CAPÍTULO 1: LA FILOSOFIA DE LA TECNICA DE GB EN EL PANORAMA DE LA FILOSOFIA DE LA TECNICA.

1.0. Introducción.

El presente capítulo tiene dos objetivos fundamentales: a) justificar el título de nuestra tesis: "La filosofía de la técnica de Juan David García Bacca"; b) situar la reflexión bacquiana sobre la técnica en el contexto de los estudios de filosofía de la técnica.

Para el primer objetivo cuestionaremos la oportunidad de la expresión "filosofía de la tecnología" y propondremos la de "filosofía de la técnica" como más acorde con lo que se quiere decir con ella. Para el segundo, analizaremos brevemente las tradiciones que, según C. Mitcham1, existen en la filosofía de la técnica y propondremos la reflexión bacquiana sobre la técnica como síntesis original de todas ellas, de manera que pueda afirmarse que constituye un momento fundador o, preferiblemente, precursor dentro del panorama de la filosofía de la técnica. La verdad de esta tesis quedará patente a medida que se desgranen los temas que componen los capítulos siguientes.

Por todo lo anterior, podrá concluirse con fundamento (conclusiones generales de la tesis) que, por su riqueza de temas y complejidad de matices, la filosofía de la técnica de GB resulta de una originalidad tal que no admite encasillamiento completo en ninguna de las tradiciones existentes por abarcarlas a todas y superarlas. Esto hace que su pensamiento sobre la técnica resulte obra abierta en doble sentido: a) como semillero o apertura a posibilidades insospechadas para el pensar al provocarle con perspectivas metafísicas, éticas, ontológicas y antropológicas nuevas, en las cuales el elemento "técnica" queda integrado de forma esencial (fase teórica); b) en relación a lo anterior, apertura como provocación al pensar para que éste responda de forma práctica (poner a prueba, en lugar de probar) a las preguntas planteadas2, propiciando la salida del pensamiento de su reclusión teórica hacia el mundo de la praxis. En definitiva, la filosofía de la técnica de GB como filosofía "atómica" o "actual", es decir: desconcertante y a la altura de los tiempos. En este sentido, GB podría ser calificado, haciéndose realidad cierto deseo suyo sutilmente confeso, de primer filósofo de la era atómica3. En consecuencia, en la medida en que GB esté ausente de los actuales estudios sobre filosofía de la técnica, y principalmente en lengua castellana, tales estudios resultarán incompletos.

Por lo dicho, no creemos exagerado afirmar, dado el panorama actual de los estudios sobre historia de la filosofía de la técnica, y en base a lo que se dirá en este capítulo, así como lo que se irá mostrando en los restantes, que GB es el filósofo de la técnica más completo que hasta el momento haya existido, y con el que, probablemente, se cierre este siglo, a pesar de las carencias que puedan advertirse en su reflexión. La oportunidad de esta afirmación, como se verá, es independiente del grado de acuerdo u oposición que su pensamiento pueda suscitar, por lo que no debe considerarse como resultado de una fervorosa y acrítica asunción del mismo por nuestra parte.

1.1.Filosofía de la técnica o filosofía de la tecnología?

En cierto manual escolar se dice: "aunque en el lenguaje común sean ambiguos y los empleemos como sinónimos, los términos de técnica y tecnología no hacen referencia a lo mismo"4. Por su parte, C. Mitcham afirma: "Las palabras técnica y tecnología tienen significados algo distintos, y existen razones para preguntarse si en términos generales debe hablarse de una filosofía de la técnica o de una filosofía de la tecnología"5. Si esto es así, entonces ya el título de nuestra tesis requiere una justificación.

Mitcham define "técnica" como "conjunto de procedimientos puestos en práctica para obtener un resultado determinado"6. Tal definición parece insuficiente, pues no hace referencia a valor alguno que guíe la acción procedimental, no permitiendo distinguir entre arte y técnica, cosa que en cambio GB considera fundamental. Sería preferible la siguiente definición: "podemos convenir que la técnica consiste en toda reforma sistemática e intencional que el hombre impone a la naturaleza con vistas a la satisfacción de sus necesidades"7. Esta definición tiene como ventaja, sobre la de Mitcham, la alusión explícita a las necesidades humanas como fin último de la acción técnica, pero no permite distinguir entre arte y técnica pues, como bien notan sus autores, "Al aceptar esta definición debemos tener en cuenta la particular naturaleza que tienen las necesidades humanas"8. También hace referencia explícita a la transformación de lo natural. En cualquier caso para GB, como se verá, la técnica es acción no sólo reformadora, sino transustanciadora de lo natural y dirigida por el valor utilidad entendido como capacidad para satisfacer las necesidades humanas (naturales o inventadas). Con ello, el hombre creador, activo, se erige en centro de analogía de la acción técnica que, por su intencionalidad, queda centrada antropológica y prácticamente. Este aspecto resulta fundamental advertirlo cuando se descubre que el valor eficacia es constitutivo de la acción técnica, pues de entrar en conflicto utilidad y eficacia ésta deberá someterse a aquél si lo que se pretende es la humanización del universo, es decir, la transformación del universo en mundo hecho a imagen y semejanza (efecto) del hombre (creador), tal como quiere GB.

Pero la cuestión que ahora nos ocupa no es la de presentar una definición adecuada de "técnica", sino distinguirla básicamente de "tecnología" a fin de justificar su presencia en el título de nuestra tesis. Lo normal es que con el vocablo "técnica" se haga referencia al ámbito procedimental, mientras que con el de "tecnología", por su componente de "logos", se pongan en conexión praxis y conocimiento. Tal es el sentido que se recoge también en sus respectivas definiciones diccionariales9. En esta misma línea, Mitcham define "tecnología" como "el quehacer de la ciencia moderna y la utilización de artefactos"10. Por su parte, el manual escolar citado dice: "La inmersión de la ciencia en la técnica ha dado lugar a lo que conocemos como tecnología. Es decir, que la tecnología es el producto de una actividad de síntesis entre los conocimientos científicos y los procesos técnicos"11.

GB, en contra del proceder habitual, no suele distinguir explícitamente entre "técnica" y "tecnología"12, de modo que en ocasiones se ve obligado a distanciar sus significados con ciertas afirmaciones impactantes, como cuando dice que los griegos no poseían, en rigor, técnica. En otras, sin embargo, entiende por dicho término cualquier procedimiento transformador de lo natural guiado por el valor utilidad antropológicamente centrado, y ello con independencia de su estructuración científica o no. Sobre todo ello se tratará oportunamente.

Lo que interesa en este momento es: a) apuntar el origen de la diferencia entre la posición que denominaremos clásica13, representada aquí por tres ámbitos distintos (el especializado, el escolar y el lingüístico) de cuya unión resulta un amplio espectro socio-cultural; la bacquiana, y la que aquí se propone como vía intermedia; b) justificar, aprovechando una observación metodológica de Mitcham14, la razón para preferir el término "técnica" al tratar del pensamiento de GB y, por tanto, que entre a formar parte del título de nuestra investigación. En base a dicha observación, en el presente capítulo se utilizará profusamente el término "tecnología" al haber tomado como referencia principal para su elaboración la obra de Mitcham. Con ello respetamos el pensamiento del autor a tratar en cada caso.

El argumento de Mitcham para preferir hablar de filosofía de la tecnología en lugar de filosofía de la técnica es de peso, pero en base al mismo se legitimará nuestra posición que es, justamente, la inversa; posición que tiene en su favor entre otros aspectos, como se verá, el de resultar más acorde con el planteamiento filosófico de GB, autor, al fin y al cabo, sobre el que versa el presente estudio. Dice Mitcham: "La tecnología, o el quehacer de la ciencia moderna y la utilización de artefactos, presupone las técnicas como formas primordiales de la acción humana. Así como la filosofía de la ciencia moderna debe incluir una epistemología general como fondo del conocimiento científico, la filosofía de la tecnología es más general e incluye a la filosofía de la técnica"15. Ahora bien, advierte el autor estadounidense: "Que la filosofía de la tecnología incluya a la filosofía de la técnica dependerá, sin embargo, de las valoraciones filosóficas específicas de la relación entre técnica y tecnología y reflejará dichas valoraciones"16. Cabe, por tanto, que nos preguntemos por el origen del posicionamiento de Mitcham, así como la causa por la que GB apenas emplea el término "tecnología".

A nuestro juicio, el posicionamiento de Mitcham proviene de una doble raíz: a) la atención preferente que concede al ámbito teórico sobre el práctico, como es evidente al tomar como modelo de comparación para la filosofía de la tecnología el de la filosofía de la ciencia; b) que es la consideración, más o menos explícita, de la superioridad de la ciencia actual, frente a la de otros tiempos, la que hace que la conexión ciencia-praxis resulte tecnológica. En consecuencia, cualquier otra conexión que pudiera haber existido con anterioridad no merecería tal denominación. Esta misma perspectiva es la que transmite explícitamente al alumnado el manual escolar citado: "En el lenguaje especializado, cuando hablamos de técnica nos referimos a las técnicas artesanales y precientíficas, mientras que cuando utilizamos el término tecnología nos estamos refiriendo a aquellas técnicas industriales vinculadas al conocimiento científico"17.

Por su parte, GB considera que la escisión de lo real en dos dominios: el práctico y el teórico es el resultado del idealismo característico del pensamiento occidental desde los griegos, sea cual fuere la forma histórica que éste haya adoptado y, por tanto, que su mantenimiento es contrario a un planteamiento integrador de corte materialista dialéctico. En este sentido, GB parece pretender eliminar dicha escisión mediante la unión sintética de teoría y praxis en lo que denomina "tecnema", que es término con el que designa un ámbito de realidad (modelo paradigmático para acciones y productos técnicos) donde lo natural ha sido artificializado en base a un "plan" entre cuyos componentes se encuentra un tipo de conocimiento (ciencia) que no es ya de tipo contemplativo, sino operacional-formal (definiciones operacionales, funciones, verdad como eficacia...). Tal forma activa de conocer tiene su origen histórico-vital, según GB, en la lógica estoica, pero es en la actualidad cuando adquiere pleno desarrollo. Esto explica según nuestro autor, tal y como se verá oportunamente, el grado de eficacia alcanzado por la técnica actual para transformar lo natural, es decir, que semejante poder encuentra su fundamento en la operacionalidad que posibilita el grado de formalismo alcanzado por las ciencias en la actualidad, en especial por la física al hacerse matemática. Y puesto que GB llega a identificar técnica con tecnema afirmará que no hubo auténtica técnica en los tiempos pasados, diciendo incluso que, en rigor, los griegos no tuvieron ciencia ni técnica; afirmación que, tomada sin más, parece descabellada.

