3.2.3. Verdad transcendental

Según GB, con Kant "la evolución de los tipos ascendentes de vivir las ideas que la vida occidental ha inventado para sí, surgió el cuarto estadio de relaciones entre sér, verdad óntica y verdad ontológica"; cuarto estadio caracterizado, de modo genérico, como "Sistema de subordinación entre verdad óntica y verdad ontológica, con separación de la cosa en sí" (EG, XXXVIII) o, expresado de forma más tradicional: "el sistema de condiciones necesarias y suficientes para conocer constituye él mismo el sistema de condiciones necesarias y suficientes para que las cosas (...) se conviertan en objetos y se me aparezcan como objetos (...)" (ibid.).

"Desde Descartes -dice GB- se irá imponiendo la convicción de que el tipo supremo de ciencia habría de constituir los objetos mismos de la ciencia , además de poner entre ellos la conexión lógica" (o.c. XXXIX-XL), es decir, el ideal de axiomatización de las ciencias. Bajo este aspecto, Kant resulta fundamental pues en él la vida refuerza el carácter activo de la conciencia y amplía el dominio en el que deja sentir su influjo creador:

"La dirección iniciada por Descartes -y realizada además en un esplendoroso y edificante ejemplo: la constitución ontológica de la geometría o geometría analítica- la continuó Kant, admitiendo que el entendimiento posee, de sí, formas a priori ; que son ideas innatas más interiorizadas aún que las de Descartes y que además hacen de condición de posibilidad no sólo de los objetos geométricos sino de todos los objetos que pueden caer bajo experiencia del hombre. Con Kant llega a su dominio plenario la verdad ontológica, no creadora de realidad, pero sí creadora de los contenidos o esencias (Was) de la realidad, creadora de los aspectos con que se nos aparece" (NGFC, 221).

Por lo dicho, afirma GB que es "Kant, a quien debe la teoría del conocimiento científico el único paso decisivo que ha hecho desde los griegos" (EG, XLI)204, pues "Con Kant se llega a un tipo especial de verdad ontológica al que se da el nombre de transcendental, dotado de una especial eficiencia, a la que daremos el nombre de eficiencia fenomenológica" (NGFC, 262).

La verdad transcendental, en tanto que "dominio plenario" de la verdad ontológica o tipo reforzado de la misma: "verdad ontológica y además propia, no prestada, del hombre" (NGFC, 223), encuentra su razón de ser, su origen vital, según GB, en un nuevo modo de sentirse la vida: "Kant se siente, por tanto, centro del universo del conocimiento, centro de atracción de los objetos" (ibid.), y ello al notar las categorías o formas a priori, descubiertas por la vida en estado individual, no sólo condiciones de posibilidad de la experiencia, sino también de los objetos mismos de la experiencia205. Nueva forma de sentirse la vida intelectual o superior que resulta así fuente de nuevos sentidos para los mismos significados y de nuevas actitudes y formas de trato con lo real, por parte de un nuevo sujeto que GB denomina "persona"206.

Ahora bien, en virtud del principio de isomorfía, lo que suceda en el dominio científico o vida superior o espiritual, sucederá también en el de la técnica, que no es para GB sino su reflejo material o cuerpo, luego deberá atenderse a lo peculiar del aporte epistemológico kantiano para comprender el tipo de técnica con el que resulta isomorfo. Sobre esta cuestión, no se pierda de vista que en la teoría bacquiana de la isomorfía vida intelectual-técnica hay dos momentos: el trato implícito y el explícito. Por ello, dirá GB:

"Toda la física contemporánea de Kant presupone implícita y eficazmente este convencimiento: de que el hombre posee los medios para hacer y obligar a que las cosas se le presenten según los planes que el hombre se ha forjado. Y efectivamente también las máquinas, y en general, los planes experimentales, invenciones del hombre, artificiales en amplios límites, reportan éxitos fabulosos, y en ellas, a pesar de su artificialidad y de su planeamiento a priori por el hombre, se descubre lo real mejor que en la observación directa, contemplativa, de lo que las cosas nos presentan directa e inmediatamente. La máquina y la experimentación son procedimientos a servicio y provenientes de la verdad ontológica. Por este motivo podía asentar Kant toda su explicación de la constitución del entendimiento a base del hecho de la ciencia físico-matemática" (NGFC, 223).

Advertido lo anterior, notemos las siguientes afirmaciones de GB, y procedamos a su explicación ordenadamente: "La vida humana superior es espontaneidad creadora finita con intimidad" (EG, XLI)207; de estos tres elementos "depende y ha dependido históricamente la evolución de la geometría, y de las demás ciencias" (o.c. XLII).

Que la vida (toda vida) es "espontaneidad" se demuestra, según GB, por su capacidad para inventar maneras de liberarse de las encerronas de lo real. Tal es el caso, vg., de la vida mental con la abstención estoica. Que es "creadora" resulta de considerar su capacidad para inventar "creadoramente, sin apoyo en lo real inmediatamente dado", como sucede en el caso de las esencias algebraicas para las cosas geométricas208.

Por todo ello dirá: "Que exista, por tanto, un Yo pensante no es vulgar e insignificante hecho para todo el universo, -cual lo es que haya piedra más o piedra menos, gato más o menos o fotón más o menos-, sino que es un hecho transcendental que transciende y se eleva por sobre todos los demás hechos y cosas que de hecho haya en el mundo; y esta presencia soberana de un Yo pensante en el mundo de las cosas trae como consecuencia el que ellas se puedan en adelante aparecer como "objetos"" (EG, XLII-XLIII)209.

Pues bien, la aportación kantiana a la historia de la vida mental consiste, según GB, en lo siguiente:

"Kant notó finísimamente, y primero que nadie, que la Razón pura posee no solamente espontaneidad, -en lo cual pudiera convenir con otros muchos tipos de vida, por ejemplo con los sentidos-, y espontaneidad creadora o inventiva de esencias para las cosas, -propiedad ya específicamente suya-, sino además "intimidad" -Bewusstsein überhaupt-, conciencia" (o.c. XLIV)210.

Lo anterior no significa otra cosa que concienciar la naturaleza transcendental del yo, lo cual implica descubrir no sólo el funcionamiento categorial de la vida intelectual, de modo que por la reflexión transcendental el sujeto logre advertir la transformación de las "cosas" en "objetos" por acción de las formas a priori211, sino que, y es lo fundamental, "la vida mental no es solamente cognoscitiva, pantalla ideal, sino consciente, dotada de intimidad" (o.c. XLV). Es decir: "La conciencia intelectiva no consiste solamente en darse cuenta de lo que le pasa a uno en el orden de las ideas, cayendo a la vez en cuenta de que tiene que entender las cosas según el orden y conexión que haya entre ellas; (...) la vida intelectual puede no solamente convertir las cosas en objetos, dándoles nueva esencia mediante las formas a priori de que disponga, sino que puede hacerse para sí un "Mundo"" (o.c. XLVI-XLVII). Esta afirmación de GB exige algunas explicaciones que permitan su comprensión.

Con anterioridad, el tipo vital "persona" quedó definido como vida en estado de "vivir viviendo "de" sí misma las cosas", lo cual implica un avance respecto del vivirse individual, que lo hacía "en" sí misma. De otro modo: que un "concepto individualmente vivido" es lugar "en" que se aparecen y hacen las cosas, pero sin llegar a lugar "de" constitución de su esencia, pues para ello se requiere un "ulterior estadio de evolución de la vida", capaz de "levantar un concepto al tipo y funciones de categoría, de condición de posibilidad de los objetos; y no sólo, de condición de aparición de las cosas como objetos".

En efecto, cuando un concepto adquiere función categorial y deja de tenerla meramente fenomenológica, dicho concepto se pone en estado o función transcendental, es decir, su ser, ley o función estructural, entra a constituir la esencia de la cosa que aparece, de modo que no sólo aparezca "en" él en tanto que "encerado" o fondo en primera potencia, sino que también se "hace de" él, resultando así "fondo" en segunda potencia, y de ahí que GB prefiera ilustrar dicha función con la metáfora de la "pantalla" en lugar de la del "encerado"212, pues, dice, en el tipo vital persona "El telón se funde con el objeto. El objeto [se] hace "de" el telón mismo, se constituye de él; y no sólo se aparece "en" él. Aparece "en", porque se hace "de" él; y no sólo se aparece "en" él. Además de génesis objetiva, génesis transcendental" (ITF, 162)213.

Cuando eso sucede, la ley constitutiva del fondo pasa a serlo de lo que en él aparece, mas como en el caso de las categorías el sujeto que eleva ciertos conceptos a función categorial es la vida, resulta que es la propia estructura del tipo vital la que está entrando a constituir el objeto, sirviéndose para ello de las categorías. Con ello queda de manifiesto, de nuevo, la base teórica que permite a GB hablar de isomorfía entre tipos vitales y sus creaciones (efectos), como es el caso de la técnica.

En el caso del tipo vital "persona" la estructura vital habría alcanzado un grado de "sistencia" tal, que es capaz de fusionar el fondo y lo que en él se aparece "en unidad sintética y constituyente" (ibid.), lo cual tiene como consecuencia la adquisición, por parte de la vida superior, de un mayor dominio sobre lo real, que ahora se le aparecerá como objeto estructurado según normas que a ella le interesen, salvaguardando así más eficazmente su esencial intimidad.

La vida consigue progresivamente, pues, que de las cosas se le presenten sólo aquellos aspectos que le interesan, en el momento y modo que a ella le convenga, y para lo que ella decida libremente. La vida se impone a las cosas: hacer que las cosas se estructuren según los principios que rigen y conforman la intimidad vital no es otra cosa que configurarlas a su imagen y semejanza, lo cual es, como se vio en el segundo capítulo del presente estudio, una de las condiciones para la existencia de causalidad en sentido estricto.

Por lo dicho, GB afirmará: "Cuando uno ha llegado a vivirse en plan transcendental, tipo kantiano, se nota y se sabe disponer de condiciones de posibilidad para que las cosas se presenten como objetos, como para mí, no como algo en sí que con las pretensiones de lo en-sí me in-vade" (IGE, 83); "sentirse como poseyendo categorías o condiciones de posibilidad para que las cosas no se me entren de rondón por la morada de mi intimidad, sino que las haga presentárseme como objetos, como lo otro" (ibid.).

Con ello, el plan o proyecto filosófico de nuestro autor se perfila cada vez con mayor nitidez: la transcendencia de la vida se manifesta progresivamente en el control de lo real, y la técnica es la manifestación real y eficiente de ese poder dominador, imparable y potenciable, como habrá ocasión de tratar detenidamente, en virtud del carácter transfinito y transfinitante con que GB define la vida humana. Desde esta base teórica, GB contempla la posibilidad de la transustanciación del hombre en Dios, surgiendo así, como se verá oportunamente, Dios en Persona.

Por tanto, la técnica en el proyecto filosófico de GB forma parte esencial de una teo-gonía que, por haber sido obra humana (artificial), resultaría racionalmente explicable (teodicea). Pero, y por lo mismo, )hasta qué punto la existencia o necesidad de técnica no resulta atentado contra una intimidad vital que pretende ser Absoluta?; )No es la existencia de artefactos la mostración de la no consecución de la identidad de la intimidad consigo misma; de la persistente existencia de lo "otro" de sí, con lo cual ha de habérselas, y que es su contrario y muerte esencial? )Debe en tal caso desaparecer la objetividad de los artefactos o creaciones humanas o, por contra, es preciso que existan separadas de su creador para mostrar que éste realmente lo es?

De otro modo: si el hombre ha de ser Dios )será compatible tal estado, en caso de alcanzarse, con la existencia de técnica; y si lo es o, incluso, resultase necesario, de qué tipo de técnica se trataría en virtud del principio de isomorfía? En caso contrario, )ser Dios sería la consumación de la técnica; su consumación o final glorioso y, por tanto, su final o desaparición por consunción o agotamiento en su cumplimiento definitivo? Dejemos estas cuestiones tan sólo indicadas por el momento.

La potencia reductora de la vida en estado de "persona" surge y se delata para GB en el modo kantiano de preguntar por el ser, que contrasta radicalmente con el griego:

"El encandilamiento por lo griego dura, siempre en decrescendo hasta Kant. Y Kant, en un acto de heroica rebelión, cambiará el modo mismo del preguntar y con ello la metafísica: la pregunta por el ser de las cosas quedará subordinada a la pregunta por las condiciones de posibilidad de los objetos.

En vez de comenzar preguntando "qué es la circunferencia", por original y propia manera de ser, preguntaremos por "cómo es posible la circunferencia como objeto", o sea, por su génesis transcendental" (ITF, 35).

Este cambio en la dirección del preguntar muestra la consistencia que va adquiriendo la vida superior o mental en el silencio de su intimidad, y es valorado por GB como el acontecimiento más decisivo que le ha podido sobrevenir a la vida espiritual (filosófica, y científica en especial) desde los griegos, y cuya prueba o factum es "la riqueza inmensa y la originalidad del sentido que adquieren todas las ciencias al superar la vida el módulo individual del vivir, del vivir científico, en concreto; y de adoptar el nuevo plan vital de vivir "personal"" (o.c. 163)214.

