6.3.2.2. Hombre primero: historia y técnica naturalista

En el estado de "humanamente animal" o "simplemente humano" se ingresa por el hecho de "despertar", es decir, adquirir conciencia de lo que se es o hace (conciencia reflexiva), y es paso que, en virtud del proceso implicado, resulta siempre colectivista o socializador:

"hombre no es cada uno de nosotros, por tener ojos y ojear..., órganos prensiles y coger, inteligencia y pensar...; por sólo eso no pasaríamos de primates. Hombre es cada uno por ser hombres: por ver y ser vistos, y ver que vemos lo visible, ver un mundo visto y que vemos que vemos todos, cada uno de los cuales ve por ser visto; y lo visto es visto porque todos lo ven; (...) que un hombre no es Hombre hasta que vemos, oímos, entendemos, trabajamos...; lo cual no es tan sólo un fisiológico estar despiertos, sino estar despiertos a ser Hombre. Si un hombre se quedara solo en este mundo llegaría a perder hasta la memoria de haber sido hombre entre hombres, volvería a primate; y no vería lo que ve ahora ni pensaría como entiende ahora. Mas estas últimas secuelas caerían en robinsonada, si no tuviéramos el dato del estado de sueño, frente al estado de vigilia. Es, pues, el paso del estado de sueño (y ensueños) al de vigilia paso metafísico y acontecimiento metafísico. Es el paso de hombre precisamente a hombre que es Hombre. Al mundo común; y, por común real..." (M, 352-353).

"Que nos veamos, hablemos, oigamos... en cuanto hombres, es un invento, creación, novedad en ser, precedido todo ello por una fase de ojearnos, gruñirnos, orejearnos, olfatearnos, manosearnos... como animales racionales naturales -no aún como animales racionales, de humanizadas animalidad y racionalidad con pujos de Hombre" (IFAM, 159). Por esta razón, el mero hecho del "despertar" humano resulta un acontecimiento cargado de transcendencia1; no un mero suceso fisiológico, pues en ese mismo momento el universo queda coajustado y elevado a "Mundo", es decir:

"quedará repartido, coajustado y refundido al vernos, oírnos, entendernos..., al estar despiertos -que despierto es estado colectivo, propiamente de nosotros, y sólo mantenible en vilo por nosotros: por vista (colectiva), por oído (colectivo), por entendimiento (colectivo)... Lo demás son robinsonadas. Robinson, lo somos, cada uno, al dormir y al soñar; y Robinson sólo es posible como durmiente y soñante. (...) Despertar, pues, es un fenómeno (no un aparencial) metafísico: se despierta uno a ser nosotros: a ver, a vernos, ver que vemos lo visible; a entender, a entendernos, a entender que entendemos lo inteligible... E inteligible, visible..., nosotros, es estado nuevo, original y cualitativamente diverso del natural; y se pasa por salto del uno al otro, por trans y plus ultra, a una transcendencia no previamente existente, sino constituida y surgiente ante y por virtud de nuestra vista, de nuestro entendimiento..." (M, 352).

Y así: "Cada uno no podemos ser hombre sino siendo Hombres: el Hombre es Hombres. Y El Hombre, Hombres, reparten las cosas entre los estados de ser y de ente: por vista, oído, entendimiento, manos...; y no por ojos, oídos, pensamiento, órganos prensiles... que, por sólo ello, ni siquiera cada uno es hombre. Y si insistimos en llamarlo así, llamémoslo hombre en estado natural que es el hombre durmiente y soñante" (M, 353).

Frente al animalmente humano, que sólo está en universo, es decir, a merced de los procesos físicos, fisiológicos, biológicos..., el hombre humanamente animal posee ya "mundo", mas de tipo "mundo natural":

"el mundo natural (...) es, realmente, constituido por el humanamente animal, es decir: por el hombre que está siendo Hombre, por los Hombres; lo humano es, todavía, modo de animal, casi adjetivo o adverbio de animal. Las manos del Hombre casi no han pasado de su fase animal de órganos prensiles; y sus ideas, del estado de ensueños, de mitos, de fábulas; y en tal estado -de duermevela, sueño...-, recaemos aún con regularidad (...) los Hombres, los humanamente animales. (...). Hay, pues, una capa del mundo -filosófico, moral, económico, social,...-, proveniente de esa fase de humanamente animal o simplemente humano del hombre, una mínima humanización de lo natural por ser el mismo hombre naturalmente humano" (M, 354).

Este "comienzo" lo es también del "hombre primero", estado en que se pone el "primitivo" cuando toma conciencia de su distinción con el animal y se comporta de modo distinto a él: "El hombre primero o primer hombre es cualquier hombre en la medida en que deje de estar siendo, de buenas a primeras, de bruces, creatura de la naturaleza, se recobre de creatura y se haga distinto de ella, mostrando tal su distinción por servirse de ella para sus fines, resultando o surgiendo así a ser Señor de lo natural" (ET, 74).

No basta, pues, saberse distinto, sino que ha de hacerse, además, distinto; ha de potenciar o cultivar esa propiedad humana con la que ya se encuentra siendo por naturaleza y que, un buen día, descubrió sorpresivamente: la propiedad de estar siendo distinto de los animales. Por tanto, ha de comportarse (potenciación), por decisión, como distinto de los animales2. Hallazgo, pues, de primera magnitud; de tanta como pueda serlo la transformación de alma en espíritu: "del animal racional, elevado, por seipsecreación, a espíritu" (IFAM, 85)3. Mas espíritu incipiente, cargado aún de contenidos naturales4, por lo que más que "objetos" posee "perceptos", que es la forma inicial de "diferencias impuestas, aislamiento forzado", resultando así el hombre "conocedor en estado de percipiente"5.

Pues bien, dice GB: "La primera transformación que sufrió, y con la que se inaugura la historia, consistió en pasar la naturaleza de Señora a sierva del hombre -entró a servir al hombre" (ET, 84). De otro modo: el hombre tiene "Mundo" por vez primera, mas mundo transcendente, y no sólo transcendental: "Mundo o conjunto coherente de cosas naturales convertidas -en parte, por culpa de su inocente exhibicionismo- en criados y criadas del hombre, en "servicio" doméstico, constituye el primer acontecimiento histórico; y el hombre natural, por virtud de él, asciende a ser primer hombre -por primera vez hombre" (ET, 84).

Por vez primera, pues, el hombre cultiva su distinción, su transcendencia, de modo que ya deja de ser "primitivo" y genera "mundo". Por vez primera "El universo -el conjunto de cosas en sí mismas o unidas por leyes para un cualquiera, ninguna privilegiada- está ya amueblado para el hombre, y cada cosa se definirá como especial mueble" (ET, 84), lo cual significa que las cosas entran en un contexto diferente del natural o "escenario", y que tal contexto viene dado por las nuevas condiciones, leyes y conexiones que el hombre impone a las cosas y a sí mismo cuando se sirve de ellas para sus fines6. El uso instrumental, pues, hace de los seres enseres y crea con ellos un mundo en que habitar como en casa propia. En definitiva: "primera humanización del universo -de hombres y cosas" (ET, 85).

Por otra parte, si por el proceso implicado en la conciencia reflexiva o capacidad de epojé todo es puesto en estado colectivo (universal), surgiendo una relación peculiar entre los elementos y el Todo, con el propio hombre también sucede lo mismo, y por ello dirá GB que en el estado de "simplemente humano" u "hombre primero", cada hombre es un "particular" que se encuentra en estado de "especie humana"7; "En la primera fase de la historia del hombre cada hombre es uno; mas sólo uno de tantos o, cuando más, un Excelentísimo Don Nadie (...). En la primera, la cosificación es máxima -en hombre y universo" (IFAM 188-189).

En este sentido dirá: "Animal político o ciudadano es definición de hombre, en cuanto inventor de ese coto cerrado que es ciudad, dentro del cual los hombres se ven y ven que se ven; hablan y se hablan; oyen y se escuchan; piensan y se entienden; y un grupo de cosas los mira sin verlos. (...) En la segunda [fase], cada hombre es uno de ese Todo, finito y definido, que es Ciudad, frente a todo el resto del Universo -que es lo más- respecto del cual uno de tantos es aún una de tantas cosas. (...) En la segunda, crece notablemente la descosificación del hombre; imperceptiblemente, la del universo" (IFAM, 188-189). Correlativamente, "El hombre es, de natural, animal racional; por invento, por novedad en ser, hácese animal político" (IFAM, 184). Esto es:

"Novedad que no puede surgir con sólo que uno de los interventores sea cosa o se halle o se ponga en estado de cosa -así entre la más fina y perspicaz de las inteligencias, y los numeros, figuras, ideas. El animal racional puede serlo perfectamente en eso de racional: mas no ascenderá, por novedad, a político, hasta que invente el dialogar"; "Ciudad, definida, frente a campo abierto, por ese invento que son las murallas -definición o límites de doble vertiente: interna o externa- y desarticulada por dentro según esotros inventos de calles, plazas, templos, acrópolis, casas, palacios, jardines, prisiones... es, sin duda, lugar propicio para que salte esa novedad en ser que es el diálogo -el reconocimiento, frente al simple conocimiento entre cosas animadas y raciocinantes. En el campo natural, virgen de ciudades, los hombres se ven, se oyen, se increpan...; en ciudad, nos vemos, nos oímos, nos entendemos, nos hablamos..." (IFAM, 183)8.

Dos tipos de hombre, por tanto. Y respecto de la técnica: "La técnica peculiar o distintiva del primer hombre o del mundo humano merece el título de técnica naturalista" (ET, 85). Obsérvese que dice GB "Naturalista", y no "naturalizada"9 y, puesto que no son lo mismo, podemos preguntarnos: )si el hombre primitivo no tiene técnica, y la de tipo naturalista es del hombre primero, con qué tipo de hombre resulta isomorfa la técnica naturalizada? Por lo dicho, o lo es de un tipo de hombre superior al primero o, si no, ha de haber un tipo intermedio entre el primitivo y el primero; un tipo de hombre que, por serlo, sepa que se sirve de las cosas y, por tanto, se sabe ser distinto del animal, pero no se hace distinto de él al quedarse en el "primer paso" o simple descubrimiento sin potenciación posterior. De ahí que GB diga, como se verá, que lo definidor de la técnica naturalizada es el "hallazgo básico". En cambio, del "segundo paso" es propio el "hallazgo", tal como dijo.

Nos encontramos, pues, con que según GB la "historia" surge con la técnica naturalista y con el primer hombre, no con el hombre primitivo, y así se entiende que diga nuestro autor: "La naturaleza -radiaciones, vibraciones del aire, ideas...- comienzan a tener historia real, historia humana, a la una y en virtud de resurgir el hombre natural a Hombre, a Hombres"; "Es suficientemente claro que, a medida y por virtud de cada avance de hombre a El Hombre, a los Hombres, surgirá una nueva naturaleza; lo visto, lo oído, lo entendido, lo producido... -por horda, familia, ciudadano, obrero, proletario...-, son, realmente -no metafórica o fantasmagóricamente-, algo nuevo: mundos nuevos de hombre nuevo" (M, 353).

Y en otra obra: "la historia es propiamente por los hallazgos e inventos del hombre, en todos los órdenes: religioso, militar, técnico, moral, político, científico" (IFAM, 71-72), de modo que ponen a lo natural, que sólo tiene presente, pasado y futuro, en estado de pretérito y porvenir, y sin ellos, en lo que ambos tienen de invento o creación, "se revirtiera al estado natural, desaparecería la historia: la estela del hombre creador, caminante, en el mar del ser" (o.c. 73).

En lo dicho se observa una contradicción: si el hombre primero es el que funda la historia, y su técnica propia es la naturalista, la cual entra en la categoría englobante de técnica natural, de la cual sin embargo dice que no tiene "quantum de historia", y se sostiene que lo dicho por el autor tiene algún sentido a la vez que nuestra interpretación de su pensamiento es correcta, entonces )qué quiere decir en el fondo?

Todo lo anterior cobra sentido y pierde su contradicción si se considera la distinción que hace en CSFA entre historia en estado prehistórico e historia en estado propiamente histórico, resultando que sólo desde el Renacimiento comienza a surgir la historia propiamente tal, al comenzar el hombre a hacerse Creador dejando de ser, como se verá, "simple Señor".

Según esto, "técnica naturalista", en lo que tenga de natural, fundará historia en fase prehistórica y, por tanto, historia de hallazgos o "siervos". Esto explica la paradoja apuntada en su momento de que de instrumentos claramente fabricados por el hombre para servirse de ellos GB dijera que no habían sido "hechos para"10.

Así, pues, tanto los hallazgos básicos, definidores de técnica naturalizada, como los instrumentos más complejos de la técnica naturalista, no tienen, en rigor, categoría de "enseres" o "cosas que el hombre ha inventado, ha producido justa y precisamente para que le sirvan" (ET, 81), y de ahí que GB los coloque en la categoría de "siervos", y no de "creaturas": "Mas todos estos siervos, no creaturas, son siervos o servidores con peculio, es decir, en terminología técnica, con "esencia", con "naturaleza", y tal peculio o propiedad privada inalienable, por mucho que desee lo contrario un simple Señor, restringe la técnica a lo que, sin hacer novelas deductivas, fue efectivamente desde los griegos, por los romanos y medievales hasta el Renacimiento: Mundo de siervos de un Señor. Universo humanizado según y por la correlación "siervo-Señor"" (ET, 97).

Por tanto, dos niveles de hallazgo aparecen también en Elogio de la técnica, aunque no explícitamente, y es su conjunto el definidor de una técnica "natural" o, si se prefiere la sinécdoque: "naturalista". Técnica natural es siempre, por tanto, y esta es su limitación, incluso en fase "naturalista", contradicción dialéctica, pero limitada, infecunda. Y lo es tanto en la fase de "primer paso del proceso dialéctico" por el que "el hombre deja de ser natural; y no deja que lo natural sea su ser naturalmente" (ET, 83); fase de "el más sencillo uso a servicio del hombre" (ET, 32), tal cual "el sencillísimo y multimillonario acto de beber" (ET, 82), como en fase de inventor de telescopios, galeras... a servicio de órganos e intenciones naturales. Lo natural limita la potencia dialéctica de la técnica y no permite la fundación de historia en estado propiamente dialéctico. Así, pues, los artefactos pertenecientes a una "técnica, en el fondo predominantemente natural", no producen, en rigor historia: "no hay historia"; mas historia en estado histórico.

En este sentido hay que entenderlo cuando vg., dice: "Los descendientes inmediatos de Noé (...) no hicieron ni ciencia, ni técnica, ni tecnología, ni filosofía. Así hasta el Renacimiento (...). Ante la Autoridad sintió el hombre respeto y vergüenza, hasta el Renacimiento. A partir de él, la autoridad no podrá pasar de respetable, y aun ese valor tendrá que ganárselo y lo poseerá en vilo" (ET, 26-27). Más aún: "Newton y Aristóteles, Lagrange y Tomás de Aquino, Carnot y Galileo... son individuos pertenecientes a diferentes especies del mismo género próximo: naturalismo teológico, científico, técnico..." (ET, 37).

Como consecuencia de lo dicho, "hombre primero" es término que engloba tanto al hombre sujeto de "hallazgos básicos", como al que en otro capítulo sentábamos como "individuo", pues todos esos tipos vitales tienen en común, a pesar de las diferencias, el hecho de que el hombre no pasa de ser en ningún caso "simple Señor" de esos "siervos" que lo son a servicio de fines naturales y con esencia, es decir, que no dejan de serlo por complejos que sean, tal como telescopio galileano, una nave romana o un galeón. La humanización se mantiene en la fase dialéctica de siervo-señor, no aún de creatura-Creador.

La función que el hombre se asigna a sí mismo en este estado es, como se verá mejor más adelante, la de "fenomenólogo" o, en el mejor de los casos, la de "fenomenólogo activo", pues no considera planes ni proyectos transformadores de verdad pasando a segundo plano el interés por la aplicación práctica de lo descubierto o desencubierto; hombre que se conforma con descubrir "qué son" las cosas en su esencia, desprovistas de todo lo accidental, de modo que el hecho de que "lo así desencubierto sirva o no sirva para algo del hombre individual o colectivo, carecerá, por lo pronto, de importancia"11.

El hombre primero es, como se irá viendo, el que se autodescubre como racional y potencia dicha propiedad (hallazgo) hasta el límite (racionalismo), proceso que va de los griegos (hallazgo) al Renacimiento.

Dicho lo anterior, es posible ya interesarse por lo típico de la técnica naturalista y pasar luego a la naturalizada, a fin de notar de qué modo ambas son fase prehistórica de la historia, de hallazgos; no de inventos, enseres o productos, en sentido estricto.

6.3.2.2.1. El condicionante teocrático y la ontología.

Dice GB:

"El hombre puede ser su ser humanamente. Y este adverbio de modo no expresa una inútil reduplicación. Declara un hecho histórico, la gran hazaña humana, ontológica en uno: el hombre es hombre, y es de sí mismo. Lo segundo no va, sin más, con lo primero. Al revés: precede la identidad sencilla "el hombre es hombre" -y no es caballo o trigo, o agua, o dos... Y precede la alienación inmediata, antiontológica: lo es de otro: de Dios, Dioses, Iglesia, Estado, Estamento, Partido...."(ET, 76).

El transfondo del pensamiento bacquiano es claro: el hombre puede ser señor de lo natural, pero también, a la vez, considerar que lo es por permiso de otro Señor (Dios primeramente, y luego de la naturaleza), de modo que ni el hombre en cuanto señor resulta dueño "de sí", ni sus siervos son realmente "suyos" (efectos). Será señor, o dueño, de prestado; no por derechos propios.

En este sentido, GB concibe la historia como la sucesión de fases que conducen a la liberación total del hombre: a su plena humanización y, por ello, a su transformación en Creador de un nuevo mundo en que todo sea, además de siervo, creatura suya; que el hombre sea "causa" en sentido estricto, y el mundo, "efecto" suyo, también en sentido estricto, rigiendo así el principio de causalidad auténticamente tal, y que no es el natural sino el artificial o filosófico, tal como se vio en su momento. Por esa razón dirá nuestro autor: "Las superaciones de tal real contradicción constituyen esa cadena o sarta de hazañas, definidoras de la Historia del hombre y del mundo" (ET, 76).

Se entiende, por tanto, que la técnica sea considerada como punto fundamental en esa transformación pues, como ya sabemos, la técnica es "isomorfa" (efecto) con cada tipo vital (causa); manifestación o exteriorización de lo que se cuece en el "hondón de la vida", de modo que por su mediación se van haciendo realidad esos preludios que son los anhelos y sueños, aún en estado de imágenes o parenciales, de la vida transfinita y transfinitante que es la vida humana12.

Pues bien, por la técnica naturalista, como se ha dicho, el hombre, siendo ya señor de lo natural, no consigue ser aún dueño de sí, de modo que no llega a ser plenamente humano. Y no lo consigue a causa del prejuicio teórico de la mentalidad naturalista, esencialista o racionalista. El hombre sólo consigue una humanización o artificialización puramente racional del universo, pero no real o meta-física, quedando lastrada la potencia de la técnica por lo que en el fondo no es sino idealismo, es decir, el predominio de las ideas o teorías sobre el aspecto transformador de lo real. Sin embargo, la humanización racional no fue la primera forma de humanizar el universo: antes que por racional, el hombre se tuvo a sí mismo y al universo por creaturas de Dios comportándose de manera consecuente. Como resultado, su alienación o estado "natural" fue superior al provocado con posterioridad por el racionalismo.

Con lo dicho, podemos adelantar ya algunas conclusiones que resultarán mejor probadas más adelante: puesto que el hombre natural o primitivo no tiene mundo, técnica ni historia, y la técnica naturalista pertenece a hombres (Hombre) que lo son por vez "primera" (que se descubren a sí mismos y a lo real, por primera vez, como racionales), entonces la técnica naturalizada o, como se dirá, "elemental", será la propia de hombres pre-ontológicos, pero post-primitivos, a los que vamos a denominar "religiosos" o, mejor aún, "teocráticos". Hombres ellos mismos entregados, como lo natural de que se servían, a fuerzas superiores13.

Por esta razón, dirá GB que desde antiguo han sabido los hombres que considerar las cosas naturales como siervas o criadas tenía como antecedente obligado el haber sido hechas para tal fin por alguien; mas como el hombre se encuentra las cosas naturales ya hechas, como "dadas", considera que ese alguien es Dios, que las hizo para que fueran criadas del hombre; y a él para servirle a Dios. Por ello afirmará GB que "Dios no hizo antropología; hizo religión. Dios no es teólogo; es teócrata. Y de la teocracia, cual de querencia divina, padecerán todas las religiones"14.

En consecuencia: "respecto de Dios no hay más que creaturas, hechuras íntegras de sus manos, hasta en el existir; respecto de los hombres, las cosas son y no pueden pasar de ser siervas -y él, Señor-; no las hemos hecho" (ET, 96); por ello, "El que nos sean siervas, el que nos sirvan, es una concesión divina; y el que, correlativa y complementariamente, seamos Señores es otra, benévola y graciosa, cesión divina de derechos reales, de derechos divinos" (ibid.).

Ante lo sagrado, la actitud humana es de espera: esperar su manifestación graciosa, sin inquirirlo (verdad como revelación). El sentimiento de respeto y temor hace que cualquier intento de atisbar lo oculto sea vergonzoso: "Ante la Autoridad sintió el hombre respeto y vergüenza (...)", por eso dirá GB que "Para las concepciones teocráticas del mundo -y para las teológicas, aunque lo disimulen-, todo es secreto divino, mientras Dios no lo muestre; y, por ello, incognoscible si Dios no lo revela; e irrespetuoso, pretender desencubrirlo sin su expreso consentimiento" (ET, 27); y remedando un conocido pasaje bíblico afirma: "Sem y Jafet son la prefiguración, y aun el dechado, de "hijo bueno" para con la madre Naturaleza. Saben que tiene secretos; si por un accidente los ostenta, cúbrenlos con piadoso manto; y se proponen no mirarlos, si, por otro accidente, los vieron" (ET, 25).

Los efectos para la técnica son claros: "Teogonías y Teologías son las grandes castradoras de la inventiva humana, pues castran al ser, no dejándole que sea lo que es. Será ser, será inventor, por gracia de, con permiso de, bajo la inspiración de...: lo cual no es ni ser ser, ni ser inventor. Si hay técnicas lo serán de irremediables doctrinos, de incurables acólitos, de obedientes altavoces de Dios" (ET, 88).

Pues bien, esta mentalidad y actitud teocráticas y teológicas se ven reventadas por la ontología, por la filosofía de los "griegos griegos" (ET, 88), pues advierte GB: "No confundamos respeto a la Naturaleza, con vergüenza por la Naturaleza, o de lo natural propio o ajeno" (ET, 26), y es que para el griego clásico "todo lo visible es digno de ser visto" (ibid.). En este sentido, los griegos filósofos son valorados por nuestro autor como un rayo de sol en un mundo gris de teocracia; un paréntesis humanizador que se cerró tres siglos antes de Cristo15.

La ontología supone la liberación de la teocracia y el sometimiento de Dios al ser, de modo que los filósofos griegos consiguen zafarse de los mitos y hacer que las leyes del ser rijan para la divinidad, y "con ello quedó establecida, independientemente de Dios y Dioses, la ontología", cosa que todo occidente, y la ciencia en particular, quiérase que no, debe a Aristóteles16.

Con los filósofos griegos se da la condición necesaria para un cambio en la ciencia y la técnica: "Los griegos griegos no pecaron en Adán (...). Por eso llenaron la condición necesaria, mas no suficiente, para inventar ciencia y técnica: apetito ilimitado de ver, verdad como desencubrimiento, curiosidad respetuosa por atenta, liberación de vergüenza física y mental, negación resuelta de la existencia de secretos inviolables en el ser y en todo ser -vergüenzas a cubrir" (ET, 28), y es que "Cuando el hombre es hombre, el agua es agua, el fuego es fuego..., el hombre posee la condición necesaria para ser inventor de un fuego que es fuego -y no semejas de El Fuego-, y de un ánfora que sea ánfora, en que guardar un agua que es agua, y no de una quisiánfora receptáculo de una quisiagua" (ET, 89).