Por nuestra parte, y desde una posición conciliadora de las anteriores, proponemos subsumir la filosofía de la tecnología bajo la filosofía de la técnica, y ello en base a tres criterios: a) histórico: se admite que la técnica es el precedente histórico de la tecnología, siempre y cuando se entienda por "tecnología" una forma histórica de técnica coincidente con la actual, caracterizada por el hecho de que el conocimiento teórico-científico sobre la técnica entra a formar parte de la misma técnica que analiza o descubre a fin de potenciar su eficacia.

Esta postura no excluye la existencia de tecnología o reflexión racional de algún tipo sobre la técnica en tiempos pretéritos ni en otras culturas distintas de la occidental, de modo que con este criterio se evita tanto el etnocentrismo como la ingratitud (Ortega), la cual, en rigor, no es sino un "centrismo" generacional; b) lingüístico: se reivindica para el término "tecnología" el componente teórico o de conocimiento (logía), por lo que se amplía aquí el significado de "tecnología" a un tipo de conocimiento racional que, versado de algún modo y en algún grado sobre la dimensión práctico-procedimental de alguna realidad, no lo sea exclusivamente desde la perspectiva científica actual. Con ello, se reivindica la etimología griega del vocablo castellano, llamando así la atención sobre el hecho histórico de la existencia de distinción entre praxis técnica y reflexión teórica sobre ella en la mentalidad griega18.

Desde la postura bacquiana, esta propuesta sería tachada de idealista al mantener la escisión efectuada por los griegos entre teoría y praxis, a la vez que contempla la posibilidad de hablar de tecnología sin considerar necesaria la existencia de intencionalidad práctica alguna en dicho conocimiento, tal como exige la segunda condición demandada por Bunge en su definición de tecnología19, sin embargo consideramos que se trata de un acto de justicia histórica; c) criterio filosófico-antropológico: interesarse por lo común en la diversidad es tarea netamente filosófica, y si, además, la técnica viene definida como acción humana que transforma lo natural en realidades artificiales a servicio del hombre, el hecho de que tal acción y sus resultados o productos posean o no estructura científica de algún tipo es, desde esta perspectiva, secundario resultando la tecnología una forma histórica de realizarse la acción básica definidora de "técnica", tal como se propuso en a). En este sentido, la expresión "filosofía de la tecnología" hará referencia a una ocupación filosófica sobre la técnica en un cierto estado o momento histórico de su desarrollo (el actual) y según un cierto modelo (el occidental), pero no servirá para otros diferentes; en cambio con "filosofía de la técnica" se hace referencia al interés filosófico por lo común a toda actividad técnica (sea o no ésta tecnológica); a fortiori, por todas sus manifestaciones históricas concretas, incluida la técnica actual o tecnológica (tecnocientífica)20.

Por tanto, sostener que la filosofía de la técnica incluye una filosofía de la tecnología, es afirmación filosófica respetuosa con la dimensión antropológica de la técnica, así como con la histórica y lingüística. La coherencia de lo que aquí se propone queda de manifiesto implícitamente por la contradicción en que caen los que sostienen la postura contraria cuando afirman: "Toda tecnología es una técnica, pero no toda técnica es tecnológica"21, y a la vez rehusan utilizar el término "técnica" para referirse a la tecnología alegando que aquélla constituye el precedente histórico de ésta. Cuando se actúa así, el criterio filosófico pasa a segundo plano, el antropológico queda en entredicho (con el consiguiente peligro de diluir la utilidad en la eficacia haciendo de la técnica un fin en sí misma en lugar de un medio a servicio de la vida humana), el histórico resulta trastocado, y el lingüístico olvidado.

Con lo dicho, creemos haber justificado suficientemente el uso del término "técnica" en el título de nuestra tesis, y ello tanto por considerarlo la solución más adecuada al problema general planteado como, sobre todo, por permitir mantener una mayor coherencia con el transfondo del pensamiento bacquiano, tal como se verá en el transcurso del estudio, y que es, en definitiva, al que va referido dicho título.

Por otra parte, sobre si la labor intelectual que desarrolla GB respecto de la técnica merece el calificativo de "filosofía" y, por tanto, tiene sentido hablar de "filosofía de la técnica de J. D. García Bacca"22, algo se dirá en lo que sigue, lo cual deberá completarse con lo que oportunamente se diga en el apartado destinado a conclusiones generales.

1.2. La filosofía bacquiana de la técnica y las tradiciones de la filosofía de la técnica.

1.2.1. Las tradiciones de la filosofía de la tecnología.

En 1933, Ortega y Gasset abre su Meditación de la técnica con una afirmación de tono profético: "Uno de los temas que en los próximos años se va a debatir con mayor brío es el del sentido, ventajas, daños y límites de la técnica"23. En sus palabras va implícita la paradójica escasez de estudios filosóficos sobre la técnica en una sociedad y cultura repletas de ella. Langdon Winner pone el acento sobre ello cuando dice: "En esta época avanzada en el desarrollo de nuestra civilización industrial/tecnológica, la observación más exacta que podría hacerse con respecto a la filosofía de la tecnología es que en realidad no existe ninguna"24. Manuel Medina, por su parte, afirma: "En la actualidad resulta casi un tópico hablar de los impactos de la tecnología moderna, de sus transcendentales consecuencias en todos los ámbitos de la naturaleza, la sociedad y la cultura, y caracterizar nuestra época y su incierto futuro como marcados por una revolución tecnológica. Sin embargo, la técnica, a diferencia de la ciencia, no ha representado en sí misma un tema central de reflexión y estudio sistemático. En el dominio de la tradición filosófica, p. ej., caracterizado por la universalidad de su temática, la técnica ha sido, con significativas excepciones, notoriamente postergada"25. Por todo ello no parece exagerado que Ferrater Mora afirme: "El estudio filosófico de la técnica se halla aún en sus comienzos"26.

Cabe entonces preguntarse, como hace Winner: ")Por qué será que la filosofía tecnológica en realidad nunca se inició?", a lo que responde con dos causas: por una parte, la "confianza férrea en que existe un lazo positivo entre el desarrollo técnico y el bienestar humano", y en que "la próxima ola de invenciones seguramente será nuestra salvación"; por otra, "Según el punto de vista convencional, la relación humana con los objetos técnicos es demasiado obvia para merecer una reflexión seria"27. Medina, por su parte, considera que "La marginación intelectual de la técnica se debe, entre otras cosas, al tradicional primado filosófico del conocimiento teórico sobre el saber operativo, de las elaboraciones teóricas como ideal del conocimiento"28.

Las "significativas excepciones" de Medina toman en Winner forma de Marx y Heidegger (autores, nótese, que son fundamentales en el pensamiento de GB): "Es verdad que existen algunos escritores que han tratado el tema. La bibliografía reconocida de la filosofía de la tecnología incluye más de mil libros y artículos en diferentes idiomas por autores del siglo diecinueve y veinte. Sin embargo, la lectura del material listado ofrece, según mi punto de vista, poca sustancia. Los mejores escritos sobre este tema provienen de unos pocos pensadores influyentes que han tratado el tema en medio de investigaciones mucho más extensas y ambiciosas: por ejemplo, Karl Marx en el desarrollo de su teoría de materialismo histórico o Martin Heidegger como un aspecto de su teoría ontológica", y prosigue: "Dado que a pesar del hecho de que nadie negaría su importancia para la comprensión adecuada de la condición humana, la tecnología nunca se ha unido a la epistemología, a la metafísica, a la estética, a las leyes, a la ciencia y a la política como tópico digno de investigación filosófica"29. También afirma Winner que "Los ingenieros han mostrado poco interés en llenar este vacío. (...), los ingenieros no parecen conscientes de las cuestiones filosóficas que su trabajo puede entrañar", y es afirmación producto de su experiencia: "Para entrar en conversación con mis amigos ingenieros a veces pregunto: ")Cuáles son los fundamentos de su disciplina?" La pregunta siempre es recibida con perplejidad. Incluso después de haber explicado qué es lo que me ocupa, esto es, un informe coherente de la naturaleza y significado de la rama de la ingeniería en la que ellos trabajan, la pregunta carece de sentido para ellos. Los muy pocos que formulan preguntas importantes acerca de sus profesiones técnicas por lo general son considerados, por sus colegas, maniáticos peligrosos y radicales". Y acaba, patéticamente: "Si todavía sigue vigente la sugerencia de Sócrates de que "la vida no examinada no vale la pena ser vivida", es una novedad para la mayoría de los ingenieros"30.

Pues bien, este panorama desolador de las relaciones entre técnica y filosofía, que bien pudiera ser calificado de "sonambulismo tecnológico"31, es el que hace de marco histórico en el que hace acto de presencia la filosofía bacquiana de la técnica y, por tanto, desde el que debe valorarse la originalidad e importancia de su aportación en este campo. Para contribuir a ello presentamos este trabajo en el que se recoge, con pretensión de sistematicidad y exhaustividad, el pensamiento sobre la técnica que GB ha dejado plasmado en su producción escrita, pero a fin de lograr una mejor perspectiva para tal valoración nos serviremos de las aportaciones de C. Mitcham en el terreno de la historia de la filosofía de la técnica, que dibujan un panorama más optimista para esta disciplina.