En efecto, el método de unificación de la vida personal: distinguirse por compactarse, por unificarse, se refleja en todo lo que hace (isomorfía óntica); así vg., en el tipo de ciencia: "Digo, pues, que el plan transcendental-vital de una vida que se vive ya a sí misma como "una", y por esta su unidad interna se distingue de los demás, se manifiesta y descubre a sí misma en la estructura "unitaria" de las ciencias que no son, en definitiva, sino la manera de trato de la vida con las cosas o la manera particular como las cosas se presentan o se hacen objetos para la vida y ante la clarividencia de la vida" (o.c. 147); "Y es un fenómeno propio de nuestra época personalista en nacimiento el proceso de nunca acabar de fundamentación de una ciencia en otra: la física en las matemáticas, la geometría en el álgebra, el álgebra en la lógica, la lógica en la metalógica... Se nota que el qué no va paralelo al 'que' o existencia propia, exclusiva, reducida, delimitada y cortada para tal qué; que pudiera ser muy bien que el 'que' de un qué perteneciera a un orden superior..." (IGE, 84-85).

Lo anterior, aplicado a todo lo demás, da como resultado con validez de principio general que "frente a la conciencia personal las cosas se presentan como objetos cuya posibilidad depende "de" la conciencia misma que, entonces, se nota a sí misma como sujeto transcendental (Kant)" (o.c. 165), es decir, vida intelectual o superior en fase "genética" o de "deducción transcendental de los objetos" (ITF, 44). La tendencia creciente en física, desde Kant, por conseguir teorías unitarias que de forma creciente permitan la derivación del mayor número de conceptos a partir de un mínimo, tal como sucede en la física relativista, es para GB síntoma del proceso de reducción óntica y categorial que se verifica con especial intensidad en la vida superior en estado "personal"215.

Sentado lo anterior, pasemos a notar lo propio de la forma de consistir o sentirse siendo transcendental en grado superior del yo en el tipo vital "persona", frente a la del individuo.

Dice GB que la conciencia "en el estadio individual, aparecía como "res cogitans", como "mónada"" (ITF, 165), es decir, como realidad privilegiada, por central, aunque aún teniéndose por "cosa". Con Kant, en cambio, como se verá, el yo adquiere mayor vigor o "con-sistencia", de modo que las ideas innatas serán absorbidas por esa superior potencia interiorizadora de la vida y transformadas en categorías, o ideas en segunda potencia de intimidad: ideas con poder creador, constituyente. El resultado: "frente a la conciencia personal las cosas se presentan como objetos cuya posibilidad depende "de" la conciencia misma que, entonces, se nota a sí misma como sujeto transcendental (Kant)" (ibid.).

La consistencia con que la vida comienza a notar en Kant su intimidad esencial, su yo, le lleva a descubrir algo que ningún individualista alcanzó a sospechar:

"Con Espinosa y Leibniz se acrecentará tanto la espontaneidad y riqueza interior que o bien seremos modos de Dios o cuando menos microcosmos, museos originales de todas las cosas, sin que ya nadie ni nada se nos cuele dentro desde fuera.

"Kant descubrirá algo más: los derechos del yo pienso a intervenir positivamente en todas las verdades, y en las falsedades. Posee la conciencia transcendental las condiciones de posibilidad de los objetos, las funciones o formas para reconstruir el material de las cosas de modo que resulte mundo centrado en el hombre" (Ex, 53).

Lo que descubre Kant es, dicho brevemente, el poder creador de la vida humana. Mas exactamente: en Kant la vida adquiere conciencia de su carácter de espontaneidad y de poder creador, y ello en cuanto intimidad que se manifiesta en actos de voluntad al concebir las ideas como categorías, siendo este carácter de intimidad lo que le faltó al individuo, que se agotó concibiéndose como "cosa", y no como vida o intimidad plena, siquera que fuese de manera incipiente, de ahí que refiriéndose a éste tipo vital diga nuestro autor: "Pero no es poco ser y notarse más seguro que todo otro tipo de realidad, mostrarse uno a sí mismo que en su realidad no depende de la verdad y que, por contera, posee ideas innatas, las más básicas para constituir todas las ciencias, y constituirlas casi creadoramente, por actos de mi voluntad" (o.c. 52)216. Sentirse siendo Vida, poder creador, bajo forma de voluntad fue, exactamente, lo que faltaba al individuo y, sin embargo, Kant aportó. De las consecuencias que este hecho tiene para un nuevo cambio en la concepción de la técnica se tratará en el próximo apartado.

Según GB, vivir la vida en plan transcendental-vital, es decir, sentirse la vida humana como "sujeto transcendental" y, correlativamente, las cosas como "objetos", es el resultado de una retirada previa, de una nueva y peculiar epojé: la "reflexión transcendental", que GB denomina "primera potencia de soledad transcendental"217. Vayamos por partes:

"Vivir a solas consigo mismo y en soledad de las cosas-en-sí fue el plan vital de Kant.

La realidad de Kant, de Kant como tipo vital nuevo de personalidad histórica de la vida humana en cuanto tal, no es sino ese mismo primer caso y aparición primigenia de la vida humana viviéndose a solas consigo misma y en soledad de las cosas en sí.

Hasta Kant, lo más que pudo alcanzar la vida humana fue vivir a solas consigo misma y en soledad de todas las cosas menos de sí misma en cuanto 'cosa'.

"En Kant, la vida encuentra creadoramente un nuevo modo de vivirse a solas consigo misma, y en soledad de todas las cosas-en-sí (Ding an sich), o en soledad de todo en cuanto cosa-en-sí" (IGE, 10-11).

"Se vivió, pues, Kant, en soledad óntica de las cosas-en-sí. Primera potencia de soledad transcendental" (o.c. 15).

Y es que "La conciencia transcendental no es cosa, ni ser, ni idea; o si queremos retorcer a Descartes en Kant, la conciencia transcendental no piensa porque no 'es'; y no 'es', entre otros motivos, porque no 'piensa'" (o.c. 11); "Vivirse como Yo transcendental es vivirse a lo 'persona'"; "el yo transcendental no es un qué, es algo anterior al orden del qué, se aproxima su estructura más a un 'que' que a un qué" (o.c. 83). Así, pues, al ascender la consistencia con que se nota siendo el yo, la de las cosas disminuye en proporción inversa; y lo contrario sucedía en una conciencia más extrovertida218. Por tanto, con Kant ni siquiera el yo es vivido como "res".

Esta forma de notarse, como dijimos, es resultado de la "reflexión transcendental", que es concebida por GB como un tipo más radical de epojé que la de los estoicos y que la de Descartes (duda metódica). La reflexión transcendental es un tipo de "asfixia" o "angustia" por el que la vida llega a notar la consistencia de su yo como yo transcendental y, correlativamente, la de las cosas como objetos; ni siquiera las ideas innatas estorbarán ya a una conciencia que consigue vivirse a solas de lo en-sí:

"Cuando, por la reflexión transcendental, la conciencia comienza a vivirse a solas consigo misma, ninguna cosa turba con su presencia óntica, causal, brutal, la soledad interior; la conciencia transcendental no halla entonces por dentro ideas innatas -esas cosas ideales coladas de matute en el alma, casi sus jugos naturales mentales-, sino que la conciencia transcendental está a solas con el "Yo transcendental, con un 'mismo' que ha invertido y transmudado el orden de las modalidades ónticas en favor de su soberana soledad interior" (IGE, 11).

"La reflexión transcendental de Kant es también una cierta angustia, un plan de asfixia; es un retirarse de los objetos en aparición actual a su posibilidad, al estado de tensión y pretensión de abrirse a ellos" (o.c. 66).

Por la reflexión transcendental se produce un doblamiento del yo de enormes consecuencias: "Al practicar esta faena vital de la reflexión transcendental nos doblamos (flectere) del 'qué' en aparición hacia la posibilidad de la aparición del qué, y resulta que esta posibilidad está dentro y no fuera como creían los antiguos" (ibid.); "Kant había notado que se da en el hombre una epidermis y una dermis; que Descartes sólo llegó a la epidermis; que había una dermis, las categorías, que eran condiciones de posibilidad de la dermis o ideas o apariciones de las cosas. Las categorías son como ideas innatas en segunda potencia de intimidad frente a las ideas innatas cartesianas. Puede uno, por la reflexión transcendental, desprenderse de esta epidermis cartesiana -viva ciertamente, más superficial y semicósica-, y queda la auténtica dermis: las categorías" (o.c. 64).

Las categorías descubiertas transcendentalmente no son consideradas ya como cosas, tal como sucedía en Descartes, pues "Si las categorías kantianas fueran de estructura de ideas, como parece lo eran las ideas innatas de Descartes, Kant no habría vivido a solas consigo mismo, sino acompañado por nacimiento, que es la suprema necesidad vital, de un cierto número de cosas" (o.c. 15-16).

En consecuencia, desde la perspectiva hermenéutica histórico-vital, Kant representa un avance en la historia de la intimidad en su caminar hacia Intimidad Absoluta o Dios: "con Kant la existencia humana avanza un paso más hacia consistencia, lo Absoluto da un tirón más hacia sí, y le nacen al hombre categorías que son funciones unificadoras superiores al tipo vital anterior de ideas innatas y al de facultades. Propiamente hablando, en el tipo de existencia kantiana no se dan facultades ni ideas innatas. Son éstas dos formas de funciones vitales demasiado plurales y extensas. Ni el entendimiento ni la razón ni la razón práctica son, pues, facultades en sentido clásico" (o.c. 131).

A pesar de todo, vivir a lo Kant es hacerlo aún extrovertidamente, aunque en grado menor a como lo hacían los otros tipos vitales precedentes, pues del filósofo alemán dice GB que "Vivió desviviéndose en los objetos y en las condiciones de posibilidad de los objetos, aunque no, desviviéndose en las cosas o en los objetos tenidos como cosas. El 'que soy' (dass ich bin) no preocupó ya más a Kant. Su tipo de vida le despreocupó de semejantes aspectos; le hizo desatender al que, por atender al qué, a los aspecto intencionales" (o.c. 68).

Por tanto, a la epojé transcendental sigue la posición o salida in-tencional hacia las cosas, mas con una intencionalidad correlativa con el tipo de retirada, es decir, también transcendental. Baste por ahora con lo dicho para poder continuar con otros aspectos de la figura vital de Kant que nos conduzcan al tema de la técnica desde la perspectiva de hermenéutica histórico-vital que nos muestre la isomorfía vida-técnica en el módulo "persona"219.

Después de lo dicho hasta aquí, es factible comprender ahora qué implica la afirmación de GB sobre la importancia de "Mundo", aunque sobre este particular se tratará oportunamente en próximo capítulo.

Que la intimidad es capaz de "planear (Entwurf) un Mundo (Welt)" (EG, XLVI)220, significa que "la vida mental no es solamente cognoscitiva, pantalla ideal, sino consciente, dotada de intimidad" (o.c. XLV), y que, por lo tanto, "la conciencia intelectiva no consiste solamente en darse cuenta de lo que le pasa a uno en el orden de las ideas, cayendo a la vez en cuenta de que tiene que entender las cosas según el orden y conexión entre ellas (...). La vida intelectual puede no solamente convertir las cosas en objetos, dándoles nueva esencia mediante las formas a priori de que disponga, sino que puede hacerse para sí un "Mundo", distinto en su conexión interior de la conexión que tenga el universo (Das All, das Ganze) de todas las cosas", es decir: "acción de hacer del universo de las cosas un Mundo para mí" (o.c. XLVI-XLVII), o contexto "especial, innatural, invención de la vida humana, (...) un "internado" dentro del Universo inhóspito e indiferente de las cosas en sí, que es el Universo, para poder habitar, hasta con el corazón en él" (o.c. XLVIII); un lugar en que la intimidad se sienta como en "casa propia" (ibid.), porque "en un Mundo o bien no entran todas las cosas del Universo correspondiente o bien entran con preferencias y centramientos privilegiados, no justificables por la simple y pura estructura de las cosas" (o.c. LIX-LX).

Tal disposición proviene, y es lo fundamental, de un modelo que la mente impone: de "un plan o diseño original para dar forma propia, la de su mundo, a los objetos, a fin de que dejen de ser cosas en sí y sean objetos para mí" (o.c. LX). Y esto es justamente lo que una realidad que se rija por el modelo "pantalla cinematográfica" no puede hacer, ya que no alberga planes, limitándose a presentar lo que en ella se proyecte221. "Mundo" implica, y es lo fundamental, la imposición a lo dado o natural de fines humanos que le son ajenos; que le transcienden, y de ahí que GB defina "Mundo" como "contexto de medios, fines, términos ordenados por causalidad final" (ILF, 113), mas siempre contexto humano, transcendental, no simplemente animal.

Por tanto, planear un "Mundo para mí" incluye, según GB, lo siguiente: 1) "transformar las cosas en objetos ", lo cual sucede por la mera presencia de las cosas ante una conciencia intelectiva dotada de formas a priori; 2) organizar los objetos según un plan o proyecto propio de la conciencia intelectiva, convirtiendo el Universo de las cosas en Mundo "mío"222. De este modo el hombre provoca transformaciones en las cosas reales que "ellas espontáneamente, por las leyes evolutivas del Universo real, nunca hubieran tenido" (o.c. XLVII). Por esta razón la existencia de la técnica, y de artefactos (físicos o mentales) es un "factum", pues muestra223 sin lugar a dudas: a) que las cosas, tal y como están dadas, no poseen esencia pues de otro modo no podrían haber sido transformadas, y tal cosa ha sucedido, luego...;224 b) que el hombre tiene "intimidad creadora", es decir, capaz de inventar un "mundo para mí" con formas y relaciones que de por sí el universo nunca hubiera alcanzado225.