En definitiva: proceso de secularización o humanización racional con base en una nueva actitud vital como transfondo del cambio científico y técnico: "Toda esa evolución, y desacralización de lo real, ha sido necesaria para que el herrero sea herrero, y no siervo de Vulcano; el labrador sea labrador, y no mercenario de Ceres; el arquero sea arquero, y no doctrino perpetuo de Apolo..." (ET, 88). Por tanto, sólo quien se sabe ser de sí y no de otro "puede aventurarse, con conciencia segura ontológicamente, a inventar algo nuevo" sin acudir a ese otro (Dios, dioses...)17.

La ontología sin embargo "vino al mundo propensa a una enfermedad; con unos siglos la propensión se trocó en enfermedad, y con unos más en enfermedad crónica: el esencialismo o naturalismo"18.

En este sentido, el elemento liberador de la teocracia resulta tan castrante para la técnica y el mundo artificial como aquélla: "El esencialismo o naturalismo vuelve, en principio, imposible la individualidad creadora, inventora, productora, y, de consiguiente, hace imposible que surja una peculiar colectividad -llamémosla sociedad", esto es: "colectividad fundada por inventores y productores y consolidada por ellos y por todos los demás en cuanto usuarios"(ET, 91)19; "Naturalismo -derecho natural, física natural, religión natural...-, son la negación de historia, su programática imposibilitación" (ET, 35). En definitiva: "Por tal hecho o factum la técnica, las buenas artes y malas artimañas de los dioses, deliciosamente contadas por Homero, quedó sometida a la ontología: a la naturaleza y a la esencia" (ET, 88).

Pero a pesar de todo, Aristóteles es la figura central del proceso que abre las puertas liberadoras, aun con su defecto, y justo es reconocerlo: "No siempre se ha sabido apreciar por los científicos el aporte que represente la ontología aristotélica -frente, inclusive, a la teología, conceptualmente decorosísima, de Platón-; como no siempre sabemos agradecer al inventor de la carreta de bueyes o de la domesticación de gallinas o de la rueda, tales inventos" (ET 88); "Se lo debemos todos, científicos o no, a Aristóteles. No estará mal el que aprovechemos las ocasiones de agradecérselo" (ET, 89). Por este descubrimiento aristotélico el hombre puede reclamar "derechos ontológicos" sobre todo (o.c. 75) y también concebir la posibilidad de humanizarse a sí mismo, es decir, de "tomar posesión de lo que es, de sí mismo: de su cuerpo íntegro y de su alma íntegra" (o.c. 75-76).

Con el Renacimiento, como se dijo, cambiarán de nuevo las cosas y se saldrá del letargo medieval. El Renacimiento, nueva actitud vital con su isomorfa "técnica de analizadores" o "técnica de irreverente desvelamiento", supondrá la salida de la medieval y clásica "técnica de imitaciones" o "técnica respetuosa de lo natural" como transición hacia "nuestra técnica", que es ya "técnica de explosivos" o "técnica de desaforada violación de secretos" o "supernatural"20.

6.3.2.2.2. Mentalidad naturalista: causalidad y técnica naturalista.

Como se va viendo, lo característico de la técnica naturalista, según GB, radica en el tipo de mentalidad peculiar que le sirve de base, y que no es otra que la de "instalación natural" típica de la "primera fase" de hallazgos, aunque en el hombre primero auténticamente tal dicha actitud es de carácter racionalista-esencialista, de modo que al hecho de "caer en cuenta" de que algo sirve para ha de añadírsele otro: la convicción de que la cosa servil, haya sido hecha para servir para o tomada tal cual del universo natural (recuérdese la ampliación de la categoría de hallazgo a los artificiales de segundo grado cuyo designio era natural), posee una esencia que el hombre no ha hecho (naturaleza) y que tal esencia es infranqueable (límite). De ahí el naturalismo que da nombre a este tipo de técnica, pues es técnica lastrada de racionalidad "natural"; de racionalidad que aún es de otro: de la naturaleza, no ya de Dios.

Parece claro, pues, que para GB la diferencia entre técnica naturalizada y naturalista no reside en que una simplemente se sirva de lo natural en su estado natural (que algo natural sirva para) y la otra lo fuese de artefactos (cosas hechas para servir para), sino en el grado de "naturalidad" (servidumbre) con que se vive la vida superior, espiritual o mental, y así GB dirá: "técnica que hemos denominado "naturalista" o "racionalista"" (ET, 94). Esto explica, como se verá, por qué al hallazgo que da origen a una técnica naturalizada GB lo denomina "básico", y a dicha técnica "elemental". Y aunque el descubrimiento inicial sea potenciable en un "segundo paso", resultando así auténtico "hallazgo", la existencia de una actitud naturalista lastrará, finitando, la potencia dialéctica encerrada en él dando como resultado una técnica "naturalista", que es mezcla de hallazgo auténtico (segundo paso) y actitud de instalación natural (primer paso).

Desde el punto de vista de la causalidad y, por tanto, en referencia también al universo físico que le sirve de base, una técnica naturalista se caracteriza por lo siguiente:

a- Causalidad eficiente.

Dos aspectos caracterizan la mentalidad naturalista si se considera la causalidad eficiente: por una parte, desde Aristóteles el viviente queda definido como el ser que se mueve a sí mismo por tener interiorizado el principio y causa de su movimiento, así como de su cesación. El no viviente, en cambio, por poseer la causa de su movimiento extrínsecamente, de modo que al cesar el influjo causal vuelve al estado de reposo. Física, pues, sin ley de inercia, tal como lo fueron la griega, la romana y la medieval, hasta Galileo y Newton21.

Se trata de una intelección de la causalidad eficiente acorde, según GB, con la experiencia propia de hombres en estado de "boyeros, remeros, picapedreros, aguadores, cocheros, coolies, estibadores, barrenderos..." (ET, 44), es decir, de fuerzas en estado natural, y así dirá: "Carretas de bueyes, barcas, azadas, flechas y arco, ladrillos y sogas... son no sólo contemporáneas sino coetáneas -de la misma época histórica- con filosofía griega, física natural, física medieval, indisolubles unas de las otras, pues pertenecen e integran la misma concepción del universo" (ET, 44).

El otro aspecto está referido a la forma de concebir la infinitud. En la mentalidad naturalista se confunden infinito e indefinido, de modo que existe miedo a admitir procesos al infinito en lo natural por considerar que lo son hacia lo indeterminado22.

b- Causa formal.

"Lo natural -dice GB- está preso, sin evasión, de su propia naturaleza, y cada parte suya de todas las demás. A eso se llama tener "esencia" y ser un "compuesto sustancial"" (ET, 46), y por esta razón, en la mentalidad naturalista "lo natural perfecto es, sencillamente, un tope" (ET, 50). A esto llama GB "cosiquera", pues no en vano "De los griegos nos viene, y llega al colmo con los medievales, una fijación mental en las cosas o entes" (ET, 56)23.

Desde la concepción sustancialista, sea de tipo platónico o aristotélico, que para este caso es lo mismo, es claro que la técnica en cuanto posibilidad humana no podrá pasar de "imitar con sus aparatos la forma natural" (ET, 45), de modo que "lo artificial era tenido cual suplemento de lo natural; siendo lo natural fin y final" (ET, 47).

c- Causa final.

En relación con la formal se encuentra la causa final, ya que GB considera que en la mentalidad naturalista es la forma o esencia lo que en definitiva funge como modelo deseable, de manera que cuando una realidad llena ese modelo se dice que es perfecta, es decir, que no admite ulterior mejora. Por esta razón, es típico de la mentalidad naturalista "Pensar que lo natural puede llegar a poseer, por constitución inicial y definitiva, perfección, o ser para sí fin y final, y por tanto que el arte o la técnica no pasen de ser puro medio, y no necesario de ordinario, es uno de esos prejuicios que la presencia mayoritaria, y casi unánime, de lo natural, durante miles de miles de años, inoculó con insinuación pertinaz e inocente en la humanidad, viviente casi siempre más como animal que como racional, en algunos más como racional que como animal, siempre: animal-racional naturales" (ET, 48). Así, pues, el fin o modelo a alcanzar resulta, además, por su carácter infrancheable, final.

d- Causa material.

La mentalidad naturalista, en lo concerniente a la causa material y con independencia de la época histórica en que aparezca, posee un aspecto común: admitir que en los cambios sustanciales persiste un substrato o residuo intransformable: la materia básica o primera (materia prima, átomos...). Otro aspecto común era la creencia en la inexperimentabilidad de dicho substrato24.

e- Proporcionalidad entre causa y efecto.

Por último, es característico de la mentalidad naturalista considerar que hay una proporcionalidad directa entre el tipo y poder de la causa y del efecto: "Lo natural es que entre causa y efecto haya o igualdad o proporcionalidad finita. Que los brazos humanos muevan unos kilos, no una tonelada; (...). Newton, en su segunda ley del movimiento, formuló esa proporcionalidad; la masa era siempre, para él, finita", y es que "Su física no fue física de "explosivos"; lo fue de analizadores" (ET, 36-37). Y así, la técnica en ello fundada, sigue la misma directriz, por formar una unidad epocal, como se dijo, "indisoluble", y así: "viento en vela, salto de agua en molino; carbón en cocina; vapor de agua en locomotora, galeotes en galera, bueyes en carreta... son causas eficientes, con especificidad, o sea: con definición definiente o delimitante; y, por tanto, con finitud de efecto -finitos todos, en el mismo nivel, causa y efecto. Que viento no vale para tirar de carreta; ni salto de agua, así sea el del Ángel, para cocinar, ni vapor de agua para inflar velas... cada causa eficiente natural lo es de específicos o especiales efectos. Es que todo lo natural está especificado, todo: causa eficiente y causa formal, final o material" (ET, 37-38).

6.3.2.2.3. Consecuencias de la mentalidad naturalista para la técnica.

Como secuela general de la mentalidad descrita la técnica resulta "naturalista", es decir, afectada de naturalismo o esencialismo, lo cual puede explicarse en los siguientes términos:

a- Que "De ser verdad el principio "la naturaleza es el límite propio, intrínseco y real de toda cosa", una secuela sería la ineficacia de lo artificial, apenas rebasara tal límite natural. (...) Todo lo artificial habría de ser de por sí inoperante; y su inoperancia sería apropiada mostración de que sólo lo natural es operante" (ET, 21-22). Según esto, un avión, vg., es ""naturalmente" imposible" (ibid.). Esto explicaría, a su vez, el tipo de técnica griega y medieval: "sólo lo natural o naturaleza tenía, según ellos, en sí la causa eficiente a servicio de la causa final, por eso no emprendieron crear una técnica de instrumentos o máquinas que funcionen de por sí, a que encomendar una tarea, y "que trabajen ellos"; ni la emprendieron, entrevista, ni les acudió" (ET, 22).

b- Que en tal mentalidad no caben, y por lo tanto no son posibles, artefactos que hoy en día son ya familiares, cotidianos, tales como barcos de vapor, aviones, teléfonos, autos, no pudiendo pasar de los del tipo pala, pico, carreta, velero... Nada, pues, de autómatas25.

c- Que todo artefacto humano podría ser hecho también por la naturaleza, mas si esto no sucede no será por impotencia atribuible a aquélla, sino por accidente, de modo que no le es posible a la técnica superar a lo natural ni innovar nada sobre-natural, logrando, a lo sumo, ayudar a lo natural hasta llegar a su plenitud potencial cuando accidentalmente no puede o, en caso de gozar ya de perfección, limitarse a imitarlo. Tales secuelas fueron ya sacadas explícitamente por Aristóteles en perfecta coherencia lógica con su mentalidad naturalista, a pesar de que el sentido común se resista a admitir cuando menos la primera26. Por tanto, si se considera o demuestra que hay artefactos imposibles de producir por la naturaleza deberá admitirse que ésta es imperfecta no sólo actual, sino potencial y esencialmente y, por lo tanto, que es superable o perfectible, en cuyo caso el naturalismo se resquebraja indefectiblemente.

A modo de resumen conclusivo, todo lo anterior puede condensarse en las siguiente palabras de GB:

"Demos ya la formulación explícita al aquí latente principio:

(1) La naturaleza de cada cosa -sea hombre, sentidos del hombre, mente o voluntad humanas, órganos creadores humanos..., agua, tierra, luz, mármol, limonero, caballo...- tiende a, y puede llegar y llega de ordinario a poseer un estado de perfección suyo, propio, insuperable, equilibrado, estable.

(2) La técnica no debe ni puede hacer más que o mantener tal perfección o reponerla si se hubiera perdido o producirla si no se ha llegado, por un accidente, a ella.

(3) Naturaleza es norma o fin supremo; la técnica es medio para tal fin" (ET, 20-21).

Y así: "En definitiva, es la técnica la que obra a servicio de la naturaleza. la técnica no posee ni fin propio ni final propio. Fin y final, se los dicta la naturaleza. Ella es el tope, el límite superior propio" (ET, 19). Por todo ello es lógico que el epígrafe 31 del capítulo 1 de la primera parte de Elogio de la técnica sea intitulado "naturaleza: fin y final de la técnica. Etapa naturalista de su historia" (ET, 18).

6.3.2.2.4. De la praxis a la teoría.

Según GB, el hombre humaniza el universo natural, humano o no, antes que por teoría pura, por la praxis. Una praxis cargada, no obstante, de transcendencia aunque use "perceptos" 27.

Ya se ha venido advirtiendo en varias ocasiones, la última a propósito de la causalidad eficiente y final en conexión con la mentalidad naturalista, que para GB el tipo de mentalidad de una época está en conexión con un tipo de experiencia práctica, de modo que las formas de pensar van a remolque de la praxis ejercida por el hombre en su trato con el universo28. Pues bien, respecto de lo que denomina "naturalismo integral" (ET, 34), dice: "Sospechemos, una vez más, de que la verosimilitud, casi irresistible, de estas afirmaciones de Aristóteles provenía de la presencia y eficiencia de una técnica, en el fondo predominantemente natural: de notar lo técnico de entonces cual accidente de lo natural" (ibid.)29.

La transcendencia del pensamiento y de la praxis humana se ve, pues, limitada por una falacia naturalista, o empirismo larvado, que da preponderancia y carácter de definitivo a lo natural frente a las posibilidades que en ella encuentra la transcendencia humana. En una praxis o técnica naturalista, las "propiedades" o "potencias" naturales de las cosas naturales no son advertidas por el hombre como "posibilidades" o "potencias inventadas" sobre lo natural cual base o material, aunque ya lo estén siendo de facto: el naturalismo ciega la mente y entumece los brazos, de modo que el hombre no puede advertir ni el poder de la técnica en la transformación de lo real (factum transcendens), ni su carácter de factum transcedentale.

6.3.2.2.5. Conclusión.

El defecto de la técnica, en lo que tiene de "naturalista" o "racionalista" radica en que la humanización conseguida por tal técnica es meramente teórica, racional y, además, por teoría en estado natural ella misma (naturalista), quedando entonces todo proyecto, decisión y designio, así como el éxito, es decir, el plan del hombre racionalista, a servicio de lo natural; limitado por ello. El orden natural no ha sido reventado; no hay transformación real-de-verdad o meta-física, sólo teórica. Se trata de un hombre, en el fondo, empeñado en "mantener el orden natural, macroscópico, global, burdo y promedial -obligación del hombre en cuanto natural, fenomenólogo o no" (ET, 103). Nada de "recrear el ser a imagen y semejanza suya, invirtiendo, por fin y al cabo de miles de miles de años, la correlación creador-creatura: Otro, el Creador; los demás, hombres inclusive, creaturas, en la de Hombre-creador -lo demás creaturas del hombre" (ET, 103).

Lo anterior está implicando, como se verá en su momento, una concepción del trabajo en tanto que dividido en natural-sobrenatural y en material-espiritual. Desde esta perspectiva, la técnica naturalista posee un entramado teórico-racional (trabajo espiritual) que justifica y sostiene (idealismo o humanización "teórica") la interpretación esencialista de lo natural (naturalismo), y de ahí que la técnica naturalista sea también denominada por GB "racionalista".

La técnica naturalizada, como se va a ver, tiene como causa de su escasa eficacia transformadora su proximidad al estado natural (fuerzas en estado natural, etc.) siendo vencida, desestabilizada y arrastrada (caída) por su contrario esencial. Tal sería el carácter de la primera humanización del universo y del hombre: una primera surgencia de mundo eminentemente empírica aunque no exenta de transcendentalidad, y por ello perceptiva o práxica, es decir, por uso al servicio del hombre ya con conciencia, mas sin gran poder transformador por su proximidad a lo real en estado natural 30. En la técnica naturalista el exceso de racionalismo merma su capacidad transformadora.

Pero si se logra una auténtica humanización (artificialización) en ambos dominios (teórico y práctico) el hombre conseguirá ser más dueño de sí, más "primer hombre" y por tanto menos "natural" o "de otro", y de ahí, como veremos, que GB denomine a tal hombre "primario". Con todo, ser de la naturaleza no implica el mismo grado de alienación que ser de Dios: la ontología, en cuanto trabajo espiritual o teoría, es ya una liberación respecto del pensamiento religioso y, por secuela, de sus consecuencias.

6.3.3. Técnica naturalizada.

Oigamos al autor:

"Alguna vez y algún día de algún año, digno de recordación según nuestros multiseculares criterios, algún hombre cayó en cuenta de que los leños flotaban, que él flotaba en ellos, que ramos deshojados servían de bastón o tranca, que troncos más o menos redondos se deslizaban mejor sobre el suelo que troncos rugosos o deformes...; todo ello, y más, fueron los hallazgos básicos, definidores de una técnica naturalizada. El hombre descubrió, por azar, que algo servía para acciones que no eran las naturales -las que, sin más, de buenas a primeras, de suyo ejercía. Y esto es lo maravilloso: que la rama, fuera del árbol, desgajada por un rayo o por una mano, sirviera todavía de algo" (ET, 31).

"Puesto ante lo natural, el hombre descubrió sorprendido, que cosas no producidas por él -y lo eran, de suyo, en tal sentido todas- le servían para usos inverosímiles a la naturaleza de las cosas misma, usos bien venidos, por dichosa ventura, para sus conveniencias" (ET, 81).

Según lo anterior, son los "hallazgos básicos" los que caracteriza a la "técnica naturalizada". Por su parte, lo propio de los "hallazgos básicos" consiste en el carácter inductivo (purificación) proveniente del "caer en la cuenta" (descubrimiento), con el consiguiente sentimiento de sorpresa resultado de la novedad (descubrió por azar). Una vez consciente de que lo natural "servía para" acciones o fines no naturales, el hombre está en situación de conformarse con ello o de "potenciar tal servicio" (ET, 85)31.

Por otra parte, la humanización de lo natural, como ya sabemos, lo es tanto de lo natural humano como de lo no humano, mas la humanización o artificialización de lo no humano precede a la del propio ser natural del hombre: "Y se halló con que el agua del río servía para beber, bañarse...; el caballo, para montar; la manzana, para comer... Que los ojos sirvan para ver, las orejas para oír, las manos para agarrar... serán descubrimientos posteriores, que, siempre, lo natural nuestro se nos hace tan natural que naturalmente lo preterimos y pasamos por alto; que ser algo es la mayor manera de no saber que se lo es ni qué es. La identidad inmediata es embobante" (ET, 81).

Se trata, en ambos casos, de una "Primera humanización del universo -de hombres y cosas- inventada e impuesta al universo, inclusive al hombre en cuanto natural- por un nuevo tipo de hombre que se inventó en él y por él, a costa de su "naturaleza"" (ET, 85)32.

En ambos casos se trata del surgimiento de un tipo de técnica que GB califica como: "La técnica más elemental, más próxima a lo natural" (ET, 32), y de la que dice: "es real e intrínsecamante contradictoria. Mas tales contradicciones, lejos de destruir el ser, le inventan e inoculan nuevo ser: la rama es bastón, el tronco es rueda; el huesillo es aguja; el hombre es zapatero, carpintero, remero, piloto, padre de familia, rey o reyezuelo, mago o médico..." (ibid.), y así: "Los actos de beber y comer son el primer acto de insurrección contra la ontología, y el primer paso del proceso dialéctico. Por él el hombre deja de ser natural; y no deja que lo natural sea su ser naturalmente" (ET, 83).

Notemos las razones de GB para hacer tales afirmaciones:

""El agua de río es agua"; pero "da la dichosa casualidad, la bienvenida coincidencia, de que sirva para beberla el hombre", que no es agua..., son proposiciones, idéntica la primera; mas la segunda es negación concreta, positiva y original de que tal identidad viene haciendo el hombre por el sencillísimo y multimillonario acto de beber. No sabemos quién fue el primero que bebió agua, del río o de la fuente: pero ahora sabemos que fue el primer dialéctico, el primer negador del posteriormente llamado, principio de identidad y de contradicción" (ET, 81-82).

De modo que, en efecto, "Que la fruta sirve para comer, el agua para beber (...) no es lo mismo que decir: la fruta es fruto, el agua es húmeda" (ET, 31). Se trata, por tanto, de "Servir algo natural para una finalidad heterogénea e indeducible de lo natural" (ibid.), pues "De "el hombre es hombre" y "el agua es agua" no hay camino para concluir, ni con silogismos ni sin ellos, "luego el agua sirve para que la beba (la sea) el hombre" (ET, 32). Y con mayor finura técnica: "Sean cuales fueren las causas finales internas de cada cosa, descubren todas (...) sin pretenderlo, sus lados flacos, y de ello se aprovecha el hombre, y, por ellos, las trueca de señoras de sí en criadas (...)"33 (ET, 83). Por tanto, al poner el hombre las cosas a servicio de fines propios se produce una "contradicción real en el orden de la causa final" (ET, 32), resultando que "Tal descubrimiento es la negación positiva, original del principio de identidad" (ibid.), lo cual provoca un sentimiento sorpresivo de maravilla:

"Y esto es lo maravilloso: que la rama, fuera del árbol, desgajada por un rayo o por una mano, sirviera todavía de algo. Es que la rama de un árbol, diríamos ahora, no es esencial, exclusiva, propia e íntegramente rama de árbol. A su ser, a su corporeidad..., a su rigidez, a su peso... le acontece eso de ser rama de árbol; lo es realmente mas no íntegramente. Lo "natural" sería que rama de pino fuera tan de pino que no pudiera servir de tea; que tronco de árbol, separado de raíz y hojas, dejara de ser tronco de árbol y dejara de ser. Que fruta de árbol fuera tan "fruta de árbol" que, separada de su función de fruto, de simiente, no sirviera ni para comer y menos aún para ser deliciosa y morosamente paladeada" (ET 31).

Ahora bien, )a caso los animales, y quizá todo ser viviente, no hacen lo mismo? También beben, se alimentan..., por lo que introducirán igualmente negaciones positivas del principio de identidad, pudiéndose aplicar a tales actos el calificativo de "técnica más elemental". Sin embargo, dice GB: "El animal es distinto en aspecto y actos del vegetal o mineral; mas no sabe o nota que es distinto. Se sirve de otros animales o cosas para sus necesidades y querencias; empero no sabe o nota que se sirve, y, por ello, no llega a cultivar tal distinción y potenciar tal servicio, ni tan sólo con esas potenciaciones, tan primitivas, como guardar agua en tinaja, para que nos sirva mejor" (ET, 85-86).

Por tanto, para ser calificado de "técnica elemental", cualquier acto de los citados (básicos) ha de entrar antes en la categoría de "hallazgo", es decir, ha de ser concienciado (puesto en estado de resalte mental frente a las demás propiedades: purificación de la propiedad). Luego esos mismos actos hechos por seres vivientes que no toman conciencia de ellos no pueden ser calificados de "técnica", ni elemental ni de ningún tipo. Por tanto, es claro que para GB hacer "hallazgos" es condición necesaria para el surgimiento de la técnica, de manera que mientras los animales no sean capaces de ello no tendrán técnica34.