1.2.1.1. La filosofía de la tecnología ingenieril y de las humanidades.

Afirma C. Mitcham: "Un problema histórico de la filosofía de la tecnología es que no sólo ha nacido retrasada, sino que además, no ha surgido de una concepción única. La filosofía de la tecnología se ha gestado como un par de gemelos que exhiben un buen número de rivalidades emparentadas desde la matriz. La "filosofía de la tecnología" puede significar dos cosas completamente diferentes. Cuando "de la tecnología" se toma como un genitivo subjetivo, indicando cuál es el sujeto o agente, la filosofía de la tecnología es un intento de los tecnólogos o ingenieros por elaborar una filosofía de la tecnología. Cuando "de la tecnología" se toma como un genitivo objetivo, indicando el objeto sobre el que se trata, entonces la filosofía de la tecnología alude a un esfuerzo por parte de los filósofos por tomar seriamente a la tecnología como un tema de reflexión sistemática. La primera tiende a ser más benévola con la tecnología, la segunda más crítica"32.

Se trata de una propuesta con la que el propio autor se muestra crítico, pues dice que esta distinción "es hasta cierto punto una simplificación demasiado obvia"33. Considera, sin embargo, que cualquier otra clasificación que pudiera hacerse cabe encajarla en una de las dos por él presentadas, y afirma que tal posibilidad ayuda a entender el complicado panorama de lo que se ha dado en llamar filosofía de la tecnología, pues "dicha lectura permite entender la tecnología, la filosofía y la relación entre ambas", y prosigue: "Esto es así incluso para quien intente ir más allá en las distinciones entre la filosofía de la tecnología ingenieril y la filosofía de la tecnología de las humanidades o hacia la síntesis entre ambas"34. Pues bien, con nuestra exposición de la filosofía de la técnica de GB queremos mostrar que éste consigue ambas cosas: ir más allá como resultado de tal síntesis.

De la filosofía de la tecnología ingenieril, dice Mitcham que consiste en "el análisis de la tecnología desde dentro y la comprensión de la forma tecnológica de existir-en-el-mundo como paradigma para comprender otros tipos de acción y pensamiento humanos"35. En cambio, la filosofía de la tecnología de las humanidades queda definida como "el intento de la religión, la poesía y la filosofía (o sea, las ramas de las humanidades) por buscar una perspectiva no tecnológica o transtecnológica para dar origen a una interpretación del significado de la tecnología"36.

La filosofía ingenieril presenta un marcado carácter positivista: "Para los ingenieros, sin embargo, este entendimiento de lo humano es tomado como dado y es ampliamente aceptado de una manera no problemática. No lo cuestionan e incluso, comúnmente, juzgan como perturbadoras e incongruentes las cuestiones expuestas por otros en tal sentido. Como resultado, intentan, naturalmente, traducir a su lenguaje otras actividades para ver el extenso mundo humano en términos tecnológicos"37. En este sentido, "la filosofía ingenieril realiza un análisis de la naturaleza de la tecnología en sí misma -sus conceptos, sus procedimientos metodológicos, sus estructuras cognoscitivas y sus manifestaciones objetivas-. Esta procede a explicar el amplio mundo en términos predominantemente tecnológicos. Esto debe ser dicho razonablemente para incrementar o extender la conciencia tecnológica"38.

Frente al positivismo descriptivo de la filosofía de la tecnología ingenieril, la de la humanidades es una hermenéutica: "La filosofía de la tecnología de las humanidades o hermenéutica, como también ha sido denominada, busca, por el contrario, penetrar en el significado de la tecnología, sus vínculos con lo humano y con lo extrahumano: arte, literatura, ética, política, religión. Tal búsqueda es para reforzar el conocimiento de lo no-tecnológico"39. En este sentido, "La filosofía de la tecnología de las humanidades, sin embargo, se aproxima a lo humano precisamente como pregunta, incluso como la pregunta fundamental que tal vez, en principio, jamás pueda ser respondida", y en esta labor de acercamiento "entran en contacto con lenguajes nuevos o diferentes con el impulso de no traducir éstos últimos a un lenguaje más conocido, sino por tratar de aprenderlos, interpretarlos y entenderlos. La traducción, incluso la más sofisticada, siempre deja tras de sí un residuo de significado no traducido y no traducible. Los aspectos de lo humano y otras realidades son oscurecidos y disminuidos"40.

Mientras que "La filosofía ingenieril critica frecuentemente a la filosofía de la tecnología de las humanidades por considerarla demasiado especulativa", de modo que "No entiende, dice el ingeniero, de qué se está hablando", en cambio "El pensador hermenéutico descarta, quizás con alguna desazón, que la relación del sentido común con el conocimiento tecnológico sea una base suficientemente sólida para entender el significado de la tecnología, y sostiene que empantanarse en los detalles y en los múltiples procesos de esta última, tiende a oscurecer su verdadero vínculo con otros aspectos de las humanidades, tanto en sus preocupaciones humanas como extrahumanas"41. En definitiva: "la filosofía de la tecnología de las humanidades se puede ver como una serie de intentos por discutir o defender, precisamente, esta idea fundamental de la primacía de lo no técnico"42.

Ambas tradiciones, según Mitcham, poseen orígenes diferentes, pero su objeto de estudio es el mismo por lo que inevitablemente surge la rivalidad entre ellas, y de ahí que el autor estadounidense se las figure como gemelos rivales43.

La expresión "filosofía de la tecnología" es de cuño reciente si se considera la historia de la filosofía44, y surge teñida por los problemas y enfoques que, con Mitcham, hemos dado en llamar filosofía de la tecnología ingenieril, de ahí que el autor americano afirme que ésta es la primera de las dos tradiciones en surgir, e incluso la única durante bastante tiempo, y que entronca con lo que se dio en llamar "filosofía de los manufactureros" y "filosofía mecánica"45.

El interés por la técnica, sin embargo, ha estado siempre presente en la tradición filosófica desde sus orígenes, así como en la mitológica y la religiosa, de ahí que afirme Mitcham: "La filosofía de la tecnología ingenieril (...) puede pretender ser el primogénito en el orden cronológico", pero "lo que podría ser llamado filosofía de la tecnología de las humanidades (...) puede, sin embargo pretender la prioridad en el orden de su surgimiento"46.

Ante este panorama, Mitcham propone un entendimiento entra ambas tradiciones: "No sólo resulta razonable esperar alguna profundización de la relación del sentido común con el conocimiento tecnológico y, de este modo, algún acercamiento implícito, aunque limitado, entre hermanos de competencia, sino que también es cierto que incluso los hermanos más competitivos, a veces intencionadamente, colaboran entre sí"47. Mitcham es optimista en este punto: "Los pronósticos para el futuro de tales esfuerzos cooperativos son favorables y los primeros indicios sobre el surgimiento de tal trabajo son alentadores"48.

En este punto, conviene notar con la máxima atención cómo concibe Mitcham el proceso y resultado de tal colaboración en caso de ampliarse:

"Una síntesis del conjunto de cuestiones introducidas por ambas filosofías de la tecnología va a pasar de las distinciones conceptuales entre instrumentos, máquinas, inventos cibernéticos; de las discusiones metodológicas de la invención, los diseños y la producción y de los análisis epistemológicos de la ciencia ingenieril, a la especulación sobre la consideración ontológica de los entes naturales frente a artefactos y obras de arte, sobre los problemas éticos engendrados por el amplio ámbito de las tecnología especializadas y sobre la multiplicidad de ramificaciones políticas de la investigación tecnológica. Sin embargo, un análisis comprensivo, sistemático o interdisciplinar, tiene que permanecer subordinado finalmente al amor por la sabiduría que va a insistir en un cuestionamiento de lo técnico, incluso cuando ello, por alguna casualidad, empeñe sus poderes"49.

Como mostrará el "corpus" de nuestra tesis, lo anterior es perfectamente aplicable a la labor de GB. Ahora bien, la mayor objeción que se puede hacer contra nuestra afirmación es que si, como afirma Mitcham, el talante cuestionador, crítico, le es esencial a la filosofía y por tanto no puede hacer una excepción con la técnica50, en la medida en que el pensamiento de GB sobre la técnica no se muestre crítico o cuestionador con la técnica no merecerá el calificativo de filosofía. En tal caso, ya el mismo título de nuestra tesis debiera aparecer entre interrogaciones. Nosotros en cambio sostenemos, como se mostrará oportunamente, que la reflexión bacquiana sobre la técnica incluye un cuestionamiento constante, aunque peculiar, de la técnica y que éste es esencial al proyecto filosófico de GB pues funciona como estrategia para evitar que la transfinitud humana, y de la vida en general, sea víctima de una tecnificación del universo mal orientada y peor concebida.

En consecuencia, afirmamos que el pensamiento de GB sobre la técnica constituye, como se afirmará en las conclusiones, una auténtica filosofía de la técnica, y ello tomando como criterio no sólo la observación de Mitcham (criterio exógeno) sino también la propia concepción bacquiana de filosofía (criterio endógeno), desde la cual quedará patente su peculiar manera de filosofar sobre la técnica.

1.2.1.2. La filosofía de la tecnología de la Teoría Crítica de la Sociedad.

 

La tesis de Mitcham tiene como secuela que cualquier otra tradición de la filosofía de la tecnología que pueda alegarse (fenomenológica, neo-tomista, pragmatista...) resulta encuadrable en alguna de las dos básicas por él propuestas, pero afirma: "La existencia de una tradición marxista de reflexión sobre la tecnología es el mayor obstáculo para esta tesis"51. Se trata de una tradición que, arrancando al menos de Marx, continúa la escuela de Francfort (Habermas, Marcuse, Adorno, Horkheimer), los europeos del Este de la "Revolución Científico-Tecnológica" (Richta) y el marxismo latino-americano (Dussel). Todos ellos tienen en común su enfoque, es decir, ser una tradición de crítica social de la tecnología, la cual parece no encajar en ninguna de las dos anteriores: "El enfoque central de esta tradición, puede decirse, no es la aceptación y elaboración de tecnología (tradición ingenieril), ni el cuestionamiento de la tecnología (tradición de las humanidades), sino el análisis y la crítica sociales"52.