"Mundo" es término, pues, que en el sistema de GB, hace referencia, preferentemente, al resultado del proceso de reducción óntica y categorial llevado a cabo por la vida superior en plan "persona", aunque, como se verá en su momento, mundo y hombre son terminos correlativos, resultando aquél factor distintivo de éste frente al animal. Pero "mundo" personal es resultado superior de reducción óntica y categorial; forma que está exigiendo ya, en virtud de la transfinitud humana, otra que la transcienda al comenzar a notarla como límite.

Pues bien, este proceso de superior reducción óntica y categorial se refleja, como se indicó, en la creciente axiomatización y formalización que exhiben las ciencias isomorfas con el tipo vital "persona": "Por creerse el hombre disponer de la verdad ontológica, es decir, de las condiciones de posibilidad de los objetos (...) irá fundando efectivamente ciencias y más ciencias en plan ontológico, en plan que, con términos técnicos extrafilosóficos, se denomina plan axiomático" (NGFC, 221). No en vano, dice GB que "Kant fue quien, por vez primera y en el Prólogo mismo a la Crítica de la Razón Pura -Prólogo a la segunda edición-, tuvo plena conciencia de este valor modélico de las ciencias, en cuanto ejemplos de verdad ontológica, de plan a priori para la constitución de sus objetos" (o.c. 220-221). Esto, a su vez, conlleva, entre otras consecuencias, la aparición de una técnica cada vez más eficaz en el dominio del universo, quedando así trabadas, de nuevo, vida, ciencia y técnica. Luego es la vida, por la creciente reducción o unificación óntica y categorial que efectúa cuando se pone en estado humano o de vida superior y, dentro de ésta, especialmente en estado científico o de espiritualidad superior, la que posibilita el surgimiento de una técnica cada vez mas eficaz en virtud de la existencia de planes categorial-causales unidos sintéticamente.

Existen sin embargo límites a la acción transformadora, ante los cuales la espontaneidad creadora resulta "finita". Se trata de "hechos brutos y en bruto (...) que no hay más remedio que admitir sin poder ya transformar" (EG, L-LI) y con los que debe contarse a la hora de crear un "mundo para mí". Cada tipo de mundo posee sus propios límites impuestos por el tipo de universo sobre el que se eleve (geométrico, físico, lógico...).

Pues bien, hay "límites de racionalidad", que reclaman la modestia de la razón y de toda la física contemporánea con Kant, afectada de excesivo racionalismo u ontologismo, y del que Einstein será, según GB, su máximo representante; por lo mismo, todos esos límites lo serán también de la técnica fundamentada en ella, pues no son límites accidentales, sino "infranqueables o esenciales del racionalismo, es decir, límites a la verdad ontológica poseída por el hombre"226.

Tales límites se concretan en el hecho bruto de que la transformación causada por la verdad transcendental es de tipo puramente cognoscitivo o apariencial, de manera que no introduce cambios reales en lo real (materio-energético); su eficiencia es sólo "eficiencia fenomenológica"227. Sobre qué sea "límite" y su relación con la técnica se irá tratando a lo largo de este estudio, baste por ahora notar que la técnica transcendentalista surgida del racionalismo excesivo será una técnica cualquierizadora, arrasadora de la vida y, por tanto, negativa. Sobre las razones que da GB para ello, así como sus propuestas para evitarlo, se verá oportunamente.

La vida, con todo, no se resigna, por eso GB pregunta respecto del tipo kantiano de verdad, y en consecuencia de técnica, ")No será posible otro tipo de verdad más eficiente?"(NGFC, 264). La respuesta, como se verá más adelante, vendrá de la mano de W. James: la verdad como "invento", "patente de invención" o "verdad instrumental" que, teniendo como preludio histórico el "manufendere" romano228, e inventado en rigor por Galileo, el filósofo inglés concienciará plenamente por vez primera, no Kant229. De la verdad como "invento" surgirá una técnica merecedora del calificativo "actual".

En cualquier caso, sin embargo, la vida mental es siempre un "Yo pensante con acción inmanente"230, lo cual no es mera palabrería sino "formulación explícita y consciente de ese poder artístico de la vida mental que hace del universo (...) un mundo, un internado" (EG, L-LI).

3.2.3.1. Persona y técnica: el finalismo en la acción.

Compara metafóricamente GB al tipo vital "persona" con un "radioemisor", pretendiendo mostrar con ello que la compactación de la intimidad en este tipo vital es tal y tanta que, a pesar de no ser absoluta, sin embargo "es capaz de convertir y elevar un fenómeno local, limitado, finito, en universal, infinito, ilimitado " (ILF, 77). La metáfora del radioemisor merece ser considerada con cierto detenimiento por dos motivos, al menos: a) para entender el modo característico de actuar la vida en cuanto "persona"; b) para notar que el ejemplo no es casual, sino consecuencia y aplicación práctica del principio de isomorfía.

Dice GB: "Hacerse persona es una invención de la vida moderna -expresada en términos filosóficos por Kant-, contemporánea históricamente con la invención de las ondas electromagnéticas por Hertz, invento por el que los hombres estamos dando razón de nosotros mismos a todo el universo, cuan grande y dilatado sea" (ibid.).

Advirtamos la sospechosa relación que entre Hertz y Kant encuentra GB. Hertz realizó, respecto de Maxwell, la tarea de convertir el sistema de ecuaciones diferenciales que éste había establecido para explicar los fenómenos eléctricos, en "ecuación de ondas", lo cual exige, a priori, la existencia de un fenómeno ondulatorio que se propague a la velocidad de la luz231. De este modo, transcendentalmente, "Hertz, una vez encontrada tal necesidad, se dio a buscar su realidad y halló efectivamente lo que de él ha recibido el nombre: "ondas hertzianas"" (o.c. 109). Como resultado de lo dicho fue posible el invento del radioemisor, cuya propiedad característica se cifra, según GB en que "trueca un fenómeno local -una chispa eléctricas localizadas en una parte del espacio-, en fenómeno universal -en ondas electromagnéticas que se difunden por todo el universo y con una velocidad máxima e inasequible para las velocidades de todos los cuerpos-" (o.c. 76). Y esto es, justamente, lo que no podía hacer el "individuo", por lo que se limitaba a ser "radiorreceptor", caracterizado por la faena inversa de "localizar" lo universal232.

Pues bien, con Kant la cuestión se plantea en la filosofía, es decir, en los dominios del entendimiento, no en la física, pero la isomorfía es clara cuando GB afirma que si Kant hubiera conocido la radio, hubiera asemejado la función del entendimiento a la del radiorreceptor, pues aquél es capaz de recibir lo que le presenten los sentidos sin que por ello, a pesar de la tarea de proyección y reproyección del material empírico en las formas a priori de la sensibilidad y del entendimiento respectivamente, pase de una labor localista en virtud de la restricción del uso de las formas a priori a la experiencia sensible233.

Ahora bien, con Kant, el entendimiento adquiere conciencia de su poder volitivo; poder por el que se abre hacia la conquista del universo, pues, según GB, al notar la restricción de la transcendentalidad a lo empírico "Las ganas de inventar una nueva manera de mandar en todo el universo se le debieron azuzar a Kant muy particularmente después de la Crítica de la Razón pura", y de ahí que escribiera la "Crítica de la Razón práctica"234. En este sentido, la segunda crítica representaría el esfuerzo por paliar las ganas que le surgen a la vida en forma humana al notar la transcendentalidad de su yo, haciendo valer así los derechos del deber ser sobre los del ser; de las "Hazañas, sobre los "hechos"235. Esta última cuestión nos da la clave vital del plan "personal" del vivir: tanto de su aportación original como de su limitación. Ocupémonos ahora tan sólo del avance, es decir, de lo que de "Hazaña" tiene.

Conectando el "puño" del romano con la "Acción" del Doctor Fausto de Goethe (Faust, "puño" en alemán), GB presenta a Kant como la síntesis de ambos236, de modo que el plan vital de "persona" será la acción con repercusiones universales237: "Persona es, por tanto, una realidad tal y tanta que es capaz de convertir y elevar un fenómeno local, limitado, finito, en universal, infinito, ilimitado" (ILF, 77). Esto es: "Acción, con una acción de Hazañas, cuyo plan de conquista no se limitará a los dominios del ser real, de lo que es lo que es, de lo que es lo que tiene que ser, sino que deberá extenderse a todo ser para hacer de él lo que debe ser, superando así la limitación de toda esencia, de todo género y especie que, en virtud del principio metafísico de identidad, tiene que ser ni más ni menos que lo que es" (o.c. 109).

El finalismo, por tanto, queda implicado de lleno con la acción transcendental humana, y este será, como vamos a ver, uno de los puntos clave para comprender el cambio en la concepción de la técnica respecto de la griega y medieval, y su surgimiento a moderna (no aún a actual).

En efecto: por las categorías de la conciencia, la vida se pone en funciones de "pantalla" a la espera de recibir algún material empírico al que modelar como "objeto", sucediendo toda esta transformación en un plano puramente cognoscitivo238, por lo que dirá GB: "en Kant la estructura de "plan" (...) pertenece y está restringida al orden "categorial"" (HEP, 151). En este sentido, Kant conciencia (tal es su misión vital)239 el funcionamiento transcendental de la conciencia.

A pesar de la mencionada limitación, al imponer como superior el deber ser sobre el ser, Kant concede preferencia al hacer sobre lo hecho o esencial y, en este sentido, el término "hazaña" dice "acción", mas acción guiada por valores o fines humanos: "doctorada", "enseñada", lo cual a su vez remite a la "voluntad", de ahí que lo original de la vida como persona radique, en el fondo, en la voluntad; mas voluntad de carácter universalista (radioemisor):

"Porque la Acción ya no es fuerza bruta y en bruto; es fuerza considerada, doctorada ya y bien enseñada en lo que debe hacer. Y lo que específica y propiamente tiene que hacer una Acción son "hazañas". Y el alemán pasa por ley de genealogía verbal de Tat a Tathandlung.

Acción es Puño doctorado.

Y eso mismo es Kant, y eso mismo son todos los grandes filósofos alemanes del siglo pasado y de este. Y de entre los de este, Scheler Y Hartmann.

El plan original de la Persona en cuanto tal consiste en una voluntad; es un puño racional, que se doctora en construir un nuevo Mundo a base de valores, cada uno de los cuales y todos en conjunto satisfagan aquella condición kantiana: "obra de tal manera que la máxima de tu Voluntad pueda valer en todo tiempo como Principio de Ley para ti y a la vez para el Universo".

(Convertir los actos de nuestra Voluntad nada menos que en principios de universal legislación! (Los actos individuales de un ente confinado en tiempo y espacio, en valores universales!" (ILF, 107).

Todo ello supone, a su vez, reclamar para la acción y lo universal la sorpresa, el azar, la espontaneidad creadora o novedad, sin renunciar por ello a la guía de la razón, y, por tanto, evitando el exceso de previsión racional, pues dice GB: "Recuérdese que la voluntad funciona porque sí. Y esta razón, originalísima, de la voluntad, el porque sí es tan razón primera y primaria como el más pintado de los axiomas en el orden teórico. Porque sí se dice en lenguaje técnico causa sui, causa de sí mismo" (Ex, 52). La libertad supone un continuo esfuerzo, pues nada hay garantizado: "La última conclusión de la Sabiduría es que la Libertad, como la Vida, sólo la merece quien sabe conquistársela todos los días" (Goethe, Faust; segunda parte, quinto acto)" (ILF, 106).

Todo lo anterior indica una inversión en el modo de concebir la relación hombre-naturaleza respecto de la mantenida desde los griegos, en que la conciencia empírica se imponía a lo que de transcendental pudiera haber en el hombre240. Con Kant, en cambio, la conciencia transcendental toma las riendas de la empírica imponiéndose bajo forma de "voluntad"; de "deber ser". En la física, como veremos, esto mismo toma forma de unidad sintética o "plan categorial-causal". Por esta razón, GB afirma que con su segunda Crítica Kant rebasó los límites de la razón pura, científica, en que lo transcendental del hombre quedaba sometido, en última instancia, a lo empírico; a los límites de la experiencia, y que al hacerlo "proclamó la supremacía de Deber ser sobre el ser y de las Hazañas de la voluntad sobre los hechos del orden del ser" (ILF, 109).

Por tanto, el hombre se impuso a las cosas, "Porque el orden del Deber ser no lo puede dar ni lo está dando el orden del ser, que sólo puede y tan sólo tiene que ser lo que es, sino que tal orden del Deber ser se lo impone el Hombre al ser: (...) un Hombre que se ha propuesto él a sí mismo y al universo entero el plan y el Designio de que todo sea lo que debe ser " (ibid.). En esto, dice GB, Kant y Goethe van de la mano pues sin conformarse ninguno de los dos con el logos, el sentido o la fuerza bruta, proponen el "puño doctorado" o "Acción" como principio: "acción de Hazañas, cuyo plan de conquista no se limitará a los dominios del ser real, de lo que es, de lo que es lo que tiene que ser, sino que deberá extenderse a todo ser para hacer de él lo que deber ser, superando así la limitación de toda esencia, de todo género y especie que, en virtud del principio metafísico de identidad, tiene que ser ni más ni menos que lo que es" (ILF, 109).

Ahora bien, intentar imponer el deber ser que emana de la voluntad humana al ser es poner en solfa un prejuicio secular: el de que las cosas tienen esencia, es decir, que las cosas sólo tienen un modo de ser y no admiten alteración alguna pues, ya sea en potencia o en acto, tienen todo lo que deben para ser lo que, de por sí, han de ser; que el dominio de las cosas lo es de lo acabado, cerrado y determinado, no pudiendo alterar el hombre nada en él241.