Por otra parte, si se afirma que ya la técnica más elemental es dialéctica, la dialéctica, en cambio, no nace con la técnica basada en hallazgos, pues, según lo dicho, los actos de comer y beber que hacen los animales también han de ser dialécticos, pero no llegan a serlo "potenciadamente": con conciencia. Por tanto, si un acto dialéctico ha de entrar en la categoría de hallazgo y, consecuentemente, resultar "técnica elemental", ha de estar previamente y de forma forzosa "en" conciencia. De otro modo: ha de ser advertido el carácter instrumental o de "enser" que ya tiene el ser natural cuando está siendo usado incluso sin caer en cuenta de ello. Que esto es así lo demuestran las afirmaciones del propio autor:

"Que "el ser no es ser" y que, al no serlo, no se aniquila, sino asciéndese a "el ser es instrumento" fuera la fórmula precisa, mas pretenciosa, de expresar la situación dialéctica en que, por primera vez en la historia, y haciéndola, puso algún hombre al ser natural, al "ser que es ser", que es lo que es. Quien domesticó la primera gallina fue el primer dialéctico en avicultura,

"Y si a alguien le repugna la palabra de "dialéctica" -por ciertos armónicos que, cual timbre, resuenan ahora con ella-, no le discutiremos el gusto y el derecho de emplear otra dentro de la misma frase, por ejemplo: el que inventó domesticar gallinas fue el primer técnico en avicultura" (ET, 33).

Cierto que la domesticación de tales aves resulta actividad más compleja que beber, pero la sustancia del tema es la misma: que por "usar" las cosas naturales éstas son negadas positivamente en su ser al introducirse en él, al menos, una contradicción en la causa final, mas que es la potenciación conciencial de lo que ya está sucediendo (hallazgo) lo que eleva ese acto a "técnica".

Por tanto, "técnica" será para GB, en principio y de forma genérica, cualquier acto instrumental con conciencia expresa del nuevo ser que le adviene a una cosa por el simple uso a servicio de otro ser, y que en realidad no es sino un nuevo estado en que la cosa es puesta: "estar sirviendo para", de ahí que GB afirme: "el hombre es hombre, el pino es pino, el agua es agua...: ejemplos de identidad sosa y ñoña que, por suerte, la técnica refuta y el más sencillo uso, a servicio del hombre, descalifica" (ET, 32). Más aún: "el ser es de tantas maneras no ser cuantas sirva un ser para otro ser. Recordémoslo al comer, deleitándonos, una manzana, y arrojar, infecundizándolas, las semillas -real o metafóricamante, en este orden o en otros, cual los de moral y genética" (ET, 33).

Podemos concluir, pues, que para GB si todo "uso", a servicio humano o no, es dialéctico, sólo será calificable como "técnica" cuando el sujeto tome conciencia de lo que de mediación instrumental posee (hallazgo), es decir: del hecho de estarse sirviendo de algo para fines propios. Tal es, en rigor, aquella acción que puede ser calificada por vez primera de técnica, es decir, la "técnica elemental, más próxima a la naturaleza" o técnica "naturalizada".

Como secuela, resultan dos tipos de dialéctica: una natural, y otra artificial o potenciada por, al menos, el hallazgo básico consistente en elevar a concienciado el comportamiento instrumental natural. No parece forzado ver detrás de esta concepción bacquiana la sombra de la inteligencia sentiente de Zubiri y, desde tal posicionamiento, negar que los animales posean técnica35.

En cualquier caso, tal comportamiento es, entonces, "técnico" y en cuanto "elemental" resulta momento fundacional de mundo (aunque lo sea en estado natural) e historia (aunque lo sea de tipo prehistoria). Por no llegar a ser comportamiento técnico o instrumental potenciado racionalmente (hallazgo propiamente tal), sino mero descubrimiento del mismo (hallazgo básico), no pertenecerá al hombre primero, menos aún al primario y, por supuesto, nada tendrá que ver con el primitivo.

Postulemos, pues, para cubrir el hueco dejado por GB en su teoría respecto del sujeto propio de este tipo de técnica, un hombre natural con "conciencia pasiva" pero de tipo intermedio entre el hombre primero y el primitivo, o natural en sentido estricto36. Sería el tipo humano religioso teocrático que considera todo de Dios, incluidos él mismo y la técnica de la que se sabe usuario, y que no desea transformar nada pues no es su dueño; hombre como "pordiosero" o "siervo".

6.3.4. Técnica supernatural.

Si la técnica naturalista venía caracterizada por un tipo de mentalidad o teoría sobre lo real, de modo que ésta afectaba al modo de entender la causalidad y, por tanto, de tratarse con lo natural, la técnica supernatural es la refutación práctica del naturalismo teórico o racionalismo naturalista y, en consecuencia, la superación de la técnica natural-ista; a fortiori de la natural-izada y, con ello, en definitiva, de la técnica natural o clásica, inaugurándose entonces, como se va a ver, la fase histórica de la historia al superar su estado prehistórico. De otro modo: el hombre pasa "De humanizador del universo por razón, a humanizador del universo por creador" (ET, 95). Por tanto, la historia propiamente dicha se inaugura con la técnica supernatural y, en consecuencia, con el hombre ya en fase de "creador".

Si la refutación aludida ha de ser efectiva (práctica) deberá afectar a cada una de las causas entendidas al modo clásico y, en consecuencia, a su técnica isomorfa: "técnica clásica" o "natural". Por lo mismo, desde los resultados de dicha crítica podrá verse si la caracterización del nuevo tipo de técnica que hace GB, la "supernatural", es adecuada o no.

6.3.4.1 Crítica a la causalidad clásica.

a- Eficiente

La invención de motores artificiales de expansión y explosión es la prueba de la existencia de causas eficientes reales: "Motores de expansión y de explosión -desde molecular a nuclear- son ejemplos del tipo de "causa eficiente" real, física -no de tipo pensado o "creído"-, característica de la técnica actual, en cuanto actual" (ET, 42).

En los motores ve GB artefactos de inmensas consecuencias filosóficas, pues ponen en solfa, por praxis o "puesta a prueba" real y no meramente especulativa, conceptos netamente filosóficos que parecían condenados a permanecer exclusivamente en el terreno de la discusión teórica o racional: "En el campo de la causa eficiente, la técnica actual ha dado doble y conexo salto, transgenérico: (1) de ser algo movido por virtud de otro, a moverse; de transitivo a reflexivo; (2) de finitud a infinitud, de esencia a explosivo. Hasta ahora no había sido posible tal tipo de refutación de filosofía y teología, romanas y medievales" (ET, 43). Por lo anterior, podrá afirmar GB: "Que una filosofía y una teología sólo pueden ser refutadas por otras, y no por física, matemáticas o dramas... es un prejuicio -interesado ya, o de inocentes fuera de edad. Aquí los motores de expansión y explosión "refutan" real y propiamente la física filosófica griega y medieval" (ET, 43).

En cuanto al primer aspecto, el del movimiento, en la mentalidad naturalista el viviente quedaba caracterizado por llevar intrinsecado el principio del movimiento, de ahí que afirme GB que para una física carente de la "lex inertiae", "El viviente era, dicho en términos nuestros, el mejor y único, entonces, ejemplo de movimiento inercial"(ET, 40).

Pues bien, como se vio en otro capítulo, "La física moderna, y actual, es la negación positiva, original y propia de tal "natural" sentencia" (ET, 40). En consecuencia, todo motor y artefacto por él movido "Cumple la definición de viviente; lo cual debe advertirnos que es mala definición, si es que pretendemos o persistimos en conservar la distinción genérica entre inanimados y animados" (ET 41).

En segundo lugar, respecto del problema de la infinitud, actualmente la operación de paso al límite infinito "es nada menos que la operación característica de la matemática moderna" (ET, 41), de modo que se sabe que lo infinito no equivale a lo indefinido, en contra de la mentalidad clásica. Y no sólo eso, sino que tal operación, lejos de ser un mero asunto teórico, se está verificando en los motores de expansión y explosión, montados sobre dicho principio en el dominio físico: "Un "automóvil" se define por interiorización real y eficiente de una infinidad. Un "automóvil" explota sin estallar; es infinidad reguladamente semoviente, y no simple infinidad difundida y difuminada -nube o humo. Para volar (...) un cohete astronáutico (...) lleva una infinidad real -no conceptual o "creída"- por dentro. Infinidad finitada, finitud vuelta a desfinitar, desfinitud vuelta a ser finitada... hasta que se agote el combustible" (ET, 42).

De nuevo, pues, "refutación" real provocada por el artefacto "motor": "Motor de expansión y, sobre todo, motor de explosión son la refutación concreta de que repugna "el proceso al infinito" en lo real" (ET, 41); "Motor de explosión y de expansión son casos, a la mano del técnico, de "primer motor"" (ET, 42-43).

En virtud de lo anterior, la técnica se involucra con lo sagrado: "La técnica actual es técnica de "primeros motores" -de eso que, comenzando por Aristóteles, se creyó digno de ser atributo divino, definidor de Dios, y que, por inexistencia o por concesión divina, está pasando a ser nuestro: del hombre y del mundo" (ET, 43).

En definitiva, en los motores lo indefinido se finita, se limita, resultando la infinitud; en este caso infinitud moviente que, interiorizada por un artefacto lo convierte en "automóvil". Como consecuencia surge un conflicto real con la definición clásica de viviente, pues cualquier artefacto seipsemoviente "es automóvil o automotor de original manera, frente a los vivientes" (ET, 41).

"Motor" es "transfinitud" real, no meramente teórica: ""Motor de expansión y explosión es una forma actual -concreta, viva y coleante- de decir "transfinitud": finitud que se des-define a sí misma -se redefine de inventada manera- desdefine de su redefinición -se define según nueva..., y así sin fin" (ET, 61). Dicho artefacto es, pues, la plasmación concreta, la exteriorización, de la transfinitud que la vida tiene o es en su "hondón".

b- Formal.

En la técnica actual, la esencia es sustituida por "planes" o "modelos" inventados por el hombre: "Las formas y funciones, internas y externas, de avión, auto, pulidora, olla a presión, estilográfica, papel, teléfono, radar, máquina de escribir, dínamo... son de otro orden, más que genéricamente diverso del de las formas y funciones "naturales". Son formas nuevas; y no violentaríamos demasiado el uso si, en vez de "forma", empleáramos la palabra "modelo""(ET, 44-45). Mejor aún: "plan de montaje, de reparación y de funcionamiento" (ET, 46). En definitiva: "la técnica actual ha inventado la manera de superar las causas formales -esencias y formas-, por planes. Es supernatural en el orden de causa formal. Plan es el sustituto, por eminencia, de esencia. Infinidad desdefiniente de lo propiamente definible o confinante que es "esencia"" (ET, 48).

El plan presenta un carácter intermedio entre la finitud limitante o definición cerrada de la esencia o naturaleza, y la indefinición, porque abre las esencias a lo infinito sin caer por ello en lo indefinido: "Las llamadas esencias y naturaleza, comenzando por la propia, son material para inventos, para inventarse un nuevo ser"(ET, 47), y es que "Entre una esencia o un compuesto sustancial (natural) y una mezcla, natural o violenta, existe, descubierto por la técnica -es la técnica misma realizada- un término medio; y mejor, otra solución o modo de hacer realidades firmes y "automóviles". La de plan" (ET, 46). El plan funciona, por tanto, como motor ideal o conjunto de ideas-fuerza.

En definitiva, "haber inventado planes es el equivalente supernatural de inventar "esencias"" (ET, 46). Con tales "esencias artificiales" el ser natural deja de tener "futuro" quedando abierto a "porvenir", lo cual permite al hombre "hacerse diverso" sin estar condenado a ser, a lo sumo, "distinto"37 del animal: "Lo grande no es ser hombre; lo grande, de verdad, es hacerse otra cosa lo que comenzó siendo hombre. Lo grande no es distinguirse del animal; lo grande consiste en inventar maneras de hacerse diverso del animal, inclusive - y ante todo- del animal que uno comienza por ser (...) y que, por inercia esencial, continuará siendo, tras generaciones de generaciones, si no se propone y pone a inventarse un nuevo ser" (ET, 47). Decisión, pues, meta-física.

La fuerza de las afirmaciones anteriores radica, según GB, en que no son demostrables, sino sólo "mostrables" por la mera existencia de cualquier artefacto moderno, como vg., un avión. Tal artefacto es, además, la prueba concreta de que es posible aislar funciones naturales de su natural contexto (el vuelo, del pájaro viviente como conjunto de funciones fisiológicas) sin que por ello la función deje de existir y, por tanto, de que lo natural no es un verdadero compuesto, pues de ser así no habría otro modo de volar que siendo ave38.

En virtud de lo anterior, GB considera que mediante planes el hombre puede aislar funciones naturales (o inventar nuevas) e inocularlas o enmaterializarlas en cuerpos diferentes del natural. Pues bien, el hombre puede concebir un plan sin precedentes: el de ser creador de verdad, y así, a modo de san Anselmo actual, dice GB: ""lo máximo que el hombre puede concebir, evadiéndose de ser doctrino e imitador de la naturaleza, es lo de ser planificador e inventor"; luego "Dios es el Inventor" (ET, 47). De otro modo: ser "Inventor" (Dios) es la máxima aspiración del hombre, su anhelo más querido, y por eso lo pone GB en Dios, interpretando peculiarmente el argumento anselmiano39, y de ahí que diga a renglón seguido: "Las llamadas esencias y naturaleza, comenzando por la propia, son material para inventos, para inventarse un nuevo ser" (ET, 47); nuevo ser, consistente para GB en una sobrenaturaleza divina, como se verá en el próximo capítulo.

c- Final.

Dice GB:

"Toda la física actual, en cuanto actual -y la anterior clásica, desde el Renacimiento- es la negación concreta, definida y eficiente de la cosiquera griega y medieval.

De que haya cosas calientes no se sigue que tenga que existir La Gran y única Cosa que sea El Fuego; de que haya cosas calientes se sigue que son muchísimas; y si hay una sola caliente, se sigue que se compone de muchísimas.

Tengamos bien presente ante la mente esta deducción, pues constituye la clave de nuestro problema (...): la causa final, el fin de la técnica actual" (ET, 58).

Nótese en lo dicho que el ataque al finalismo en lo natural viene de la técnica, no de la teorización filosófica40, y así: "El remedio no ha venido de la filosofía o metafísica, que, por ir siempre a la zaga de la física o de la ciencia, no se corrigen de nada si la ciencia, física o matemática, no comienzan, de por sí, a reformar un defecto" (ET, 57). A este respecto recuérdese la crítica que desde la física y las matemáticas (probabilidades) lanza minuciosamente GB contra la "cosiquera" o sustancialismo esencialista, y que se ha derrumbado, entre otras cosas, ante la nueva concepción colectivista de las propiedades físicas (vg., la luz o el calor)41. En definitiva: la forma, que funciona como causa final, desaparece ante la concepción colectivista de las propiedades físicas descubierta por la física actual.

Por otra parte, la finalidad en lo natural queda también socavada por los números transfinitos de Cantor: el infinito no es "todo de vez", sino "algo en infinitas veces", es decir: "a un algo y una función o ley de "veces"", y así, los numeros, vg., no son cada uno una entidad irreductible, como entendía Aristóteles, sino realidades momentáneas que surgen de la determinada cantidad de veces en que se suma la unidad, reduciéndose todos ellos a dicha unidad (algo) y las "veces" que se suma (función)42. De otro modo: algo que permanece en estado de perenne disponibilidad, sin definirse o limitarse definitivamente, sino sólo momentáneamente. Es lo que en CSFA denomina GB "estado de ser" o "material en bruto". Así, pues, desde la matemática también recibe ataques la "cosiquera".

En definitiva: no existen fines, únicamente existen "finales", es decir, propiedades colectivas transitorias, momentáneas, a las que se les da una peculiar función: la de ser término o "final" de una actividad o movimiento. Lo único que hay en cada ser es la perenne disponibilidad para convertirse en "finales" que, por serlo, resultan esencialmente superables o transfinitables; perennemente definibles y desfinitables. No existe, pues, posibilidad de que algo pueda fungir como "fin último" al que subordinarse todos los demás.

Las consecuencias de lo afirmado por GB son fundamentales para entender lo que propone respecto de la técnica y cuál deba ser su función en relación a la vida humana y la humanización de hombre y universo. Afirma que la técnica "actual" no tiene un fin: "El fin" o "La Causa final", lo cual no impide la existencia de "fines", sino que, contrariamente, es lo que posibilita "el surgimiento de fines que sean tales realmente por serlo de muchísimos de vez: fines colectivos, tan reales en su orden, cual calor, propiedad colectiva de grandes colectivos" (ET, 59). Por ello dirá GB, y esto es fundamental para entender cualquier planteamiento del tema ético en relación a la técnica en el pensamiento de GB: "El fin de la técnica no es La Justicia, o El Orden, o La Paz o El Bienestar", pues "Esas grandiosas cosas no existen, como no existe El Calor o La Luz" (ibid.)43.

Pues bien, según lo anterior, dirá GB: "La técnica actual no tiene por fin la infinidad, sino la perenne e inagotable disponibilidad; ni le es fin La Razón, El Sistema, sino la inventiva, que es, en realidad, el entendimiento y voluntad en cuanto inexhaustible disponibilidad para ocurrencias, trucos, trazas, planes, empresas, posibilidades y aventuras" (ibid.). Lo anterior puede formularse de otro modo: el fin de la técnica actual es el Ser o la omnímoda disponibilidad44.

No hay nada en los seres, pues, perenne, esencial, sino que todo lo suyo debe "descender" a "sencillos finales, a simples estaciones, a material formado que retransformar, a fuerzas que desespecificar o desdefinir" (ibid.), de modo que en cada momento son sentidas como limitaciones del hombre que, momentáneamente "descansa, y aun goza de una etapa del viaje" (ET, 60)45. En definitiva: "Que podamos ir a donde queramos exige que no existan Cosas absorbentes causalmente, y menos la Cosa central; que no existan tampoco Cosas direccionalmente acaparadoras, y menos aún El Fin, El Centro del mundo. Si vamos a alguna parte será porque hemos comenzado por elegirla cual final" (ET, 59-60), y es que "Los llamados "valores" se convierten en señores cuando los hombres los aceptan cual fin y final; mas aceptarlos así define al hombre como pretérito y obsoleto -o no actual" (ET, 54)46.

El único fin de la técnica actual, pues, es la inventiva, pero de tal tipo que no es posible calificarlo de "El Fin", y de ahí que en otro escrito afirme: "la meta, un punto irreal: el punto apuntado y en cuanto apuntado por la dirección que lleva" (Ex, 127), es decir, el entendimiento y la voluntad como campo de ser para inventos, o lo que es lo mismo: que el fin del hombre es la libertad (la omnímoda disponibilidad, el ser); el ser "Inventor", de modo que lo real quede abierto a un filosofar propia y auténticamente transustaciador: hombre como transfinito con deseo de Infinitud, de ahí que diga GB: "Ninguna de esas cosas -dogmas, sistema de axiomas, teologías, filosofías, tipos de economía, de sociedad, de derecho... con pretensiones de "único" y "definitivo"- puede pasar de ser final, estación; jamás arrogarse el título de fin. El fin es la infinidad, la perenne y perennemente renaciente disponibilidad; otra manera de decir que el fin del hombre en cuanto actual es la libertad -sea o no su forma inicial y rudimentaria la de la españolísima gana" (ET, 54). Una gana que, en clave sentimental "española", se concreta en el ansia de ser Dios, lo Infinito, pues no puede conformarse con nada finito47, y de ahí que si se intenta imponerle valores eternos "se sublevarán o se les sublevará la libertad -la infinidad con sus exigencias de omnímoda disponibilidad" (ibid.).

Así, pues, júntese a la inexistencia de fines, y por la tanto a la libertad definitoria del hombre afirmada por GB, el deseo peculiar y novedoso de ser Infinito (Dios), añádase la esencia explosiva o dinamita ontológica que es el hombre (transfinito y transfinitante), agítese bien la mezcla y se obtendrá un panorama altamente inestable para la realidad en estado natural, pero esperanzador para un hombre que anhela sobre todas las cosas salir lanzado hacia un estado supernatural de su ser, de su libertad, arrastrando para ello al resto del universo circundante, que se convertirá en "creatura" o realidad supernatural, también. Por ello dirá GB que con el poder de la técnica actual al hombre le va su ser y, con el suyo, el de todo lo demás, sobreviniéndole por ello una responsabilidad inédita hasta el momento en la historia. Por esa razón hará falta una nueva moral: una "moral de Señores", como se dirá oportunamente, o mejor, de Creadores48. Sólo falta una base real-material con que hacer real todo eso, y es de lo que se trata a continuación.

d- Material-y-eficiente.

Si el hombre se presenta actualmente como un ser explosivo en virtud de su gana de infinito y de su poder para poner en solfa el ser propio y el de todo lo demás, el universo físico se revela, actualmente también, como un polvorín onto-cósmico: "La técnica moderna, sobre todo la actual, ha hecho el descubrimiento -azorante, si fuésemos un poco conscientes- de que la sustancia, el núcleo de casi "infinitesimales" dimensiones del universo es explosivo, es infinidad; y a tal descubrimiento ha seguido otro, más desconcertante aún y tremefaciente: tal infinidad, real, física, comprobable, es "regulable", "montable", "graduable" por instrumentos inventados"49 (ET, 42). Por tanto, hombre y cosmos cual sustancias explosivas.

Esta base material del universo es causa material pero también eficiente, pues posee intrinsecado el principio de movimiento, tal como se vio en su momento: la radiactividad probabilística o espontaneidad: "su propio carácter de potencia dinámica básica, de "automóvil", de "se-moviente" (...) con el expansivo y explosivo, propio del estado atómico, nuclear y aun molecular" (ET, 65-66)50.

Lo anterior abre la puerta a la posibilidad no sólo de transformaciones, sino de "transustanciaciones" o cambios meta-físicos, creadores, afectantes tanto al alma como al cuerpo del hombre natural, ya que en la actualidad se dan, según GB, las condiciones necesarias para ello: "Hay con qué y de qué realizar por sus pasos" novedades o creaciones semejantes: "ese "con qué y de qué", esa realidad es en uno causa material y causa eficiente, se halla en, y es, el estrato nuclear, atómico, molecular de la realidad". Y, acudiendo a Heisenberg, recuerda que lo eterno y lo indivisible es lo máximamente expuesto a transformación: "de todo en todo", y que la base del universo tiene tales características, y que por ello en lo microfísico son posible transustanciaciones reales: "sin restos" o "materia básica realmente común". Tal es, dice GB "el criterio moderno para saber si se ha llegado a lo básico de la realidad, al fondo de las cosas", y afirma que, al igual que ya hacen los físicos, "Tal fenómeno merece calificarse de "creación"" (ET, 67-68).

En definitiva: la materia del universo es lo que faltaba añadir al coctel anterior para posibilitar la enrealización todo tipo de empresas, aventuras e inventos y, en el extremo, la de ser Infinitos o Dios en persona: "En virtud de semejante constitución de los elementos básicos del universo, de la realidad, se puede afirmar ahora (...) que hay con qué hacer todo (causa eficiente), y hay de qué hacer todo (causa material), y que eso "con qué y de qué" son la misma realidad, estática y dinámica de una vez y en uno" (ET, 67)51. Una materia, o causa material y eficiente, que es , como se dijo "divina", de modo que afirme GB: "Hay, pues, con qué, hay de qué y hay cómo realizar la empresa propia y distinguida de la técnica actual"; que "La empresa "divina", definidora de la técnica, en cuanto actual, es realizable por la progresiva epifanía o revelación de la constitución "divina" de las realidades básicas" (ET, 68). Una "empresa" de creaciones, transustanciaciones o novedades que poco tiene que ver con las que el uso que de la técnica se hace cotidianamente nos proporciona, y por eso dirá GB que se trata de "novedades "en ser" -aparte de las de vestidos, perfumes y aparatos que caracterizan la técnica en cuanto actual" (ET, 67).

e- Proporcionalidad causa-efecto.