La observación de Mitcham resulta especialmente pertinente en virtud de la fuerte presencia de Marx en cierto momento de la filosofía de GB. Esta observación adquiere aún más relevancia cuando afirma: "la tradición marxista no sólo ha evitado la utilización del término "filosofía de la tecnología", sino que el análisis marxista típico ha remarcado que la crítica no se dirige directamente a la propia tecnología, sino a sus relaciones sociales. No hay nada que cuestionar a la tecnología sino sólo al contexto social en que está inmersa"; por el contrario, es típica de esta tradición "la idea de que es necesario avanzar mediante la reforma de la tecnología, y hasta cierto punto, de la tecnificación de la sociedad"53. Por lo que se verá en el "corpus" de nuestro trabajo, difícilmente se podrá superar en exactitud y concisión esta descripción de lo que es también la postura de GB, en especial durante la etapa marxista de su pensamiento.

1.2.2. La filosofía bacquiana de la técnica como síntesis de las tres tradiciones.

 

En este apartado señalaremos, siguiendo la obra de Mitcham, algunos elementos que, siendo característicos de los principales representantes de las diferentes tradiciones de la filosofía de la tecnología aparecen también de una forma u otra en la obra de GB, como quedará patente al analizarla en el "corpus" de la tesis. No se trata de establecer las razones para las coincidencias, ni tampoco de encontrar puntos de distanciamiento con otros autores, pues no es ese el propósito del presente apartado ni, en general, de nuestra investigación, sino tan sólo apuntar en este momento algunos temas dejando la cuestión abierta para nuevos y, sin duda, provechosos estudios al respecto.

1.2.2.1. Algunos autores y temas característicos de la filosofía de la tecnología ingenieril.

Kapp, Engelmeier y Dessauer son, según Mitcham, los autores que encarnarían básicamente la tradición ingenieril de la filosofía de la técnica, con la que se inicia lo que de manera explícita y por primera vez merece tal calificativo.

Traemos a continuación un breve rosario de temas de estos y otros autores pertenecientes a dicha tradición; temas que no le resultarán difícil de reconocer al lector en el "corpus" de nuestra tesis por formar parte esencial de la obra y pensamiento de GB. Por tanto, puede concluirse que la filosofía de la tecnología ingenieril es una tradición presente en el pensamiento de nuestro autor o, si se prefiere, que GB podría ser incluido, en parte, dentro de dicha tradición.

1.2.2.1.1. Kapp.

Fue el filósofo alemán de izquierda hegeliana Ernst Kapp (1808-1896) quien, como se dijo, acuñó la expresión "filosofía de la técnica" (Philosophie der Technik). Si Marx toma como sujeto de la actividad dialéctica la economía, Kapp pretende sintetizar historia, dialéctica y condiciones geográficas notando la influencia de las fuerzas y accidentes naturales del entorno en la sociedad y la cultura54.

Pues bien, según Kapp, la historia se constituye por los esfuerzos del ser humano por hacer frente a los desafíos del entorno y vencerlos superando su dependencia de lo natural. Pero tal cosa sólo es posible si al dominio externo de lo natural le acompaña el dominio del ambiente interno humano (política...). Concibe los artefactos como proyección (por lo general inconsciente) de los órganos naturales del hombre, y afirma que la riqueza de las creaciones espirituales brota de los órganos físicos, de modo que dichos artefactos son reflejo suyo. Por este motivo, establece analogías entre las realidades artificiales y los órganos o sistemas humanos (el telégrafo como extensión del sistema nervioso; el ferrocarril como proyección de la circulación sanguínea; el plato como exteriorización del hueco de la mano; el lenguaje y el Estado, como extensiones de la vida mental y de la naturaleza humana respectivamente...). Por lo mismo, considera que si las acciones humanas deben tener límites (ética), las máquinas también.55

1.2.2.1.2. Engelmeier.

El ingeniero ruso P. K. Engelmeier, observa cómo de forma creciente y acelerada los ingenieros o tecnólogos salen del dominio de la fábrica para ocupar puestos de responsabilidad en otras áreas económicas y sociales, de modo que su tarea profesional y social no se agota en la elaboración de productos buenos y baratos. Tal expansión del ingeniero y, por tanto, de su mentalidad, tiene como origen, según Engelmeier, el gran crecimiento económico de la sociedad moderna, viendo en ello una esperanza para la sociedad. Ante esta situación urge a los tecnólogos a tomar conciencia del nuevo reto y a prepararse adecuadamente para hacerle frente, lo cual implica no sólo poseer una buena capacitación ingenieril (especialización) sino, además, adquirir una amplia visión de las interacciones entre tecnología y sociedad, es decir, advertir el significado de la tecnología, sus objetivos, sus métodos, sus relaciones con otras áreas de la actividad humana (ética, ciencia, arte...), pues considera que la tecnología es el comienzo del auténtico desarrollo de la humanidad.

Considera, igualmente, que la voluntad humana es un elemento esencial de la tecnología y que dicha voluntad está orientada de manera inherente hacia la tecnología. Engelmeier es un defensor activo e incansable de la idea de extender a todas las actividades humanas la racionalidad ingenieril, y desde esta perspectiva elabora un programa básico para la filosofía de la tecnología: definición del concepto de tecnología, los principios de la tecnología contemporánea, la tecnología como fenómeno biológico y antropológico, el papel de la tecnología en la historia de la cultura, la tecnología en relación a la economía, el arte, la ética y demás factores sociales56.

1.2.2.1.3. Dessauer.

El filósofo alemán Friedrich Dessauer (1881-1963) considera que el conocimiento científico-técnico, por medio de la moderna ingeniería, se ha convertido en un nuevo modo de existir lo seres humanos en el mundo. Dessauer, kantianamente, pretende dar una explicación de las condiciones de posibilidad (precondiciones transcendentales) de tal poder, a la vez que reflexiona sobre las implicaciones éticas de su aplicación. Dessauer propone una cuarta crítica que complemente la tres de Kant: la crítica de la actividad tecnológica57.

Según Dessauer, Kant demuestra que la ciencia debe limitarse a lo fenoménico y la metafísica sólo puede postular la realidad nouménica como elemento necesario sobre el que actuar las formas a priori, pero sin poder decir más sobre ella (Crítica de la razón pura), por otra parte, la actividad moral, así como la evaluación estética presuponen una dimensión transcendente como condición de posibilidad (Crítica de la razón práctica y Crítica del juicio, respectivamente), pero tampoco las experiencias moral y estética permiten un contacto directo con dicha dimensión, ni el análisis de tales dominios de la experiencia posibilita la articulación de las estructuras nouménicas. Sin embargo, Dessauer argumenta que la acción, especialmente la inventora, establece ese contacto con las cosas-en-sí que ni la razón, ni la moral ni la belleza posibilitan. Desde esta perspectiva afirma que la esencia de la técnica no está ni en la manufactura industrial, que es invención para producir en masa, ni en los productos, que son simplemente utilizados por los consumidores, sino en el acto de la creación técnica.

En consonancia con su análisis metafísico de la técnica, Dessauer propone una teoría de la significación moral de la técnica con ribetes místicos. Según el filósofo alemán, la búsqueda y práctica de la tecnología posee la fuerza del imperativo kantiano; más aún, de mandato divino. Si el hombre crea la técnica, el poder de ésta, sin embargo, va más allá de lo esperado por él, poniendo en juego algo más que fuerzas terrenales. Las consecuencias inesperadas, autónomas, de la tecnología en su transformación del mundo son para Dessauer la prueba de su valor moral transcendente. La técnica moderna no es tan sólo una práctica orientada a la obtención de befeneficios prácticos que hagan más cómoda la existencia humana en el mundo, sino la participación del hombre en el acto divino de la creación lo cual es, dice, la mayor experiencia terrenal que puede experimentar un mortal. Según Mitcham, en Dessauer la tecnología se convierte en una experiencia religiosa y ésta, a su vez, adquiere un significado tecnológico.58

1.2.2.1.4. Otros autores.

Los ingenieros Max Eyth y Alard DuBois-Reymond se interesaron por el análisis del proceso técnico de invención. Eyth distinguió entre la germinación creativa de una idea, su desarrollo y su utilización final. DuBois, por su parte, resaltó la diferencia entre invención como suceso psicológico y como artefacto material, y ambos tendieron a identificar al acto creativo del ingeniero con el del artista, aproximando la ingeniería a las humanidades.

El ingeniero químico Eberhard Zschimmer fue, según Mitcham, la tercera persona en utilizar la expresión "filosofía de la tecnología", y entiende la técnica al modo neo-hegeliano como libertad humana conquistada mediante el dominio material y la superación de los límites naturales, es decir, el cumplimiento del anhelo o aspiración del hombre de escapar de su condición humana.

El inglés Alfred Espinas distingue entre técnica (habilidad para cualquier actividad), tecnología (sistematización de una técnica) y Tecnología (principios generales de la acción que pueden aplicarse a cualquier número se casos particulares). En este sentido, propone que la Tecnología es al hacer humano lo que la Praxeología a la actividad humana global59. Al igual que Kapp, Espinas concibe la tecnología como proyección de los órganos humanos.

El ingeniero galo Jacques Lafitte inició una fenomenología de las máquinas a la que denominó "mecanología", que posteriormente el psicólogo Gilbert Simondon profundizó distinguiendo entre elementos o partes, individuos o aparatos y conjuntos o sistemas como géneros de existencia tecnológica, a la vez que propone una teoría de la evolución de la tecnología en base al motor de combustión interna, el teléfono y el tubo de vacío.

El ingeniero holandés Hendrick van Riessen y su discípulo, el ingeniero-filósofo, Egbert Schuurman han hecho contribuciones fundamentales al análisis histórico-filosófico de la estructura de la tecnología moderna.

