulta fácil de transmitir y entender a la sociedad, pero lo es en tanto que reacción sentimental provocada ante catástrofes puntuales generadas por los procesos tecnológicos modernos, más que como propuesta sincera de actuación. Así lo demuestra el hecho de que su eficacia sea puesta en entredicho por todas las partes cuando se hace alusión a la posibilidad de que tal aceptación implique rebaja o renuncia en el grado de comodidad y en la generación de beneficios económicos.

17 En esta etapa final del pensamiento bacquiano sobre la técnica, la dimensión dialogal parece definitivamente arrinconada en favor de la eficacia de los procesos tecnocientíficos socialmente organizados. En este sentido, podría rastrearse en su postura algo de lo que F. Duque dice cuando afirma que "La institución (...) de sociedades tecnocientíficas dentro del propio aparato estatal (ya sea un estado de clases o de castas) diluye toda posibilidad de encuentros de hombres con otros hombres en el ambiente en el que, y desde el que, podrían realizar su vida cotidiana, apacigua los deseos en nombre de la parsoniana affective neutrality e impide el acaecer propicio (Er-eignis) del diálogo. Encuentros, deseos, diálogo son, de nuevo, restos (Abfälle) de la naturaleza, ahora considerada como interior" (DUQUE, F.: Filosofía de la técnica de la naturaleza. Madrid 1986, Tecnos, p. 13). El diálogo que, como se vio oportunamente, era considerado por GB invento del naciente tipo vital encarnado por Sócrates, y que valora como pilar fundamental en la construcción de Sociedad, parece quedar relegado a una dimensión racionalista autolegitimadora del discurso científico-técnico, suprimiendo del mismo el aspecto sentimental presente en todo encuentro profundamente humano. Así, pues, más que ausencia de dimensión dialogal, lo que hay en GB es un énfasis, cada vez más pronunciado, en el aspecto comunicativo meramente racional, y así, con F. Duque podríamos afirmar que se "exige ahora del individuo que aplaste (zerquetscht) sus pulsiones internas, su "animalidad primitiva": su pasado natural, en suma, en nombre de la sociedad civil" (id. sup.). Por lo dicho, Duque adopta una posición crítica: "estamos hartos de grandes palabras, de tantas vacías mayúsculas derrochadas, en el Este como en el Oeste. Pues también en occidente se nos augura un futuro del hombre como realización (Verwirklichung: acción efectiva, y eficiente) de la libertad. Y también aquí encontramos dominación y opresión (Herrschaft)" (o.c. 12-13).

18 Tomamos la expresión de Fernando Velasco. Se trata de un planteamiento que pretende sintetizar el respeto por la naturaleza con el progreso científico-técnico de modo que tomando al hombre como ápice axiológico éste debe comportarse responsablemente con su entorno medio-ambiental natural y humano, físico y psíquico (carácter holístico), a fin de no perecer él mismo. Para ello propone una praxis dialógica regida por valores y actitudes tales como la tolerancia, coraje cívico, solidaridad, autocrítica, participación, racionalidad, pacifismo, preparación, realismo, coherencia, de modo que se evite caer tanto en ecologismos radicales de corte apocalíptico predicadores de la vuelta al pasado como en tecnocratismos racionalistas antihumanistas aficionados a huir del doloroso presente hacia futuros fascinantes donde todo será solucionado por la técnica. Sobre esto Cf VELASCO, F.: "Aproximación al ethos ecológico". Diálogo Filosófico n1 9 (1987) pp. 308-323. En esta línea puede consultarse con provecho obras como: La responsabilidad del hombre ante la naturaleza (Ecología y tradiciones en Occidente), de John Passmore; Filosofía de la técnica de la naturaleza (Félix Duque); Luchar por la esperanza (Petra Kelly); Lo pequeño es hermoso (Schumacher); Tecnología alternativa (David Dickson); La ballena y el reactor (Langdon Winner); Los nuevos redentores (José Sanmartin); El principio de responsabilidad (Hans Jonas); o artículos como "El enigma del animal fantástico. Bases para una antropología y ética de la técnica", de Jesús Conill Sancho; "De la razón ecologista y los derechos de los pueblos", de Nicolas M. Sosa. Para la referencia bibliográfica completa de éstas y otras obras sobre la misma problemática, fácilmente identificables por sus títulos, véase la bibliografía consultada durante la elaboración del presente estudio, que traemos al final del mismo.