En una técnica supernatural, frente a la concepción clásica, no hay proporción entre la causa y el efecto. Por eso dirá GB que ni siquiera Newton, al igual que la física medieval y griega, comprendió que "lo grande en el dominio de la causalidad consiste precisamente en realizar lo del Evangelio: fe con dimensión corporal de granito de mostaza; y efecto, con magnitud corporal de montaña. Desproporción de causa y efecto; causa mínima, efecto máximo. Explosión" (ET, 37); "La técnica y la ciencia actuales es, o da, ese salto de género a género en todo" (ET, 39).

Ahora aparece plenamente claro el significado del epíteto "supernatural" aplicado a la técnica, así como el de "actual" en cuanto a lo último surgido y en tanto que realidad explosiva. El hombre que posee tal tipo de técnica es de un género espiritual diferente ya de sus ancestros, por lo que es claro que para GB la causa de la verdadera brecha antropológica y, por tanto, del origen de la auténtica historia, es la técnica supernatural: "el hombre primario o propiamente hombre será aquel que invente la manera de no ser creatura de nada ni de nadie; muestre con sus obras, con práctica, que se ha hecho diverso de todo, inclusive de eso suyo, previo inmediato: ser Señor de lo natural. Se haya hecho, pues, a sí mismo Creador, ya que creador, a diferencia de señor, no sólo es distinto de sus productos sino diverso de ellos, tan diverso que los invierte o los hace inversos: resultan creaturas los que comenzaron por ser creadores" (ET, 74). Un tipo de hombre que no admite más límites que los de su libertad y, en consecuencia, desconsiderado para toda realidad en estado natural: "Lo natural, su propia naturaleza incluida, es para el hombre actual simple y bruto material para fines inventados por él, y con finales que él se propone por decisiones inventadas" (ET, 24). Hombre como sustancia explosiva y demoledora: "definiría al hombre diciendo: "el hombre es el explosivo de sí y del mundo" -"El Gran Triquitraque", "El Combustible del Universo", "La Bomba del Ser"" (ET, 133); "el ser del hombre es explosivo -propio y ajeno-; y que habría de definirse por algo así como la dinamita, y no tanto por lo de animal racional" (ET, 61); "La Cabeza del mundo y del ser" (ET, 103).

En definitiva: "Autor y lectores, todos nos hallamos embarcados en el siglo veinte (...) Embarcados en una técnica supernatural, cual empresa de nuestra época, empresa de la que podemos tan poco evadirnos como de las empresas de luz y fuerza, de agua y gas, de petróleo y cemento de que nuestra vida depende" (ET, 35); "En una frase, a la que deseo éxito, diría: lo típico de nuestra técnica, la de nuestros tiempos, es ser técnica de explosivos" (ET, 24).

Sin embargo, aún somos híbridos: "Los hombres actuales somos aún (...) híbridos reales de hombre natural o primitivo, de hombre señor del universo y de hombre productor, creador de mundo" (ET, 80). Esta condición híbrida, nos advierte GB, deberá ser tenida muy en cuenta si no se desea poner en peligro, por un sentimiento mal llevado de vanidad entitativa o complejo de superioridad onto-metafísico, el proyecto de transustanciar al hombre en Dios, como habrá ocasión de comprobar en otro capítulo.

6.3.4.2. El hombre "creadoramente humanamente animal" o "Animal social".

Analicemos a continuación, dentro de los límites del tema, qué tipo de hombre es el sujeto propio (supersujeto) de la técnica supernatural y, en consecuencia, de la historia real en fase histórica.

"El mundo artificial (...) -dice GB- proviene de un hombre que está siendo humanamente animal en grado y nivel de distancia superior frente a animalmente humano. El hombre es productor -causa eficiente, eficaz, rectora, ocasionalmente-, de "El Hombre y El Mundo: de un mundo nuevo más real que el anterior. El Hombre es ya, más bien que humanamente animal, creadoramente humanamente animal o animal creador; y las cosas, creaturas suyas: obras de las manos de El Hombre, con objetividad propia, real-de-verdad, frente a la objetividad simple de lo natural" (M, 354).

Nótese en lo dicho: a) cómo el hombre asciende a "productor" de "El Hombre y El Mundo", es decir, a creador de un nuevo ser para sí y para lo circundante; b) cómo la categoría de "productor" implica la posesión de una cuádruple causalidad; c) cómo los seres creados por el hombre (artificiales) poseen superioridad óntica y epistémica frente a los naturales. Por esta razón de lo que se trata es de "que sea el hombre causa eficaz, rectora y ocasionante" (M, 211), y "eficiente" (M, 354), en grado creciente asumiendo de este modo para sí la función de "causa sui" y de causa de un mundo nuevo o artificial (tecnocosmos), de manera que pueda autodenominarse "Creador" en sentido estricto del término, y llamar a todo lo demás "creatura". En este sentido el proyecto filosófico de GB queda perfectamente expuesto en Metafísica:

"e) El hombre dispone, por ahora, de tres procedimientos -reales de verdad-, para hacerse real y verdaderamente transcendente frente a mundo y universo: I) poner a rendir lo que él tiene dentro de sí de causa eficaz, y poner a rendir al máximo a las causas eficientes por medio de las causas eficaces.

2) Potenciar lo que él tiene, por datos suyos, de causa rectora (cibernética); a la vez insertar lo más que se vaya pudiendo causas rectoras (cibernéticas) en el mundo.

I),2) hacen realmente posible, y real de verdad, la transcendencia del hombre -sobre el hombre natural, sobre el mundo natural, dándose a sí mismo la constitución de Primer motor de sí y del mundo.

3) Planificando la actuación de causas ocasionantes, tratar de reabsorber la dosis de racionalidad informante de mundo y universo, rebajando las cosas a la categoría de cualquiera y de alógicas, para así hacerse él, el Hombre, a sí mismo -contra el hombre natural y el mundo natural-, Razón de sí y del mundo.

Tres planes metafísicos en que vale la pena que trabaje una metafísica que quiera ser actual" (M, 209).

Adviértase que se trata de algo de proporciones cósmicas: que el hombre se haga motor-y-razón de sí y del universo. GB admite que por la planificación de la actuación de las causas ocasionantes el hombre debe reabsorber lo que de racional haya en las cosas, a la vez que inyectarles la suya propia, pero estancándose en la transcendentalidad sólo llegará a "Señor racional" u "hombre primero". Lo peculiar, sin embargo, del "hombre primario" era ser, como se explicó, motor de explosión, y en los motores rige, nótese, la causalidad eficaz y rectora.

Se trata, por tanto, de aunar ambos elementos en un nuevo tipo de mundo: el artificial, de ahí que GB afirme: "el mundo actual, predominantemente natural, no está regido ni por un primer motor -causa eficaz y rectora-, ni por razón, sino por causas eficientes, formando cadenas más o menos largas y estructuradas, y siempre sometidas a un principio de conservación total, es decir, a que, en resumidas cuentas, no pase nada nuevo en realidad de verdad. Si se lograra cambiar -no de palabra, o interpretativa, sino realmente-, el estado de lo real de natural a artificial, )se llegaría a un universo regido, real y verdaderamente, por un primer motor y por razón? )No sería tal estado más estable que el natural" (M, 210); un mundo del que dice: "el artificial se parece a fábrica o laboratorio. (...); el mundo artificial, en cuanto todo, es fábrica bajo supervisión de Primer motor racional; para Ingenieros, que genialmente se han ingeniado para transmutar el mundo natural en universo que funcione cual fábrica automática de la que sea el hombre causa eficaz, rectora y ocasionante" (M, 211). Un mundo "en que lo artificial hace acto de presencia y eficiencia según causas eficaces, eficientes, rectoras y ocasionantes" (M, 208).

Profundicemos en lo afirmado por GB.

Por "causa eficiente" entiende GB "causa (...) de un cambio energético, según orden temporal fijo y según coeficiente de equivalencia real, fijos, dentro de la conservación total de realidad" (M, 199)52. Lo peculiar de la causalidad eficiente es, pues, el cambio energético. Ahora bien, este tipo de causalidad se verifica continuamente en el dominio de lo físico o natural como algo propio de modo que, en la medida en que resulte natural, tal dominio ostenta "como tipo de causalidad suyo el de causa eficiente", aunque ciertamente lo esté siendo sometida a un tono de "neutralidad causal" en comparación con la racionalidad, individualidad, dirección y transcendencia que pueda imprimirle la vida humana53.

El hombre puede intervenir en esa neutralidad que le trata como a uno cualquiera de los cuerpos del universo, orientándola y transformándola según sus planes y proyectos, es decir: "poner a rendir al máximo a las causas eficientes", de modo que por este hecho el hombre puede implicarse de lleno con la sustancia del universo (materia-energía). Mas tal optimización de esa causalidad eficiente rebosante del universo físico se hace "por medio de causas eficaces", de manera que de ese modo el hombre optimiza lo que de por sí tenga de causa eficaz él mismo. Veamos pues qué sea la causalidad "eficaz".

De ella dice GB: "posee, como característica, no el cambiar una forma de energía en otra -la energía mecánica de dar media vuelta o una vuelta a cierta llave en un auto, en casa... no es causa eficiente (según a) de los cambios siguientes, sino causa eficaz del surgimiento o entrada en acción de una verdadera causa eficiente" (M, 200). La causa eficaz es, por tanto, la desencadenante de las transformaciones energéticas, pero ella misma no se compone de ninguna, de ahí que afirme: "la causa eficaz no forma cadena con las eficientes, aunque sí contexto; y, de suyo, no hay cadenas de causas eficaces. Cada causa eficaz presenta un cierto matiz y grado de primer motor -inmóvil" (M, 200).

El citado "contexto" posee la siguiente forma: "orden cósico"; "según tiempo"; "según módulo mínimo de realidad", y en ello radica la clave para entender la transcendencia peculiar del hombre cuando potencia lo que de causa eficaz posee: "hacer A que B entre en la acción C está (y ha podido ser planificado) según orden cósico (tal movimiento mecánico coincide con la entrada en acción de tal causa); según tiempo -la causa eficiente D entra en acción al cabo de n segundos o dentro de tal margen de tiempo según el tipo de aparato, etc.; y según un módulo mínimo de realidad" (M, 200)54.

En definitiva: en tanto el hombre consiga someter las energías de la causalidad eficiente con el mínimo de esfuerzo, ajustando aquélla con la eficaz de forma adecuada tanto cósica como temporalmente, formando un contexto con ambas en que la eficaz transcienda a la eficiente, el hombre logrará máximos efectos con mínimo esfuerzo, descargando todo el trabajo sobre las causas eficientes, acercándose así, en cuanto causa eficaz, y como a límite propio, al modelo del "primer motor inmovil" (Dios). Así, dirá: "El hombre mismo -cómodamente sentado, sin esfuerzo-, se siente transcendente respecto de la cadena de causalidades eficientes que una acción suya -imperceptible, desmesuradamente pequeña-, desata en un artefacto. (...) En el mundo artificial (moderno) la conexión causal entre el hombre y los aparatos se verifica según el plan y designio de que el hombre intervenga como causa simplemente eficaz. Por tanto, según proyecto de primer motor, en plan y designios claramente transcendentes, es decir: de una transcendencia planificada por el hombre y para el hombre" (M, 200-201).

Además de las causas comentadas, GB nota que el hombre realiza las veces, y cada vez más, de "causa rectora" o, como también la denomina, "causa vectorial" o "cibernética" (M, 201). Esto significa que: a) del mismo modo que un vector no es magnitud física pero es real en cuanto dirección y admite un cálculo vectorial, aunque no escalar; b) y que a tenor de la segunda ley de Newton todo cambio en la velocidad o dirección de un móvil pide una fuerza, y se habla de fuerzas vectoriales55, así, también, decimos, el hombre para GB va convirtiéndose paulatinamente en "motor vectorial" de lo real: "la técnica moderna ha montado aparatos, cual el volante de un auto moderno, que reduce al mínimo la energía a emplear para dirigir (vector) el hombre los vectores reales -cantidad de movimiento de un auto de tantas toneladas... Para lo cual se coajusta la dirección con una causa eficaz, y a ésta con una causa eficiente. Una vez más: el hombre se hace él mismo a sí mismo -por especial invento real-, transcendente real y físicamente. Primer motor vectorialmente. Las más potentes y descomunales máquinas modernas las va a poder dirigir un niño" (M, 202).

Y no sólo eso, sino que el hombre ha llegado a inventar "aparatos autorreguladores" (M, 203), que son "otro caso de causa rectora", en que se produce un reajuste automático, como en el caso de un "vulgar termostato" o de lo pilotos automáticos de las aeronaves o buques, a diferencia, por ejemplo del timón de un velero56.

Por todo ello afirmará GB: "Toda la cibernética actual no es sino el estudio de causas rectoras -puras, si fuera posible, cuando más sujetas a un mínimo: es decir a progresiva reducción-, con base de causa eficaz, que es ya por su parte una reducción en realidad, que se asienta sobre un fundamento de causa eficiente lo más real posible ya o sin límite alguno en cuanto a realidad" (M, 202-203).

Llegados a este punto, es factible comprender ya plenamente la siguiente definición que da GB del hombre moderno57: "el hombre moderno -y esto define, en parte, el calificativo de moderno-, ha inventado artefactos en que la causalidad se escinde en causalidad sobre base de máxima realidad (causa eficiente) y causalidad sobre base de mínimo de realidad (causa eficaz y rectora). Al emplear dichos aparatos, el hombre se hace realmente transcendente frente a la realidad (causas eficientes), reduciendo a un mínimo su adscripción real a las causas reales; sin perder, por eso, el dominio real sobre lo real"(M, 203).

Ocupémonos, por fin, de lo concerniente a la causalidad ocasionante. Este concepto implica los de entropía y azar: "causa ocasionante es aquel tipo de causa cuya eficiencia se caracteriza por aumentar el dominio del porque sí, o dicho al revés: por desmontar el dominio de integral y omniempapante racionalidad" (M, 206). Un caso de este tipo de causalidad lo constituyen los juegos de azar58. Como se vio en su momento, dos son los modos de manifestarse o distribuirse el principio de razón suficiente (racionalidad)59, pues bien: "En el universo físico, a distinción del mundo físico (natural), tiene constantemente lugar, y es lugar propio, la creciente imposición de causas de estilo ocasionante; o sea, causas que realmente hacen disminuir el calado de razón, sacándola a superficie, al orden global. (...) Es suficientemente claro que el universo físico -tal como lo barrunta la ciencia física actual-, está constituido por causas ocasionantes, o estadísticas, cuyos efectos son: imposición gradual de la categoría de cualquiera (uno de tantos, uno de tantísimos...) y aumento gradual de la categoría de porque sí -imposibilidad de dar razón de ciertas cosas. Creciente desvanecimiento de la racionalidad del universo" (M, 206-207), y de ahí que afirme: "las causas ocasionantes pertenecen, en rigor, a la metafísica, y de ellas provienen las máximas transformaciones del mundo físico (natural), y del individuo humano, sociedad..., (...). Una causa ocasionante, por tanto, afecta a la distinción real de la racionalidad del universo y del mundo, perturbando o transmutando la distribución de racionalidad entre las cosas. Por lo cual, a medida que aumente -o por tendencia intrínseca del universo o por designios del hombre-, el número y tipo de causas ocasionantes, es decir: de causas generadoras de cualquierismo y de porque sí, la racionalidad -el éste, y el porqué asignable a todo éste-, se van retirando a ciertos órdenes; y llegará o puede llegar o se puede intentar (por proyecto y designio) que llegue a condensarse y recogerse en un éste privilegiado: Vgr. Espíritu absoluto, o en un conjunto de cosas cada una de las cuales sea, en cierto aspecto y grado, ésta -yo transcendental" (M, 207).

En definitiva: "El creciente dominio del porque sí o del cualquierismo sobre las cosas ha recibido en física el nombre de entropía (...); lo cual no obsta para que en regiones limitadas -una máquina bien montada, un viviente...-, decrezca la entropía o, dicho al revés, aumente el dominio del porque tal o porque cual; todo lo cual es a costa de que crezca en otras partes la entropía, para que así, juntos crecimiento y decrecimiento, den o un total cero o bien la entropía crezca en el sistema total que es el mundo" (M, 333).

Por tanto, si el hombre, mediante algún procedimiento, consiguiera aumentar la entropía en ciertos dominios pero condensase la racionalidad en uno peculiar en que ella rija, el hombre podría llegar a ser el único principio de razón suficiente y distribuirla del modo que le convenga o, de otra forma: "Tiene, de consiguiente, perfecto sentido -dentro de la metafísica actual, no en la anterior-, preguntarse: )puede proponerse el hombre, cual designio, hacerse él a sí mismo transcendente, con transcendencia real de verdad, multiplicando e intensificando el número y acción de causas ocasionantes, con el resultado de que un creciente número de cosas entre en la categoría de uno de tantos, de cualquiera, de alógicas, de modo que las categorías de éste (único, original, yo...) y de racional se reduzcan, condensen y unifiquen en Uno -vgr. Espíritu absoluto (...)- o en un grupo privilegiado de unos, cada uno de los cuales sea éste?" (M, 208).

Se trata de una "aventura" de carácter y consecuencias "metafísicas" que demanda la "decisión metafísica"60 de correrla o no. En cualquier caso, la decisión de tomar el universo como racional y el azar por simple juego acaban con la posibilidad de tal aventura; situación que, sin embargo, la "aventura de la física atómica", la de "la energía atómica, bomba atómica, reactor, motor... atómicos" ya ha "decidido" enfrentar61.

Cuando dice: "grupo privilegiado de unos, cada uno de los cuales sea éste", GB está haciendo referencia implícita a un aspecto que forma contexto con todo lo dicho: el social. Se trata del nuevo tipo de hombre o sujeto propio y adecuado a una técnica supernatural: "Animal social es la definición de hombre, en cuanto inventor del mundo en que los hombres ven que se ven, oyen que se oyen, conocen que se conocen, y las cosas los miran, sin tener, para ello, que verlos, tocarlos, oírlos...con órganos bióticos" . Y luego: "En la tercera (fase), cada hombre es uno de Nos: uno del Pueblo. (...) En la tercera: se acrecen a la par, y sin límite, descosificación del hombre y del universo. Hombre, por fin, humano; universo, por fin, mundo. Pueblo-y-mundo, Pueblo-en-mundo son el estado a que tienden ya, declarada, planificada, y aun desaforadamente, hombre y universo" (IFAM, 188-189).

Por estas razones, en Metafísica afirmará que mundo artificial es propio del hombre creadoramente humanamente animal; un mundo en que cada hombre sea "individuo", es decir: "éste", a la vez que parte de un "Todo" humano, "Nos" o "grupo privilegiado de unos", con categoría de "sociedad humana"62. Un estado humano en que está "cada vez El Hombre más despierto ante un mundo cada vez más objetivo" (ibid.).

La postura de GB es la consecuencia lógica de algo ya dicho anteriormente: si todo es puesto en estado de universal o Todo teórico y, en consecuencia, el hombre comienza por ser especie y cada uno un particular, ahora, con la transformación que sufre el estado natural de cualquier realidad a manos de la nueva técnica, "especie" se artificializa en "especialidad", resultando cada hombre un "especialista": nuevo tipo de relación entre nuevo tipo de elementos y Todo (individuo-Sociedad)63. Nuevo hombre, fundador de un nuevo dominio: hombre primario, creador de un mundo que es el primero en ser, verdaderamente, "paisaje artificial"64.

El elemento que funge como condición de posibilidad de este nuevo tipo de hombre y mundo no es ya el diálogo, sino el trabajo: "El trabajo ha sido nuestra salvación; nos ha salvado de ser creaturas y, poco a poco, por pasos bien ganados nos asciende a creadores, productores, inventores" (IFAM, 188). Y así: "Pueblo es invento. Pueblo es Nos en mundo de enseres, no en universo de cosas, no es suma de hombres en universo de cosas que él: hombre y los hombres no han creado o recreado a su imagen y semejanza. Pueblo es Todo de hombres que han reformado cosas que no veían ni miraban al hombre en cosas que los miren a todos como Todo; y transformado cosas que los veían mas no los miraban a todos, en cosas que, además de verlos a Todos, los miren como Todo" (IFAM, 186-187).

El trabajo es considerado por GB como "categoría ontogénica" de hombre y mundo:

"Tal proceso es, en uno, creación del Pueblo y creador de Pueblo. El universo de los seres, humanizado por los inventos del hombre, es creador de Pueblo, quien se mueve, vive y es entre seres humanizados, cual en su mundo -suyo, por derechos de creador. Los seres son ya sus seres. A su vez: el hombre, en cuanto inventor es creador de mundo -transustanciado por milagro universo de seres en mundo de enseres. El Pueblo es creador de mundo.

Trabajo es enmaterialización o encarnación de inventos; es hacer de seres enseres; de universo, mundo; y, a la vez, y en uno, de hombres sociedad.

Para implantar el socialismo no hace falta sino trabajar; lo demás, se nos dará por añadidura. Pero si trabajo es categoría ontogénica, productora de otro ser en los seres y, en especial, productora y enmaterializadora del ser del hombre en cuanto a creador, inventor o productor, socialismo será, por sus pasos, categoría antropogenética: productora de otro tipo de hombre.

Pueblo y Trabajador terminarán siendo lo mismo. Se ganarán por el trabajo tal identidad. Todavía no lo son; mas la identidad ganada es la real de verdad; no la inmediata, la que algo es sin más ni más, de buenas a primeras y para siempre"(IFAM, 187).

El trabajo (transustanciador) acrecienta la cohesión de la sociedad humana y su poder, elevándola progresivamente al estado de Creador: "Nuestra hermandad, real de verdad, crece con las fases de la transubstanciación del universo en mundo, de la de hombre natural en hombre trabajador. La auténtica hermandad surge en forma de sociedad de trabajadores. Y nos la ganamos paso a paso, invento a invento, a pulso de ocurrencias, ingeniosidades y golpes de genio" (IFAM, 41). Es claro, por tanto, que para GB es el Hombre o Sociedad: Pueblo o Nos, el adecuado para ser cuádruplemente causa y, por tanto, hombre artificial y artificializador de todo lo demás. Juntando, pues, ambos aspectos: el causal y el social, comienza a tomar cuerpo la teoría bacquiana del hombre como artefacto viviente o viviente artefactual (Sociedad), de la que trataremos en un próximo capítulo. Por ahora baste lo siguiente:

"El hombre va dando pruebas -no por simple probar, sino por haber puesto a prueba y tenido éxito-, de su creciente transcendencia, de su ascensión hacia Primer Motor racional del universo. (...) Al tratarse con las cosas en plan de causa eficaz y rectora se siente el hombre dueño y señor del universo -y se pueden sentir así desde el que maneja cómodamente sentado una grúa, por el chofer que guía con un dedo el auto, hasta el técnico que echa a andar y vigila, tranquilamente sentado, un reactor atómico... No así mientras el hombre actúe de causa eficiente, colocándose en el mismo orden de las causas físicas en su ordinario estado -picapedrero, ciclista, mecanógrafo., salvaje que saca fuego por fricción, no quien hace luz por apretar un botón; maestro de escuela que grita a los alumnos la lección, no locutor de radio o televisión... Mas no es, aunque a primera y falaz vista lo parezca, un hombre en cuanto individuo y único (...) quien se siente y está realmente siendo señor y dueño del universo" (M, 330-331)65.

El hombre, aprovechando la causalidad física (tipo antecedente-consecuente) extiende el principio de razón suficiente en sentido estricto, de modo que la técnica es, desde esta perspectiva, el progresivo dominio de la causalidad eficaz y rectora que permite al hombre trabajar menos y dirijir más, por lo que GB llega a decir: "Es la gran fórmula de la técnica moderna: que trabaje lo físico" (ACC, 42).