El filósofo argentino Mario Bunge, denomina "Technophilosophy" a un aspecto del proceso y proyecto de explicación de la realidad en categorías científicas y tecnológicas; categorías desde las que según él deben reinterpretarse las humanidades (ética, filosofía...). Reflexiona sobre cuestiones gnoseológicas y ontológicas en relación a la tecnoaxiología, la tecnoética y la tecnopraxeología, constituyendo tales esbozos, en opinión de Mitcham, la visión más completa de la filosofía de la tecnología ingenieril. Las concepciones de Bunge, están, según el autor estadounidense, en estrecha conexión con el concepto popperiano de "piecemeal social engineering" y, a través de él, con el pragmatismo social de John Dewey y el movimiento tecnocrático. En este sentido, Dewey propone la aplicación de la ciencia no sólo para resolver asuntos humanos, sino para los seres humanos mismos, es decir, para mejorar intelectualmente la especie y experimentar con ella nuevas posibilidades y relaciones. Por su parte, Thorstein Veblen propone la reorganización tecnocrática de la vida económica y política, a la vez que la emancipación de la tecnología y de los principios ingenieriles de la corrupción política y económica.60

1.2.2.2. Algunos autores y temas de la filosofía de la tecnología de las humanidades.

Como en el apartado anterior, haremos un breve recorrido por los temas de algunos autores, aunque ahora pertenecientes a la tradición de la filosofía de la tecnología de las humanidades; temas e ideas que el lector podrá identificar con facilidad en el "corpus" de la presente tesis advirtiendo, en consecuencia, que esta tradición está presente en pensamiento bacquiano sobre la técnica por lo que GB podría ser citado junto a los principales representantes de la misma.

1.2.2.2.1. Lewis Mumford.

Para Mumford, la máquina no es tanto una proyección de los órganos humanos como su limitación. Considera que la esencia del hombre no es el hacer, sino el inventar e interpretar, de modo que más que "homo faber" el hombre es "homo sapiens". Se interesa tanto por los orígenes psicológicos y culturales de la tecnología como por lo relativo a sus causas eficientes y materiales. Sostiene que la tecnología concebida como mera fabricación y uso de artefactos no ha sido la causa principal del progreso humano, no siendo su aspecto principal satisfacer las necesidades materiales del hombre, sino sus demandas y aspiraciones superorgánicas.

Distingue Mumford entre dos tipos de técnica según su relación con la vida: la poli o biotécnica, que es la técnica orientada hacia la vida antes que al poder o al trabajo; frente a ella, la monotécnica o técnica autoritaria, fundamentada en la racionalidad científica y la producción cuantificada, es decir, técnica de carácter militarista, belicosa, orientada hacia el poder, la expansión económica y la plenitud material. Tal sería según Mumford la técnica moderna, que no tendría su origen en la revolución industrial sino en los sistemas sociales jerárquicos de las civilizaciones antiguas o, como también los denomina, "megamáquinas". Una de las consecuencias de lo anterior habría sido el modo peculiar de organización del trabajo, que hizo posible la construcción de las pirámides en Egipto, la muralla china, o la creación de grandes ejércitos. Esta técnica suele proporcionar grandes beneficios materiales, pero a costa de la deshumanización de los hombres. Surge entonces el mito de la máquina, es decir, considerar que la megatécnica es irresistible y beneficiosa, cuando en realidad ambas cosas son falsas, de ahí la necesidad imperiosa de poner límites a la técnica para salvarla de sí misma. Así, pues, Mumford no rechaza la técnica, sino que pretende orientarla hacia la vida. Esto significa que, puesto que según Mumford, lo que hace al hombre humano no es la acción técnica, sino su capacidad simbólica y afectiva, así como la de tener recuerdos y potenciar los que fueron valiosos para él a fin de diseñar el futuro por él deseado, la técnica debe reorientarse hacia esas dimensiones propiamente humanas de modo que fomente lo que denomina aspecto "personal" de la existencia que es, justamente, la que la megatécnica cercena.61

1.2.2.2.2. Ortega y Gasset.

El hecho de definir al ser humano como un yo en relación activa con la circunstancia lleva a Ortega a considerar la técnica como aspecto esencial del hombre, pues por ella será capaz de crear progresivamente una circunstancia más suya. Si para Ortega el hombre podría quedar definido como "homo faber", no lo sería sólo por su capacidad para crear artefactos materiales sino, también, por su creatividad espiritual. La invención de la vida interior precede a las invenciones exteriores de la vida, de modo que la técnica es una forma de proyección humana, pero no meramente orgánica (Kapp, Ghelen). Ortega llega a concebir al ser humano como un ser técnico, pues no forma parte de la naturaleza sino que la interpreta, es decir, esta capacidad simbólica o poética es la que diferencia al hombre del animal, y por eso mismo es capaz de idear y desear mundos nuevos diferentes del natural, con lo que se vuelve un ser insatisfecho, de ahí la importancia de la técnica como medio para realizar dichos mundos fantásticos o, como dice Ortega, mundos interiores que la imaginación o fantasia creadora produce para guiar a la vida en su trato con la desnuda realidad o enigma62.

Distingue Ortega tres tipos históricos de técnica: técnica del azar (una técnica se descubre por azar), del artesano (una técnica descubierta por azar es concienciada y transmitida a otra generación por medio del artesano) y del ingeniero (sólo al incorporarse la ciencia moderna a la técnica, hasta ese momento definida como destreza, surge la técnica científica o, propiamente, tecnología). La tecnología, que afecta tanto a la acción práctica como a las propias teorías, no es una técnica sino la técnica, es decir, un nuevo modo de ser, pensar y hacer. Justamente ahí radica su peligro, en el tecnicismo de la técnica: al disponer la humanidad en la tecnología de un método general para descubrir cómo convertir en realidad cualquier plan, es decir, cómo realizar cualquier proyecto antes de elegir uno en particular, el ser humano parece haber perdido la capacidad de imaginar o desea cualquier fin . El formalismo propio de la técnica en cuanto método y la pasión del hombre por ella le ha hecho olvidar que ser técnico es la capacidad para serlo todo, pero que ser sólo técnico es, por eso mismo, no ser nada definido. Para paliar esta falta de imaginación, Ortega propone mirar a las técnicas orientales.63

1.2.2.2.3. Heidegger.

Al igual que Ortega, Heidegger plantea el tema de la técnica como una cuestión ontológica que implica aspectos relativos al destino histórico de Occidente. El filósofo alemán prefiere el planteamiento de preguntas que la resolución de problemas y en este sentido su pregunta básica y persistente por el ser se transforma en la pregunta por la técnica, de modo que ésta sólo tiene sentido como cuestionamiento sobre el ser y no como asunto meramente instrumental.

La técnica moderna es una forma nueva de desvelar el ser (nueva forma de verdad) obligándole a manifestarse como fuente de energía susceptible de ser liberada y almacenada abstracta, indeterminadamente, para ser transformada o determinada en la forma que al hombre convenga y para sus fines. La técnica moderna des-oculta el ser provocándolo, desespecificándolo y especificándolo tantas veces como quiera y bajo el aspecto que desee. Tal cosa nunca había sucedido antes en la historia, en que cada materia (madera, piedra, viento, animales...) mantenía su especificidad al entrar a servicio del hombre. La técnica moderna todo lo transforma en depósito o disponibilidad para el consumo. Tal es su forma de desocultar el ser: como total disponibilidad (Gestell) o plasticidad para que el hombre lo determine según sus necesidades; el ser como utilidad. Pero la disponibilidad o utilidad no es nada técnico en sí mismo, sino la condición de posibilidad (transcendental) de la técnica. Es, por tanto, la actitud tecnológica hacia el mundo lo que funciona como precondición o marco transcendental de comprensión dentro del cual lo real se desoculta o manifiesta modernamente como mundo técnico.

Ahora bien, tal desocultamiento del ser de las cosas conlleva un ocultamiento de su esencia (del Ser) por lo que, desde esta perspectiva, la pregunta por el ser y su posible respuesta no son independientes de la pregunta por la forma de desocultarlo, es decir, por la técnica moderna en cuanto tipo histórico, epocal, de verdad. En lo dicho queda patente que el problema no admite una solución proveniente de la técnica. La tecnología no puede ser entendida desde la tecnología misma, ni su problema resuelto con más tecnología; pretenderlo así es contribuir a oscurecer más la cuestión, como sucede cuando la tecnología se erige en paradigma de toda acción resultando dogmatismo objetivado que no admite otra crítica que la suya y es incapaz, además, de notarse a sí misma como dogma. La solución para Heidegger no está en más técnica, ni tampoco en renunciar a ella, entre otras cosas porque no parece posible a estas alturas históricas dado su desarrollo actual. La solución consiste en transcender la situación: del mismo modo que la pena no se elimina realmente por huir de la situación que la origina, sino por enfrentarse a ella hasta objetivarla, es decir, hasta su transformación en pena observada de forma que el sujeto establezca una distancia entre él y la presencia persistente de la cosa, así debe hacerse con la técnica.

Pues bien, esta curiosa forma de transcender un problema mediante su observación calmada a modo de estado contemplativo es lo que propone Heidegger respecto de la técnica: contemplar la técnica, experimentar tranquilamente su presencia utilizando los sentimientos y el intelecto como barreras protectoras frente a su irremediable agresión. Así, pues, para Heidegger, el distanciamiento que procura la serenidad (Gelassenheit) del pensamiento es el único remedio efectivo ante la irremediable presencia de las cosas ante la conciencia, en este caso de la poderosa técnica moderna.64

1.2.2.2.4. Jacques Ellul.

La técnica es, según Ellul, el fenómeno social más importante del mundo moderno. Ellul concibe la técnica en términos de racionalidad y eficacia, es decir, como conjunto de métodos que racionalmente persiguen la perfecta eficacia en todos los órdenes de la vida humana. La técnica moderna es "la Técnica", es decir, el fenómeno que pretende erigirse en la única, exclusiva y excluyente, forma moderna de producir y usar artefactos, pues no sólo tiende a incorporar a sí misma todas las demás formas de actividad humana sino que se extiende progresivamente como modelo según el cual organizarlas y dominarlas, consisitiendo el desafío del fenómeno técnico en su resistencia a subordinarse a disposiciones no técnicas65. Con anterioridad al "fenómeno técnico" o "la Técnica", existía la "acción técnica" (pluralidad de actividades, tradicionales y limitadas por contextos particulares). La técnica, según Ellul, habría ocupado en el presente siglo el lugar histórico que correspondió en el XIX al capital. De hecho, considera que, de haber vivido Marx en nuestro siglo no hubiera aplicado ni su análisis ni su método al estudio de las estructuras del capital, sino de la técnica y, en este sentido, confiesa que él pretende seguir lo más fielmente posible el método de Marx aplicado a dicho estudio.