En consecuencia, si el deber ser que el hombre intenta imponer a las cosas ha de triunfar como condición de posibilidad necesaria aunque no suficiente para la instauración de un dominio de estricta causalidad, entonces es del todo necesario que éstas admitan alteraciones en su ser, lo cual, de suceder, será señal (factum) de que no están perfectamente "hechas". Luego el descubrimiento progresivo de dominios donde el deber ser o voluntad humana se imponga al ser de las cosas será la mostración incontestable de que en ese dominio algo, o todo, estaba sin "hacer"; que en él hay pocos o ningún "hecho" irreversible y que, por tanto, lo transcendental que hay en el hombre encuentra vía libre para manifestarse bajo forma de planes, proyectos, designios, guiado todo ello por valores creados e impuestos por el hombre en cuanto conciencia transcendental (finalismo). Tal es lo que muestra la técnica respecto del dominio en que ha sido posible su existencia, y de ahí el carácter de "factum" que la técnica posee según GB: la técnica en cuanto "factum" de tipo transcendental242. Por esta misma razón, dice nuestro autor:

"Y )cuál es la legislación y orden que impone el Deber ser?

La causalidad eficiente, el orden que tienen entre sí las causas y los efectos, pertenece y está confinado al orden del ser; en él vige un determinismo absoluto y mecanicismo feroz e inflexible. Sólo la causalidad final, el orden sutil que rige entre medios y fines queda como orden constitutivo e imponible aún sobre el orden del ser. Lo cual exige que Kant demuestre que el orden del ser no está regido por la causalidad final, que ni en el mundo real, ni siquiera en el viviente, hay propiamente hablando fines; y para esta tesis, múltiples y bien fundadas razones le ofrecía la física clásica y continúa dándosela la ciencia moderna según las cuales la causalidad final nada tiene que explicar en el orden real, que sólo las causas eficientes y materiales tienen voz y voto, poder ejecutivo y legislativo en el universo" (o.c. 111).

En consecuencia, concluye GB: "Y en esto se cifra y compendia el poder que la libertad tiene en el Universo real: en poderlo dirigir, en darle dirección, en prefijar cosas como fines y otras como medios. Con ello la libertad construye dentro del Universo, humanamente inhospitalario e indiferente -unheimlich, en términos de Heidegger-, un Mundo especial" (o.c. 113). Es evidente, pues, dónde encuentran su raíz histórico-vital los conceptos bacquianos de "Hombre" como "ciberneta"243, y de "Mundo" como "contexto de medios, fines, términos ordenados por causalidad final", tal como se dijo.

"Causalidad final" remite a fines actuando como motores de acciones, y "fines" dice "valores", mas "valores" en GB dicen "hombre" pues, como se verá oportunamente, no son sino aquello (lo que fuere) por lo que el hombre está dispuesto a sacrificar algo en la medida en que lo considere valioso para él o, si se prefiere, lo valorado por y para él244. Así, pues, sólo en virtud del hombre, de su ser y necesidades, algo resulta elevado a valor; luego, en rigor, es el hombre el que se toma a sí mismo como canon cuando valora algo y, por tanto, como fin último respecto del cual todos los demás resultan medios o, a lo sumo, fines transitorios y nunca finales definitivos. En consecuencia, si el hombre tiene historia, y no esencia, los valores también en virtud de su isomorfía con el tipo de vida humana. Podría decirse algo así como dime qué valoras y cómo, y te diré cual es tu tipo histórico-vital. Sólo un límite existe en la acción valoral humana pues, como habrá ocasión de explicar, juntando a Protágoras y Machado, GB afirmará que el hombre es la medida de todas las cosas; menos de los otros hombres y de los Pueblos, de modo que nadie es más que nadie en Castilla.

Respecto del tipo vital que nos ocupa, dice GB: "la Persona es siempre formadora y creadora del Mundo, transformando para ello el Universo de los seres en Mundo de bienes" (o.c. 117). Y un poco antes: "no desconozcamos, injustamente, que la aspiración a dominar el Universo, convirtiéndolo en Mundo de valores, es una hazaña grandiosa, la única tal vez digna del hombre, si el Hombre es un ser centrado en sí mismo, no religado o religioso, sin vínculos esenciales con lo Absoluto transcendente" (ibid.).

Con la afirmación anterior aparece en su justa dimensión el significado de la metáfora del radioemisor: "Y vese con cuánta razón comparábamos la Persona, en este sentido moderno de la palabra, con un aparato de radio-emisión, pues por la causalidad final, aportación original del Hombre en su venida al Universo, se trueca un fenómeno local, un ser concreto como ser, uno de tantos seres, en fenómeno universal, fenómeno que levanta al Universo a estado y dignidad de Mundo. Hay, pues, ciertas acciones nuestras, las valorativas y teleológicas, que son principios de legislación universal, de una nueva legislación que el Hombre impone al Universo. Resulta, por tanto, el Hombre nuevo Atlas; en un esfuerzo gigantesco levanta en vilo el Universo entero del ser y lo levanta a Mundo: a deber ser lo que es y lo que tiene que ser " (o.c. 115).

Desde esta perspectiva el hombre aparece como un ser con doble naturaleza; rebis245 o compuesto ontológico; ser que lo es por la tensión entre dos opuestos: "el hombre en cuanto Persona es el portador y portaestandarte de esa nueva y originalísima hazaña y empresa que es poner un nuevo orden en el Universo de los seres y, valorándolos elevarlo a Mundo. Está pues, el Hombre, en cuanto Persona entre dos aguas: entre el Universo de los seres y el Mundo de los valores", y es que, como se indicó: "El Universo está ordenado y regido por los principios de identidad y causalidad eficiente. El Mundo está tejido con hilos de ser, según el plan y diseño de las causas finales, dirigidas por los valores" (ibid.).

De todo ello se desprende su implicación con la técnica y la inversión que respecto de la concepción griega, medieval, y aun individualista, supone tal actitud:

"La hazaña propia del Hombre no puede cifrarse, por tanto, en el conocimiento del ser, regido por ese principio digno de asnos en noria que es el principio de identidad -lo mismo, de lo mismo, con lo mismo, tras lo mismo, para lo mismo-.

"La hazaña del hombre en este Universo de seres consiste y se resume en imponer el orden del Deber ser. No basta con que una cosa sea lo que es o tenga que ser lo que es; debe ser, debe realizar tales o cuales valores, debe hacer de fin de tales o cuales planes y designios nuestros -aunque sean planes de edificación, de construcción de máquinas a base de valores económicos, técnicos...

Y esta posibilidad de dirigir la naturaleza, de ordenar de nuevo el Ser, se funda en que el orden del ser no está determinado según el orden de la causa final"(o.c. 114).

Por eso:

"La infecundidad de una explicación del universo por las causas finales se parece, decía maliciosamente Bacon, a la infecundidad de las vírgenes dedicada a Dios. Dedicar el universo a la finalidad equivale a no poder explicar nada de él y a no poder dominarlo realmente, como realmente hace la técnica. Si el hierro nació para ser lo que es y para lo que naturalmente lo emplea la tierra, adiós técnica metalúrgica que se basa entera en transformar la manera como se nos da y el lugar que le asignó Naturaleza en el universo; si el agua nació para correr como y por los pasos que le fija el orden natural, mal año para la técnica hidráulica que usa de ella cambiando su natural curso, deteniéndolo, represándolo, haciéndolo pasar por aparatos raros y estrafalarios que la sapientísima y providentísima Naturaleza jamás imaginó. La falta de determinación finalista es la que hace posible la técnica; poder disponer de las cosas naturales, de sus propiedades reales según un orden que las cosas dejadas a sí mismas, no tienen" (o.c. 111).

Pero si todo ello supone un progreso respecto de los tipos vitales anteriores, con todo, como se verá otro momento, GB considera que Kant restringe su aportación al dominio moral, y de una moral, además, de tipo universalista fundamentada en una actitud homogeneizadora de las diferencias vitales que será el origen vital de una técnica uniformadora, imperialista y arrasadora de la pluralidad de formas en que se expresa el poder creador de la Vida, tal como lo son la variedad de Pueblos.

3.2.3.2. El plan categorial-causal.

Como se vio con anterioridad, según GB, Galileo no supo unir sintéticamente la fuerza del plan causal con la del plan eidético, de modo que no pudo conseguir la eficacia que para el dominio de lo real surge de tal tipo de aunamiento. Tal honor histórico-vital corresponderá según GB a Newton, de quien Kant tomará modelo para su filosofía. Así, pues, Kant es a Newton lo que Descartes a Galileo o, como se verá, lo que Heidegger a Einstein y, en general, en la concepción bacquiana, lo que la filosofía es en general a la ciencia.

Dice GB: "Masa, fuerza, instrumentos, experimentación: integrantes del plan categorial-causal " (PCFG, 104). Galileo se movió en una concepción de causas naturales, y no estrictamente de fuerzas ni de masa, a pesar de ciertos avances en este terreno. La clave vital para el surgimiento del plan categorial-causal consiste en una unificación o reducción óntico-categorial de los citados elementos. Tal unificación, sin embargo, no podía ser lograda por un tipo vital que no hubiese alcanzado para sí el grado suficiente de unificación interior, como vimos que en cambio sucedía con el tipo "Persona". Así, pues, por imperativo vital, es decir, por imposibilidad imperada categorial-vitalmente, si bien Galileo inventó la actitud experimental no la perfeccionó, de ahí que se quedara en plan de observador eidético sin llegar propiamente a la de "experimentador que vigila y se pre-viene con "instrumentos" para las "manifestaciones" de las "fuerzas" reales" (o.c. 102).

Según GB, la actitud experimental en sentido estricto implica lo siguiente:

"Fuerzas, instrumentos, experimentación de efectos de fuerzas: todo ello in-natural, pues, -1) las fuerzas no son causas eficientes acopladas con las tres restantes de Aristóteles y todas cuatro con los aspectos eidéticos propios de las cosas dejadas a su curso natural.

-2) los instrumentos (in-struo) son algo cons-truido (cons-truo) que tiene precisamente el oficio de de-struir las inmediatas y eidéticas conexiones del curso natural de las cosas, para que así, si la causa eficiente tiene algo de "fuerza", de violencia indomesticada aún, se "mani-fieste", es decir, "hienda" con su "mano" (manu-fendere, mani-festum ) y corte la tranquila superficie del mundo cotidiano; y si la causa material tiene algo de "masa", de "material en bruto" se manifieste también, rompiendo con esa sumisión humilde de la causa material, o material sometida a las tres restantes causas.

-3) y lo que entonces aparezca será, ante todo, im-pre-visible, es decir, in-visible en el plan corriente del mundo; y además im-pre-visible, pues nadie puede predecir si nos hallaremos o no en un mundo tal que las causas eficientes guarden aún un poco de ese salvajismo y violencia propios de la "fuerza bruta" (energía indiferenciada), y si las causas materiales conservarán aún algo de material-en-bruto. Y si esto es así podrá surgir una técnica científica que se sirva sistemáticamente de las "fuerzas" y de las "masas", sin tener que preocuparse de las causas" (o.c. 102-103).

Y añade: "A esto se llama experimentar" (o.c. 103). Tal actitud, inventada por Galileo, fue madurada por Newton hasta darle la forma que se acaba de exponer, y sólo desde ella es posible dar forma a un plan categorial-causal:

"Para este plan he elegido términos todos de violencia:

1) fuerza, frente a dócil causa eficiente.

2) instrumento, frente a aparato, paratus-ad, preparado, cual siervo a lo que manden las cuatro causas.

3) mani-festar, frente al tipo de patencia inmediata; sin que sea menester hender con mano alguna lo real; y todo ello contemplado en plan de

4) experimentador, no de observador, que es de nuevo plan de mirar a lo siervo (ob-servare, servus ) a lo que la naturaleza "a sus anchas" quiera mostrarme.

Cuando logremos, con Newton, hacer física con estas cuatro condiciones "violentas" se habrá llegado a fundir en uno, a "unir sintéticamente", plan categorial con plan causal" (o.c. 103)246.

Estas condiciones son las que permiten conectar ciencia física y técnica sintéticamente de modo que ésta resulte plenamente eficaz para transformar el universo en mundo humano, frente a la técnica de tipos vitales anteriores que GB calificaba, como se vio, de "raquítica" en comparación con la que surge de tal unión sintética. La nueva técnica es violenta para con lo natural, y lo es en doble sentido: "No se puede, pues, hacer física "en realidad de verdad" sin forzar esa virginidad espectacular y especular de las "ideas" de las cosas, de las especies y géneros; hay que hacerse fuerza y hacerla a las cosas, en una palabra violentarse y violentarlas" (PCFG, 101)247.

Como se ha dicho, tras la actitud experimental se encuentra el fenómeno de reducción óntico-categorial o formalismo afectando principalmente a los conceptos de "causa eficiente" y "causa material" que resultan transformados en "fuerza" y "masa", respectivamente. Lo mismo sucede con el tiempo y el espacio absolutos, que permiten su geometrización analítica haciendo desaparecer así toda cualidad local y temporal en cuanto propias de cada ser248. En definitiva: el nuevo trato que se da a los conceptos en plan tradicional permite descualificarlos, prestándose así al trato numérico (cuantitativo) y relacional, de modo que unas entidades se reducen a otras de las que surgen, y éstas a su vez a otras más básicas, hasta llegar a unas cuantas que resulten mínimas e irreductibles.