El hombre impone a lo físico, también, formas propias inventadas para fines propios66. Progresivamente se impone la causalidad estricta, separándola de la física: creciente humanización del universo natural67. Lo propio de la técnica, sobre todo de la moderna, consiste en separar lo físico de lo rector, aspecto que GB destaca como elemento clave del pensamiento marxiano68. Hombre, por tanto, como ciberneta o primer motor racional.

Se trata, en definitiva, de un "proceso de destrozo y reconstrucción de las cosas, de descuartizamiento y reajuste del hombre" que hace preciso "un nuevo tipo de unificación; montarlos: en profesiones, en máquinas" (M, 328), para que se adueñe del mundo natural un tipo de causalidad diferente que dé origen a un mundo artificial en todos los órdenes69: "la expansión de lo artificial: el creciente empleo de causas eficientes, rectoras y ocasionantes" (M, 217).Y todo ello será posible mientras no se imponga la entropía contra la que el hombre se defiende y lucha en cuanto ser viviente y racional, y mientras se mantenga en la "decisión metafísica" de hacerlo.

Sobre estos y otros aspectos sociales implicados por la teoría de lo artificial en el pensamiento de GB volveremos en otro capítulo. Queda en éste ya suficientemente claro, por lo dicho, que el sujeto propio de técnica e historia supernaturales ha de ser supernatural (artificial y artificializador) él mismo y, en tal sentido, no puede serlo un hombre individual natural, sino social o, como se verá en otro lugar, un supersujeto de estilo biomáquina al que GB llama "Sociedad", que surge de transformar (trabajo) lo natural (material o espiritual) en condiciones de producción comunistas (humanismo práctico).

6.4. Tipos de instrumentos.

En este apartado sistematizaremos la riqueza conceptual que presenta el pensamiento de GB respecto de las realidades artificiales técnicas, como no podía ser menos en virtud del principio de isomorfía que rige entre tipos vitales, tipos de ciencia y de técnica, de modo que nos interesará ver el modo en que nuestro autor llena de contenido una afirmación que viene de lejos: "Individualizarse por distinguirse de los otros y por unificarse a sí mismo: del predominio de un factor sobre el otro dependen las formas de vida y los tipos de ciencia y conceptos y hasta los instrumentos más vulgares" (ITF, 52).

Al hacerlo notaremos, además, algunos desplazamientos de significados que confirman, desde otra perspectiva, algo ya advertido con anterioridad: la radicalización o "actualización" de su pensamiento respecto de las exigencias requeridas para que una realidad merezca con propiedad el epíteto "artificial". En definitiva, y como se verá claramente al final, nos vamos a ocupar de lo que podría denominarse historia de los artefactos. Los artefactos, en cuanto auténticos "efectos", son símbolos de los tipos de vida humana que son su "causa", por tanto, a través de ellos puede conocerse ésta, y de ahí que GB afirme, como se verá oportunamente, que los museos de la técnica, de los inventos, deben ser considerados como algo más que simples muestrarios de artefactos: son una auténtica lección de historia "real"; de la historia de la humanización "real" del universo y, por tanto, de la única y verdadera historia: la que hace y es la vida humana, que es transcendente (transfinita) y transcendental (mental) a la vez.

6.4.1. Instrumentos fenomenológicos.

Instrumento fenomenológico es el que "abstrae realmente de los cuerpos" una propiedad, poniéndola en un nuevo y real estado: "está siendo realmente en estado abstracto", el cual depende de la "actuación y constitución" del instrumento70. Por ello, GB dirá que los fenomenológicos "son instrumentos inventados, cuya función propia es la de descubrir dentro de lo real -concreto, turbio- una propiedad -en estado nuevo de limpio frente al concreto- que ellos no han producido" (TMTC, 195). De otro modo: son aquellas realidades artefactuales que permiten "abstraer para ostentar, el ser de ciertos entes, o lo que de ser están siendo ciertos entes", y por esta razón afirmará GB que aunque se trate de aparatos de la ciencia física, "en rigor filosófico" lo son de tipo "fenomenológico, con funciones ontológicas" (M, 303).

La abstracción del ser no provoca alteraciones causales en el ente al que se aplica la operación, pues se trata de una acción extractiva, no separativa:

"Todo el mundo artificial físico está lleno de tales aparatos: medidores de tipo fenomenológico, con funciones ontológicas: abstraer para ostentar, el ser de ciertos entes, o lo que de ser están teniendo ciertos entes. Y el de retiene aquí su plena fuerza: son medidores, y miden, al estar en conexión (en contacto) con las cosas a medir, extrayendo de ellas algo real que, en principio, no disminuya ni altere su realidad o lo que de ente tengan; y extrayéndolo, más no separándolo ni absorbiéndolo todo en ellos, sino cual se extrae una muestra -en realidad insignificante por su cantidad-: muestra de vino de una cuba; muestra de temperatura de una cantidad de calor de un depósito, atmósfera...; muestra de la longitud de una barra, sin que tal medir altere o se lleve algo notable de lo medido... Sacar (abstraer) una muestra, y mostrar así lo que una cosa es -en un orden: calor, longitud...-, es faena fenomenológico-ontológica: poner de manifiesto en una muestra lo que de ser tiene un ente determinado; muestra del ser de un ente. Tal muestra, dicha en términos de un orden -extraño al parecer, al filosófico-, no posee valor causal, no tiene valor real (de ente)" (M, 303-304)71.

Por tanto, no se trata de instrumentos provocadores de transformación causal alguna del ente, sino que han sido concebidos para hacer de fondo de resalte sobre el que aparezca el ser de los entes a modo de "muestra" y, en tal sentido, dirá GB que son aparatos ontológicos: "aparatos ontológicos, es decir: realidades montadas según un plan inventado para hacer de lugar de aparición (fenomenológico) de lo que de ser tengan las cosas"(M, 132)72. Y más concretamente: "Han sido inventados según un plan -(...), y podemos ahora añadir: según verdad transcendental- descubrir lo medible, contable... Según un proyecto bien determinado poner a prueba la concordancia entre realidad y plan (Entwurf, Kant, Prólogo a la 20 Edición de Kritik der reinen Vernunft)" (TMTC 195-196).

La transcendentalidad que presenta la estructura de los instrumentos fenomenológicos es, con todo, de escasa potencia, pues aunque permite aparecer sólo lo que interesa al hombre (temperatura y sólo la temperatura de un cuerpo, sin lo demás que lo constituye, etc.) y lo aparecido en ellos lo hace formando parte de un plan, evitando así ser "retazos y mosaico de lo real"73 al entrar a formar parte de un "escenario" o contexto transcendental (mundo), tal estructura no queda plenamente sometida a lo artificial (plan) ya que la intención rectora es dejar que el ser de lo real aparezca mejor, dándole facilidades para ello al proporcionarle esos fondos adecuados de aparición que, filosóficamente considerados, resultan ser tal tipo de instrumentos. Por esta razón, GB dirá de ellos que "son de suyo y por primera intención, simplemente manifestadores de lo que haya previamente a toda producción" (TMTC, 231).

Parece claro, pues, que, en rigor, en los instrumentos fenomenológicos es la transcendencia humana la que resulta sometida a la cosa, pues toda la actividad categorial se centra en encontrar fondos adecuados a la realidad de la cosa que al hombre interesa aislar, de modo que el entendimiento gira, a pesar de todo, en torno a la esencia pues, dice GB, "Las cosas, dejadas a sí mismas, descubren a veces, y encubren otras, lo que son" (ET, 92), y de ahí que "Los instrumentos típicos de la física -química, astronomía- clásica son fenomenológicos: simples descubridores de lo real según y en la medida en que lo prescriba un plan; descubridores de una propiedad, puesta por ellos en estado de "limpia" -abstraída, resaltante frente a un estado concreto, sin separarla realmente de él" (TMTC, 196). En consecuencia, ante la falta de actitud (en su constructor) y de poder (del instrumento) trasformadores de lo real (ente), GB afirmará que los fenomenológicos "Son instrumentos adscritos a lo natural, por la parte del objeto, y a servicio amplificador de los sentidos naturales del hombre, por parte del sujeto" (TMTC, 231).

Como es evidente por lo dicho, es la ontología la que actúa callada pero eficazmente en los instrumentos fenomenológicos con independencia de su complejidad y época histórica a la que pertenezcan, de ahí que GB afirme que en tal caso se trata de "instrumentos específicamente diferentes, pero del mismo género próximo: del fenomenológico natural. Ponen de manifiesto, a veces numéricamente de manifiesto, lo que las cosas son, (...) ellas de sí, ellas de por sí" (ET, 37)74, y de ahí la denominación genérica: "llamémoslos instrumentos fenomenológicos o declaradores" (TMTC, 231).

Por su condición de instrumentos que "son, de suyo y por primera intención, simplemente manifestadores de lo que haya previamente a toda producción", tal como se dijo, caben en la categoría de "aparatos captores" (IFAM, 48), pues éstos "no inventan o producen su objeto. Inventan la manera de sacarlo de su propio ambiente o elemento" (IFAM, 49).

Los instrumentos fenomenológicos son isomorfos con un tipo de hombre cuya conciencia es limitadamente creadora, a la que GB denominada "conciencia activa", y de la que dice: "La conciencia es doblemente activa, en este caso; es inventora del aparato (...) y es utilizadora del invento (...). Mas siempre también tal conciencia activa (...) es conciencia pasiva, paciente; tiene que aguardar a que se le dé el objeto, (...) Tal mezcla explosiva de actividad y pasividad, de naturaleza e inventos es causa de la intranquilidad constitutiva del pensamiento -la Unruhe, de Hegel; la uneasiness de Locke" (IFAM, 51-52).

Ese aspecto ambiguo de la conciencia que les sirve de base vital es el que reflejan los instrumentos fenomenológicos, y lo que GB condensa en el epíteto "descubridores", frente a otros de tipo "desencubridores"75, resultando el hombre que los inventa y de ellos se sirve "fenomenólogo pasivo": "la fenomenología pasiva, la de simple descubrimiento, y sus correspondientes técnicas, provienen de la ontología: de haberse decidido el hombre (...) a dejar que las cosas ostentaran lo que son, colocándose todos, hombres y cosas, en plano de co-presencia"; "fenomenología pasiva o plenitud radiante y organizada de copresencias"(ET, 95)76. Y así, "En esta atmósfera de copresencia descubriente, de fenomenología pasiva, surgirán cual engendros propios, termómetro, barómetro, balanza, nivel, densímetro, clorímetro, electroscopio, fotómetro, gráficos, sistemas de referencia, escalas de dureza, tablas de constantes, estadísticas...; todo ello aparatos fenomenológicos pasivos. Técnica propia de un hombre que ha inventado para sí modos y plan de que el universo se le descubra; que ha humanizado racionalmente el universo" (ET, 93)77. Todos ellos son artefactos "hechos a base de aprovechar lo que las cosas descubren de sí", resultando un "Mundo de fenomenología pasiva, y de fenomenólogos pasivos, que hacen, por inventos, sin duda, de esa necesidad virtud" (ET, 93).

Por todo lo dicho, resulta claro que los instrumentos fenomenológicos son propios de una técnica naturalista o, si se prefiere, racionalista o transcendentalista, pero no propiamente transcendental o meta-física.

En definitiva, la idea básica que rige el pensamiento de GB en este punto consiste en establecer la conexión isomórfica entre los instrumentos fenomenológicos y un tipo de hombre cuya acción transcendental (conciencia activa) está lastrada por una actitud aún esencialista, de modo que su transcendentalidad sólo le hace fenomenólogo pasivo, por lo que el tipo de verdad correspondiente es el de verdad ontológico-transcendental (Volt): "teorías del conocimiento centradas en V (olt), y servidas de instrumentos fenomenológicos" (TMTC, 197); "Algo está (es) verdadero, porque él, de por sí, ha sacado a la luz, al campo de patencia, algo que de ordinario o naturalmente, tiene oculto, cubierto o tapado. Verdad como descubrimiento. (...) Dejar que las cosas, sea cual fuere su primera presentación, ostenten, de por sí, lo que son, y no parecía aún, es, por parte del conocedor, actitud fenomenológica pasiva ante la verdad fenomenológica natural. )Qué otro "concepto" de verdad puede formarse un hombre natural, sino este? "Concordancia consigo misma de una cosa que comenzó por no parecer tal, y termina pareciendo ser tal"" (ET, 99).

Por tanto, los instrumentos fenomenológicos pertenecen a un tipo de hombre que es "Señor" del universo, mas no aún "Creador".

6.4.2. Instrumentos transmutadores.

Dice GB: "Los instrumentos típicos de la física actual son transmutadores, -que hayan tenido precursores, puede ser y es verdad histórica. Avión, televisor, radio, teléfono, auto, radar, reactor atómico, submarinos, computadora electrónica... son instrumentos, inventados según un plan de transformación -no según un plan de descubrimiento (fenomeológico) del universo" (TMTC, 196). En rigor, como se dirá, ni en plan de descubrimiento, ni de desencubrimiento, sino de violación desaforada.

En otra obra, GB los denomina "instrumentos metafísicos", es decir: "realidades montadas según proyecto y designio inventados para hacer de lugar en que ente se transforme en ente, o ser en ente o ente en ser" (M, 132)78. Pertenecen a este tipo "reactor atómico, motor de combustión, motor eléctrico... que transforman realmente un tipo de ente en otro: materia (de diversos tipos) en energía, un tipo de energía en otra..." (M, 132)79.

Lo peculiar de estos instrumentos radica en que en su plan entra la idea de transformación, de modo que con ellos el hombre no pretende dar posibilidad de acceso a lo real, sino algo diverso: "cuarto tipo o grado de verdad: la técnica, la de violación programada de lo profundo del ser real" (ET, 102). Se quiere someter a las realidades obligadas a aparecer a un nuevo proceso de patentización o verdad: "Verdad, es, ahora, hacer que lo profundo de la realidad -protones, neutrones, fotones, átomos...genes...-, se descubra conforme a los planes inventados por el hombre" (ET, 103). Nuevo tipo de verdad a la que GB se refiere como "verdad (transcendental) técnica" o, simplemente, "verdad técnica": "verdad técnica es concordancia "inventada" entre cosas y plan transmutador -inventado e impuesto exitosamente a lo natural por el hombre en cuanto supernatural (productor)" (TMTC, 196)80.

Aunque largamente tratado en otro capítulo, nótese lo que añade la verdad técnica a la transcendental: "La verdad típica de una ciencia en fase de actual es la transcendental técnica; respecto de ella la transcendental kantiana hace de base inmediata anterior. (...) Las categorías, -espacio, tiempo, causalidad, acción mutua...-, hacen aparecer la realidad reinterpretándola científicamente, -según ciencia física, ciencia matemática...-, mas no la transforman. Empero por plan intrínseco y empresa propia la ciencia en cuanto actual tiende realmente por instrumentos inmateriales (inventos de conceptos operacionales) y materiales (aparatos de transformación) a transformar la realidad (natural) según plan inventado por el hombre para el Hombre: humanización del Universo. El tipo de verdad ha cambiado- por salto dialéctico-; de transcendental ha ascendido a transcendental-técnico; y por incluir la técnica actual apertura al porvenir, tal tipo de verdad queda abierto a novedades, -apertura a novedades es otra manera de decir probabilidad" (EFC 157).

Los instrumentos transmutadores están al servicio de la verdad técnica y de su tipo isomorfo de ciencia y teoría del conocimiento: "teorías del conocimiento concentradas en el núcleo de V (oltT), y servidas de instrumentos transmutadores" (TMTC, 197). Con este nuevo tipo de instrumentos lo real queda rebajado, por ocurrencia, a material con que hacer auténticos inventos, nuevas obras (creaciones), y de tal grado de artificialidad, o sometimiento a la transcendencia humana, que inauguran una nueva etapa en la historia del hombre y del universo, pues dice GB: "La técnica actual es la ontología real de verdad, y el técnico es ontólogo practicante. Los demás, por contraposición con él, no pasan de ontólogos especulativos, y aun especulativos de lo superficial, somero, grueso y estático por solidificado y fosilizado. Conservadores y "en conserva". (...). Lo que pasa en lo físico pasa en óntica, y lo que pasa en física sucede en ontología. Las explosiones atómicas planificadas son explosivas del ser real, del profundo; son explosiones ónticas" (ET, 104)81. En definitiva, frente a la técnica actual, la moderna carece, en rigor, de intenciones transformadoras, meta-físicas, en virtud del tipo de vida (plan categorial-vital) con el que resulta isomorfa82. Por todo ello, pues, GB afirmará, tal y como se dijo, que la técnica actual sólo tiene sentido como metafísica, y viceversa.

Los Instrumentos transformadores son artefactos isomorfos con una vida dotada de nuevo plan categorial-vital y, en consecuencia, también de ciencia, y de ahí que afirme GB: "lo típico de la técnica, la de nuestros tiempos, es ser técnica de explosivos; (...) técnica de desaforada violación de secretos" (ET, 24).

6.4.3. Instrumentos ontofenomenológicos.

Se trata de un tipo de instrumentos a medias entre los dos anteriores, pues están constituidos por instrumentos "Productores (p) de un efecto y manifestadores (descubridores, d) del efecto, -es decir: productores de un efecto fenoménico" (TMTC, 231).

Los instrumentos fenomenológicos son, como se ha dicho, simples manifestadores de lo que hay previamente a toda producción, pero pueden entrar a formar parte de un artefacto más complejo que incluya instrumentos metafísicos: "Cuando se los ponga a servicio de instrumentos que sean, de primera intención o por plan, productores de un efecto (nuevo) entrarán, cual pieza y con función aparecifactora, en el tipo anterior, eminentemente causal" (TMTC, 231). Tal sucede vg., con el interferómetro, pues "produce franjas de difracción (mediante unos dispositivos suyos) y las manifiesta (por otros dispositivos)" (TMTC, 231), o un automóvil: "Un auto es instrumento que, por el motor..., produce movimiento, y por velocímetro, termómetros, amperímetros... manifiesta lo producido; une, pues, "efecto" con "fenómeno", -con realidad simplemente presencial, no operante ya" (TMTC, 231)83.

El artefacto resultante de los dos citados es un híbrido teórico-práctico al que GB denomina instrumento ontofenomenológico, y cuya acción, en virtud del componente causal o productor, consiste en desencubrir lo real, frente al simple descubrir de los instrumentos fenomenológicos: "El conjunto de los instrumentos de producir, y medir o de informar de la marcha de un proceso y sus resultados, ha de llamarse, pues, ontofenomenológico: da razón (logos) de lo que sucede realmente (onto) y lo manifiesta (fenómeno), sin dejarlo oculto, misterioso, trans. Designemos tal tipo de instrumentos con I (pd)" (TMTC, 231).

Lo anterior está presuponiendo una concepción antisustancialista contraria a la distinción real entre fenómeno y noúmeno, al considerar lo numénico como un estado de parte de lo real que aún no ha sido puesto en estado fenoménico, pero no lo siempre oculto tras lo que aparece. Oigamos al autor:

"Lo parencial es algo de la realidad no aparente; es un descuento real de su realidad inicial -es algo de ella en otro estado. (...) Tan verdad es que la radiación -o, en general, los parenciales inmediatos: calor, color...-, son descuento real de una realidad inicial, que rige entre descuento y resto de la realidad inicial y final de un principio de conservación. La idea de que los fenómenos o parenciales no alteran la realidad de base -no son ella o un descuento real de ella-, proviene de la concepción sustancialista: la sustancia no pierde nada de su realidad por tener accidentes; la sustancia no puede transmutarse ni parcial ni totalmente en fenómenos, en parenciales. La física actual sostiene lo contrario. (...) Luego la distinción entre sustancia y accidente es falsa, por inexistente. Sólo cuando una parte de la masa se trueca en energía -mecánica, radiatoria...-, la masa que queda, en estado de masa, quedará ocultada por lo que de ella, cual descuento real de ella, haya en energía (E). Ocultada quiere simplemente decir: en otro estado (fase); el matiz de "oculto" proviene de la falta de potencia de los sentidos o aparatos que hayamos definido como manifestadores. Si fuéramos de dimensiones de ameba, la luz y colores, vistos ahora, no serían parenciales; lo fueran los choques de moléculas, de una en una o de pocas en pocas; sentiríamos el movimiento browniano, o la estadística de Bose-Einstein, o la de Fermi-Dirac, en los choques eléctricos. Nada, pues, de "ocultismo"" (TMTC, 198).

Pues bien, si para GB es un hecho que en el estado humano la vida mental o superior ha de distinguir entre parencial (fenómeno) y sustrato (noúmeno), sin embargo, "Los aparatos -los sentidos científicos- no distingen entre parenciales y sustrato, aunque distingan, claro está, entre estados de una realidad y la magnitud de lo que en cada estado haya de ella. Los aparatos verifican (o falsifican) las teorías; las ponen a prueba -aprueban o reprueban-; e identifican a la vez el quién o el quiénes- cuántos y cuáles. La mente verifica e identifica, no mediante sus naturales y fácticos sentidos, sino por medio de los sentidos científicos: instrumentos que hubiere o se fueren inventando", de modo que el tipo de verdad que surge de este proceso es "Verdad verificable e identificadora por medio de instrumentos inventados -físicos o no-, Verdad perfecta; Vp" (TMTC 199).

Según esto, la actitud propia de los "fenomenólogos activos" es la de "desencubrimiento", que no es otra cosa, según GB, que "hacer aparecer" o "descortezar" lo real84, para obligar a las esencias a manifestarse tal cual son sin permitirlas aparecer a su modo. A pesar de todo, tal avance está frenado, de nuevo, por una mentalidad naturalista, pues en el fondo se trata de que la realidad esencial aparezca, aunque ahora obligándola a hacerlo tal cual es, y así, dirá GB: "La verdad típica de una ciencia en fase moderna es la transcendental, -en especial según su formulación kantiana, con esquemas (reglas adjuntas a categorías)" (TMTC, 152), que son la forma moderna de decir "esquemas", esto es: "regla de operaciones adjunta a un concepto lógico, para que funcione como categoría: de concepto (Begriff) con valor cognoscitivo (Erkenntnis) de lo real" (TMTC, 233)85.

En efecto, desencubrir o descortezar es posible debido a que los instrumentos ontofenomenológicos están hechos según un plan y proyecto peculiar, de manera que las cosas "sometidas a análisis, a desencubrimiento, programado o planificado, presentarán componentes que de suyo no están dentro del paisaje natural; entran y constituyen el mapa de su ser" (ET, 92). Por ello, GB dirá que con "Fraunhofer, Planck, Einstein, Fermi... (...) la ontología asciende, por salto dialéctico e histórico, por invención, a fenomenología activa: hacer aparecer de una cosa lo que puede entrar en un mapa, a costa de lo que entra a constituir su paisaje" (ET , 92).

Mediante el análisis programado, es decir, por causalidad dotada de un plan categorial o plan categorial-causal, se obliga a que aparezcan aquellos aspectos más profundos o encubiertos de lo real que la simple observación no suministra, mas los hace aparecer bajo el aspecto que el hombre les da con sus nuevos aparatos ontofenomenológicos; aspecto que no tienen en su estado natural. Se trata, pues, de "aparatos que hacen aparecer, desencubren lo naturalmente encubierto (...) trocando lo naturalmente visible, lo naturalmente objeto, en invisible, en transparente, en atemático e inobjetivo" (ET, 95). Así, vg., "lo es [diferente] el agua del río de esos dos componentes gaseosos "oxígeno e hidrógeno" en que se descompone, se desencubre el agua, por la virtud entrometida de una corriente de electrones, corriente entrometida por entrometerse el hombre a fenomenólogo activo" (ET, 94).

Esta actitud de fenomenólogo activo, u hombre descortezador de lo real, sólo es posible cuando adviene la sospecha de que lo real no presenta todo lo que es en su aparición ante nosotros: "sólo lo profundo puede desencubrirse; es propio de lo superficial descubrirse" (ET, 103). Por lo mismo, se llega a pensar que la realidad profunda es la causa de las corrientes "parenciales" que descubren los sentidos y la mente por ellos guiada (colores, calor...), y así dirá GB: "en esa superficie del ser, película macroscópica y burda de las cosas, se aposentan nuestros sentidos y las potencias que de ellos se sirven" (ET, 101).

