Su padre, Patricio de Ázcárate, ocupa un lugar fundamental en la historiografía filosófica en España, tras Tomás García Luna y antes que Ceferino González y que el hijo de Federico de Castro, José de Castro y Castro. El gaditano Tomás García Luna publicó en 1847 (Madrid) su Manual de Historia de la Filosofía, escrito desde un punto de vista ecléctico, introduce autores y preocupaciones desconocidas en la escolástica española, dando entrada a la consideración de la interacción entre el pensamiento filosófico y el entorno cultural o social. Por primera vez se nos dice que "aprender filosofía es casi lo mismo que adquirir conocimiento de su historia". Patricio de Azcárate (León 1800-1886) publicó en 1861 su Exposición histórico-crítica de los sistemas filosóficos modernos y verdaderos principios de la ciencia (Madrid, 4 volúmenes) con el propósito explícito de "españolizar lo que la humanidad ha hecho". Lo importante de esta obra es que los filósofos españoles se incluyen al hilo del decurso histórico general del pensamiento europeo, ocupando incluso en algún momento el primer plano, como ocurre con el misticismo español del XVI. Azcárate pretendía asumir el pasado sin renegar de lo que nos distingue y caracteriza. Federico de Castro en Revista Ibérica, nº 7, 1862, pg. 431, afirmaba que el libro de Azcárate respresentaba el "anhelo de un pueblo", refiriéndose por supuesto al pueblo español.