Ellul considera que la técnica, por su condición novedosa en tanto que forma de ser en el mundo, es la gran apuesta, la única en rigor, del siglo. La conquista de la naturaleza por la técnica supone, en realidad, la sustitución del mundo natural por otro técnico, artificial y esto provoca la incertidumbre propia de toda novedad acerca de su bondad y aspecto final. En este sentido, la apuesta lo es sobre la capacidad humana para controlar, conocer y actuar con buenas intenciones. Como toda apuesta, carece de seguridad por lo que bien pudiera suceder lo que denomina "le bluff technologique". La técnica, según Ellul, es el intento del ser humano por crear su hogar en el mundo, posibilidad que, sin embargo, niega explícitamente la Biblia. Para hacer menos arriesgada la apuesta, Ellul propone la siguiente solución al problema de la técnica: una búsqueda sistemática y voluntaria del no-poder; una ética del no-poder que restrinja drásticamente la práctica de la técnica, de modo que el hombre se comprometa a no hacer todo lo que le resulte técnicamente posible. Esto, dice Ellul, nada tiene que ver con impotencia, destino o pasividad alguna. Bien por el contrario, con esta actitud se persigue la libertad contra una técnica nociva, no contra la técnica en sí, de modo que ésta genere y se desarrolle en un tipo de relaciones dialécticas más fructíferas.66

1.2.2.3. Algunos autores y temas de la tradición de la Teoría Crítica de la Sociedad.

El evidente transfondo marxista en que se mueve el pensamiento bacquiano en cierto momento de su trayectoria intelectual permite fácilmente poner en conexión su filosofía de la técnica con las ideas de Adorno, Horkheimer, Habermas y Marcuse. Apuntémoslo nada más.

Dice Mitcham: "Horkeimer y Adorno, los teóricos originales de esta escuela, criticaron a la ciencia y a la tecnología por sus formas de racionalidad ilustrada, pero lo hicieron en nombre del proyecto ilustrado"; "Adorno también se muestra desdeñoso en su rechazo de la interpretación de la tecnología de Heidegger por su tesis de que es una manifestación histórica del Ser y por la atribución de los problemas a algún tipo de esencia interna"67. Ambos aspectos, como se verá, están presentes con fuerza en la filosofía de la técnica de GB. Prosigue Mitcham: "Con Habermas, un representante de la segunda generación de la Escuela de Francfort, la posición pro-tecnología es aún más explícita. (...). Para Habermas no es propio criticar a la tecnología por su "dominio de la naturaleza" (...) la naturaleza está compuesta de objetos meramente materiales libres de ser utilizados por los seres humanos autónomos de la forma en que estos crean conveniente (...). Implícitamente, Habermas concuerda y afirma lo que Bunge denomina transfondo ontológico de la tecnología"68. Este punto es, como habrá ocasión de comprobar en nuestro estudio, uno de los fundamentales de la filosofía de la técnica de GB, razón por la que se ve obligado a elaborar una metafísica apropiada (o mejor, ontología); metafísica que encuentra básicamente expuesta en Whitehead.

En GB, sin embargo, se integran la postura pro-tecnología representada por Habermas con la representada por Marcuse al coincidir indirectamente con este último en valorar positivamente cierta aportación heideggeriana, la cual Mitcham refiere así: "utilizando positivamente a Heidegger, [Marcuse] sugiere con mayor vehemencia que la naturaleza no debe ser controlada sino liberada por medio de una nueva ciencia y tecnología", y por si fuera poco, trae la siguiente cita del filósofo crítico: ""Para convertirse en vehículos de libertad, la ciencia y la tecnología deberían ser reconstruidas de acuerdo a una nueva sensibilidad, la de los instintos vitales""69. El apunte no podría ser más acertado, pues pone en bandeja el modo de establecer la conexión de todo ello con el sustrato histórico-vital de la filosofía bacquiana de la técnica que, como herencia dialéctica de la tapa con la que abre su segunda andadura filosófico-vital, el filósofo navarro sabe conservar y nutrir desde nuevas categorías.

El hecho de que en el pensamiento de GB sobre la técnica puedan encontrarse tales coincidencias con los principales representantes de la Escuela de Francfort no es, a nuestro juicio, fortuita, sino prueba de lo que venimos advirtiendo: que en la filosofía de la técnica de GB confluyen las tres tradiciones que destaca Mitcham; tradiciones que, según él, en rigor serían dos ya que las diversas posturas que mantienen los principales representantes de la Escuela de Francfort, y en general de la tradición de la Teoría Crítica de la Sociedad, en el debate abierto en su seno en torno a la técnica pueden incluirse en alguna de las dos tradiciones básicas de la tecnología: la ingenieril y la de las humanidades, lo cual sería prueba en favor de la verdad de su tesis central70.

1.3. Conclusiones.

Despues de todo lo dicho estamos en condiciones de adelantar: a) que el pensamiento de GB sobre la técnica constituye una filosofía de la técnica; b) que la filosofía de la técnica de GB puede ser presentada como una síntesis original y peculiar de las tres tradiciones de la filosofía de la tecnología (dos, en rigor) que, según Mitcham, existen. La verdad de estas afirmaciones se consolidará de manera progresiva en el desarrollo de los temas que constituyen los diferentes capítulos del presente estudio, por lo que será en el apartado de conclusiones generales con que finaliza el mismo donde se realicen las valoraciones oportunas que maticen y completen dichas afirmaciones.

Al comprobar la verdad de lo dicho, la aportación de GB al panorama de la filosofía de la técnica se concretará, de forma breve, en lo siguiente: ser la prueba real de que la tarea que según Mitcham tiene pendiente la filosofía de la técnica, es decir, el encuentro entre la diferentes tradiciones de la filosofía de la tecnología, ya ha comenzado a ser abordada, mereciendo por ello la filosofía de la técnica de GB el epíteto de precursora, y su autor, quizá, el de primer filósofo de la era atómica. En este sentido, nuestro estudio del pensamiento de GB sobre la técnica quiere servir como punto de partida para otros nuevos sobre tan compleja, rica, sorprendente y original filosofía de la técnica, de modo que ésta se convierta en germen de nuevas y superadoras formas de pensar sobre el tema de la técnica; nunca en dogma71.


1 En el prólogo a la obra de Mitcham, observa Manuel Medina: "La presente obra de Carl Mitcham, )QUE ES LA FILOSOFIA DE LA TECNOLOGIA?, constituye uno de los primeros intentos serios de delimitar de forma sistemática el ámbito de la filosofía de la tecnología" (MITCHAM, C.: )Qué es la filosofía de la tecnología? Barcelona 1989, Anthropos, p. 9). Esta es la razón por la que tomamos dicha obra como punto de referencia operacional.

2 Sobre la importancia que la verdad como eficacia y utilidad antropológicamente centrada tiene en la filosofía bacquiana se verá oportunamente. En este sentido, GB posee el mismo espíritu que Bacon y Descartes cuando sostienen que en el conocimiento científico-práctico (técnico) reside el auténtico poder del hombre: "La ciencia del hombre es la medida de su potencia, porque ignorar la causa es no poder producir el efecto"; "No hay signo más cierto ni de más consideración, que el que deriva de los resultados. Las invenciones útiles son como garantía y caución de la verdad de las filosofías" (BACON, F.: Novum Organum. Madrid 1984, Sarpe, pp. 33 y 64-65, Libro I, aforismos 3 y 73 respect.); "Pues tales nociones me han hecho ver que es posible lograr conocimientos muy útiles para la vida y que, en lugar de la filosofía especulativa que se enseña en las escuelas, se puede encontrar una filosofía práctica en virtud de la cual, conociendo la fuerza y las acciones del fuego, del agua, del aire (...) podríamos aprovecharlos de la misma manera en todos los usos para los cuales son apropiados y convertirnos, de este modo, en dueños y poseedores de la naturaleza" (DESCARTES, R.: Discurso del método. Madrid 1987, Tecnos, p. 85, sexta parte).

3 Cf AFC, 30.

4 ALVAREZ PALACIOS, F.; FERNANDEZ-POSSE OTERO, G.; RISTORI GARCIA, T,: Ciencia, tecnología y sociedad. Madrid 1996, Ediciones del Laberinto, p. 130. Se trata de un manual de Bachillerato LOGSE para la materia de Ciencia, Tecnología y Sociedad.

5 MITCHAM, C., o.c. 13.

6 MITCHAM, C., o.c. 13.

7 ALVAREZ PALACIOS, F., o.c. 129.

8 Idem sup.

9 Véase Diccionario de la Lengua Española, de la Real Academia Española.

10 MITCHAM, C., o.c. 14.

11 ALVAREZ PALACIOS, F., o.c. 130

12 El termino "tecnología" aparece raramente en los escritos de GB, y cuando lo hace es tardíamente (Cf vg., Pasado, presente y porvenir de grandes nombres).