Todo lo anterior no es sino la tendencia a la unificación de teorías y conceptos dentro de cada ciencia en particular, y de unas ciencias a otras, como se dijo. Proceso de axiomatización que a su vez es un "factum" o muestra de la creciente tendencia de la vida superior a unificarse interiormente. En este sentido afirmará GB: "Y digo que la axiomática proviene de que la vida mental posee "intimidad", es decir: conciencia transcendental" (EG, XLIV). Con ello, los seres son concebidos como estados diferentes de unos cuantos elementos iniciales, básicos.

Evidentemente este proceso formalizador permitirá un trato operacional con lo real superior al posibilitado por las definiciones esenciales. Tal sucede con la física: "toda la física clásica y moderna es física formulada con leyes analíticas, con puras estructuras de orden entre variables y constantes, sin esencial referencia a cuerpos concretos, fuera de la referencia indeterminada a "mobile quoddam", a un móvil cualquiera, como cualquiera es la constante (a) o la variable (x) " (HFC, 78).

Según GB, que lo real admita "tratamiento analítico puro" (ibid.) no es algo casual sino prueba de la esencial indefinición de lo real; de que el ser no está plenamente "hecho", resultando por ello las matemáticas "clave" por la que la naturaleza, como se dijo, entrega sus secretos sin resistencia249. De este modo la física ha conseguido algo impensable para otros tipos vitales: "La física clásica y moderna pueden con pleno derecho gloriarse de haber re-creado la naturaleza. O dicho con términos más solemnes y más grávidos en metafísicas consecuencias: la física ha hecho una ontología de lo físico: descubrir el logos, la esencia del ser físico" (THFF, 368).

Por otra parte, dado el grado de cuantificación que admite lo real y el descubrimiento de los aspectos numéricos que rigen los procesos materio-energéticos, no extraña que ya en ITF GB aluda al nuevo materialismo que la reducción óntica y categorial iniciada por el tipo vital individuo y profundizada por el de persona, preludian. Así, dirá que, desde Suárez, la cantidad comienza a formar parte de la materia, y en Descartes es ya explícito. La materia, pues, "va enriqueciéndose" y llegará a surgir un materialismo que nada tendrá que ver con el de los antiguos250. En definitiva: "Vendrá tras la faena vital individuadora, la de constitución de la personalidad y en ella será posible el surgimiento de un nuevo tipo de materialismo que llevará el mismo nombre que el materialismo individualista y que el escolástico (si es que existió, por ejemplo, en David de Dinando); pero su sentido y su significación serán totalmente diversos" (ITF, 133).

En el fondo, Kant, reflexionador por filósofo de lo que la vida ya estaba haciendo en Newton, no hará sino caer en cuenta de ello sistematizándolo convenientemente, de ahí que GB afirme: "Kant fue quien, por vez primera y en el Prólogo mismo a la Crítica de la razón pura -Prólogo a la segunda edición-, tuvo plenaria conciencia de este valor modélico de las ciencias, en cuanto ejemplos de verdad ontológica, de plan a priori para constitución de sus objetos" (NGFC, 220-221). Y en otro lugar:

"Masa, fuerza, instrumentos, experimentación: integrantes del plan categorial-causal; plan, dirá Kant, propio de la Razón, en cuanto independiente del cotidiano y manso curso de las cosas, en cuanto no "aprehendidas" las cosas por ella; plan en que la Razón "ve lo que ella misma ha hecho que se produzca o venga a luz" (hervor-bringen ) por medio de un su proyecto (Entwurf ), en que las cosas son echadas (geworfen ) o tratadas cual pro-yectiles, tal como en el "proyecto" para experimentar la Lex inertiae. Y por esto podrá decir Kant que, al forjarse tales tipos de proyectos y de tratos con lo natural, les "saltó a los físicos una nueva luz a los ojos" (so ging allen Naturforschern ein Licht auf), que es el nuevo tipo de "verdad", de luz "inventada" para descubrir aspectos nuevos del mundo real.

A este procedimiento llama Kant "revolución del modo de pensar" (Revolution der Denkart ) -Kritik d.r. Vernunft, prólogo a la segunda edición, XIII. Y al nuevo tipo de verdad, casi activa, de hacer saltar chispas a lo natural en estado de pedernal indiferente y frío dará Kant el nombre de verdad transcendental" (PCFG, 104-105).

También debe ser destacado el componente sentimental de novedad y sorpresa que comporta la actitud experimental, al que se aludió anteriormente con la sentencia de Goethe. En este sentido, dice GB refiriéndose a la "Lex inertiae" expuesta por Galileo: "comenzamos por violentar el curso natural de las cosas, hacerlas moverse por un plano horizontal, prolongado hacia el infinito; y puestas por nosotros en él, se les da un empellón hacia adelante, tratándolas como proyectiles, para "experimentar", es decir: sin saber de antemano lo que va a pasar, tanteando la reacción de las cosas puestas en tal aprieto y circunstancias nuevas" (PCFG, 102). Por eso, como se dijo, lo que suceda será "ante todo, impre-visible, es decir, in-visible en el plan corriente del mundo; y además im-pre-visible". No obstante, cuando experimentar es actitud científica el hombre debe permanecer, a pesar de todo, en actitud "vigilante", "prevenido", lo cual indica que debe haber un cierto control a pesar de lo imprevisible e invisible. Sobre esto se verá en otro lugar, pues afecta de lleno al tema de la técnica, en especial a la técnica científica, transida de racionalidad matemática (de determinismo matemático).

3.2.4. Verdad técnica.

3.2.4.1. Ineficiencia de las verdades óntica, ontológica y transcendental.

Desde el punto de vista de la eficacia y radicalidad transformadora de los diferentes tipos de verdad con que la vida se dotó en los distintos tipos vitales surgidos hasta Kant, el estado de la cuestión podría resumirse en las siguientes palabras de GB: "La filosofía anterior a Kant, por una falsa humildad, cuyos orígenes religiosos no pueden imparcialmente desconocerse, había creído que el hombre, por el hecho de su presencia no hacía nada nuevo en el universo; era esclavo no sólo de Dios sino de las cosas y su faena mental se reducía a decir en palabras y en proposiciones lo que ellas eran; faena de mono sutil, más locuaz que los ordinarios" (NGFC, 263).

Se trata de un prejuicio del que se resiente el pensamiento occidental: la concepción representacionista de las ideas, según la cual éstas no son realidades eficientes: "Las ideas son vividas y tenidas por meras representaciones de los objetos ante el conocedor, cuando se cree que las realidades diversas están ya de sí, cada una a su manera, perfectamente definidas, completamente especificadas, hasta con última diferencia, (...) Tal es la concepción griega y escolástica, y por esta actitud, muy semejante a la de la impotencia de los primitivos frente a la naturaleza, los conceptos y proposiciones parécenles ser siempre representaciones de lo real sin eficiencia alguna sobre él, puesto que tal eficiencia de las ideas nada tuviera que hacer en un universo en que todo estuviese especificado hasta la última diferencia" (o.c. 284-285).

Como consecuencia de lo dicho, la verdad se hace esclava de las cosas. En este sentido, y desde la perspectiva bacquiana, la concepción representacionista de las ideas merma el poder de la transcendencia humana al negar cualquier capacidad motora o transformadora al pensamiento o transcendentalidad. Este hecho, unido a la ausencia de una concepción del hombre como transfinitud transfinitante, le condena al estado de mero contemplador de la realidad. Se trata de lo que en el período marxista de su pensamiento GB denomina, como se verá, "prejuicio idealista".

Por otra parte, este prejuicio denota tanto ganas insatisfechas como ignorancia: "De ahí que todo ese tinglado de verdades en sí, de proposiciones de verdad eterna... sea nada más producto de ignorancia en parte, y en otra, producto de las ganas de disponer de tales objetos" (o.c. 288).

Contra todo ello arremete nuestro autor: "Renunciemos valientemente a esa idea de falsa humildad -de cobardía más bien de primitivos indefensos frente a lo natural- de que nuestras ideas no son creadoras, que son simples reproducciones de lo real, y hagámonos a la idea de mayor responsabilidad ciertamente de que nuestras ideas pueden ser órganos transformadores y especificadores de lo real, amorfo en sí, por suerte para nosotros" (o.c. 289).

La verdad transcendental supone un avance hacia la transformación y dominio eficaz de lo real: "desde Kant cae el hombre en cuenta de que, aun sin ser creador de la realidad de las cosas en sí mismas, por el mero hecho de la presencia del hombre en el mundo y más en particular, por su posesión de formas a priori, tiene el poder transcendental de obligar a las cosas, no creadas por él, a que le manifiesten lo que son y respondan a las preguntas múltiples que les presentan las formas a priori " (o.c. 263). En este sentido, puede decirse "que la verdad transcendental, mediante las formas a priori, es verdad eficiente: realmente efectiva, pues obliga a las cosas que están en el mismo universo con el hombre a que se le manifiesten, a pesar de que el hombre en cuanto cosa no las haya eficientemente creado o hecho" (o.c. 264).

La verdad transcendental kantiana, según GB, es "casi activa" porque en Kant la conciencia "casi se nota como espejo, como pantalla cinematográfica, cuando los demás mortales y hasta los filósofos creían vivir las cosas-en-sí en toda su fuerza impresionante y brutal" (IGE, 60). La causa de ello radica, de nuevo, en la vida: "Es posible, con un tipo de posibilidad transcendental, cerrarse a todo, quedarse a solas consigo mismo, en cuanto yo transcendental; en soledad de las cosas-en-sí lo está necesariamente la conciencia por el mero hecho de ser transcendental, de no permitir ni poder permitir que las cosas la invadan tal cual ellas son; en este caso la conciencia está "acompañada" de las cosas en cuanto objetos, y lo que de objetos tienen las cosas es mucho menos y más sutil que lo que tienen de cosas, como lo es la imagen de una cosa sólida en el espejo respecto de la presencia bruta, machacante y opresora de la cosa en sí misma. Este es el tipo de soledad vivido en plena conciencia por Kant" (ibid.).

En definitiva, y en esto se encuentra el origen de dicha insuficiencia, Kant "Vivió desviviéndose en los objetos y en las condiciones de posibilidad de los objetos, aunque no, desviviéndose en las cosas o en los objetos tenidos como cosas" (o.c. 68).

Como consecuencia, la eficacia de la verdad transcendental es muy reducida, limitándose a serlo de un tipo que GB denomina, como se dijo, "eficiencia fenomenológica", consistente en que las formas a priori "hacen -así con un hacer o eficiencia especial que no se asemeja a la causalidad eficiente ordinaria, que lo es de cosas- que las cosas se me presenten a , a pesar de no haber sido eficientemente hechas por mí ni para mí" (NGFC, 263); las obliga a presentarse sólo "como cosas aparecidas, patentes" (ibid.). Por tanto, "no hay por qué ellas tengan que ostentar y descubrirnos lo que son: su esencia" (ibid.).

Así, pues, "A la presencia del hombre, con formas a priori, en el universo de las cosas, el universo reacciona "apareciéndosele". Y esto de aparecerse -presentarse como espaciado, temporal, causalmente ordenado...- es algo real, no de estilo cósico, y le daremos el nombre de realidad de tipo "apariencial" o simplemente apariencial, fenoménico" (o.c. 264)251.

En definitiva: "esta eficiencia real, ciertamente, de las formas a priori sobre las cosas del universo (...) queda reducida al orden fenoménico: a la producción de aparienciales " (o.c. 264), de modo que la verdad transcendental no posee "eficiencia cósica" (o.c. 265) en dominio alguno, pues en ella "lo real físico no descubre lo que es, aunque, con Kant, nos acerquemos a él provistos de categorías (...) -es decir: no vale para lo físico el procedimiento de verdad transcendental-, porque lo real no está en sí mismo especificado de manera que sus apariencias o apariciones en las formas a priori sean esenciales. (...) Las ideas o formas a priori en plan de reactivos descubridores no bastan para determinar lo real ni aun en el terreno gnoseológico" (o.c. 270-271).

En consecuencia, si lo que se pretende es el dominio eficaz de lo real, y en ello queda involucrada la técnica por definición, entonces "es preciso emplear las ideas como planes técnicos, como instrumentos o máquinas conceptuales" (ibid.)252. Sólo a partir de aquí será posible el surgimiento de un tipo de verdad peculiar y revolucionaria: la verdad como "invento"; un tipo de verdad acorde con los anhelos dominadores de un ser humano que no los restringe ya al plano formal (transcendental-intelectual), sino que los amplía al universo macro y microfísico.

Además, la verdad transcendental, en tanto que secularización de la de "revelación", posee otro aspecto histórico que nuestro autor destaca: su carácter de culminación de la "apparitio" romana o "manufendere" elevado a actitud de "experimentador".

