Historia: civilización y moral.
La idea de Iberia presentada por Latino Coelho, cabe en su concepción
de Historia y en su ideal de una Europa en paz. Para nuestro autor,
"la Historia es la manifestación empírica de las
leyes morales y políticas de la humanidad y de las distinctas
sociedades o naciones" y la Historia de la Humanidad (al igual
que la historia de la Naturaleza) constituye una sucesión de
etapas de una misma dialéctica, según la cual el universo,
tal como las sociedades, se orientan de un estado menos complejo a un
estado más perfecto.
Esta concepción de Historia implica la irreversibilidad de su
progreso, pero este se entreteje en dos dimensiones distintas: una,
la que corresponde al "camino de la civilización moral"
y que podrá representarse graficamente por "una línea
con distintas y numerosas inflexiones"; otra, la que corresponde
al "camino de los progresos materiales" y que podrá
representarse por una línea recta. Lo que explica, según
él, que, a veces los hechos parezcan un volver atrás,
como si la Historia pudiera engañarnos a través de lo
real empírico. Para el autor, lo que verdaderamente determina
el progreso histórico se encuentra más allá en
la esfera eidética: "(...)la idea va siempre avanzando.
Y la idea es todo. El hecho es apenas su forma material."
Dentro de esto, cabe su tesis de que la Democracia es la gran idea del
siglo XIX, a sua vez herencia de los siglos anteriores, porque en la
civilización y en la historia hay "una concatenación
teleológica de las ideas y de los hechos, una providencia, cuyas
leyes nadie puede destruir. No es posible el retroceso".
Y, claro está, esta certidumbre fortalece la creencia de que
la Idea de su siglo seguirá siempre progresando , plasmándose
oportunamente en el campo de los progresos materiales.
Su concepto de democracia conlleva la idea de civilización, porque
esta implica moral y sin esta no existen, ni la primera, ni la segunda,
siendo cierto que, en último término, para Latino, moral
significa pensamiento cristiano realizado. En su entender, la civilización
camina hacia la gran comunión de naciones, o de sociedades, con
vista a la creación de la humanidad cristiana. Y el fin de las
sociedades es la paz, que siempre va de par con la justicia.
Una y outra se identifican mutuamente, siendo que la justicia es sinónimo
de equilíbrio de las naciones, lo que implica necesariamente
la existencia de libertad, de prosperidad y del derecho - todo lo que
no está contemplado en las dictaduras que, por esto, están
consideradas "(
)aberraciones en el orden normal y legal
de las sociedades en lo que toca a su gobierno(
)" y "(
)
un parentesis abierto en el gobierno representativo, una violación
de los Derechos (
)" motivos bastantes para que
sean merecedoras de censura y condenables por todos los hombres de moral
o, lo mismo es decir, por todos los demócratas.
Dentro de lo que cabe en su pensamiento, el sentido moral o, mejor dicho
inmoral, de las dictaduras, explica que las considere no sólo
una cuestión política, sino también una cuestión
metafísica y que, defienda que, al igual que los curas reprueban
las herejías en Concilios, también a él y a los
que comparten sus ideales, cumplirá condenarlas como principio
de gobierno. Al fin y al cabo, los valores humanistas que reclama para
la democracia son los mismos valores que va a beber al cristianismo,
fundamentamentándo en éste, su filosofía política
y social. En este particular, no cabe duda de que, para Latino Coelho,
un demócrata será necesariamente un cristiano.
María Monteiro