19 Consideramos adecuada la observación de F. Duque, cuando dice: "Si atendemos al producto elaborado como dotado de un valor nuevo (mercancía), olvidando el trabajo humano en él incardinado, caemos en el fetichismo de la mercancía. Pero, y esto parecen no haberlo visto ni Hegel ni Marx, si olvidamos que tanto el trabajo humano como la supuesta cáscara material que lo envuelve (producto) son posibilitados por el proceso de invención (división natural), que expresa, no la libertad o el arbitrio del Hombre, sino la necesidad natural de restañar un desequilibrio, caemos entonces en el fetichismo del Espíritu o del Hombre Nuevo. Y la naturaleza, es decir, el delicado juego de interacción entre pulsiones naturales (satisfacción individual y reproducción), recursos y riquezas (distribución de los productos) se desequilibra, y conduce a la extinción, a la vez, del medio físico y del grupo social (colapso ecológico)" (DUQUE, F.: Filosofía de la técnica de la naturaleza. Madrid 1986, Tecnos, p. 47).

20 Paradójicamente, hay quien ha tachado esta postura de idealista: "Lo que el pensamiento occidental parece haber olvidado (incluido el marxismo, a pesar de tantas protestas de "materialismo") es que sociedad y naturaleza se sostienen a la vez, y que el advenimiento de una sociedad más justa (si acaso lo fuera una sociedad sin clases, p. e. ), no puede hacerse a costa de la naturaleza, como si esta fuera algo externo al hombre y sin valor de suyo. Es profundamente idealista (en el peor sentido de la expresión) considerar las cosas, o como meros productos de la acción del hombre (y cuyo único valor consistiría en esa encapsulación), o como reserva material disponible para el trabajo futuro" (DUQUE, F. o.c. 47-48). En este sentido, Duque cita expresamente a Heidegger y GB, a los que cataloga dentro de aquellos que, por separar radicalmente naturaleza y hombre, caminan "en derechura al elogio de la técnica, e. d. al elogio de la lucha del Hombre contra la naturaleza"; al "Triunfo absoluto de una técnica tan voluntariosa como antinatural", lo cual no es sino "una continuación anacrónica de la creencia en el Progreso", que califica de "ingenuidad" (Cf o.c. 22-23).

21 Como se vio en su momento, GB considera que los problemas actuales generados por el abuso de ciencia y técnica no se solucionan con más técnica. En este sentido propone una solución moral en la línea de la que J. Ellul aconsejará con posterioridad, como se demostró en el capítulo 1. Desde múltiples tradiciones se llama la atención sobre el hecho de que los problemas generados por el corazón del hombre (E. Fromm) no se solucionan simplemente con técnica: "No se trata de una cuestión puramente política o tecnológica. Es más bien de esencia espiritual, en el sentido de que deberíamos ser más sensibles a nuestra común condición humana" (TENZIN GYATSO (XIV Dalai Lama): "La Paz Mundial", Integral (Barcelona) n1 83 (1986), p. 4).

22 A este respecto véase vg. "Física moderna y misticismo", de K. Woorward y G. Lubenow, en Ecofilosofías; El Tao de la física, de Fritjof Capra; Cuestiones cuánticas (escritos místicos de los físicos más famosos del mundo), recopilación de K. Wilber. Para referencias completas consultar la bibliografía que traemos al final del presente estudio.