Antes de Wundt, la psicología era concebida como una ciencia
del alma, entidad a la que se asociaba la conciencia y la facultad exclusiva
del hombre: la razón, el entendimiento.
Platón llevó a cabo un estudio del alma (psiché),
a la que dividió en tres partes (racional, irascible y apetitiva)
relacionadas con tres clases sociales de su República
ideal: filósofos-gobernantes, soldados y clase productora o trabajadora.
Para Platón el alma era separable del cuerpo e inmortal, cosa
que Aristóteles negó rotundamente. Para él,
ésta no es algo distinto a la operatividad y funcionalidad de
un cuerpo y, por lo tanto, no podría pervivir separadamente.
Como escribe el estagirita: "Si el ojo fuera un animal, la vista
sería su alma".
Ahora bien, tanto Platón como Aristóteles asociaron la
conciencia y sus procesos a la parte o función del alma asociada
con la racionalidad, por lo que sus investigaciones incluyeron también
un exhaustivo estudio sobre la cuestión del conocimiento, su
origen y adquisición, problemas que fueron ampliamente debatidos
durante la Edad Media y el Renacimiento y que cobraron
un nuevo y original impulso en el siglo XVII con la obra de René
Descartes, el fundador de la filosofía racionalista. Para
éste, la conciencia es una entidad absolutamente heterogénea
e irreductible a la pura materialidad (extensión) del cuerpo,
que se rige por leyes mecánicas. La conciencia, además,
se halla provista de ciertos contenidos (ideas innatas) a los que se
accede intuitivamente y que nos proveen de ideas claras y distintas
a partir de las cuales, deductivamente, podemos fundamentar el edificio
de todo conocimiento que sea cierto e indudable y, por lo tanto, verdadero.
El innatismo racionalista fue negado por los filósofos empiristas
(Locke, Berkeley y Hume) que concebían la conciencia
como una "tabla rasa", desprovista de cualquier tipo
de contenido que no fuera adquirido a través de la experiencia
empírica. Es esta última el origen y el límite
del conocimiento, límite que también se aplica al conocimiento
de la conciencia como entidad, la cual queda despojada de toda substancialidad,
reduciéndose a ser un mero "haz de representaciones"
(impresiones e ideas). No hay un "yo" substrato de los contenidos
y acciones de la conciencia más allá o más acá
del aparecerse de las representaciones mismas (percepciones).
Los filósofos empiristas elaboraron los cimientos de una psicología
asociacionista. Para David Hume, el más radical y consecuente
con los principios del empirismo, las ideas de nuestra mente se asocian
según unos principios que rigen nuestros pensamientos, estableciendo
lazos entre ellos. Nuestras ideas se encuentran conectadas naturalmente
bajo tres leyes: la semejanza, la contigüidad y la relación
causa-efecto. También la imaginación asocia y combina
ideas, pero en este caso se precisa la voluntad. Las leyes de asociación
serán ampliamente estudiadas en el siglo XX por la Gestalt
(escuela psicológica que postula que las totalidades son anteriores
a las partes que las componen, ya sea perceptualmente como conductualmente).
El asociacionismo como doctrina específica fue retomado por James
Mill y J. St. Mill, los cuales establecieron las bases de
una psicología científica empírica y experimental.
Para estos autores, los procesos psíquicos se suceden unos a
otros siguiendo unas determinadas leyes de conexión y enlace,
leyes que podían ser tipificadas, cuantificadas y descritas.
La conciencia comienza a poder ser "medida" indirectamente.
Independientemente de la filosofía, otra de las disciplinas que
ha contribuido enormemente al desarrollo de la psicología científica
ha sido la fisiología, entendida como el estudio de las
funciones orgánicas y físicas del cuerpo humano. El físico
y filósofo Theodor Fechner (1801-1887), partiendo del
problema de la relación entre cuerpo y alma, fundó la
disciplina denominada psicofísica, mediante la cual se
pretendían esclarecer las relaciones de dependencia funcional
entre lo físico (estímulos sensoriales) y lo psíquico
(respuesta sensorial a los estímulos). Fechner trabajó
teniendo presentes las investigaciones de Johanes Müller
(1801-1858), y elaboró una ley que lleva su nombre y que pretendía
resolver el problema de la relación entre cuerpo y alma. La ley
de Fechner sostiene que "a intensidades de la sensación
que aumentan en progresión aritmética, le corresponden
intensidades del estímulo que aumentan en progresión geométrica".
Existe una relación entre el estímulo, su magnitud objetiva
y la sensación subjetiva, lo cual, indirectamente, supone la
posibilidad de medir y "cuantificar" lo psíquico.