Sin embargo, y como se ha dicho, una auténtica actitud desencubridora, a pesar de su herencia kantiana, no admite una distinción insuperable entre fenómeno y noúmeno, de modo que en este punto, y es lo que pretende GB, ha de ser ser corregida y complementada por una teoría de polimorfía óntica en la cual "oculto" no es ya estado esencial de realidad alguna, sino transitorio de cualquiera y, por tanto, transformable de un modo u otro.

La actitud desencubridora, por tanto, ha de tener a la base la idea de que hay una verdad óntica, opuesta a la revelada86, a la que es posible acceder por remoción (descortezamiento) de las superficies "parenciales", y por eso afirma GB: "De ahí la importancia de descubrir a tiempo que el ser básico se rige por un tipo de verdad diferente, aunque conexo con la verdad superficial (...). El ser mismo, profundo, atómico, nuclear, termina por deshacer, él mismo, por erosión, por sismo, sus propios externos parenciales; no nos engaña, por tanto no se oculta maliciosamente. Se es cual radio o el uranio, desintegrándose espontáneamente, o cual los volcanes, destrozando la propia costra terrestre" (ET, 101).

Aquello que la actitud desencubridora hace aparecer es, según GB, "la base real del ser" (ET 101), lo óntico, sin que nada oculto quede tras ello. En consecuencia, es lógico pensar que la verdad transcendental de tipo desencubrimiento, así como los instrumentos que la sirven, sean de orden superior a la transcendental ontológica y sus artificios isomorfos: "Algo es (está) verdadero porque él, de por sí, desencubre lo que naturalmente, él mismo cubre. Verdad eficaz; real hacerse verdadero, a costa y en contra de velos, costra, epidermis... que naturalmente se le formen a una cosa que ella forma o segrega. (...) Tal es el tipo y modelo de Verdad real de verdad, o eficiente -propio de la ciencia moderna y actual porque ha resultado ser propísimo de lo profundo del ser real: de ese estrato en que el ser se hace a sí mismo ser, y del que proceden sus corrientes parenciales" (ET 100-101).

A pesar de todo, conviene insistir en ello, GB nota que aunque la conciencia ya es activa, aún posee restos de pasividad, por lo que el hombre en este caso no pasa de ser y comportarse como fenomenólogo, pues el fin supremo a que se orienta la transcendencia humana consiste en una hazaña meramente cognoscitiva: desencubrir lo real para contemplarlo, en lo cual coincide con la ontológica: descubrir para contemplar.

En el fondo, y por lo dicho, la ciencia y técnica modernas siguen, como las clásicas, lastradas de ontología, de modo que los aparatos ontofenomenológicos, así como la ciencia que de ellos se sirva, seguirán en fase de conciencia activa, no aún de conciencia práctica: "La técnica moderna es, justa y precisamente, un experimento en ontología: la mostración de lo que de ser tienen los entes más determinados, cristalizados o endiamantizados. (...). Tal proceso entra en el tipo de conciencia activa, mas no en el de práctica" (IFAM 55).

Se trata, por tanto, en el fondo, de un proceso de tipo "dialéctico idealista" (ibid.), es decir, lastrado de teoría interpretativa: hacer que el ser aparezca "sin dejar oculto, sin misterioso, trans", esto es: desencubrir, y todo ello con la intención de ponerlo ante el entendimiento.

Los instrumentos ontofenomenológicos, por tanto, son propios de una técnica de analizadores, no aún de una de hombre creador o actual. La técnica "de los tiempos anteriores [a los nuestros], hasta el Renacimiento, fue técnica de analizadores; (...) técnica de irreverente desvelamiento" (ET, 24), pero no llegó aún a serlo de violación desaforada de los secretos naturales.

6.4.4. Instrumentos herramentales.

Además de los tipos anteriores, existen también "herramientas" o "instrumentos herramentales" (TMTC, 235). Denomina así GB aquellas realidades, materiales o conceptuales87 que, sirviendo como medios para la obtención de otros artefactos, no entran a formar parte de ellos una vez acabados, quedando, por lo tanto, como realidades externas a los mismos. Obviamente, en GB el tipo de herramientas estará en función del tipo de vida con el que resulten isomorfas. Oigamos al autor:

"Tenazas, sierra, destornillador -atornillador, martillo, polea, palanca...- son instrumentos de tipo "herramienta", aptos para producir los de los tipos (1), (2). Producidas, las herramientas quédanse fuera; y en principio, se las fabrica de modo que no se desgasten en ni pasen con su forma y funciones a ser órganos de los tipos (1,2). Si pasaran, en tal caso su nueva función la adquieren por virtud del contexto instrumental nuevo.

Herramienta es un instrumento con función productora (p) externa.

Puede haber herramientas (casi) naturales, cual las hachas neolítica; y artificiales, cual sierra, tenazas... Herramienta es, pues, instrumento ambidiestro: para lo ontofenomenológico y lo fenomenológico" (TMTC, 231-232).

6.4.5. Enseres.

El término "enseres", elemento básico de la estructura de "mundo admanual", no presenta, sin embargo, significado unitario en la obra de GB. Por esta razón, ocuparse de él será hacerlo, además, de la causa de dichas variaciones o desplazamientos de significado.

En IFAM, con "enseres" GB designa cualquier cosa que mira al hombre, es decir, realidades que han sido hechas para servir para sus necesidades o fines. Evidentemente, es lo que en Metafísica denomina artificiales de segundo grado. Ahora bien, distingue GB entre enseres de tipo "captor", que deben esperar a que se les de el objeto para poder realizar su función, y que van desde caña a telescopio galileano, y otro tipo que "hacen lo que son", siendo éstos los que en rigor reciben el nombre de "productos", pues no sólo los ha hecho el hombre para él, sino que realizan su función sin necesidad de que se les de un objeto sobre el que actuar, ya que son lo que hacen y hacen lo que son, por lo que son seres artificiales que pertenecen al hombre en mayor medida que los anteriores; son más "de" él88.

En efecto: si un artefacto lo es realmente cuando funciona, los "productos" funcionan (hacen lo que son) sin depender de un objeto exterior, mientras que los "captores" no pueden funcionar (hacer lo que son) si no es sobre un objeto externo, de modo que su funcionamiento, su ser, queda sometido a otro. Luego los productos son más artefacto que los captores. Así, dirá GB:

"Casa, calzado, mesa, silla, timón, barca, lápiz, papel, teléfono, televisor, avión, auto, calles, plazas... son productos: enmaterialización de ocurrencias, inventivas o ingeniosidades del hombre. Tales objetos, lejos de morírsenos al sacarlos a la arena del mundo, son entonces lo que son y hacen lo que son. No preexistían hechos, allá en el mar y los sacábamos a una no menos preexistente playa. Los sacábamos de nada que eran a mundo y, cual pez en agua, hállanse siendo y obrando calzado en pie, vestido en cuerpo, televisor en ojos. La materia natural -la materia naturalmente informada por sus formas- es la que se muere, al sacarla de universo a mundo" (IFAM, 54)89.

Nótese, por último, que en todos los ejemplos anteriores, tanto en los captores (caña, telescopio) como en los productos (calzado, avión, televisor...), el criterio no distingue entre tipos de técnica, ni el tipo de acción realizada: trabajo material o espiritual, afectando a todos por igual.

Por su parte, en ET negará la condición de enseres a artificios como los anteojos, microscopios, telescopios, poleas, carros, vestidos, etc., negando que hayan sido "hechos para", al decir que "no han sido hechos en su ser mismo para que sirvan"90, aspecto que en IFAM, sin embargo, afirma explícitamente. Así, en referencia a zapato, que es perfectamente asemejable a vestido (ET), dice: "De cuero, clavos...; de lezna, martillo... surge esa humilde, pedestre ya, novedad real que son los zapatos; y por su ser mismo cuero y hierro... me miran; y, por cuero y hierro trabajados, me miran lezna y martillo...; y eso de que zapato es calzado no es pura denominación extrínseca, sino intrínseca: es su ser mismo, impreso, cual forma y fin en la cosa misma. El zapato es realmente tal, al y por llevarlo; y es real y verdaderamente mío -de mí en cuanto hombre, bípedo que se sabe serlo y hace valer el serlo, contra pieles y hierro naturales" (IFAM , 58).

Esta aparente contradicción desaparece al tomar como hipótesis explicativa el desplazamiento de significados provocado por la radicalización en las exigencias de artificialidad para los artefactos; fenómeno este ya demostrado con anterioridad en el presente estudio. Si la hipótesis es correcta ahora también, entonces no sólo explicaría lo que ahora pretendemos sino que además se reforzaría su validez desde esta nueva perspectiva. Veamos si esto es así.

La radicalización aludida queda perfectamente de manifiesto en la cuestión que ahora nos ocupa al distinguir GB entre "producción","acción" y "operación", pues dice: "son operaciones si presuponen dados los objetos a que se aplican. (...). Mas una acción o transforma el objeto si preexiste, o si no preexiste, lo produce. (...) acción productora; ya no dependerá de materia preexistente " (TMTC, 97). Y afirma que los artefactos "son ya acciones" (o.c. 99). Más aún, y en rigor: "son artefactos (...). Sólo después de inventados con éxito son lo que son por lo que hacen efectivamente"; "son creaciones o productos (constructos)" (o.c. 98). Por tanto, según esto, "artefacto" será toda realidad artificial que realice acciones y, mejor, acciones productoras (producción), quedando excluidos de dicha categoría toda otra realidad artificial.

Pues bien, en ET niega carácter de enseres a todos los seres artificiales que entren a servicio de lo natural (órganos naturales, fines naturales...) sin transformarlo realmente, sino sólo potenciando su natural funcionamiento, dejando lo natural, humano o no, tal cual. Por esta razón dirá, paradójicamente, que tales artefactos, son "criados" o "siervos", pero no, en rigor, "creaturas"91.

Por lo anterior, es claro que "enseres" es término, como los de "artefacto", "invento", "creatura" y "tecnema", para artificiales de segundo grado cuya estructura sea plenamente artificial y, por tanto, su funcionamiento o acción, su ser, productor (causa) de efectos metafísicos tanto en el nivel macroscópico como en el microscópico92 o, cuando menos, transformadores del tipo en que lo son los de los instrumentos ontofenomenológicos, y así dirá: "lo natural se ha ido al fondo de nuestros aparatos, de cocina o no; sus formas, operaciones, usos ya no son naturales. Son, y recalco en el verbo ser, son inventos, creaciones, productos del hombre; no del hombre natural, sino de un hombre que se ha improvisado él por sí mismo eso de ser inventor, creador, productor de lo que jamás, dejada a sí misma, pudiera hacer la naturaleza ni la suya ni la externa. (...) inventores de nueva manera como el ser es" (CTHFA, 15).

Se trata, como se va viendo, y aún se dirá en el siguiente epígrafe, de "transustanciar todo en artefactos, en ser artificial, en tecnemas..." (o.c. 14); idea esta que se vuelve progresivamente dominante en el pensamiento de GB como demuestra el desplazamiento de significados observado ahora respecto de "enseres" y, con anterioridad en este estudio, respecto de los otros términos mencionados93.

6.4.6. Tecnemas y empiremas.

El artefacto de tipo tecnema94 posee estructura general de artificial de segundo grado: "Designemos por la palabra tecnema lo hecho según proyecto-designio de etiólogo (decidido)" (EFC, 64). Ahora bien, a esta estructura ha de añadírsele una exigencia para resultar propiamente artefacto tecnemático; una exigencia que por su progresiva implantación en lo artificial hace que el término artefacto llegue a identificarse en GB con aquél, y así diga:

"Artefacto (tecnema) es, de suyo, estructura constitutiva de cosas (naturales) en ciencia, o en estado científico.

Artificial es de suyo plan adecuado para dar a un campo de cosas (naturales) estado o estatuto científico. Artificial es proyecto científico.

Artificial es, de suyo, designio o modelo científico.

Así que: 1) técnica es ciencia, -a distinguir ya cuidadosamente de simple práctica. Y que la técnica sea ciencia, o tienda a tomar progresivamente tal estado, está incluido en el preconcepto de ciencia actual" (EFC, 70).

Según esto, "artefacto es un proyecto-designio, que, de realizarse, daría contextura científica a un dominio de objetos" (EFC, 64). Ahora bien, tal contextura científica ha de ser de tipo actual, o, como se acaba de ver, transmutadora, es decir, servida por verdad transcendental técnica, y no la de siglos anteriores, cuyos artefactos entrarían en la categoría de empiremas: "La ciencia de siglos anteriores al nuestro o era casi íntegramente teórica, -sin tecnemas-, o los poquísimos aparatos que había no habían sido producidos según proyecto teórico, -o teoría cual proyecto de reforma de lo real-, sino por ocurrencias sueltas de peritos, artesanos, artífices, empíricos... Ahora los aparatos son aparatos de la ciencia correspondiente, montados según ella y para ella. Así que el adjetivo calificativo técnica conviene propiamente a ciencia. Física técnica,-ciencia física técnica- es la actual" (EFC, 139).

Lo artificial en el pensamiento de GB , pues, además de ser un estado de lo real, se convierte en paradigma o modelo (plan, causa formal) de organización de la realidad material y espiritual con el que conseguir dotar a lo real de una superior eficacia a la que posee en estado natural: "artificial es -a parte de un estado de la realidad, a contraponer al natural- un modelo de posible contextura científica para cualquier material -natural, lógico, matemático, físico... económico...; según el cual, un material -lógico, algebraico...- se halla estructurado; es paradigma, a saber: tal contexto peculiar de relaciones es tomado cual plan según el cual transformar un material, si, de natural, no está constituido según él, o medir explícitamente cual norma lo que un material tenga de por sí en tal estado. Por tanto, la frase: planificar un material -lógico, matemático, físico... económico- según el modelo de artificial (técnico) posee perfectamente definido sentido" (TMTC, 103-104)95. Este modelo lo es de tipo transformador, es decir, posee carácter de idea-fuerza:

"El modelo artefacto es antifenomenológico o antinatural, pues, por plan, intenta hacer que una cosa ostente y haga lo que el proyecto prefija, lo que el designio se propone y la decisión se pone a hacer inventivamente. La técnica es la refutación inmediata y real original de la fenomenología. Fenomenología es naturalismo óntico; tecnología es supernaturalismo óntico.

(...) La ciencia, en cuanto actual, se caracteriza por la adopción -aventurada, resuelta y planificada- del modelo artefacto, para toda realidad -sea cual fuere su estado previo. La palabra artefacto -artificial, artífice, artesano...- puede ser sustituida, si a alguien le suena mal, por la nuevecita de tecnema -técnico, tecnocracia..." (TMTC, 104).

Los artefactos han de ser categorizados en dos grandes grupos: tecnemas y empiremas, pues dice GB:

"El telescopio, termómetro, balanza de precisión, aguja magnética... es, cada uno a su manera, un contexto de ideas matemáticas que es a la vez contexto de cosas físicas; mas cada uno de estos aparatos es lo que es, -termómetro...-, porque se ha comenzado por reformar y transformar lo real natural según un plan inventado por el hombre, -en vez de ver con ojos naturales lo natural dado, cual en la actitud teórica, científica o no; se comienza por construir algo nuevo que, construido, ofrecerá aspecto nuevo de sí y de las cosas naturales.

El espectáculo teórico (teoría o teorema) es secuela real del tecnema. Lo que vemos al mirar por un telescopio (tecnema) es efecto real, espectáculo producido (construido) por el telescopio (tecnema)" (EFC, 138-139).

De modo que "Cada instrumento montado según proyecto propio o contexto de ideas teóricas es un tecnema, (...). Tecnemas -teoremas "construidos"- son telescopio, microscopio, barómetro..., regla de cálculo, balanza de precisión, interferómetro, contador Geiger... actuales; no los aparatos pasados, que merecen llamarse empiremas" (EFC, 139).

El caso del telescopio resulta paradigmático para la cuestión planteada en este punto, y viene a confirmar lo que venimos diciendo. En efecto: el telescopio galileano pertenece al tipo de instrumentos fenomenológicos de la ciencia clásica, pues no hace sino ayudar a la capacidad natural que el ojo natural posee, sin que se altere su función ni introduzca cambios reales en el ente sobre el que actúa, mientras que los telescopios actuales desencubren lo natural al analizarlo o descomponerlo en sus componentes más sencillos, y lo hacen aparecer bajo aspecto científico (impulsos eléctricos, manchas coloreadas...), produciendo así en parte el fenómeno que luego miden y hay que interpretar mentalmente. Por tanto, el telescopio galileano, al ser instrumento fenomenológico para GB no entra, en rigor, en la categoría de enseres, producto, artefacto, tecnema o creatura, mientras que los actuales, que son de tipo ontofenomenológico, sí.

Pues bien, si los instrumentos ontofenomenológicos ( I (pd)) merecen ya el calificativo de tecnemas en virtud de su componente productor (I (p)), con mayor razón los instrumentos metafísicos, que transforman la "base de lo real" desencubierta por aquéllos, y no presentan carácter híbrido, como los ontofenomenológicos. Todo ello está implícito cuando GB dice: "Teorema, teoría -contemplación ineficiente, de pura y mutua presencia- son actitud y resultados fenomenológicos. Tecnema, técnica con instalación y éxitos de creador: de praxeología" (TMTC, 105). En definitiva: "La auténtica y real verdad transcendental se constituye por tecnemas" (EFC, 105).

Por este carácter "práctico", podemos afirmar que los artefactos tecnemáticos son isomorfos con un tipo de hombre del que GB dice que tiene "conciencia práctica", es decir, creadora de "productos" o enseres que son lo que hacen y hacen lo que son, por lo que no precisan de objeto externo para su funcionamiento. De ella dice GB: "la conciencia práctica es el plan mismo de romperlo [el plan ontológico o idealista]" (IFAM, 56); "la conciencia práctica, la de manos inteligentemente creadoras" (IFAM, 59). Es la conciencia que toma lo real cual material y sabe anonadar, "que es la muerte ontológica más grave", sin aniquilar, las formas naturales, resultando por tanto que "La técnica anonada las forma naturales. Y semejante anonadamiento de las formas no se queda en nihilismo; la realidad asciende a humanizada, y no para el hombre natural, sino para un estado sobrenatural, inventado, del hombre"; estado que, en cuanto Todo, es "sociedad"96.

Por lo anterior es claro que tecnema es término aplicable, en rigor, únicamente a los artefactos transmutadores, es decir, a servicio de verdad técnica o inventada; en segundo lugar, a los ontofenomenológicos y, por último, en sentido laxo, a los fenomenológicos que, en rigor, son ya "empiremas".

"Empirema" para GB es toda realidad artificial que no produzca transformación profunda alguna en lo natural, y pertenecen a tal categoría los seres artificiales que poseían los griegos y medievales, a fortiori, los de hombres primitivos. Así, respecto de los griegos, dirá GB: "Las ausencias de ciertos componentes en la ciencia "griega" (...) la definen negativamente. Así el conocimiento técnico no es, para el griego, propiamente científico. En rigor, su técnica no pasa de artesanía, de "práctica", de "recetas"; lo que también es excluido del concepto moderno de ciencia. En rigor, pues, no hay técnica entre los griegos" (EFC, 143).

Los empiremas, por lo que se viene diciendo, parecen encajar en un tipo genérico de vida cuyo tipo de verdad, y por tanto de ciencia y de teoría del conocimiento que está en su base es "el fundado en Vr, sobre el que se asientan v (l) y V (ol), teorías naturalistas del conocimiento, sin más aparatos de conocimiento que las potencias naturales: ojos, inteligencia..." (TMTC, 197), y así: "El invento de V (ol) se realiza en materia natural -algo así como la sílice tallada, la aguja de hueso, la flecha, los sillares..." (o.c. 193). Decimos genérico, porque aunque griegos y medievales son tipos humanos diferentes, desde la teoría bacquiana no llegarían a ser diversos, resultando sus instrumentos pertenecientes a un mismo fondo, pues dice GB: "la falta de conocimiento técnico, o de ciencia de tecnemas, es común a griegos y medievales, agravada en la época medieval por la escatología religiosa y formación ascético mística dominante; la Romana. (...). La verdad transcendental (veritas transcendentalis) es propia de Dios, y, de manera secundaria y restringidísima, del artífice y artefactos, -tan burdos y pocos en la época medieval" (EFC 146)97.

En el Renacimiento comienzan, según GB, a aparecer los primeros tecnemas, aunque muy pobres aún: "La ciencia del Renacimiento es ya de manera resaltante técnica, además de teórica. Recuérdese la invención de instrumentos a servicio de la astronomía, física; de instrumentos especiales para matemáticas, entre ellos coordenadas; nuevos tipos de números, de operaciones..., todo ello a servicio de la realidad primariamente, y secundariamente del conocimiento"; "El tipo de verdad, introducido y gradualmente impuesto durante él y posteriormente, es el de transcendental, realmente aplicado en física por el hombre, y no ya monopolio de Dios, -participado en minucias por artífices griegos y medievales" (EFC, 148)98.

Modernamente, los aparatos ganan en complejidad, montándose en artefactos cada vez más complicados en aspecto y funcionamiento, sean artefactos materiales (fábrica, auto...) o espirituales (corporaciones de especialistas...). Su tipo de verdad es la transcendental kantiana, es decir: "con esquemas (reglas adjuntas a categorías)"99. Por todo ello GB dirá: "La ciencia moderna se caracteriza, en cuanto moderna, por su tendencia al racionalismo, es decir: por la preferencia del conocimiento teórico (...). La técnica no sólo está dirigida por la teoría; es teoría, en estado imperfecto... determinismo absoluto (Laplace)... No se afirma, pues, que durante la época moderna no crezca la técnica, -en instrumentos, finura y alcance-; a pesar del crecimiento cuantitativo y cualitativo evidentes, la ciencia tiende a "dar razones" de todo, -razones matemáticas, lógicas y aun filosóficas" (EFC 150-151).

Como se verá oportunamente, además de lo ya dicho con anterioridad en este estudio, el racionalismo es uno de los peligros que acechan a la técnica y que GB se propone combatir con su peculiar filosofía de transfinitación, a tratar en el próximo capítulo. Pertenecen al tipo de ciencia moderna instrumentos del tipo "regla, compás, plomada, reloj, coordenadas, nivel, velocímetro" (TMTC, 193); "película fotográfica, cámara Wilson, termómetro, contador Geiger-Marsden, amperímetro..." (o.c. 195).

En contraste con todas las anteriores, en la técnica, ciencia y tipo de verdad actuales hay una actitud vital diferente en su origen, y de ahí su diferente trato con lo real natural; trato, en rigor, diverso, como lo es el tipo de vida del que surgen: "Lo teórico ha de servir no sólo de instrumento de reinterpretación del mundo real, -transcripción a otro lenguaje conceptual: hablar de lo físico en lenguaje matamático, Galileo, Newton; o de lo matemático en lenguaje lógico, -Peano, Russell, Whitehead, Hilbert...-, sino de instrumento de transformación. Tal es -parece serlo- la dirección eficaz, la tendencia, de la ciencia actual. No sólo apunta a ello, cual flecha en calle o poste, -que apunta pero ni impele o hace tender hacia-, sino tal dirección tiende e impele teoremas (teoría) a tecnemas (técnica)" (EFC 155).

Si la ciencia actual tiene como actitud-programa artificializar realmente lo natural, es decir, hacer de todo y con todo creación o auténtico "invento", tal cosa es lo que sucede ya en el artefacto tecnemático por su misma estructura, pues en él todo es artificial: proyecto, finalidad, designio..., todo "inventado". El tecnema es, por tanto, el paradigma de enser instrumental, pues todos los componentes de su estructura están instrumentalizados, artificializados: "Se puede, por tanto, hablar con perfectamente definido sentido de proyecto, designio y decisión instrumentados" (TMTC, 236) o, lo que es lo mismo: planificados: "La ciencia actual planifica la realidad" (TMTC, 96).