En cualquier caso, con Kant queda como conquista de la vida superior haber sometido a la verdad transcendental los otros dos tipos de verdad: la óntica y la lógica, presentando éstas carácter de "subordinación" respecto de aquella:

"A esta verdad transcendental quedan sometidas, por secundarias, tanto la verdad ontológica escolástica como la verdad óntica griega. Las ideas pueden hacer de modelos y normas o leyes para juzgar de las cosas (verdad ontológica, en juicio), porque el hombre posee ideas bajo la forma de formas a priori, (...) y a su vez es claro que si mis formas a priori obligan a las cosas a que se me presenten como objetos, mis actos que repitan los efectos que ellas han causado en las cosas, obligándolas a aparecérseme de tales o cuales maneras, tendrán que ser verdaderos conformes con las cosas. Es decir: la verdad lógica es un efecto secundario de la verdad transcendental" (NGFC, 264);

3.2.4.2. La verdad como "invento" o verdad "real".

Este tipo de verdad que surge, según GB, como inversión del tradicional, incluido el kantiano, pertenece también, como se va a ver, al tipo vital "persona". En rigor, tal tipo vital no se ha desarrollado plenamente sino que, dice nuestro autor, se encuentra "actualmente en alborada" (IGE, 84). Así, pues, el tipo vital "persona" admite grados de perfección, como los de "individuo" y "singular".

De la verdad que ahora interesa, dice GB: "la verdad que denominamos "real": la verdad como invento para descubrir, dominar, transformar lo real" (NGFC, 259). Triple intención, pues, que GB gusta condensar en el término "real", término por el que siente preferencia para referirse al pragmatismo de William James253, filósofo al que, junto con Whitehead, considera "eminentes representantes o altavoces intelectuales" de "dos tipos de hombres, prodigiosamente activos" (o.c. 265). De nuevo isomorfía; ahora entre tipo de filosofar y tipo de Pueblo, en este caso, el inglés254.

Partamos, para nuestra exposición, de lo que GB considera "afirmación fundamental de James":

""Para todas las doctrinas anteriores al pragmatismo, una verdad nueva es un descubrimiento; para el pragmatismo, verdad es invención"" (o.c. 267).

Tal afirmación requiere para su verdad, según nuestro autor, el cumplimiento de dos condiciones: "Para que sea posible hablar con sentido real de verdad-invento, de realismo de la verdad, es preciso no sólo que comprobemos que la realidad es amorfa y está indiferenciada en ámplios límites (...), sino que las mismas ideas no son definibles, es decir: no poseen determinaciones últimas e inmutables" (o.c. 275).

A la vez, tales condiciones deben incluir la consideración sobre los límites respectivos: por una parte "señalar los límites de indiferenciación de lo real, físico o no, su grado de "material en bruto", lo cual equivale a una teoría o doctrina sobre la realidad en cuanto tal " (ibid.); en segundo lugar, "fijar, cuando menos en primera aproximación, los límites en que las ideas se prestan a ser deformadas por medio de planes, es decir: hasta dónde es posible construir máquinas de ideas que sean planes o planos de máquinas reales que dominen, encaucen, hagan aprovechable realmente lo real, especificándolo transitoriamente" (o.c. 276).

Por el primer aspecto, GB establece como condición la elaboración de una ontología o metafísica y de ahí que afirme: "Empero la teoría de James no puede adquirir carta de naturaleza en la filosofía, por muchos que sean sus méritos (...) si no se la eleva al rango de metafísica general del ser", y añade: "esto es precisamente lo que, continuando su dirección y aun su terminología misma, ha realizado amplísimamente el gran filósofo de lengua inglesa A. N. Whitehead" (o.c. 290). Esta afirmación suministra la clave para comprender los esfuerzos de GB por construir una metafísica como la indicada a fin de sentar el carácter "plástico" del ser físico, y levantar sobre ella un sistema de "polimorfía óntica" en cuyo extremo superior la absoluta compactación de la intimidad vital encuentre su correlato adecuado en la total plasticidad de lo real (ideas y base física) abriéndose así ante el hombre la posibilidad de llegar a ser auténtica "causa" o Creador: Creador de sí y de un nuevo Mundo que sea "creatura" suya: hecho a imagen y semejanza de su doble transcendencia y, por tanto, efecto en sentido estricto.

Esto último nos pone sobre el otro aspecto fundamental: al tratar de establecer los límites y posibilidades de la acción transformadora de las ideas, GB está mostrando los límites y posibilidades de la transcendentalidad humana. De lograr unir sintéticamente transcendencia y transcendentalidad el hombre podría aspirar a ser Dios en "Persona".

Profundicemos en lo anterior a fin de mostrar sus implicaciones para la concepción bacquiana de la técnica.

Si las cosas poseyeran esencia, la verdad sería lo des-velado (esencia des-cubierta), es decir, una forma más o menos sutil de patencia que incluye también, y a pesar de todo, la verdad transcendental (hacer aparecer a la manera humana lo en-sí (fenómeno), dejando su esencia oculta (noúmeno)). De ser así las teorías óntica, ontológica y transcendental de la verdad tendrían su razón de ser. "Empero -dice GB- si el ser o algunos seres no estuvieran perfectamente determinados; si no poseyeran diferencias específicas últimas; si estuvieran en forma real de material en bruto, de cantidad en bruto...-, en tal caso ciertas ideas del hombre podrían especificar y determinar realmente tal realidad, indiferenciada de suyo, mediante artificios o artefactos; y las verdades que de tal situación resultaran serían inventos " (o.c. 268).

Pues bien, si para GB es evidente que se cumple la primera condición, como va resultando claro por el proceso que va desde Galileo hasta las actuales ecuaciones sobre materia-energía, espacio-tiempo, espacio-gravitación..., en las que desaparece toda diferencia específica255, y es "cosa que hemos comprobado no sólo en lo físico sino en lo científico mismo, donde el racionalismo clásico creía hallar el máximo número de definiciones" (o.c. 275)256, entonces es claro que puede plantearse con cierto sentido la consecuencia, siendo posible, además, por lo que sucede en estos dominios, ampliar lo dicho a otros en que se vaya descubriendo que acontezca lo mismo257. Por ello, lo concluido por GB afecta directamente a la técnica moderna:

"De consiguiente: es posible determinar, no con esencias que lo dejen definitivamente especificado ya, sino solamente con planes, con máquinas, con artefactos. Y así, porque el calor no es definitivamente calor, puede ser trocado en movimiento mecánico, y tal es el efecto real que hace ese plan de las máquinas de vapor y los artefactos correspondientes.

"Y porque ninguna energía, en las formas en que se nos aparecen -calor, energía mecánica, energía eléctrica, energía luminosa...- es "definitivamente" o "especificadamente" lo que aparece a la intuición inactiva, por eso ha podido surgir la técnica moderna con su dominio de lo real, con su aprovechamiento de lo real, con sus planes de transformación de lo real de especie a especie, de un tipo de cuerpo a otro, contra la patraña que sirve de base a la teoría de materia y forma que es la de la diversidad específica de los cuerpos físicos; y aun con la posibilidad inmediatamente previsible de transformación de género a género de cuerpo que se avizora en los experimentos hechos con la bomba atómica" (NGFC, 269).

Así, pues, al hombre le quedan tareas especificadoras de lo real en que ensayar su transcendentalidad y su transcendencia: "Luego lo real nos está dado como inespecificado, como indiferenciado; su especificación y determinación están, en amplísimos límites, en nuestras manos. Y lo especificamos y determinamos mediante aparatos, mediante artefactos, construidos no según ideas sino según planes. Mediante lo artificial especificamos lo real" (o.c. 269-270). Estas tareas, tanto por la eficacia de dicha técnica como por sus consecuencias para lo real (humano o no) suponen una alta dosis de responsabilidad al abrir ante el hombre la posibilidad de transformar todo aquello que no tenga esencia en algo diferente y aun diverso, y, en el extremo, hacer del universo Mundo "real de verdad", y del hombre, Dios, siendo la contrapartida proporcional a la ganancia: la aniquilación total. De todo ello se tratará en su momento.

Desde la perspectiva anterior, la técnica vuelve a aparecese como un "factum" que muestra el estado inacabado de la realidad y, por tanto, su capacidad para admitir nuevas determinaciones, es decir, su disponibilidad para adquirir historia:

"Lo real físico, por tanto, es material bruto y en bruto, y las fuerzas o energías físicas son fuerzas o energía bruta y en bruto; admitiendo, de consiguiente -y es el hecho de la técnica- no especificaciones o diferenciaciones definitivas, sino simples determinaciones de hecho que dan a lo real una especificación transitoria, mediante planes (que son los sustitutos de esencias e ideas) y artefactos (que son los sustitutos de las inexistentes causas eficientes naturales vinculadas con la forma, la idea y la esencia)" (o.c. 270).

Muestra, también, como se verá oportunamente, que lo natural se deja conocer mejor en lo artificial:

"Basta considerar un momento un aparato de los más vulgares en nuestros días, como la radio, para notar que, a pesar de su artificialidad, de haber sido construido no con la idea esencial de sonido y luz (...) sino con idea de otro orden, específicamente diverso -funciones y ecuaciones diferenciales parciales... coordinadas con lo real y dirigiendo la construcción de un objeto artificial, como es tal aparato. Y con todo lo natural responde perfectamente y se ostenta mejor que en los llamados fenómenos naturales. Lo cual viene a decirnos (...) que lo real físico no está especificado; no tiene esencia ni idea, sino que es material bruto y en bruto que el hombre con ideas, funcionando cual planes, digamos simplemente, con planes, puede especificar y determinar transitoriamente mediante aparatos o artificios " (o.c. 271).

En definitiva: "el hombre ha descubierto, y no en otra cosa consiste la maravilla de la ciencia natural galileana y moderna, que lo real no tiene esencia ni idea y que está en la mano del hombre darle forma con aparatos y con planes " (ibid.).

Con lo dicho, se ve ya la importancia de atender a las "ideas" como "planes" o "máquinas teóricas", así como a su relación con los artefactos materiales isomorfos con ellas.

Por otra parte, la verdad real implica un aspecto coordinativo, frente al de subordinación, que resulta esencial: "Cuando un conjunto de ideas -dice GB- actúa como plan para dominar y diferenciar lo real, tal conjunto toma la forma de coordinación, no la de subordinación esencial o ideológica. Las máquinas de ideas se construyen por plan y coordinación " (o.c. 277). Y en un lugar anterior:

"Una idea, en sentido antiguo de la palabra, una definición que la expresara, se creía tener valor aunque no hubiere aparato o instrumento artificial en que comprobar la validez propia, pues se creía que todo tenía esencia propia, que todo estaba perfectamente determinado hasta en la última diferencia específica; pero así como el plan de un edificio, el plano de una máquina o aparato no admiten la disyunción de verdadero o falso, independientemente de la verificación o comprobación de que el edificio se sostiene y la máquina marcha, de parecida manera, por haber descubierto la física moderna y clásica que lo natural no está perfectamente especificado, las ideas acerca de él no son ni verdaderas ni falsas, sino que su verdad depende de la eficacia del plan geométrico, analítico... que el hombre, artificialmente, libremente, proponga a lo real, para que en tal máquina conceptual y en la correspondiente real opere y se especifique transitoriamente " (o.c. 272).

Es clara, pues, la distancia entre el modo de concebir las ideas en plan representacional, incluso en Kant, y en plan de eficacia. Ahora bien, el montaje de las ideas en "maquinas" puede serlo tanto en máquinas ideales como físicas (cósicas): "La verdad y falsedad de lo físico está sometida en primera y fundamental instancia a la verificabilidad o no verificabilidad: a que marchen o no marchen los aparatos de ideas y de cosas que el hombre invente para especificarlo, para hacer posible decir algo determinado de él" (o.c. 272).

Lo dicho del dominio físico vale de otros más netamente racionales (geometría, lógica...), en que las ideas están en su propio ambiente , y en él forman máquinas de ideas que se montan en artefactos ideales. En el domino físico, sin embargo, las ideas deben enmaterializarse en cuerpos de un orden bien diferente del mental que les es propio. Mas en ambos casos vale lo siguiente: "al modo como la verdad de una máquina de radio consiste en que efectivamente, realmente, transforme corrientes y ondas electromagnéticas en sonidos -cosas que directamente, por ley natural no ocurrieran sin el aparato y su plan-, de parecido modo, por ser los seres o cosas físicas, geométricas, aritméticas, lógicas... material en bruto, fuerzas en bruto..., la verdad de una proposición concreta acerca de ellas consistirá en que tal proposición tenga forma de plan o plano y en que permita construir de una manera u otra una máquina, artefacto o instrumento, artificial todo, para servirse realmente de lo real, y que efectivamente, puesta tal máquina de ideas y cosas en uso, lo real resulte realmente utilizable en formas determinadas" (o.c. 273-274). Cuando esto sucede se dice que la máquina funciona, erigiéndose dicho aspecto en criterio de decisión sobre la existencia o no de la verdad como invento.

Dice GB: "cuando una idea actúa como plan y hace fabricar un artefacto, algo artificial, opera realmente con un original tipo de causalidad real" (o.c. 271). En lo anterior deben distinguirse dos funciones netamente diferentes, o dos tipos de "causalidad real" de las ideas en cuanto poseedoras de eficiencia: a) los casos de "eficiencia vectorial"; b) otros en que se especifica y determina "realmente lo real". Veámoslo.

Afirma GB que "las ideas que se emplean en física moderna adoptan forma de "operadores": de ideas en cuanto y en tanto conducen a operaciones determinadas" (o.c. 277). En consecuencia, "Los conceptos son ya reglas de operación o, si queremos, de los conceptos clásicos sólo se conserva en física moderna lo que tengan de reglas, de operadores, de normas inmediatas de acción" (o.c. 278), de modo que su "interpretación conceptual es libre" (ibid.), según interese desde el punto de vista de la función. Por tanto, operacionalismo conceptual.

