Del Coloquio del conocimiento de sí mismo Título LIII. De la imaginación, la cual hace lo mismo que la Verdad

El poder de la imaginación

Parece probada la influencia de Vives en la obra de doña Oliva, pero la antropología de aquél parece más dependiente de la de Aristóteles, mientras que Sabuco, por ejemplo, traspasa al cerebro todas las funciones importantes de la vida humana.

El padre Feijoo en su Teatro crítico (t. Iº, discurso XVI) exagera la originalidad de doña Oliva:

«También parece que esta gran mujer fue delante de Renato Descartes en la opinión de constituir el cerebro por único domicilio de la alma racional, aunque extendiéndola a toda sus substancia, y no estrechándola precisamente a la glándula pineal, como Descartes».

Huarte, en su Examen de Ingenios (cap. 6º), ya había dicho que "ningún filósofo duda en esta era que el cerebro es el instrumento que naturaleza ordenó para que el hombre fuese sabio y prudente".

En el siguiente texto de la Nueva Filosofía, Sabuco pone un fabuloso ejemplo del poder de la imaginación para determinar la vida humana:

«La imaginación es un afecto muy fuerte y de grande eficacia. Es general para todo, es como un molde vacío, que lo que le echan eso imprime. Y así, si la imaginación es de afecto que mata, también mata como si fuera verdad. Y por esto mueren algunos de sueños, soñando cosas que les quitan la vida. Y si la imaginación es de contrario que hace mediano daño, aquello es, y si de pequeño, aquello también es. Es como un espejo, que todas las figuras que vienen, esas recibe y muestra: así, si la imaginación es de miedo, daña como verdadero... También obra en el acto de engendrar, como se vido en una mujer que parió un niño con cuero y pelos de camello, porque tenía de cara de su cama una figura de San Juan Bautista vestida de piel de camello... Así el hombre lo que tiene en su imaginación (ora sea en vigilia, ora sea en sueño) aquello es para él, en tanto que si se sueñan o piensan dichosos y felices, obra en ellos como si fuera verdad. Y, por tanto, te doy este consejo: juzga el día presente por felice.»

Doña Oliva Sabuco de Nantes Estudio y antología de Florentino M. Torner, Aguilar, Madrid (s/f), col. Biblioteca de la cultura española, V, 1, pg. 139.