El tecnema, en cuanto modelo teórico o causa formal desde la que organizar la realidad, es el resultado de la decisión de extrapolar algo que previamente a la teoría venía sucediendo ya en el trato práctico del hombre con el universo, es decir, convertir el universo natural en utensilio o ser "a la mano" (en-ser). En este aspecto queda de manifiesto cómo para GB la dimensión teórica (trato explícito) es reflejo (isomorfa) de la técnico-práctica (trato implícito).

A su vez, y por lo anterior, tecnema, como estado artefactual y como paradigma, sería realidad isomorfa con un tipo vital actual, formando estela histórica, retrospectivamente, con otros tipos de vida anteriores y sus artefactos, tipos de ciencia y teorías: "natural tratado naturalmente -natural tratado artificialmente en cuanto a medios y naturalmente en cuanto a fines- o con proyecto artificial (técnico) mas con designio natural (fin y fines naturales), artificial, tratado artificialmente en todo (técnica o planificadamente), son tres fases del proceso histórico de la realidad -sea lógica, álgebra, antropología, economía..." (TMTC, 104).

Tecnema es, desde la perspectiva histórica, todo aquello artificial-artefactual (material o mental) generador de una auténtica "historia real del hombre" (ET, 111), es decir, transcendente o meta-física, y en este sentido debe entenderse lo siguiente: "Un campo de cosas tratado para darle estado de ciencia técnica introduce el tiempo en forma de variable independiente, no es eliminable por universalidad funcional (...). Así que un campo de cosas, -figuras, números, cuerpos, vivientes, formas sociales...-, tratado según plan de ciencia técnica o es histórico o se lo transforma en histórico. Es decir: ciencia (en estado de) tecnema es ciencia (en estados de) historia, a diferencia de la ciencia (en estado de) teórica o de teoremas que es a-histórica o antihistórica" (EFC 140-141).

6.4.7. Humanización "histórica" de universo y técnica.

Abríamos el presente capítulo mostrando la relación entre historia y mundo: historia era una de las maneras de elevar universo a mundo, es decir, de humanizarlo. Pues bien, cerrémoslo volviendo sobre aquello pero tal y como lo expone GB en una obra más próxima en el tiempo (ET) que las citadas entonces y, por lo tanto, con ideas más "actuales", de manera que retomando aquéllas sean elevadas en un torbellino dialéctico por los nuevos enfoques que caracterizan la etapa marxiana de nuestro autor. Se advertirá, inmediatamente, que se trata de lo mismo.

De la Historia, dice ahora GB que es "una de las maneras, propias y urgentes, de humanizar el universo actual, amueblado, cada vez más y mejor, de aparatos, instrumentos, enseres -de toda clase de artefactos" (ET, 107)100. La existencia de un invento no conlleva necesariamente la de otro, de modo que siempre resulta novedad, por lo cual sólo retrospectivamente es posible encontrar cierta racionalidad en el proceso si se otorga continuidad a una serie de sucesos que, en rigor, no la tienen, pues rige entre ellos la inconexión propia de toda creación auténtica (ausencia de racionalidad prospectiva), de ahí que afirme: "la historia se compone de acaecimientos de novedades, con vigilia finita y con octava finitas" (ET, 108); "la historia se constituye por novedades, por inventos, por fastos, por acontecimientos. Le falta, y tiene que faltarle, racionalidad prospectiva (...). Empero posee la historia, de manera distinguida, racionalidad retrospectiva. Venido al mundo o mundillo del transporte aéreo del avión de propulsión a chorro, todos los modelos anteriores pasaron a precursores de él, y no tardaron en entrar en la categoría histórica de antiguallas, obsoletos, anacrónicos. (...) pasaron a formar su estela- (...) No es que sean falsos; son algo históricamente peor: son obsoletos" (ET, 109-110).

Por lo que se acaba de decir, GB afirmará que el término "historia" se opone al de "evolución" cuando se aplica a lo natural, pues en lo natural las causas son reabsorbidas no pudiéndose señalar el paso evolutivo, mientras que en lo artificial es posible señalarlas, y así dirá: "la evolución sólo puede demostrarse por medios artificiales, (...), no tiene sentido, pues, ni conceptual ni comprobable-, evolución natural; si, y sólo evolución artificial, bajo dos condiciones: a) señalamiento de causas externas que actúen según proyecto-designio-decisión: b) que el resultado sea un artefacto; se quede en artefacto, no sea reabsorbido en naturifacto"; en consecuencia: "Una exposición de todas las máquinas de vapor, desde la primitiva hasta la más moderna de propulsión eléctrica o atómica, nos ofrece un buen ejemplo de evolucionismo artificial, -de orden de artefactos (semejantes) que cumplen las condiciones dichas. Lo cual no obsta para que se den, o puedan dar, artefactos que recaigan o pasen al orden de los naturifactos; (...) La fenomenología de lo artificial desaparece a manos de la fenomenología de lo natural. No así en el caso de las llamadas máquinas y de su historia. Los auténticos artefactos reabsorben lo natural, hacen desaparecer sus formas de aparición e impiden que lo natural, -que es pieza de ellos, no parte-, reabsorba, por interiorización, las causas, -reabsorba al etiólogo" (EFC, 62-63).

Pues bien, afirma GB que "la inmensa mayoría de los actuales hombres se comportan como adanes en mundo de cosas-adán (...) todo les parece caído del cielo, sin historia, cosas de ayer mismo; (...) su mente no está a la altura del enser que manejan sus manos, que les ha caído del cielo, ignorantes de su estela compleja y gloriosa de hallazgos, inventos, trucos, ocurrencias, golpes de genio..." (ET, 110). Cuando esto sucede el hombre pierde conciencia de su dignidad y se siente "creatura" de Dios o de lo natural, al no reconocer como obra esforzada de sus manos aquello de que se sirve, de manera que se siente extraño, alienado, perdido y desorientado en un mundo que, en rigor, es obra suya, resultando que lo vive con complejo de inferioridad101. Por tanto, la historia de los inventos será el remedio pedagógico contra el sentimiento de alienación: "la técnica actual -en matemáticas, física, sociología, economía...-, necesita de una pedagogía a su altura; y la primera lección de tal pedagogía, a la altura del primer paisaje artificial humano, es sobre "historia de los inventos", "estela de inventos", o "racionalidad retrospectiva de la historia real"" (ET, 111). Tal es "la manera más sencilla, y tal vez la más potente" de conseguirlo y hacer que "se sienta lo que es: productor de sí mismo, de un universo suyo" (ibid.). De otro modo: hacer que el hombre tome conciencia de su función creadora o productora, de manera que todo lo note como obra de sus manos, es la forma de acabar con el sentimiento de inferioridad, que no es sino producto del analfabetismo histórico que pesa sobre la técnica102.

En definitiva, y en esto radica en parte el interés filosófico por la variedad de artefactos y tipos de inventos que hemos venido tratando de sistematizar en el pensamiento de GB, el hombre es "progresivamente inventor, creador, productor. La humanización de la técnica actual -el vivir, moverse y ser desembarazadamente, y andar cual Pedro por su casa, por el "primer paisaje artificial" que hombre se ha dado con su propio esfuerzo e inventiva real, y no imaginaria- se consigue por la conciencia histórica, por la historia de la técnica, por museos de historia de los inventos. Ellos son los que "datan" la cosmología real, y no los aerolitos -religiosos, mágicos, imaginarios...-; nada de lo caído del cielo hace historia real del hombre" (ET, 111).

Y así, "No poder poseer de vez y en uno con tranquilidad de conciencia, con conciencia inescindida, sus manos, sus productos y su mente define el estado de alienación. La conciencia del hombre actual, a la altura de la técnica actual, a tono con el "primer paisaje artificial" se será inescindidamente, en paz consigo misma, cuando se verifique la identidad compleja: "las manos del hombre son sus manos: suyas", luego "los productos de sus manos son productos suyos"; "la mente del hombre es mente suya", luego "las teorías -religiosas, morales, sociales, económicas, jurídicas...-, son suyas". Nada del hombre es de otro; lo humano es íntegramente posesión del hombre. Tal identidad se alcanza con historia -no la sagrada, sino la de los inventos humanos. Y es identidad histórica real, conquistada y dinámica; no la sosa, boba y ñoña de "dos es dos", "el hombre es hombre", "el ser es ser"" (ET, 112-113)103.

Por tanto, caer en la cuenta de la variedad de inventos, artefactos, enseres... y lo que ello implica y manifiesta (dimensión simbólica del artefacto) respecto de su estructura y ésta, a su vez, del tipo de vida humana que está a su base, es una lección de historia, de humanización de la técnica, por serlo previamente de la humanización del universo por su medio.

Para denominar el estado del nuevo tipo de conciencia resultante no servirá ya el término "identidad", pues su forma de ser (estar) inescindida no revierte a una forma primera, sino que será el de "mismidad", de ahí que GB insista en la necesidad de "transmutar" los contenidos de la conciencia natural por otros más adecuados (sociales, técnicos...), de modo que si ha de seguir siendo conciencia, lo sea en modo y grado sobrenatural104.

6.5. Conclusiones.

Cuando lo real (físico o mental) en estado natural es reformado según planes inventados por el hombre y de esa acción surgen artefactos funcionando según lo previsto, nace la historia transcendente o real, que es un tipo de historia que supera en grado de realidad a la transcendental fundada por la mera sucesión de cosmovisiones. A su vez, la historia transcendente admite una potenciación superior en historia transustanciadora cuando esa transformación de lo real es radical (metafísica). En cualquier caso, siempre es la Vida bajo estado de vida humana, el sujeto de la historia.

Cada tipo de vida posee un tipo de técnica y de artefactos isomorfos con ella. La estructura definidora de lo artificial, sea de primer o segundo grado, es reflejo del tipo de vida humana que está en su base, de modo que sigue el mismo proceso de historización que ésta, de ahí la importancia de dejar establecidos los tipos de técnica que aparecen en el pensamiento de GB y, consecuentemente, el tipo de hombre que hace de sujeto de cada tipo de técnica.

Por lo mismo, habrá de caracterizarse convenientemente el tipo de artefactos isomorfos con cada tipo de hombre y técnica, tal como se ha hecho en este capítulo, mostrando así el tipo de conexión existente en el pensamiento de GB entre vida humana, técnica y artefactos desde una perspectiva diacrónica o histórica. Este hecho permite entender que GB interprete la historia de la técnica y de los artefactos como parte del proceso de humanización eficiente y eficaz del hombre y del universo, es decir, como historia real o realmente tal.

Según lo anterior, la historia real tiene su origen en la técnica (y artefactos) natural, resultando por eso historia real en estado natural o prehistórico, y su expresión más madura, hasta la fecha, en la técnica (y artefactos) supernatural o tecnemática, resultando entonces historia real supernatural o propiamente histórica. El sujeto de la historia real, en cada caso, aun siendo siempre la vida humana, lo es en grado y manera diferentes y hasta diversos, pues no es lo mismo ser hombre natural (primero) poseedor de técnica y artefactos naturalizados y naturalistas que serlo de tipo primario o creador y usuario sobrenatural de técnica y artefactos supernaturales o metafísicos.

Por todo ello, olvidar la historia será, según GB, olvidar el proceso de humanización por el que el hombre crea su libertad y su verdadero ser al hacer del universo y de sí mismo creaturas de sí. Esto explica la preocupación de GB por una pedagogía a la altura de los tiempos que incluya, entre otras cosas, la historia de los inventos y su exposición en museos adecuados que, en el fondo, no son sino museos de historia de la vida humana que les sirve de base (isomorfía).

Mientras que para GB técnica y trabajo son las acciones adecuadas para transformar los contenidos del dominio transcendental humano (ideas, ocurrencias, proyectos...) en mundo real-causal (mental o físico), la consideración del dominio transcendental como el supremo o único a cultivar y desarrollar propiamente por el hombre en cuanto humano comporta una valoración negativa del trabajo y la acción técnica y, por tanto, del mundo que surge de tal actividad: el admanual.

Lo dicho, hace que un autor como Heidegger, consciente ya en virtud de su tipo superior de intimidad de la radical transformabilidad del ser (posibilidades, frente a potencias (griegos-medievales) y posibilidad (Kant)), no advierta, sin embargo, las posibilidades reales abiertas por técnica y ciencia actuales, notándolas dichas posibilidades sólo en el dominio pensamental (transcendental). Esta es la razón por la que, según GB, Heidegger es incapaz de concebir como tipo supremo de transformación una de estilo meta-físico, es decir, superior en grado de realidad a la meramente ontológica (purificación del ser por modalización).

Por tanto, desde la perspectiva bacquiana, Heidegger está prisionero aún del prejuicio transcendentalista o racionalista, que le lleva a valorar lo artificial únicamente en virtud de su carácter alusivo a lo transcendental (simbólico), pero sin ver lo que de transcendente manifiesta (factum de la técnica). En consecuencia, no puede concebir la historia en estado "real" como algo positivo a potenciar, pues sería tanto como "in-sistir" en un estado caído del Ser, de ahí que para Heidegger la posibilidad resulte potenciada en posibilidades únicamente en el dominio transcendental, donde la presencia del tiempo (cambios de estado) resulta positiva al fungir como condición de posibilidad de una ascensión (purificación) del Ser caído.

GB, en cambio, en virtud de su concepción del hombre como transfinito transfinitante, tal como se verá en el próximo capítulo, desplaza el centro de gravedad de la transcendencia humana haciéndola pivotar sobre un tipo de transcendencia metafísica; no sobre la transcendentalidad.

A pesar de ello, o precisamente por ello, la transcendentalidad es valorada muy positivamente por GB en tanto que carácter distintivo del hombre frente a los animales. De hecho, como se ha visto, "técnica" es para GB, de forma básica y genérica, cualquier acto instrumental del que se tenga conciencia explícita, pero niega que este carácter transcendental por el que el uso instrumental resulta elevado a "hallazgo" sea el único ni el supremo: en rigor, mostraría tan sólo una diferencia específica, pero no óntica ni metafísica, de ahí que si el hombre ha de ser realmente distinto del animal, deba no sólo ser naturalmente diferente, sino hacerse diferente de lo que ya está siendo hasta convertirse en "diverso" o autocreación (causa sui) y creador de todo lo demás.

Para GB, la transcendencia humana reside en ser transfinitud transfinitante, por lo que no puede contentarse haciendo de la racionalidad el único límite separador de su realidad frente a la del universo físico y de los demás vivientes.

El hombre, en cuanto transfinitud transfinitante, tiene como límite u Optimo el Infinito: quiere ser Dios, y por eso la única historia que debe interesarle es aquella que surja de introducir tansformaciones (el tiempo como temporalidad) cada vez más radicales en el ser real (físico y mental).

Así, pues, la historia real o transcendente, y más la transustanciadora, no es otra cosa que la humanización del universo, lo cual significa que la técnica y el trabajo son acciones humanizadoras o historializadoras de lo real, y que "historia" dice principalmente antropogénesis y, correlativamente, cosmogénesis.

Ahora bien, para que exista una auténtica humanización del universo, tales acciones transformadoras deben ir guiadas por modelos transcendentales artificializados (inventados y planificados) ellos mismos según el modelo "tecnema", pues sólo entonces "Mundo" dejará de ser aspecto meramente transcendental para convertirse en "Mundo artificial", es decir, mundo real de verdad en virtud, justamente, del carácter artificial que exhibe y que el hombre le ha impuesto a su imagen y semejanza, mediante trabajo y técnica transformadores, y aun transustanciadores, del universo real en Mundo de tipo Tecnocosmos.

Justamente por ello, como se ha demostrado también en este capítulo, GB es cada vez más exigente en las condiciones a cumplir por una realidad artificial (material o mental) para poder ser denominada propiamente artefacto o tecnema, y de ahí el desplazamiento en el significado de términos como "enser", "artefacto", "producto" o "artificial", en el período del pensamiento bacquiano al que se refiere principalmente lo dicho en este capítulo.


1 Nótese la herencia heideggeriana en las expresiones que utiliza el autor: "fenómeno metafísico"; "acontecimiento metafísico", para referirse a la transcendencia del acto de despertar en virtud del coajuste entre ser y ente que conlleva.

2 Se le puede objetar a GB si potenciar la distinción no es, en el fondo, cultivar una propiedad natural, luego toda técnica que tenga por fin la distinción estará cargada de naturalismo y, por tanto, caída. Mas, a nuestro juicio, esta es la razón por la que, para evitar semejante contradicción, GB propone que el hombre no se conforme con ser "distinto", ni comportarse como tal, sino que se "haga diverso", como veremos.

3 La facultad del espíritu es la de retirada o epojé. Baste decir en este momento que la actividad definitoria de espíritu es "inspeccionar", frente al simple pensamiento, que "contempla" (Cf IFAM, 84-89).

4 Cf ET, 121-122.

5 Cf IFAM, 75-83.

6 Lo extraño filosóficamente es, según GB, que las cosas, al ser violada su causalidad final, se coajusten de tal modo que den una unidad (mundo) en lugar de un revoltijo desordenado, y que en tal contexto nuevo realicen funciones diferentes de las que marcaba su interna naturaleza (Cf ET, 84). Por esta razón dirá que resulta "maravilloso" que las cosas al dejar de ser naturales sigan sirviendo aún para algo, tal como se dijo.

7 Cf M, 355.

8 Sócrates fue, según GB, el "primer animal político" o dialogante (Cf IFAM, 181).

9 A pesar de la diferencia entre ambas, que luego analizaremos, las dos coinciden en ser "técnica natural", infecunda en comparación con una técnica "supernatural".

10 "Al mundo humano (...) pertenecen, por ley propia, arados, palancas, tijeras, hilo, remos, lecho, lanzas, ruedas, carros, bueyes, caballos de carrera, gallinas, tea, hogar, vestidos...; y, con el correr de los siglos y la lógica progresiva, intrínseca a mundo, entraran en él anteojos, telescopios, microscopios, poleas, galera, arietes y catapultas...; criados y criadas, adiestrados en especiales funciones y servicios, perfeccionamiento de funciones más elementales y primogénitas, según la misma línea o escalera, siempre dentro de los límites marcados por la condición restrictiva: "a, b, c... sirven de criados para el hombre, mas no han sido hechos en su ser mismo para que sirvan". Son esclavos de guerra; mas hombres por naturaleza; son manzana en mesa, pero manzana por naturaleza; aceite para alumbrar o condimentar, mas aceite por naturaleza..." (ET, 85).

11 Cf ET, 90-91.

12 Cf ILF, 9-13.

13 Cf TMTC, 86-87. También THFF.

14 Cf todo ello en ET, 86-87.

15 Cf ET, 25-26.

16 Cf ET, 87-89.

17 Cf ET, 88.

18 Considera GB que el afán de identidad y rechazo de toda contradicción en el ser es el equivalente previo del más restringido principio físico de inercia. Por otra parte, la transformación del defecto apuntado en enfermedad crónica sería el resultado del "frenesí de las tendencias" (Cf ET, 89 y 104).

19 "Sociedad es, pues, -dice GB- echando mano una vez más de la justísima frase de Ortega y Gasset-, el primer colectivo humano que vive, se mueve y es en el primer paisaje artificial que ha habido -y que lo ha habido porque el hombre, un hombre super-natural, lo ha creado para él y todos los demás: los supernaturales" (ET, 91).

20 Cf tales epítetos en ET, 24.

21 Cf lo dicho en ET, 39-40.

22 Cf ET, 41.

23 "Por mucho tiempo, que se cuenta con dos mil años, se creyó, por cosiquera, que del darse cosas calientes, se seguía existir una cosa: El fuego" (ET, 57). Se trata, evidentemente, de una crítica al sustancialismo, que conecta con lo dicho al respecto en el segundo capítulo de nuestro estudio.

24 Cf todo ello en ET, 65-68.

25 Cf ET, 21.

26 Cf lo dicho en ET, 22-23.

27 Cf IFAM, 41, 79, 185.

28 Sobre cómo las condiciones materiales modelan el tipo de pensar, véase vg., CSFA, 297 ss; ET, 22, 34, 37-38. Ya se advirtió, también, cómo en BTC (1946) la tesis central era la dependencia de las teorías científicas y filosóficas (trato explícito con lo real) de las prácticas técnicas o trato implícito mediante artefactos. No se pierda de vista que esta tesis está presente en el pensamiento de GB junta y simultáneamente con la de la isomorfía entre tipos de técnica y tipos de vida mental o superior (recuérdese la isomorfía entre el individuo perfecto y un sistema de coordenadas).

29 Lo mismo afirma en el artículo BTC y en CSFA, 299, 301.

30 No debe confundirse esta humanización que denominamos "práxica" con lo que GB llama "humanismo práctico". Por esta razón hemos preferido el término "práxico" al de "práctico", de modo que nos referimos con él a la humanización de un hombre cuyo pensar lo es de tipo "perceptivo", sin llegar aún a "objetivo" y, por lo tanto, en rigor, a espíritu, que ya haría referencia a un hombre "primario", creador, por "trabajador", de "objetos" reales de verdad o artefactos que sean auténticos inventos. En cuanto a la "humanización teórica", diremos que no es lo mismo que "humanismo teórico", ya que lejos de lograr una liberación de ideas falsas que lastran el poder de la técnica, por la humanización teórica o racionalista el hombre ignora aún la relación entre las condiciones materiales de existencia y el tipo de conciencia que posee en un momento dado, de modo que la teoría oculta dicha conexión (idealismo) impidiéndole advertir el poder de la técnica y, en consecuencia, el suyo propio, frente a lo natural.

31 Son "potenciaciones" de los hallazgos básicos, vg.,"reformar gritos en lenguaje" (Cf ET, 85).

32 De la humanización del hombre dice: "El hombre, a su vez, ha dejado de ser hombre natural, y se ha inventado servir para funciones tan innaturales, preternaturales, antinaturales o supernaturales como padre y madre de familia, en vez del natural arrejuntamiento de macho, hembra y cachorros; patriarca, en vez del natural padrote; rey, en vez del natural carnero adalid; agricultor, cazador, barquero, alfarero, mago... Este conjunto de relaciones humanas -hallazgo del hombre, basado, sin duda, sobre propiedades naturales que el hombre no ha producido- constituye el mundo humano, o transforma el universo natural de hombres en mundo humano" (ET, 84-85). Se trata de que el hombre se haga cada vez más artificial él mismo, poniendo todo lo suyo (cuerpo, mente, facultades...) en estado de artefacto (artificial) (Cf M, 187-190). En definitiva, que el hombre sea productor de sí y de mundo.

33 Nótese la dialéctica amo-esclavo aplicada por GB a la relación hombre-naturaleza.

34 En este sentido, cualquier acción por simple que fuere, en la medida en que resulte humana o humanizada será ya técnica; aspecto que Fernández-Lomana sintetiza bien así: "Allí donde el hombre actúa, surge su actividad de técnico con respecto al medio que le rodea. De este modo lo domina, lo subjetiviza, lo humaniza, lo hace suyo y acorde con su naturaleza" (FERNANDEZ-LOMANA DEL RIO, Ramón: "La técnica científica como horizonte histórico para una nueva visión del ser". Letras de Deusto (Bilbao) 1 (1971) p. 49). Sobre cómo sienten o notan los animales, GB hace sus afirmaciones advirtiendo siempre lo que de imaginario o supuesto tiene todo lo relativo a la percepción animal; cautela que indica a menudo con una referencia a Santayana acerca de las fábulas de Esopo y la ciencia fisiológica.