En virtud de lo anterior sucede que "no se trata de operaciones guiadas por conceptos en cuanto tales, en cuanto contenidos representativos (...) sino de sistemas de operaciones no guiadas por conceptos y, de consiguiente, tal sistema operatorio ha de ser encontrado por "tanteos", por ojo experimental, por ojo implícito en mano" (ibid.), y en este sentido GB dirá que "Un sistema operatorio se acerca a la concepción kantiana del entendimiento como facultad de reglas, sólo que ahora eso de reglas o normas operatorias va tan allá que excluye todo valor del concepto" (ibid.).

Lo dicho de la física sirve por igual de otras ciencias258. Pero lo importante ahora se cifra en notar que "los conceptos operadores funcionan como máquinas ideológicas: y por funcionar como máquinas -no como entes naturales, cual proposiciones en sí, eternamente verdaderas, inmutables...- no se las emplea en su forma y estado de ente de razón, sino cual material a conformar y deformar según un plan que uno se haya propuesto (...), y la unión de las piezas ideológicas de tal máquina de operadores no puede hacerse por subordinación conceptual sino por una coordinación o remache más o menos arbitrario que el plan imponga a los elementos" (o.c. 280).

Pues bien, y a esto se encaminaba todo lo anterior, como consecuencia "verdad" queda definida por GB como "invento" o, bajo otro aspecto, "verdad instrumental" o "eficacia" (o.c. 287); "operador eficiente" (o.c. 279); y con James: "instrumento para la acción " (ibid.); verdad, pues, como funcionamiento o verificación que lo real hace, no la razón o el sentimiento, y ello vale de cualquier dominio:

"La realidad se encargará de verificar o no tales atefactos; de hacerlos andar o no andar; y esta verificación de que la máquina ideológica efectivamente, de hecho, marcha, de que el sistema de operadores opera realmente, será el único y decisivo criterio de su verdad, a la manera como que el hecho de que una máquina material marche y haga los efectos propios garantiza la verdad de tal máquina: este artefacto es real y verdaderamente, en realidad de verdad, una radio, un auto, un reloj; y que una máquina física marche no es solamente un descubrimiento puro y simple de lo real, sino un aprovechamiento e intervención real en lo real mismo. Igual hacen las máquinas ideológicas, integradas de operadores; modifican realmente lo real, lo determinan, y no solamente lo descubren. Un sistema de operadores es una verdad de tipo invento, no de tipo descubrimiento "(o.c. 280).

Y como antes de ser real, de funcionar, el artefacto (mental o físico) no era ni siquiera posible, su verdad resultará "invención", es decir, autentica "creación", pues no será otra cosa que la aparición en el ser real de uno previamente inexistente, incluso como esencia ("cosas que directamente, por ley natural no ocurrieran sin el aparato y su plan").

Es de notar que este tipo de verdad toma como modelo el proceso de trabajo, aspecto sobre el que GB llama la atención a propósito de la concepción jamesiana de la verdad como "instrumento para la acción", sirviéndose para ello de tres citas de Le pragmatisme259, en las que el autor inglés dice: "Una idea adquiere "su" verdad (...) por el trabajo que efectúa, por el trabajo que consiste en verificarse ella a sí misma, trabajo que tiene por finalidad y resultado su verificación"; "el funcionamiento de tales ideas directrices [y añadiremos nosotros "operadores"] simples, y que se encuentran plenamente verificadas ofrece, sin duda alguna, el modelo y prototipo del proceso o trabajo que conduce a la verdad" (NGFC, 279); "Una idea adquiere su verdad por el trabajo que efectúe, por ese trabajo que consiste en verificarse ella misma, trabajo que tiene por resultado el de su propia verificación. Y parecidamente, adquiere una verdad su validez efectuando un trabajo que tenga por resultado y finalidad su validación" (o.c. 271-272). En definitiva, verdad como funcionamiento o puesta a prueba con éxito, como se verá en su momento.

Ahora bien, no todas las ideas de tipo operador poseen el mismo grado de eficiencia para determinar lo real, y así dirá GB que las hay que "pueden obrar con una eficacia vectorial, dirigiendo, sin transformar o especificar lo real -material en bruto dentro de amplísimos límites-", y añade: "a estas ideas con tal restringida eficacia denominaremos "operadores de dirección" " (o.c. 281). También se refiere a ellas como "ideas-guía (vectores)" (o.c. 286), "cuya eficiencia es sobre todo vectorial o directiva eficiente" (o.c. 283).

Existen, además, otras ideas-operador con superior poder eficiente: "empero otras muchas especifican y determinan realmente lo real; (...). Las ideas, ciertas ideas al menos, tienen resultados reales, satisfactorios para el hombre en cuanto realmente incardinado a un universo real" (ibid.). Esto sucede, también, en los diferentes dominios del ser real, ideal o físico260. A tales ideas denomina GB "ideas-fuerza", como sucede en el caso de las ideas matemáticas al insertarse en lo natural:

"por haberse quedado lo real físico en el estado de simple y bruto cuerpo, todas las restantes especificaciones caerán bajo el dominio o poder de ciertas ideas nuestras que empleemos como planes que a su vez actúen de instrumentos realmente especificadores, orientadores,encauzadores, con especificaciones, diferenciaciones, orientaciones o vectorialidades todas ellas accidentales o no definitivas. Y así hemos podido dominar lo real físico con geometrías, álgebras, etc., porque las ideas matemáticas no son esencia de lo real, sino que, al revés, la indeterminación de lo real, más allá del género "cuerpo", hace de materia amorfa y maleable para tales transformaciones. Y nuestras definiciones matemáticas de lo real físico son ideas-fuerzas, ideas-instrumento, máquinas sutiles en que lo real amorfo, la fuerza en bruto, el peso en bruto, la energía en bruto, hacen no sólo lo que les indican las ideas-guía (vectores) sino lo que éstas les obligan realmente a hacer (ideas-fuerzas)" (o.c. 286).

Y así: "por la sencilla razón de que la realidad no está hasta tal punto especificada y determinada, sino que ha de ser especificada y determinada mediante tales máquinas o instrumentos intelectuales (...) se explica que nuestras teorías físicas puedan cambiar, sin que tal cambio tenga nada que ver con verdad o falsedad, porque cada teoría no es sino una máquina más perfecta para especificar y encauzar lo real. Y el éxito de las diversas teorías se mide por su eficacia para desvelar, reformar, dirigir lo real" (ibid); "De consiguiente: no hay verdades aritméticas ni geométricas ni una geometría es más verdadera que otra y ni siquiera tiene sentido decir si una es verdadera y las demás falsas, sino que se trata de verdad instrumental, de eficacia y de acciones que no especifican definitivamente, como la forma a la materia, sino sólo transitoria y extrínsecamente, como quien mentalmente dibuja una figura en las nubes" (o.c. 287).

Por lo dicho, se hacen claras las razones de GB para afirmar que con la verdad como eficacia se produce una inversión en la valoración tradicional tanto de las ideas como de la verdad: "Los órdenes de verdades, según la filosofía y ciencia clásicas, se establecían por el criterio de mayor o menor universalidad, necesidad y evidencia. Y si las verdades físicas estaban subordinadas a las geométricas, las geométricas a las aritméticas, éstas a las lógicas; desde el momento en que toda verdad tenga que mostrar su cualidad de operar eficientemente para recibir el título de "realmente verdadera", verdad con realidad de verdad, los órdenes de las verdades operatorias tendrán que establecerse según los grados de su eficacia real" (o.c. 280). Por esa razón, las ideas cuya eficacia real sea doble primarán sobre las simples ideas-guía: "Dentro de las verdades eficaces, o reales de verdad, tendrán preeminencia aquellas cuya eficacia sea a la vez vectorial y determinante" (o.c. 281), y por lo mismo, la verdad clásicamente entendida como patencia o descubrimiento, pasará a ocupar la posición inferior.

En todo lo anterior resulta evidente, pues, la herencia kantiana: la inversión o "giro copernicano" que supone preguntar, no ya por el ser, sino por sus condiciones de posibilidad, a la vez que su potenciación por un tipo vital "persona" de superior consistencia o madurez óntica que el transcendental kantiano. Una madurez que habla de una nueva fase del tipo vital "persona": una fase de ataque, o salida conquistadora, una vez obtenido el grado de "sistencia" adecuado; un derribar las murallas para salir a batallar a campo abierto contra las cosas por sentirse la intimidad humana suficientemente sólida o "sistente" como para aguantar tal pelea y salir victoriosa, si no con certeza, si al menos con cierta alta dosis de probabilidad. Por eso afirma GB: "Cuando dice aquí Bergson que James y el pragmatismo continúan el kantismo, se refiere a lo que acabamos de decir: que la verdad ontológica clásica depende de la verdad transcendental y ésta a su vez, que en Kant era primaria ya, depende de la verdad real: de la verdad-invento" (o.c. 275).

Esta última consideración nos obliga a notar algo que advierte GB respecto de todo lo anterior, y que nos da tres claves de su pensamiento, las cuales, a su vez, remiten a Bergson261. Se trata de advertir a) el peculiar tipo de "necesidad" o no "arbitrariedad" que se manifiesta, a pesar de todo, en la verdad como invento; b) su aspecto democrático y colectivo; c) el afán de superación o transcendencia que emana de ella:

"no se sigue, a) que la verdad sea arbitraria, como no es arbitraria la manera de fabricar un aparato de radio, un automóvil... para que efectivamente marchen y funcionen; por más que tales aparatos no tengan esencia, por ser objetos artificiales; b) que todos pueden inventar verdades, es decir: planes ideales para dominar y aprovechar concreta y determinantemente lo real, de suyo amorfo e indeterminado; es, pues, la verdad de tipo invento (...) creación de un espíritu individual; y así, tal verdad no preexiste a su invención, como no preexistía el fonógrafo antes de que Edison lo inventara. (...) Así que la verdad se ha hecho, según el pragmatismo, gracias a los aportes individuales de un gran número de inventores. No todos son capaces de inventar el gramófono o la radio ni de inventar verdades de tipo plan para dominar y especificar lo real.

c) Pero se sigue (...) que (...) el espíritu del hombre es una realidad que está, cuando más, genéricamente determinada, pero a la que falta, por suerte para el auténtico progreso o retroceso, una última especificación. Así podemos los hombres ser inventores de nuestro propio ser, si nos lo proponemos, y si algunos de nosotros, más geniales y valientes que la gente, se determinan a ello" (o.c. 274-275).

Sobre todo ello se verá oportunamente, al tiempo que el autor madura y explícita dichos temas a lo largo de su andadura intelectual.

3.3. Conclusiones.

El primer paso de GB para una filosofía de la técnica lo da desde la hermenéutica histórico-vital. Este primer avance puede resumirse en la sentencia varias veces citada: "la Vida, de quien Inteligencia procede y de quien la técnica deriva". En tal sentido, la técnica, acción instrumental por antonomasia, resulta ella misma instrumento de la vida que ésta se da a sí misma (creación) para su salvación. Es claro, por tanto, que la técnica, tal como la concibe GB en este momento, no sólo es un fenómeno de dimensiones antropológicas, sino cósmico, pues hunde sus raíces en la Vida o tendencia ascendente del Universo, de la cual la vida humana es una manifestación más, aunque especial.

Si los hombres, como se ha visto, son concebidos por GB como órganos de la Vida, la técnica por ellos creada será, lógicamente, creación, en última instancia, de y a servicio de la Vida: la Vida se salva en el hombre mediante la técnica. Técnica, por tanto, como instrumento que manejan esos órganos de la vida que son los hombres. Desde esta perspectiva, la técnica constituida por acciones y artefactos materiales será vida "cosificada" o exteriorizada en grado máximo y, por tanto, a máxima distancia de la Vida, de ahí que su admanualidad o condición instrumental resulte mucho más evidente para la conciencia que otras técnicas y artefactos de tipo espiritual o inmaterial (métodos, instituciones...).

La técnica, en cuanto instrumento de la Vida, se concreta históricamente en tipos de técnica isomorfos con sendos tipos vitales humanos en que la vida se va interiorizando o dando con-sistencia progresivamente. Los tipos de vida están en función del plan categorial-vital, que no es algo primaria ni primeramente teórico sino vital, y desde él la vida superior o intelectual (intimidad) se trata con lo que no es ella, surgiendo en cada caso un tipo de verdad isomorfa. Por ello, la verdad para GB no es algo ni primaria ni primeramente intelectual o teórico, sino vital: el modo como siente la intimidad humana lo "otro" de sí . Por tanto, según el tipo de verdad, es decir, según la forma de sentir lo real, el hombre se comportará (actitud) de un modo u otro con lo que no es él (trato implícito). Sólo en un segundo momento de interiorización o ensimismamiento surge en el hombre la reflexión o conciencia (trato explícito) sobre lo que ya es y hace incluso antes de proponérselo262.

Por estas razones, GB puede sostener que el tipo de técnica o trato práctico con el universo mediante artefactos (trato implícito) es previo y fundamento del tipo de teoría (verdad científica) existente en un momento histórico dado y, a la vez, afirmar que el tipo de técnica está en función del tipo de verdad (verdad vital) definidor de cada tipo vital superior intelectual o humano. De este modo, sintetizando ambas posturas en el vitalismo historicista GB supera la aparente contradicción entre una afirmación de corte idealista y otra de estilo materialista.

Para conseguir la creciente interiorización aludida, la Vida cambia su forma de tratarse con lo real: de hacerlo de manera extrovertida (sensorial o intelectual), a otra operacional. Esto lo consigue con el surgimiento del formalismo científico y su creciente potenciación. El principal beneficiario de este proceso es la técnica, y ello como consecuencia de su estructura constitutiva o definidora: ser acción instrumental guiada por el valor de utilidad.

