Por esta razón, no tememos afirmar que creemos comprender plenamente la gama de sentimientos que debieron asaltar a C. Beorlegui cuando escribió: "Durante más de cuatro años he dedicado mis mejores horas a enfrentarme con sus abundantísimos escritos, y he podido comprobar su fácil y elegante pluma, y su fina y penetrante capacidad de comprender y exponer ideas de los autores más dispares, junto con su extraordinaria capacidad creadora e imaginativa" (BEORLEGUI, C.: "El pensamiento de Juan David García Bacca, un filósofo navarro desconocido". Príncipe de Viana, año VI, n1 6 (1986), p. 239). En nuestro caso, las mejores horas lo han sido de ocho años.