35 Nótese ahora con cuánta razón apuntábamos ya en el segundo capítulo de nuestro estudio a una coincidencia entre el pensamiento de GB y el de Zubiri y, por su medio, con Ortega, en este punto, a fin de evitar precipitarnos calificando de intelectualista la concepción bacquiana de la técnica. En efecto: como bien advierte Jesús Conill, Zubiri critica tanto la postura aristotélica, separadora de la teoría y la praxis; la intelectualista, que concibe la técnica como simple aplicación de la teoría, y aquella que concibe al hombre como simple homo faber o "concepción fabril de la técnica", sustentada sobre una concepción biologicista del hacer y de los instrumentos considerados como meras prolongaciones de los órganos corporales. Zubiri, desde la perspectiva de la inteligencia sentiente, considera que no cualquier movimiento que modifique el mundo físico constituye ya un acto técnico pues, con Ortega, hay que decir que la acción técnica tiene como propósito modificar el universo físico para vivir mejor. De otro modo: el instrumento técnico no es una prolongación supletoria del cuerpo sino que surge de la invención creativa: el motor del acto técnico es la invención, es decir: el hacer técnico no consiste en responder simplemente a una situación, lo cual es propio de un hacer adaptativo biológico, orgánico, sino en adelantarse o prevenir para dominar, y hacerlo además imponiendo modelos propios (humanizar) sin contentarse con lo que hay. La acción técnica lo es de una inteligencia sentiente y en este sentido, aunque al servicio de la vida, parece ir en dirección opuesta a la acción biológica. Por eso tiene razón Conill cuando afirma: "La invención y el poder que se plasman en la técnica tienen su origen común en el hacer de la inteligencia sentiente. Este modo de entender la inteligencia permite unir desde la más fundamental raíz antropológica el saber y el hacer, la verdad y la utilidad (eficacia), las convencionalmente escindidas razón teórica y práctica. La técnica es aquel hacer de la inteligencia que interviene en la realidad inventando, anticipando y dominando, para lo cual es necesaria la radical unión antropológica de saber y poder desde una inteligencia sentiente y posidente" (Cf CONILL, J.: "El enigma del animal fantástico. Bases para una antropología y ética de la técnica". Revista de Filosofía (México) n1 67 (1990) pp. 123-127).

36 Sobre la "conciencia pasiva", Cf IFAM, 45-48. Lo que aquí intentamos aclarar es de qué modo queda involucrada la técnica en GB con el punto en que sitúa la escisión entre el hombre y lo natural o no-humano. Pero quizá sea este un problema sin sentido pues, como afirma Félix Duque en referencia a Hegel, quien puede señalar un límite está indicando hallarse más allá de él, algo que GB sabe bien. Sin embargo, Duque afirma que nosotros somos el límite, y que no lo señalamos sino que derivamos con él arrastrando con nosotros lo que fuimos. Se trata indudablemente de una postura dialéctica que se aproxima, en una primera impresión al menos, a la transfinitud que propugna GB. En relación con lo dicho en la nota anterior, traemos estas palabras de Duque: ")Dónde está el límite, el umbral de la hominización? Tal umbral no existe, ni filogenética ni ontogenéticamente hablando. No descendemos de los primates: somos primates evolucionados, como lo son los chimpancés, como lo es el gorila. Es inútil hablar de una mutación genética afortunada, porque somos nosotros (...) los que decidimos de esa "fortuna" (...). Es inútil hablar de modificación externa del ambiente, porque nada existe (mineral, animal o vegetal; otra cómoda taxonomía que apenas tiene trescientos años) que no modifique su ambiente. Y si hablamos de modificación consciente, )a qué "conciencia" nos referimos? )a la guiada por, y centrada en, un fin? Los chimpancés que lavan las patatas en el río y enseñan a otros esta actividad, )no siguen un fin? (...). Y sin embargo, no se defiende aquí una tesis zoomorfa. Nosotros no somos como los demás animales, sino que somos quienes decidimos, históricamente, cómo son los demás animales y todo cuanto nos rodea. (...) La pregunta por el origen del hombre es una pregunta falaz, porque pide una definición (")qué es el hombre?"), y el hombre no puede ser definido porque, hablando con todo rigor, es él quien de-fine, quien delimita lo que no es él, volviendo hacia sí mismo (como en la reditio in seipsum tomista) a partir de esa operación (no exclusivamente conceptual; (...)). (...). Pero si la pregunta por el origen puntual no tiene sentido, sí lo tiene en cambio preguntarse por la diferencia mediante la cual el medio físico deja de ser considerado un fundamento material inerte o un depósito de fuerzas, orgánicas e inorgánicas, para convertirse en el lugar, el pre-texto y la ex-presión de la acción del hombre asociado a ese medio para controlar el alimento de que dispone y que lo forma (...)" (Cf todo ello en DUQUE, F.: Filosofía de la técnica de la naturaleza. Madrid 1986, Tecnos, pp. 62-67).

37 Hacerse "diverso" es modo de indicar el salto de género que se está produciendo en el hombre moderno y actual, del mismo modo que "transgenérica" es ya la técnica actual respecto de la anterior o "clásica". No se trata ya de diferencias especificas entre tipos de hombre, ni tampoco entre tipos de técnicas; no son ya "distintos", sino genéricamente diversos, lo cual es materia grave para la filosofía aristotélica y escolástica, y para toda otra de corte esencialista, pues trans-toca el orden natural del ser.

38 Cf ET, 45-46.

39 Sobre dicha concepción ver ILF, 59-61.

40 Recuérdese, no obstante, la critica kantiana al finalismo en lo natural, al igual que la de F. Bacon, que GB trae en ILF. Nótese, igualmente, que la filosofía kantiana es considerada por GB como la exposición filosófica de la física newtoniana.

41 Cf ET, 57-58.

42 Cf ET, 55-56. Adviértase la reducción óntica que conlleva la concepción cantoriana.

43 También afirma que "Los finitos no son finitos por virtud de un Infinito: de El Gran Infinito" (ET, 59).

44 Cf LISE.

45 Se trata de una secuela lógica de su teoría de "polimorfía óntica".

46 En este sentido, GB dirá que griegos, romanos, cristianos, son "fin y final" de sí mismos en cuanto hombres y, por ello, hombres naturales satisfechos de serlo, que descansaron al autodefinirse como "animal racional" (Cf ET, 16-17).

47 Infinito es aquello, dice GB, que de la disyuntiva todo-nada sólo puede realizar, y ha realizado sin escape, la de todo, y de no poder serlo, entonces ser nada. Finito, por contra, resulta ser aquello que se conforma con una parte y no se ve agitado por la radicalidad de la disyunción. (Cf ET, 54-55). Según esto, el sentido vital "español" es de carácter Infinito, por lo cual queda potenciado el polo infinito del transfinito que es la vida humana (tensión entre finito-infinito; caída-elevación: hombre como parábola con escapes al infinito). En este sentido el español supera en potencia transfinitante a otros sentidos vitales (Cf vg., la introducción a ILF). Es a este tipo de hombre moderno y actual y, en especial, de carácter "español", al que puede aplicarse esto: "Con el correr del tiempo (...) tanto al hombre corporal como al espiritual le sobrevendrá quedársele atrás final corporal respecto de fin corporal, dejar de confluir final del alma y fin del alma: hombre en estado de avorazamiento, de ganas, de insatisfacción, de apertura hacia lo infinito, absoluto, nuevo" (ET, 16). Desde este contexto debe entenderse vg., el tema del cuerpo humano, artefactos como sentidos artificiales, el soma..., dentro de la filosofía de GB en relación a la técnica.

48 En AFC no distingue entre Señor y Creador, no así en ET donde a éste le da el calificativo de "hombre primario" y al otro el de "hombre primero" o "primer hombre".

49 Para más detalles sobre los aspectos de infinidad y montabilidad de la base del universo Cf ET, 63-64.

50 Por estas y otras características insistirá GB en el carácter divino de la materia: "las profundidades de la realidad, de la materia (...) son divinas, son omnipotentes; constituyen el Gran depósito de energía, y son el Manantial del que todos, hombres y animales, plantas, minerales y dioses encarnados viven, y son, sus transitorios productos" (ET, 65). Y advierte GB que al decir que "la sustancia básica del universo es divina", el verbo está siendo usado en sentido "propio, no prestado, ni participado ni metafórico" (Cf o.c. 68). Recuérdese que lo mismo afirmaba en obras tempranas (cf. cap. 2 de este estudio).

51 Recuérdese el aspecto dialéctico que presentaba la base de lo real, tal y como GB la concebía fruto de su crítica a la sustancia.

52 Pone como ejemplo de este tipo de causalidad la máquina de vapor, en la que se opera una transformación de la energía calorífica (causa) en mecánica (efecto) (Cf M, 199).

53 Cf M, 208.

54 En el caso de un automóvil, ejemplo que pone GB, antiguamente era puesto en marcha (desencadenar las causas eficientes) mediante un manubrio, acto que conllevaba un considerable gasto energético de parte del hombre, mientras que actualmente basta un leve movimiento de llave. Pero plantea aún la posibilidad de hacerlo mediante una causa solamente eficaz, como en el caso de decir de ciertas palabras: "sésamo ábrete", para desencadenar las causas eficientes, de modo que no rija la condición de coeficiente fijo y finito de cambios en la causa y cambios en el efecto. En definitiva, desproporción entre la causa (tendiente a cero) y el efecto (explosión) (Cf M, 200-201).

55 Cf M, 201-202.

56 Cf M, 202.

57 El hombre creadoramente humanamente animal puede degenerar, con todo, en un tipo inferior al ponerse en estado de "Humanidad", y cada uno en el de "cualquiera". Se trata del hombre como "animal omnipromediador": hombre que se pone, y pone todo lo demás, en estado de "mercancía", surgiendo un mundo de tipo "Mercado" o "mundo artificioso". Se trata de una recaída en el estado de sueño desde el de vigilia alcanzado por el hombre de mundo artificial (Cf. M, 354-355).

58 Según GB los dados, la ruleta..., son aparatos que no sólo miden la entropía, sino que al accionarse aumentan la entropía o cualquierismo, a costa de la parte de universo físico en que rige alguna racionalidad, de ahí que diga que jugar "es un acto fenomenológico y metafísico" (Cf M, 203-205).

59 Cf M, 205-206.

60 Decisión de poner en marcha "planes y designios propiamente metafísicos", que constituyeran , de conseguir realizarse, la "prueba real de verdad", no especulativa, de las aspiraciones humanas, como vg., la inmortalidad. Y así, "decidirse a pones en ejecución tales planes, detalladamente concebidos, y semejantes designios, pormenorizadamente preparados según las causalidades adecuadas -de causas eficientes, eficaces, rectoras, ocasionantes a emplear-, constituirá una decisión metafísica -superior, por real de verdad, por real y verdaderamente transcendente, a toda motivación biológica, jurídica, moral, religiosa..." (M, 214).

61 Cf M, 208. Nótese, además, la herencia heideggeriana en el término "decisión".

62 Cf M, 355.

63 Cf TMTC, 87, 204-206, y en general 294 ss.

64 Cf IFAM, 91, 116-125.

65 Para mayores detalles sobre propiedad privada y uso de máquinas por y del Hombre, a fin de evitar el uso de fuerza bruta y ganar en libertad frente a lo natural se tratará en otro capítulo. Puede consultarse de modo sumario M, 330-335.

66 Cf ACC, 30.

67 Cf ACC, 47-48.

68Cf PPPMM, 133-134, 138-139.

69 A este respecto dice GB: "No perdamos de vista que el estado artificial afecta a todos los órdenes -religioso, moral, científico, jurídico, social, físico, biológico...-, aunque el tal vez momentáneo predominio del estado natural haga olvidar, o haga parecer natural, lo artificial. Tan artefacto es el método de abstracción total, formal, eidética, como una nevera; y tan artificial es el derecho mercantil como una red ferroviaria; y tan artificiales una moral de valores (frente a la natural de deberes y virtudes) como la organización de una empresa de transportes..." (M, 218).

70 Cf M, 303.

71 Lo que "muestra" el aparato fenomenológico es, justamente, una muestra sin valor del ser del ente (Cf M, 265), de modo que éste no sufre alteración notable, es decir: dentro de ciertos límites (Cf o.c. 304-305).

72 "Fenomenológico", es decir: "no llega a tener carácter meta-físico, o transformador de lo físico (...) no pasan de ser aparatos ontológicos, mas no llegan a instrumentos metafísicos, (...) o de transformación de lo físico (real)" (M, 132). Lo mismo en o.c. 303.

73 Cf TMTC, 195-196.

74 Pertenecen a esta clase artificios como: regla, compás, nivel, reloj, plomada, película fotográfica, cámara Wilson, termómetro, contador Geiger Marsdem, amperímetro, barómetro, balanza, telescopio, microscopio, máquina fotográfica (Cf TMTC, 195 y 231). Tanto los aparatos fenomenológicos, como los de otro tipo, pueden ser "materiales o no" (EFC, 149), es decir, "materiales" y "espirituales" (Cf TMTC, 53); "físicos unos, cual termómetro; híbridamente o empíricamente mentales (...) cual coordenadas-" (ET, 94), o bien, y en relación con los que ahora nos interesan, "instrumentos fenomenológicos conceptuales" (TMTC, 233).

75 "Pero descubrir, descubierto, es tan diverso de desencubrir, desencubierto como lo es el pulso de una paliza -los dos son golpes" (ET, 94).

76 Cuando dejamos que las cosas nos muestren su aspecto apariencial más inmediato (patencia) hacemos de "fenomenólogos pasivos", bien se utilicen los sentidos naturales o artefactos, tal el caso de "la luz estelar, dejada a sí misma y a los ojos naturales, dejados a sí mismos, o a esotros ojos artificiales pasivos que son los telescopios, estilo Galileo" (Cf ET 92). En tales casos "las cosas ostentarán lo que son, colocándose todos hombres y cosas, en plano de co-presencia", de modo que podemos "tratar de todo sin tratarnos con nada", vg., del fuego sin quemarse (Cf ET 93). Tal es la actitud racionalista, frenesí de la razón recien descubierta por el hombre, hecha profesión de fe; fe en su capacidad para "descubrirlo" todo (Cf ET, 94-95).

77 Hay también, según GB, instrumentos fenomenológicos conceptuales, como lo es cualquier tipo de coordenadas, que hace aparecer lo algebraico (numero) en lo geométrico, o los esquemas geométrico-lógicos de Venn...(Cf TMTC 233-235).

78 Esta denominación es debida al peculiar significado que GB da al término "metafísica": carácter metafísico, o "transformador de lo físico" (M, 132).

79 Otros inventos de este tipo son: trenes de flotamiento electromagnético, animales transgénicos, telecomunicaciones, transportes con motores de explosión, nucleares... GB plantea incluso la posibilidad, a través de las nuevas formas de comunicación, de entrar en contacto con hombres nucleares, es decir, muertos ya al cuerpo natural (Cf IFAM, 204-208). Todo ello serían las nuevas fronteras o límites del transfinito humano; los nuevos retos a superar y que abren ante el ser humano una nueva etapa cósmica y antropológica en la que al hombre le va su ser y con el suyo se la juega el de todos los demás seres.

80 Se sirve GB de los símbolos V (T) o V (oltT), es decir: verdad técnica o verdad ontológico-transcendental técnica, indistintamente, para referirse a este tipo de verdad (Cf vg., TMTC, 196).

81 Lo mismo dice de la electrónica: "Mas la "corriente" eléctrica no es causa natural; lo es supernatural; y sirve por igual, mediante supernaturales aparatos, inventados siempre, para producir calor, color, luz, movimiento mecánico, transformaciones químicas... En una palabra: la electrónica y sus formas espectaculares en televisores, teléfono... es ciencia supernatural -no por ello menos real que lo natural, sino transcendentemente real, por salto cualitativo", y añade: "De estos "saltos cualitativos" entre tipos de ciencias y de técnicas se compone la historia o componen la historia de ciencia y técnica, que, sin ellos, sería su desarrollo inercial" (ET, 38).

82 Dice GB: "la palabra "actual" significa de vez y a la una presencia eficiente y prospectiva, frente a los tipos anteriores de ciencia"; "la ciencia en cuanto o en lo que va teniendo de actual, tiende eficazmente a transformar conocimiento teórico en técnico, los teoremas en tecnemas (...), la teoría en técnica, es decir: inventar procedimientos o instrumentos para dominar lo real según proyectos del Hombre en cuanto hombre, y de cada uno en cuanto miembro de Sociedad" (EFC, 154).

83 Los instrumentos ontofenomenológicos, como los fenomenológicos y los herramentales, pueden ser "tanto físicos como conceptuales", y también "compuestos, -o dentro de un mismo orden: físico o conceptual; o de los dos órdenes" (Cf TMTC, 235).

84 Términos que GB toma de Heidegger (Cf ACHV, 42).

85 Las tablas o, como dice GB, "los esquemas de verdad" de Wittgenstein, pertenecen a este tipo (Cf TMTC, 232).

86 Como se verá oportunamente, en la verdad como revelación (legado del cristianismo a la filosofía moderna) lo característico consiste en que lo real se muestra cuando, como y a quien quiere, por eso, justamente, este tipo de verdad debe reservarse para la conciencia o intimidad humana, pero no sirve para hacer ciencia. Por tanto, en ciencia, nada de "ocultismo" o noumenismo esencial indestructible, sino que todo ha de poder quedar públicamente expuesto en algún momento y manera: verdad como manifestación (manufendere) (Cf ACHV).

87 Cf TMTC, 232-235.

88 Cf todo ello en IFAM, 34-35,41,48-49, 56,185,

89 No sólo la materia natural "muere" a manos de la técnica, sino que también "La técnica anonada las formas naturales", es decir, las sustituye por planes, proyectos..., humanizándolas: "la realidad asciende a humanizada" (Cf ET, 60);o, si se prefiere, las "descosifica" (Cf ET, 186).

90 Cf ET, 85.

91 Cf ET, 85.

92 La distinción entre macro y micro no es una cuestión que en GB dependa meramente del estado actual de nuestros sentidos, sino que son dominios en los que rigen leyes diferentes, por lo que la transformación que en un nivel u otro se consiga poseerá significado diferente respecto del poder del hombre para intervenir en uno u otro dominio. El hombre, por su estado actual, con que el se encuentra estando (dado) por nacimiento, posee ciertos poderes transformadores. A estos hay que añadirle aquellos con que él se ha ido dotando y con los cuales llega ya a interferir en el dominio microfísico, tan distante de su nivel natural cotidiano de existencia (nacimiento) aunque forme parte de la misma (base real).

93 La obra IFAM, aunque publicada en 1967, lleva prólogo fechado el 26 de junio de 1965. ET, publicado por vez primera en 1968, lleva prólogo del 17 de enero del mismo año. EFC se publicó en 1967, y TMTC, diez años después, siendo claramente esta última obra el desarrollo en profundidad de las ideas básicas contenidas en EFC. Por tanto, el inicio en el mayor énfasis en la exigencia de artificialidad para que una realidad artificial sea denominada "artefacto", "tecnema", "enser", "producto", y aún la misma de "técnica" puede localizarse entre 1965 y 1967. Tendencia que irá en aumento en las décadas siguientes.

94 El término tecnema aparece en los escritos de GB mediada la década de los sesenta. En IFAM lo emplea, sin explicitar, como sinónimo de artefacto moderno (auto...) (Cf o.c. 180). Como inventos que son, hay dos tipos de tecnemas: materiales o "teoremas construidos" (Cf vg., EFC 139; CTHFA, 15-16), y mentales: "tecnema teorema" o "constructos mentales" (Cf EFC, 67-68).

95 Sobre lo artificial como modelo véase también TMTC 92, 94, 101-104. En Metafísica aparece la idea de lo artificial como modelo, pues, en rigor, el estado artificial de segundo grado es un estado y un modelo: "cosas montadas según el modelo de concreto artificial de segundo grado" (o.c. 113).

96 Cf todo ello en IFAM, 55-60.

97 Respecto de la verdad, los medievales tienen como predominante la de tipo "revelación", frente a la lógica y ontológica, que lo es en los griegos (Cf vg., EFC, 144145).

98 Recuérdese que Renacimiento en ciencia para GB es el período comprendido entre 1400 y 1698 (Cf EFC, 149).

99 Cf todo ello en EFC, 152. La ciencia moderna para GB va entre 1698 y principios del siglo actual (Cf o.c. 149).

100 Otras dos maneras urgentes de humanizar el universo y la técnica, según GB, son la intelectual (aprender matemáticas) y la social (crear Sociedad) (Cf ET113-124).

101 Cf ET, 110-112.

102 El término "analfabetismo" es utilizado por GB en claro sentido contrapuesto al de "pedagogía" en cuanto tarea concienciadora dirigida a cambiar la valoración de lo técnico (Cf ET, 111, 115; CP, 18).

103 En un pasaje tan acertado como agudo (pasaje, por otra parte, muy similar a uno que trae L. Winner en La ballena y el reactor, pp. 57-58), F. Duque observa que el término "technázein" tiene en Platón el sentido de astucia o engaño, y que este significado posee, a su vez, una doble dimensión. Negativa (Leyes X, 889 A-D): "techné" como distracción pueril, y es el sentido que se suele destacar en el filósofo griego para notar lo técnico como actividad o dominio alejado (sombra de sombras) de la auténtica realidad. Positiva (República I, 342): engaño o desvío como algo necesario en ocasiones para llegar a la verdad: "rectamente considerada es la técnica el camino real que nos conduce a la verdad, pues suministra la concatenación jerárquica por la cual se asciende de un arte a otro superior: el desvío es aquí necesario, y el engaño mismo es engañado para, a su través, llegar a la verdad", con lo que "la techné puede ser desvelada como héxis nou: habitudo debida al espíritu (Crat. 414 C) que se encarna en un saber-hacer". Y prosigue: "El genio filosófico de Platón nos muestra así la techné como un bucle de retroalimentación, que tiende a cerrarse sobre sí mismo. (...), es esta concepción del engaño o desvío (á-pate: "fuera del camino") de la techné la que puede llevarnos a una genuina meditación sobre la técnica de la naturaleza. En efecto, todo organismo se mantiene vivo en la medida en que asimila el medio exterior, transformándolo y transformándose a sí en esa apropiación: los animales nos muestran ya la sabiduría de los misterios eleusinos (bodas del cielo y la tierra) en el "simple" hecho de devorar (Hegel, "Prólogo" de la Fenomenología del Espíritu): en la furia desatenta de la destrucción. (...). Esta atención deviene consciente en el hombre, que frena y neutraliza la satisfacción inmediata de sus impulsos mediante una astucia o desvío y, poniendo el instrumento como mediación entre él y la naturaleza, regresa a sí mismo a través de este engaño, y se ve, de este modo, como distinto a la naturaleza. Por primera vez puede decir "yo". Por vez primera puede, también considerar lo material como lo Otro, como cosas. Esta contemplación tranquila del esfuerzo técnico de la naturaleza nos conduce directamente al vector que atraviesa y da sentido a los distintos estadios naturales que ha realizado (y en los que se a realizado) la especie humana: (...). En la idea hegeliana de dirección está ya contenida in nuce la técnica de la naturaleza cibernética. Ahora bien: el proceso es universal. A partir de nuestra negativa a satisfacer directamente los impulsos (...), destacamos de nuestro cuerpo (si se trata de una herramienta) un saber encarnado, o destacamos a nuestro propio cuerpo (especialización de los órganos) como inscripción o huella (grammé) del mundo externo. De regreso de esta alienación, a través del útil mediador nos reconocemos a nosotros mismos y, de consuno, a la naturaleza, en la satisfacción di-ferida" (DUQUE, F.: Filosofía de la técnica de la naturaleza. Madrid 1986, Tecnos, p. 45-46). Tras lo dicho, no extrañará que Duque, como se verá en el apartado de conclusiones con el que cerramos este estudio, considere que un planteamiento, por materialista que sea, si escinde ingenuamente el universo en hombre (espíritu) y naturaleza y los enfrenta para lograr su superación en favor del espíritu seguirá siendo idealista. De ahí que GB, desde esta perspectiva, al considerar que la superación tiene lugar mediante una técnica que se impone a lo natural, contra ello y a su costa, también lo sea por mucho que pretenda evitarlo. En este idealismo reside, justamente, el aspecto místico-religioso (religante, mejor) de su filosofía de la técnica.

104 Cf ET, 121-124.