INTRODUCCIÓN



Introducción a los Tres diálogos entre Hilas y Filonús.

Desilusionado por la escasa acogida que tuvo su Tratado sobre los principios del conocimiento humano y consciente de que su teoría del conocimiento había dejado algunos puntos oscuros, Berkeley decide escribir una nueva obra que expusiera con claridad sus puntos esenciales. Se trata de los Three dialogues between Hylas and Philonous, 1712.

El Tratado se había convertido en blanco de críticas y sarcasmos porque dibujaba un sistema que parecía apartarse del sentido sentido común al negar lo que para la mayoría de las personas es un hecho obvio: la existencia de un mundo material, exterior e independiente de nosotros.

Las críticas fueron muy severas. Para muchos, Berkeley fue un bromista ingeniosos; para otros un demente que conducía a los hombres a las más absurdas paradojas.

En el prólogo a los Tres diálogos, el autor establece las intenciones que persigue con esta obra: destruir el ateísmo y el escepticismo a los que había llegado otras teorías, desde Descartes hasta Locke. Berkeley pretendía recuperar el sentido común y volver "a los simples dictados de la naturaleza".

Enormemente religioso, Berkeley nesetitaba combatir las posturas deístas y librepensadoras que estaban extendiéndose por la Europa que entraba en el siglo XVIII. La indiferencia e, incluso, la irreverencia por las cuestiones teológicas apartan al hombre de su prioritaria ocupación: vivir conforme a los dictados de Dios para conseguir la salvación eterna.

Berkeley pensaba necesario "apartar la ocupada mente del hombre de investigaciones inútiles" y de los refinamientos abstractos que no hacían sinó confundir su inteligencia extraviándola de los "aspectos prácticos de la vida"

El filósofo irlandés construyó su sistema como una reacción a las corrientes progresistas y renovadoras que nacían con la modernidad. Filósofos como Descartes o Locke no hacían sino destruir los dogmas de la religión, abocando al hombre al escepticismo y el ateísmo. Ambos habían llegado a un dualismo insuperable que imposibilitaba el acceso del hombre al conocimiento de la verdadera naturaleza de las cosas:

"Según los principios comunes de los filósofos, no podemos estar seguros de la existencia de las cosas por el hecho de que las percibamos. Y se nos enseña a distinguir su naturaleza real de aquella que cae bajo nuestros sentidos. De ahí surge el escepticismo y las paradojas. No basta con que veamos y sintamos, con que gustemos y olamos una cosa. Su naturaleza verdadera, su entidad absoluta y externa permanece aún oculta. Pués, aunque sólo es una ficción de nuestro cerebro, la hemos convertido en inaccesible para todas nuestras facultades. Los sentidos son falaces; la razón deficiente."

( Tres diálogos entre Hilas y Filonús, I, Alianza Editorial, Madrid 1990. Págs. 79-80 de la traducción de Concha Cogolludo ).

Para estos filósofos existe una substancia material distinta de nuestro "yo" espiritual, que es inferida a través de las ideas que causan en nosotros sus cualidades sensibles.

El conocimiento de la substancia es posible gracias a la perfecta adecuación entre las ideas percibidas por nuestra mente y las cualidades de la substancia.

El problema sobreviene cuando nosotros percibimos ideas de cualidades que realmente no son inherentes a los cuerpos, es decir, que no tienen realidad propia: son subjetivas.Por lo tanto, el hombre, en su contacto directo con el mundo, no hace sinó filtrar fantasmas mediante sus sentidos, sin poder nunca tener acceso inmediato a lo real, quedándose en la mera apariencia.

 

Este juego de espejos es producido a causa de la oscuridad e ininteligibilidad de la substancia corporal, que el hombre no percibe directamente, sinó que infiere.

Nos las vemos con el problema de la diferenciación entre las cualidades primarias y secundarias de los objetos. La objetividad queda a manos de las cualidades primarias, que son las que verdaderamente traducen y hacen visibles las verdadera naturaleza de las cosas, haciendo que lo que inmediatamente el hombre ve, toca y huele no sea sino una ilusión.

Berkeley cree que est lo único que produce es aislar al hombre del mundo.

¿No será más lógico pensar que es precisamente lo que vemos y tocamos lo real? ¿Acaso no es más acorde al sentido común decir que lo que existe realmente es lo que mis sentidos captan de forma inmediata?

Berkeley afirma que lo más sensato es pensar que el mundo que percibimos inmediatamente existe, despojado de cualquier substancialidad que no hará sinó oscurecerlo y hacerlo todavía más incomprensible.

El afán de claridad sujeta la elección del género literario del diálogo como forma idónea para alcanzar dos fines fundamentales: en primer lugar, esclarecer las objeciones y dudas que su anterior obra causó y, en segundo lugar, permitir el acceso a un mayor número de lectores, para lo cual utilizó un lenguaje llano, exento de erudicciones.

Divididos en tres por el autor, los Diálogos están sujetos a la labor de fundamentación de un nuevo sistema, construído a partir de las incongruencias y falacias a las que según él, se había llegado con las posturas materialistas.

La conversación se desarrolla entre dos personajes que sustentan y representan tesis filosóficas opuestas e incompatibles: Filonús (Philonous o amigo del intelecto) representa la posición inmaterialista y fenomenológica defendida por Berkeley. Paciente y sensible, opera con tanta rigurosidad en sus razonamientos que su contrincante, Hilas (Hylas), el materialista acérrimo, se ve abocado a aceptar la tesis berkeleyana, a pesar de la obstinación y ligereza que (intencionadamente) le caracterizan.

Los Tres diálogos tratan de poner de manifiesto que lo denominado como substancia material no es más que un juego de palabras carente de significación.Substancializar el mundo material conlleva alejarse de los dictados de la recta razón, produciendo absurdos y paradojas.El materialismo llevado a sus últimas consecuencias conduce al ateísmo y el escepticismo, posturas totalmente rechazadas por Berkeley.

Éste, en el Primer diálogo analizará las cualidades primarias y secundarias a través de un nuevo concepto de percepción. Ambas cualidades quedarán reducidas a la condición de subjetivas.

 

Si todo lo percibido son ideas que no se correspoden con nada real y exterior existente con independencia de nuestras mentes, el mundo sensible no es más que un enorme conjunto de fenómenos y su ser consistirá en ser percibido (esse est percipi).Por lo tanto, la substancia material no existe.

En el Segundo diálogo se explica cuál es la existencia de ese mundo que ya no es corporal. Se define también la substancia infinita cuya existencia es necesaria para el mundo: Dios.

Será en el Tercer diálogo donde describirá la ralidad como compuesta únicamente de substancias espirituales: una infinita y garante de la realidad, Dios, y otras finitas que son los espíritus creados. El resto es un despliegue de ideas, ya sea en la mente divina (ideas arquetípicas), o en las mentes de los espíritus creados (ideas ectípicas).

Este breve resumen no nos ilustra en absoluto sobra la riqueza del cuerpo filosófico del autor. Por ello, para adentrarnos en la problemática berkeleyana, lo más aconsejable será dirigirse directamente al texto y olvidar los prolegómenos.

Elena Diez de la Cortina Montemayor