13 Tomamos el término aprovechando lo que dice J. Sanmartín cuando afirma: "Clásicamente: la técnica es el género; la tecnología es una especie dentro de ese género -exactamente, la técnica que resulta de aplicar la ciencia" (SANMARTIN, José: Tecnología y futuro humano. Barcelona 1990, Anthropos, p.48-49, nota 6). No se nos escapa la existencia de otras formas de entender los términos técnica y tecnología. Véase por ejemplo la definición de Elster cuando dice: "La estructura del conocimiento tecnológico se entiende mejor si se piensa en tres aspectos diferentes. Primero, está lo que denominaré una práctica, que es una combinación particular de factores de producción utilizados en un proceso específico. Segundo, está lo que llamaré técnica, es decir, un conjunto de prácticas que permiten cierto grado de sustitución entre los factores, (...). Tercero, está la tecnología disponible, por la que entiendo todas las técnica conocidas", y poco después reconoce: "Este modo de considerar las posibilidades de producción es un poco fuera de lo común. La perspectiva más habitual es distinguir solamente entre dos niveles, por ejemplo, entre la técnica (correspondiente a lo que denomino práctica) y la tecnología" (ELSTER, Jon: El cambio tecnológico. Barcelona 1990, Gedisa, p. 87).

14 "A pesar de que el presente texto adopta el término filosofía de la tecnología como el más amplio, ello no impide reconocer que otros autores no lo hacen siempre así. Cuando reflejamos el pensamiento de tales autores intentamos mantener sus posiciones con su propia terminología" (MITCHAM, C., o.c. 14).

15 Idem sup.

16 Ibid.

17 ALVAREZ PALACIOS, F., o.c. 130.

18 Apenas se hace necesario mencionar los escritos de Platón y Aristóteles. Por otra parte, los vocablos tecnologw (disertar sobre un arte) y tecnologa (tratado o disertación sobre un arte) se encuentran ya en griego clásico (Cf SEBASTIAN YARZA, F.: Diccionario griego español. Barcelona 1984, Ramón Sopena, p. 739). Por su parte, el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española considera la voz castellana "tecnología" procedente del griego tecnologa.

19 Lo que proponemos aquí no puede ser admitido por quienes sostengan concepciones próximas a la de Bunge cuendo define "tecnología" como un cuerpo de conocimientos que cumpla estrictamente las siguientes condiciones: ser compatible con la ciencia coetánea y controlable por el método científico; ser empleado para controlar, transformar o crear procesos o cosas de carácter natural o social (Cf BUNGE, M.: Epistemología. Barcelona 1980, Ariel).

20 Según esto, como demostrará nuestro estudio, el interés filosófico de GB por la técnica encaja en una filosofía de la técnica, y no de la tecnología, pues sus análisis se extienden a formas históricas de la técnica anteriores a la actual técnica tecnológica. Utilizando una distinción bacquiana de neto sabor dialéctico, a explicar en su momento, puede afirmarse que tecnología y técnica son lo "mismo" pero no "idénticas", de forma que poseen un fondo común. Mediante dicha distinción puede entenderse que GB enfatice la peculiaridad de la técnica actual frente a tipos históricos anteriores estableciendo un abismo insalvable entre ambas al calificarlas de "diversas" (distancia mayor que la que hay entre géneros), a la vez que utiliza el término "técnica" indistintamente sin caer realmente en contradicción y sin sentirse obligado a utilizar el de "tecnología", poseedor de connotaciones idealistas que él no desea para su filosofar.

21 ALVAREZ PALACIOS, F., o.c. 130

22 La expresión "La filosofía de la técnica en J. D. García Bacca" no haría justicia a la intención que preside el filosofar bacquiano en general, y sobre la técnica en particular, ya que "filosofía" suele interpretarse en términos idealistas, es decir, como labor teórica desconectada de la praxis. Por eso, si la "filosofía de la técnica" se entiende como disciplina meramente teórica constituida por un conjunto de notas características, y se afirma que dicha disciplina está presente "en" J. D. García Bacca, entonces no refleja lo que pretende ser uno de los objetivos de la presente tesis. En cambio, la expresión genitiva "de J. D. García Bacca" alude ya a las peculiaridades del quehacer intelectual bacquiano sobre la técnica; peculiaridades observables, cuando menos, en dos aspectos de su filosofar: a) como labor intelectual con la que se pretende contribuir a superar la escisión teoría-praxis; b) como impulsor de su objeto hacia el Absoluto. En este sentido el título más adecuado para nuestra tesis hubiera sido "El filosofar de J. D. García Bacca sobre la técnica", pero hemos preferido mantener el de "la filosofía de la técnica de J. D. García Bacca" por resultar acorde también con la otra intención que posee el presente estudio, además de la de mostrar el pensamiento de GB sobre la técnica, y que es la de contribuir al campo de los estudios filosóficos sobre la técnica a través de los temas, problemas y posibilidades abiertos por la obra bacquiana.

23 Ortega y Gasset, J.: Meditación de la técnica. Madrid 1983, Alianza-Revista de Occidente (obras completas), t. V, p. 319.

24 WINNER, L.: La ballena y el reactor. Barcelona 1987, Gedisa, p. 19.

25 MEDINA, M.: De la techne a la tecnología. Valencia 1985, Tirant Lo Blanch, p. 3.

26 FERRATER MORA, J.: Diccionario de filosofía. Madrid 1984, Alianza Editorial, vol. 4, p. 3199.

27 WINNER, L., o. c. p. 21.

28 MEDINA, M., o. c. p. 5.

29 WINNER, L., o. c. p. 20.

30 WINNER, L., o. c. pp. 21-22.

31 Tomamos la expresión de WINNER, o. c. p. 21.

32 MITCHAM, C., o.c. 19-20.

33 o.c. 88.

34 Idem sup.

35 o.c. 49.

36 Ibid.

37 o.c. 83.

38 o.c. 82.

39 Ibid.

40 o.c. 83-84.

41 Cf todo ello en o.c. 84.

42 o.c. 50.

43 Cf o.c. 21, 82.

44 Según Mitcham, fue el filósofo hegeliano de izquierdas alemán Ernst Kapp (1808-1896) quien acuñó la expresión ""Philosophie der Technick", que utilizó como título de un libro en 1877, siendo el primero en la historia que llevó dicho título (Cf ibid., 25, 31). La expresión inglesa "philosophy of technology" surge significativamente en un simposio celebrado en 1966, de la mano del filósofo argentino Mario Bunge, que también acuñó la de "technophylosophy" (Cf o.c. 40-41). Por nuestra parte, queremos llamar la atención sobre el uso que de dicha expresión hace P. J. Lucia en su conferencia pronunciada en el Instituto Psicotécnico, el día 24 de marzo de 1933, cuyo título rezó así: "Bosquejo de una filosofía de la técnica" (Cf. LUCIA, P. J.: "Bosquejo de una filosofía de la técnica". Revista de Occidente (Madrid) n1 118 (1933) pp. 38-57).

45 La expresión "filosofía mecánica" hace referencia a la concepción mecanicista del universo con la que emparenta (Newton, Berkeley, Boyle,...). La expresión "filosofía de los manufactureros", fue acuñada por el ingeniero químico Andrew Ure, en 1835 (Cf ibid., 21-23). Puede resultar de interés para futuros estudios sobre la filosofía de la técnica de GB notar que no en vano, como se verá en su momento, a) nuestro autor considera la obra de Newton "Phylosophiae naturalis principia mathematica" (1687) frontera que separa el período renacentista en ciencia del moderno, y por tanto, en técnica; b) analiza los términos "mecanicismo", "mecánica" y "máquina" llamando la atención sobre aspectos suyos habitualmente pasados por alto, de modo que resultan mal entendidos; c) GB ha leído a N. Wiener (Cf MM, 198-199), a quien Mitcham pone en conexión con Ure: "Ure adelanta un enfoque que es un precedente de la teoría de sistemas, de las investigaciones operacionales y de la cibernética, tal como se ilustra en el texto clásico de Norbert Wiener, Cibernética (1948), y en los estudios afines" (ibid., 23). Por su parte, J. L. Abellán relaciona la "posibilidad de proyección telegráfica de un ser humano" concebida por el creador de la cibernética N. Wiener con la aspiración manifestada por GB en el prólogo de ILF, de cambiar el cuerpo actual del hombre por uno astral (Cf. Filosofía española en América (1936-1966), pp. 203-204). Todo ello habla inequívocamente de la presencia en la filosofía de la técnica de GB del componente de la tradición ingenieril.

46 Cf este punto en MITCHAM, C., o.c. 49-51.

47 o.c. 84.

48 Ibid, 85. Menciona como ejemplos lo que los ingenieros-filósofos alemanes Hans Lenk y Günter Ropohl denominan "filosofía social de la tecnología", y que, por su parte, el pragmatista estadounidense Paul Durbin llama "filosofía interdisplinaria pragmática" (Cf loc. cit.).

49 o.c. 86-87.

50 Dice Mitcham: "desde su origen, la filosofía ha cuestionado lo tecnológico y (...) tal cuestionamiento continúa siendo su más profunda responsabilidad", de ahí que "si la filosofía de la tecnología se identificara únicamente con la extensión filosófica de las actitudes tecnológicas, no solamente cerraría su camino hacia la rica diversidad de otra realidad, sino que además, abandonaría su pretensión de ser filosofía. El preguntar es, en realidad, la herencia ancestral y la morada vital del pensar" (o.c. 85 y 87 respectivamente).

51 o.c. 88. No es tarea que nos competa la de decidir si son dos o tres las tradiciones de la filosofía de la tecnología, pues con independencia de esta cuestión lo que planteamos es que sus temas y problemas básicos definidores están presentes en la filosofía de la técnica de GB. No obstante, y por motivos exclusivamente prácticos de claridad expositiva, preferimos distinguir tres.

52 o.c. 89.

53 o.c. 89 y 90 respectivamente.

54 Esta idea ya está presente en Hegel (Cf vg., Lecciones sobre la filosofía de la historia universal), por lo que, a nuestro juicio, no es del todo exacta la apreciación de Mitcham cuando afirma: "Kapp se anticipó a lo que hoy podría ser denominado una filosofía del medio ambiente" (MITCHAM, C. o.c. 25).

