El proyeto europeo.
Para que la Europa del siglo XIX alcanzara el ideal de fraternidad y
de paz perpétua reclamado por Latino, se imponía su ordenamiento
como una federación de naciones, único modo de garantizar
la igualdad y el respecto entre estas. Los Estados Unidos de América
y la Suiza son tomados como ejemplo de la eficacia del régimen
federativo y el equilibrio del poder internacional pasaría por
esta forma de organización, fundada en el derecho de gentes,
en un pacto escrito, inviolable y definidor de los deberes y derechos
recíprocos de cada nación.
Consciente de la imposibilidad de que este ideal se resuelva inmediatamente
, el autor defiende que, al menos, se debería cultivarlo como
deseo, para que, dentro del concepto de progreso que determina el desarrollo
de las sociedades, se trabajara para alcanzar ese objetivo. Según
él, este deseo ya estaría justificado historicamente por
los ideales de paz perpétua legados por pensadores tales como
el abate de Saint Pierre, Rousseau y Kant, por ejemplo, por lo que a
los hombres del siglo XIX cabría la responsabilidad de continuar
su labor, preparando el terreno para que las futuras generaciones pudieran
finalmente realizar el ideal, evitándo que cayera en el domínio
de una utopía más, irrealizable.
María Monteiro