No obstante, se suele considerar a Wilhelm Wundt (1832-1920)
el fundador de la psicología como ciencia autónoma y separada
de la filosofía. Influido por el empirismo inglés y la
fisiología, el estructuralismo de Wundt se interesará
fundamentalmente por el estudio de las asociaciones entre las sensaciones,
las percepciones y las ideas (simples y complejas) que constituyen el
contenido de nuestra conciencia. La psicología ha de consistir,
en palabras del autor en "el análisis de las composiciones
y complejos, que debe resolverse en sus elementos constituyentes, el
estudio de la manera en que esas composiciones se sintetizan a base
de sus elementos, y la enunciación de los principios y las leyes
de los procesos psíquicos".
No sólo la fisiología contribuyó al desarrollo
de la psicología como ciencia autónoma. También
la medicina, sobre todo la dedicada al estudio de las enfermedades mentales,
hizo grandes aportaciones en este sentido. De gran relevancia fue el
trabajo realizado por el médico austríaco Sigmund Freud
(1856-1939), el cual, interesado por la neurología y por ciertos
trastornos mentales como la histeria, elaboró su famosa teoría
del psicoanálisis, que puede ser entendida tanto como un método
terapéutico para tratar las enfermedades mentales, mediante las
técnicas de la asociación libre o la interpretación
de los sueños, como una teoría de la personalidad, fundamentada
en los conceptos clave del inconsciente, el yo, el ello
y el superyó.
El análisis de los nexos causales entre los acontecimientos psíquicos
le llevó a concebir la enfermedad mental como un síntoma
de una disfunción o represión inconsciente capaz de influir
no sólo en la vida psíquica de individuo, sino también
en sus funciones fisiológicas a través de la somatización.
Ahora bien, la importancia de la teoría psicoanalítica
consiste en haber introducido un nuevo elemento regulador de la vida
psíquica. Ya no es la racionalidad voluntaria de los hombres
la responsable de sus actos y pensamientos. Existe un territorio inalcanzable
para la conciencia, el inconsciente, que, pese a su ocultamiento
dirige y controla nuestra vida, irrumpiendo en nuestra consciencia en
forma de sueños, lapsus, actos fallidos y síntomas
neuróticos.
Otra gran perspectiva de la psicología se abrió paso con
los trabajos del estadounidense John B. Watson (1878-1958), para
el cual el cometido de esta ciencia no se dirige ya al estudio del alma
humana ni de la vida psíquica del hombre. Antes bien, la psicología
ha de ocuparse de las conductas o comportamientos (behavior) de los
organismos (humanos y animales), motivo por el cual su doctrina adoptó
el nombre de conductismo o behaviorismo. Fundado en postulados positivistas,
pragmatistas y funcionalistas, dicha disciplina afirma que la conducta
ha de explicarse, predecirse y controlarse sin referencia alguna a los
conceptos de conciencia o mente, es decir, excluyendo de sus investigaciones
la cognición o los procesos de pensamiento. No obstante un nuevo
enfoque de esta disciplina, el neoconductismo, aunque aceptó
sus presupuestos básicos, sin embargo incluyó las cogniciones
dentro del ámbito del comportamiento.
Pese a que estas dos corrientes acapararon las investigaciones psicológicas
hasta la década de los sesenta, a partir de entonces el predominio
del conductismo disminuyó debido a un nuevo enfoque, el cognitivismo,
más orientado hacia problemas de índole cognoscitiva,
es decir, hacia cuestiones referidas a la adquisición, organización,
almacenamiento y utilización del conocimiento.
Si en lo que respecta a las teorías psicológicas nos encontramos
con una pluralidad de enfoques, igualmente sucede en relación
a sus disciplinas parciales. Tradicionalmente se divide a la psicología,
en función de su objeto y finalidad, en las siguientes ramas:
- la psicología general intenta explicar el funcionamiento
del hombre respecto a su mundo circundante.
- La psicología diferencial o de la personalidad no
se interesa, sin embargo, por lo que hay de común en el hombre,
sino por las peculiaridades y diferencias observables entre las personas,
así como por los principios que rigen tales diferencias.
- Otra rama distinta la constituye la psicología del desarrollo,
la cual investiga las causas y leyes que determinan nuestro desenvolvimiento
(infancia, adolescencia, madurez, etc.).
- La psicología social trata del modo como influyen
unas personas en los pensamientos, sentimientos y conductas de las
otras y
- la psicología clínica se dedica a estudiar
los trastornos y disfunciones psíquicas tratando de describirlas,
clasificarlas y, sobre todo, curarlas, lo cual implica establecer
el marco de una normalidad que servirá de referencia a todo
comportamiento. Tarea nada fácil y no exenta, desde luego,
de prejuicios de toda índole.
Elena Diez de la Cortina Montemayor
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