La patria ibérica
En lo que toca al problema de la Península Ibérica, su
proyeto cuadra en el marco de los mismos princípios federativos
que defiende para la Europa. En ello cabe la idea de patria ibérica
que subyace en sus escritos sobre la Unión Ibérica, y
a la cual pretende conferir una validez irrefutable apoyándose
en un argumento de orden divino:"(...)En Europa hay trozos de
terreno que la geografía de los hombres divide en pequeñas
naciones, y que la geografía de Dios destinó para un sólo
pueblo.(...)" .
Sín embargo, no dudamos que el argumento religioso sirve de protección
contra una acusación de anti-patriotismo. Se vivían tiempos
de gran agitación política y mejor sería prevenir.
De igual modo, el recurso a la identidad geográfica como obra
de la Naturaleza ( luego, superior, de orden divina), fundamenta una
crítica sutil a las fronteras políticas creadas por el
hombre, que, en su afán de poder, contraría ese logos
superior. Tal sería el caso de la Península Ibérica
y de los dos países en causa.
Entresacada de los fundamentos de unidad geográfica, de una primordial
unidad histórica y de la unidad cultural que reclama para los
pueblos ibéricos, la idea de una patria ibérica cabe igualmente
en su concepción teleológica y providencialista de la
Historia, de la civilización moral, justificando que, tal como
esta tiene una dinámica propia, también la noción
de patria sufre modificaciones mientras las relaciones entre los pueblos
se van alterando a veces desde una vecindad rival y sospechosa,
hasta el camino hacia una civilización que el autor preve cada
vez más cosmopolita.
El ideal de unidad para la Península rompe también en
su concepto de "espirítu ibérico", que fundamenta
la necesidad de un intercambio cultural intelectual, entre Portugal
y España, a través de la difusión compartida de
ese espíritu, por medio de las literaturas respectivas. Este
sería un primer paso para la aproximación de los dos pueblos,
en el sentido de que ambos se conocieran mejor al autor no le
parece razonable que se conozcan mejor las letras francesas o las inglesas,
que las que están próximas y que además, tienen
un tronco común.
El segundo paso hacia la unión ibérica, sería la
creación de un "zollverein", o unión
aduanera que, en definitivo, acabaría con la rivalidad nacionalista
aportada por los intereses del contrabando y que, por otra parte, traería
la prosperidad económica a los pueblos, siendo cierto que, en
este punto, Latino sigue la misma teoría plasmada por su amigo
Sinibaldo de Mas, en La Iberia.
Considerando los supuestos anteriores, la Península debería
presentarse como una sóla nación por la "fusión
espontánea" de sus pueblos. Con esta idea, pretende
salvaguardar los intereses de los pueblos, descartando toda la unión
(o fusión), que partiera de la iniciativa de los gobiernos que,
en su entender, se rigen por princípios egoístas. En la
pirámide estructural del poder, una iniciativa de este estilo,
debería siempre partir de los gobernados y, al gobierno, en tanto
que representativo, le cumpliría nada más que poner en
práctica el interés del pueblo.
En el marco del horizonte político-social reformista cuajado
en sus escritos, la idea de "civilización peninsular"
, que se incluye en su concepto moral de civilización, nos alzaría
al papel de modelo de sociedad, si realizado el ideal iberista en la
oportunidad espacio-temporal de la Península: "La civilización
tiende a realizar el gran pensamiento del Cristianismo fundiendo en
una sola família las ramas dispersas y rivales, aún aquellas
entre las cuales reinan todavía antipatías o celos, a
una gran comunión, a una gran nacionalidad, a un único
pueblo: a la humanidad cristiana."
En la consideración de que su siglo "es el siglo del tránsito
de las nacionalidades a la humanidad", tal como el siglo XV había
sido el siglo del tránsito del feudalismo a las nacionalidades,
el proyeto de fraternidad cosmopolita y ecumenista de Latino podría
realizarse en la Península, dados los orígenes y valores
comunes que reclama para sus pueblos. La unión peninsular, tal
y como la presenta, brota como el bien, un bien alcanzable que se orienta
hacia un Bien universal, en el que caben todos los pueblos como verdadero
sentido de Humanidad.
María Monteiro