Por el trato operacional el hombre se descubre a sí mismo y a lo real de un modo nuevo: él cada vez más consistente y seguro de sí; al universo, cada vez más inesencial y moldeable. De otro modo: al cambiar el tipo de verdad lo hace el tipo de técnica. Con este criterio establece GB los diferentes tipos de técnica: a) la griega y medieval, coincidentes en su carencia de eficacia transformadora y sin conexión histórico-vital con los tipos históricos siguientes de técnica; b) la estoico-romana, incipientemente transformadora y origen histórico del proceso que desemboca en la técnica actual; c) la renacentista (Galileo-Descartes), de carácter fenomenológico-descubridor; d) la moderna (Kant-Newton), que es técnica fenomenológica desencubridora, y e) la actual, que lo es de tipo meta-físico o transustanciador.

Como se indicó, GB distingue entre un trato implícito con lo real y otro explícito, de modo que antes de tomar conciencia de lo que hace o es, el hombre ya lo está siendo o haciendo. Por esta razón, hay que advertir dos momentos en el uso de la técnica y de artefactos. En un primer momento el hombre inventa técnicas y las usa sin ser consciente de lo que hay implícito en ellas; en un segundo momento, reflexiona sobre su quehacer y surge la teoría. En este sentido, el trato técnico o admanual con el universo precede al teórico.

Sin embargo, una vez concienciada la estructura implícita de su acción técnica, el hombre puede potenciar voluntariamente dicha acción y estructura aumentando así su eficacia implícita. Si la teoría que forma parte de la estructura de los artefactos es de tipo idea-fuerza entonces les proporciona mayor eficacia transustanciadora, pero si la teoría es de tipo contemplativo (racionalista, naturalista, religiosa) no hará sino impedir dicha potenciación condenando la dimensión admanual del hombre a un segundo plano. Por otra parte, la temprana distinción entre trato implícito y explícito con una realidad será el origen, como se verá en un próximo capítulo, de la fundamental que establecerá GB años más tarde entre "hallazgo" e "invento".

Todos estos aspectos, como se irá comprobando, constituyen la base sobre la que GB profundizará en nuevas etapas de su pensamiento desde nuevas categorías filosóficas, en un proceso dialéctico de absorción-superación, y de ahí que los veamos regresando una y otra vez con matices nuevos que les hace ser los "mismos" pero no "idénticos", lo cual hace necesario establecer etapas en su pensamiento en general, y respecto de su concepción de la técnica en particular.


204 Lo mismo afirma en ILF, 35.

205 Cf NGFC, 164 y 223.

206 "Persona" es término que GB toma de la tradición filosófica, especialmente de la cristiana (Cf AFC, cap. VII; ILF, 97-98); de Hegel (Cf AFC, cap. VII; También DIAZ, C.: Hegel, filósofo romántico. Madrid 1991, Cincel, pp. 79-89); de Kant (Cf ILF, 117); de Scheler (Cf ILF, 117 y AFC, cap VIII); y de Unamuno (Cf Cap. a él dedicado en NGFC), aunque siempre para darle sentido propio. Este tipo vital, como vimos, aparece ya en "Introducción al filosofar", pero su caracterización resulta comparativamente menos minuciosa que la de los otros tipos vitales: algunas alusiones esporádicas en el corpus de la obra (Cf ITF, 54, 115), prestándole atención sólo al final de la misma (Cf o.c. espec. 147 ss). Con todo, la caracterización citada resulta suficiente para notar la importancia de este tipo vital en tanto que superación del individuo. La razón básica que explica esta superioridad óntico-vital radica en la mayor potencia de la reducción óntica y categorial que efectúa el tipo "persona", como consecuencia de una mayor compactación o "sistencia" de su ser (intimidad) y la correlativa disminución de la de las cosas en su aparecerse a la vida, traduciéndose todo ello en un aumento de la potencia formalizadora y, por tanto, operacional. Este hecho puede observarse, como vamos a ver, en la preferencia de GB por la "pantalla" frente al "encerado" a la hora de elegir una metáfora ilustrativa del tipo vital que ahora nos ocupa.

207 Y en otro lugar: "la vida intelectual posee espontaneidad creadora finita, con intimidad" (EG, L).

208 Cf lo dicho en EG, XLII.

209 El aspecto de actividad creadora de esencias para las cosas implicado en el "Yo pienso" es puesto de manifiesto por GB en la expresión equivalente "espontaneidad creadora mental" (Cf EG, XLII).

210 Dice GB: ""intimidad", es decir: conciencia transcendental" (EG, XLIV). No le basta a la vida, pues, con llegar a ser "Yo pienso" o "yo transcendental" ("vida humana superior con espontaneidad creadora"), sino que en Kant llega a "conciencia transcendental" o "intimidad"; a tomar conciencia de su esencial constitución.

211 El funcionamiento categorial es comparado por GB con el de una pantalla cinematográfica en tanto que realizan una función fenomenológica al permitir aparecer sobre ellas las cosas, pero sólo bajo los aspectos que interesan a la intimidad, de modo que no la dañen. Por este procedimiento la vida se libera de la realidad bruta de las cosas al evitar su invasión directa y las dota de esencia o nueva forma de presentación, convirtiéndolas en "objeto", de ahí que las denomine "pantallas cognoscitivas" (Cf EG, XLIV-XLV).

212 Cf ITF, 161.

213 En el original falta lo que hemos añadido en el corchete, con seguridad la causa es una errata del impresor, pues el sentido exige su inclusión.

214 Kant es considerado por GB como un órgano creado por la vida, mediante el cual comienza (se inaugura) el vivir en plan categorial-vital de tipo "persona" (Cf vg., IGE, 10,11,15,67,68,84; ILF, 101, 105.). El aspecto incipiente y revolucionario que para GB posee el tipo vital nacido con Kant es muy claro si atendemos a la expresión utilizada por el autor navarro para calificar la forma kantiana de preguntar: "bomba espiritual" (Cf ACHV 45-46.), así como su consideración de ser lo único original que en teoría del conocimiento ha sucedido desde los griegos (Cf EG, XLI). Se trata de un tipo vital que inaugura una nueva fase en la historia de la intimidad vital; fase que no está acabada, ni mucho menos, pues dice nuestro autor: "época (aún inexistente como ambiente general) personalista, actualmente en alborada. (...) nuestra época personalista en nacimiento" (IGE, 84).

215 Cf ITF, 162-163. Einstein es para GB el máximo exponente de la desmesurada "pretensión racionalista" de no considerar la existencia de límites de la racionalidad. Hartmann y la física más reciente o actual, en cambio, han encontrado límites (Cf NGFC, 222, 252).

216 El subrayado es nuestro.

217 Cf IGE, 15 y 59-60.

218 Cf vg., THFF, 215-216, 249; IGE, 86-95.

219 La relación técnica-persona aparece con fuerza por vez primera, como habrá ocasión de comprobar, en ILF, siendo también la primera en que el tipo vital "persona" es tratado en profundidad. En otras obras anteriores (ITF, THFF, IVF...) aunque presente, lo estaba en menor grado que en ILF.

220 Este es el aspecto propiamente kantiano, haber advertido esa capacidad de "planear" (entwerfen, entwurf) o heideggerianamente, "mundificar" (welten) (Cf EG, XLVII). Se trata, como se verá en próximo capítulo, de uno más de los temas que Kant descubre y Heidegger profundiza y amplía, según GB.

221 Cf EG, XLIV y XLVI; CPOM, 152, 160.

222 Cf EG, XLVII.

223 Para el caso de la geometría, Cf ambos aspectos en EG, XLIII.

224 Cf un ejemplo de artefacto físico en EG, XLVIII, y de artefacto mental o ideal en o.c. XLIX-L. Ambos casos ponen de manifiesto (factum) que ni lo físico ni lo ideal poseen límites, sino que están en estado de indefinición o indeterminación esencial. Sobre este particular GB pone especial énfasis, y a ello se dirige buena parte de su labor: "a fin de quitar, ójala fuera posible para siempre, esa impresión tan difundida todavía de que las cosas tienen esencia inmutable" (EG, LII). No extraña este interés habida cuenta de la importancia que presenta la inesencialidad de lo real cuando lo que se pretende es transformar, mediante técnica, todo tipo de Universo en algún tipo de Mundo donde el hombre, su intimidad, pueda habitar con la dignidad adecuada a su transcedencia. Una transcedencia, por otra parte, que le hace acreedor a la inmortalidad en virtud de su creciente "espiritualización" o independencia de las cosas, manifestada de forma suprema en las ciencias formales y, concretamente, en su axiomatización creciente (Cf EG, XLIV y XCII).

225 Cf EG, XLVIII-XLIX, y XLIII.

226 Cf NGFC, 222-223.

227 Cf vg., NGFC, 262-264; ACHV, 42-46.

228 Como se vio oportunamente, según GB la verdad transcendental encuentra su precedente remoto en la "apparitio" romana y en el "manufendere" elevado a actitud de "experimentador". Además, y por lo mismo, la verdad transcendental resulta "casi activa", poseyendo otro enraizamiento histórico-vital: la secularización de la verdad como "revelación", de modo que surge como gracia que el hombre concede a las cosas para que éstas puedan acceder a su intimidad conciencial bajo forma de "objeto" o "cosa para mí", para una intimidad (Cf ACHV, 42-46).

229 Cf NGFC, 265-290; PCFG, 89 y 103; ACHV, 41-42.

230 En esta expresión GB sintetiza a Descartes y a Suárez, de quien toma la expresión "acción inmanente" (Cf EG, XLV-XLVI), y a quien el filósofo francés debe más de lo que parece, según los análisis de GB (Cf ILF, e ITF).

231 Cf ILF, 108-109.

232 Cf ILF, 76.

233 Cf ILF, 107-109.

234 Cf ILF, 107.

235 Cf ILF, 109.

236 Cf ILF, 106-108.

237 Cf ILF, 107.

238 Cf vg., EG, XLIV-XLV; HEP, 151-152.

239 Cf IGE, 67-68.

240 Cf ACHV, 45-46.

241 Cf EG, XIII y XLVIII.

242 Cf EG, XLVIII-XLIX.

243 Cf M, 1963.

244 Cf vg., ILF, 113.

245 Término que tomamos de la Tradición Hermética, utilizado para referirse al Mercurio o Hermafrodita alquímico.

246 El subrayado es nuestro.

247 En ILF insiste en esa violencia.

248 Cf HFC, cap. IV.

249 Cf THFF, 348, 353, 355, 366 y 367.

250 Cf ITF, 132-134. Deja entrever aquí tempranamente GB su simpatía por el materialismo histórico y dialéctico al negarse explícitamente a indisponerse con los autores que lo sostienen. Por otra parte, en ILF alude al "subido tinte moral" que suelen poseer las concepciones materialistas (Cf o.c. 54). Añádase a esto lo dicho en el capítulo 2 de nuestro estudio sobre la inclinación intelectual y sentimental de GB al materio-energetismo.

251 Compara GB este proceso al del revelado fotográfico (Cf NGFC, 262 y 271); también con el físico de aproximar dos alambres cargados eléctricamente con cargas opuestas y su consecuente e inevitable chispazo (Cf o.c. 263), o con una proyección cinematográfica (Cf o.c. 174-175). En cualquier caso, la verdad transcendental procede, según nuestro autor, de la secularización de la verdad como "revelación", de modo que la verdad será gracia que el hombre conceda a las cosas para que puedan aparecer en su conciencia quedando elevadas así a la categoría de "objeto" o "cosa para mí", es decir, para una intimidad (Cf ACHV 42-46). Entre "revelación", pues, y "revelado" hay juego de palabras que no podemos considerar casual en GB, máxime si se tiene en cuenta la llamada de atención que hace respecto de la relación entre las teorías kantiana y heideggeriana del conocimiento y el invento del cinematógrafo ("Mundo" como pantalla), y a la que se refiere como "otra nueva coincidencia entre contemporaneidad de ciertos medios técnicos y ciertos inventos teóricos en filosofía" (Cf NGFC, 174-175). Una vez más, nos encontramos con el principio de isomorfía.

252 Esto mismo valdría de cualquier ciencia compuesta de proposiciones "que tengan forma científica, mediante una lógica formal" (Cf EG, XXXIX).

253 Cf NGFC, 259 y 267.

254 Cf NGFC, 275.

255 Cf NGFC, 268-269.

256 Tal sucede en la geometría, donde el sistema de axiomas inventa o especifica el tipo de geometría; o en lógica.

257 Cf NGFC, 272-273.

258 Cf NGFC, 278-279.

259 Cita GB por la edición francesa de 1911 (Cf NGFC)

260 Cf NGFC, 283.

261 Se trata del prólogo de Bergson a "Le Pragmatism" (Cf NGFC, 274 y 259).

262 La influencia de Ortega parece evidente en lo dicho. La distinción que hace el filósofo madrileño entre "ideas" y "creencias", así como la relación y función vital entre "ensimismamiento" y "alteración" parecen elementos claros de inspiración para GB, quien considera a Ortega figura cimera del pensamiento occidental. Sobre la influencia de la filosofía de Ortega y Gasset en la de GB, C. Beorlegui ha realizado un pequeño ensayo en "La presencia de Ortega y Gasset en el pensamiento de García Bacca". Letras de Deusto, 18 (1988) n1 40, 93-117.