55 Cf todo lo dicho en MITCHAM, C., o.c. 25-32.

56 Cf todo lo dicho en MITCHAM, C., o.c. 32-35.

57 Esta crítica a la actividad técnica es la que, como indica Mitcham, se propone Ernesto Mayz Vallenilla en su Esbozo de una crítica de la razón técnica (CF MITCHAM, C., o.c. 48, nota n1 25 ). Este hecho resulta especialmente significativo pues, como mostraremos con nuestro estudio, GB también enfatiza el aspecto transcendental de la técnica y del acto inventor como consecuencia de su aproximación a Heidegger (etapa existencialista de su pensamiento, que comprende la década de los años cincuenta). Pues bien, GB tutoró a Mayz Vallenilla en las tareas de elaboración de su tesis doctoral en filosofía, en la Universidad Central de Venezuela, titulada "Fenomenología del conocimiento" (1956), tal como consta en comentario del propio GB (FC, 505). Se da la curiosa circunstancia de que en el escrito de GB siempre que aparece citado el autor de la tesis lo es como "Mayz Valenilla", en lugar de Vallenilla. Por otra parte, Mayz Vallenilla fue miembro de la Comisión Rectoral de la Universidad Central de Venezuela en 1958 (Cf MAYZ VALLENILLA, E.: Fundamentos de la meta-técnica. Barcelona 1993, Gedisa), y GB colaboró en 1946 a la fundación de la Facultad de Filosofía y Letras o de Humanidades, núcleo de lo que sería la Universidad Central de Venezuela, de la que más tarde fue nombrado Doctor Honoris Causa (Cf BEORLEGUI, C.: García Bacca. La audacia de un pensar. Bilbao 1988, Universidad de Deusto, pp. 26-27).

58 Cf todo lo dicho en MITCHAM, C., o.c. 42-48. Abundando en esa relación entre lo transcendente místico-religioso y la técnica, creemos oportuno citar a Karlfried Graf Dürckheim: "Hay que añadir hoy que los altos resultados técnicos actuales pueden conducir también a un testimonio de la realidad transcendente ignorada en los siglos pasados", si bien "Cuanto más fundamente el hombre su independencia en sus fuerzas naturales, en sus capacidades racionales y en su potencial técnico, más tentado está de rechazar como creencia pueril toda instancia divina y sobrenatural" (DÜRCKHEIM, G. K.: Hacia la vida iniciática. MEDITAR. )por qué y cómo?. Bilbao 1987, Ediciones Mensajero, pp. 56-58). Pues bien, tal cuestión no sólo no es ajena al pensamiento de GB sobre la técnica sino que, como se verá oportunamente, es el tema desde el que cobra sentido toda su filosofía de la técnica: cómo conseguir que el pensamiento antropológicamente centrado no olvide la referencia del Absoluto, Infinito o Transcendente, y se dote, además, de un tipo de acción técnica que siendo respetuosa con esa dimensión de la vida humana resulte, a la vez, eficaz para transustanciar la naturaleza humana y la del universo físico-natural en Dios y tecnocosmos supernaturales, respectivamente. En este sentido, y como se verá oportunamente, se puede aplicar a la filosofía de la técnica de GB algo que C. París dice respecto de "la amplitud de lo tecnificable en el hombre" en relación a la mística: "toda realidad humana es susceptible de un tratamiento técnico. El hombre que es detectado en su origen, precisamente como animal técnico, creador de la técnica, es definible, también, como ser tecnificable en todos los campos de su vida. Realidad subjetiva y objetivamente técnica. Ducasse ha subrayado esta amplitud con que el término técnico es manejado. La invasión de la posibilidad técnica en el campo mismo de la mística. Y no solo hoy, en nuestro aire sugestionado de tecnicidad; los grandes místicos han hablado de caminos, métodos, de moradas, etapas. En las manos de un personaje de Sartre aparece el libro ignaciano de los ejercicios, sorprendido por la sabiduría metódica del Santo de Loyola. Libro que constituye expresión bien rotunda de lo que representa una rigurosa metodología de aproximación a Dios y de la eficacia asombrosa de su rigor técnico" (PARIS, Carlos: Mundo técnico y existencia auténtica. Madrid 1973, Selecta de Revista de Occidente, pp. 149-150).

59 Mitcham nota que fue Espinas quien introdujo este término especializado, siendo explotado por el filósofo polaco Tadeusz Kotarbinsky (Cf MITCHAM, C., o.c. 39). En cierta ocasión, como se verá oportunamente, dice GB: "Tecnema, técnica son instalación y éxitos de creador: de praxeología" (TMTC, 105).

60 Cf todo lo dicho en MITCHAM, C., o.c. 35-42.

61 Cf lo dicho en MITCHAM, C., o.c. 51-58. Si bien en algunos aspectos el pensamiento de GB tiene similitudes con el de Mumford, una de las diferencias radicales es la ausencia en nuestro autor de sensibilidad romántica hacia temas y problemas ecológicos, del medio ambiente en general, y hacia la conservación de los espacios naturales; sensibilidad de la que, en cambio, Mumford hace gala (Cf MITCHAM, C., o.c. 53). Esta diferencia, a nuestro juicio, tiene su causa en la radical separación que establece GB entre vida y naturaleza, la cual le permite concebir un mundo completamente artificial en que la vida, transferida a cuerpos artefactuales, desarrolle con mayor eficacia sus funciones que en los cuerpos naturales orgánicos en que se encontró siendo azarosamente cuando apareció en nuestro planeta. Este sería uno de los puntos por los que GB entraría de lleno en la tradición ingenieril de la filosofía de la técnica, impidiendo su plena contextualización en la de las humanidades.

62 Sobre este interesantísimo aspecto véase el escrito de Ortega Ideas y Creencias

63 Cf todo lo dicho en MITCHAM, C., o.c. 58-64.

64 Cf MITCHAM, C., o.c. 73. La solución heideggeriana de defender el yo de la presencia impertinente de una realidad transformándola en objeto de contemplación, es decir, neutralizando su acción causal mediante su transcendentalización (presenciar la presencia) será un punto de discrepancia radical en GB. Su propuesta de solución, como se verá en su momento, será bien diferente: enfrentarse al dragón en su propio terreno, en el eficaz de verdad o causal, de modo que sólo mediante la técnica puede salvarse el hombre de la técnica misma que, a su vez, es la única capaz de salvarlo del universo natural, de humanizarlo. Para ello será preciso que la técnica se desarrolle en un contexto socio-económico adecuado: el comunista. Este es uno de los problemas en que GB muestra de forma clara la presencia de las dos tradiciones de la filosofía de la tecnología en su pensamiento, pues si por un lado nuestro autor coincide con Heidegger en reivindicar el componente transcendental de la técnica, lo cual le situaría en la tradición de la filosofía de las humanidades, por otra la solución del problema se inscribe a caballo entre la ingenieril y la de la Teoría Crítica.

65 Así, por ejemplo, cree que "La inflación contemporánea del lenguaje es (...) 'una expresión mecánica de la reacción compensatoria del sistema técnico'" (HOTTOIS, G.: "La inflación del lenguaje y la disociación del sentido en la filosofía contemporánea". Diálogo Filosófico, n1 10 (1988) p. 41).

66 Cf lo dicho en MITCHAM, C., o.c. 76-81. La propuesta ética que hace Ellul en 1983 es, al menos en las líneas generales, semejante a la que, como se verá oportunamente, GB propone en la década de los cincuenta con la fórmula "voto de pobreza" respecto de ciencia y técnica. Es la época en que pone en diálogo su pensamiento con el de Heidegger, al que aplaude en numerosos aspectos, considera insuficiente en otros y del que en ocasiones se distancia hasta el antagonismo. En este sentido, la observación de Mitcham según la cual la posición de Ellul está más próxima a la de Heidegger que a la de Ortega (Cf o.c. 81) es muy interesante, pues podría aplicarse a GB a condición de advertir inmediatamente que tal actitud responde en GB a un interés estratégico para proteger a la Vida, que no a la Naturaleza, de un posible mal paso en técnica; y puesto que según nuestro autor la técnica procede de la Vida, siendo en principio un órgano con el que se dota para su salvación-superación dialéctica, la postura bacquiana se aproxima más por este aspecto a la de Ortega. Lo que acabamos de notar no es sino otro detalle más de los muchos en que aparece claramente la tensión interna constitutiva de la filosofía bacquiana de la técnica, como consecuencia de su carácter sintético o integrador de tradiciones y, por tanto, precursor de un nuevo tiempo o momento en la filosofía de la técnica, tal como parece claro tomando como referencia los análisis de Mitcham.

67 MITCHAM, o.c. 91.

68 Ibid., 92.

69 Idem sup. Podemos afirmar sin albergar duda alguna que un estudio comparativo del transfondo pensamental de GB en su etapa marxista, con la teoría expuesta por Marcuse en El hombre unidimensional es fundamental para poder valorar la aportación bacquiana a la filosofía de la técnica desde la perspectiva de la Teoría Crítica de la Sociedad.

70 Cf ibid., 91 y 93.

71 La originalidad y peculiaridad del filosofar de GB sobre la técnica queda de manifiesto en los epítetos y consideraciones que J. L. Abellán le dedica como "pensador independiente" (Cf. Panorama de la filosofía española actual, p. 132), o "caso aparte", "caso especial", "personalidad fuertemente original" (Filosofía española en América (1936-1966), p. 25 y 27). De ahí que le conceda capítulo propio ("Juan D. García Bacca: Prolegómenos a una "Crítica de la razón económica"") en su estudio, presentado bajo el epígrafe "Dos filósofos independientes" (el otro es Eugenio Imaz) (Cf. o.c. pp. 191-228). Afirma Abellán, además, que el pensamiento metafísico de GB "pretende dar razón del ingente esfuerzo que representa la hazaña del hombre sobre el planeta: la empresa de ser hombre. En este sentido, su obra legitima filosóficamente la peripecia "prometeica" de la especie humana, frente al resto de universo" (Panorama de la filosofía española actual, p. 163).