Demócrito: la multiplicidad necesaria


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rente a las escasas noticias biográficas conservadas de Leucipo, que pasa por ser el introductor del atomismo, Demócrito, su continuador, es bien conocido tanto en su vida como en su abundante obra, aunque la gran mayoría se perdiera, al parecer por el escaso interés por parte de la escuela platónica en que perdurara. En los diálogos platónicos parece haber poco más que referencias indirectas al sistema de Demócrito, mientras que Aristóteles sí aborda críticamente su filosofía. El atomismo desaparece en gran medida del panorama de las ideas y las cosmovisiones prácticamente hasta la Edad Media y el Renacimiento, cuando Nicolás de Cusa y Giordano Bruno mencionan las sustancias materiales mínimas de la naturaleza. En la Modernidad y con la Revolución científica ya en marcha, el atomismo mecanicista recupera el primer plano, y no es hasta la fisión atómica que el carácter inmutable e indivisible de los corpúsculos elementales es definitivamente abandonado. Es ciertamente llamativo el hecho de que la Física del siglo XX haya contribuido, de manera "involuntaria", a la quiebra de la metafísica racionalista de Parménides, fracturando la mónada esférica, compacta, homogénea, presuntamente invariable, el ser cristalizado, la realidad en "formato instantánea fotográfica" e inteligible en su totalidad.

Se desconoce la fecha exacta de nacimiento (primera mitad del siglo cuarto a.C.) del longevo Demócrito, pero sí el lugar, Abdera, situada en la actual prolongación oriental de Grecia, frente a la isla de Thasos.

Demócrito supone un nuevo paso hacia el definitivo pluralismo materialista. Del pluralismo limitado y cualitativo de Empédocles al pluralismo ilimitado pero también cualitativo de Anaxágoras llegamos a Demócrito, con su pluralismo infinito y cuantitativo. Las homeomerías anaxagóreas se han transformado en pequeñas partículas indivisibles, átomos, carentes de cualidades, infinitos en número y forma e imperecederos, con lo que el ser parmenídeo queda salvado en parte. Las cualidades sensorialmente perceptibles (la experiencia es la fuente última de todo conocimiento) surgen de la unión de los átomos, y son por tanto secundarias, de la misma forma que lo serían siglos después para los empiristas británicos. Los átomos son los elementos fundamentales de los que está compuesto todo lo visible y lo invisible; incluso nuestra alma y los dioses, que carecen de cualquier ánimo providente, están formados por átomos, aunque en ambos casos por partículas más livianas y esféricas, semejantes a las que componen el fuego. Los átomos se mueven según leyes naturales cognoscibles generando múltiples choques en el infinito vacío, con lo que se producen agregaciones que dan lugar los mundos y a los seres vivos. La destrucción y la muerte consisten en la separación de los átomos agregados, y en este universo infinito en átomos y vacío no hay lugar para una inteligencia ordenadora o motor exterior como el Nôus de Anaxágoras, ni tampoco para un alma entendida como una realidad ontológicamente diferente de la materia.

Fue el atomismo de Leucipo, y en particular Demócrito, la corriente que dedujo la necesaria existencia de múltiples mundos y de sus habitantes, en función de la infinitud de átomos moviéndose en el vacío y de las múltiples combinaciones y fusiones de éstos, aunque ninguno de los dos ofrece una causa concreta para el movimiento atómico, más que el hecho de que se encuentran libres en el espacio. Esta causa y el concepto de peso son dos de los aspectos más debatidos por los especialistas en el atomismo griego. Según Kirk, Raven y Schofield no parece lógico que Demócrito no albergara el concepto de peso como un componente más de su teoría atómica, más cuando éste es naturalmente asimilado a través de la experiencia. No obstante, para Demócrito el peso es una cualidad derivada, no fundamental como el tamaño y la forma de los átomos, mientras que Epicuro, como continuador de la escuela atomista, considera que el peso es una cualidad primaria de los átomos, que hace que se muevan verticalmente con la ayuda del clinamen, o movimiento de inclinación y desviación, que provoca el choque de unas partículas con otras.

La multiplicidad de los objetos cósmicos es una necesidad derivada del número infinito de átomos existentes: si han dado origen a cuerpos celestes como los visibles a simple vista debe existir un número infinito de ellos al ser infinitos los elementos constitutivos disponibles e infinito el vacío en el que se hallan.

Los mundos surgen a partir de los torbellinos a que se ven arrastrados los átomos como consecuencia de choques previos (los átomos están en permanente movimiento desde la eternidad). Los átomos más grandes se dirigen al centro, mientras que los más ligeros lo hacen impulsados hacia la periferia. Uniéndose unos con otros según sus formas se disponen en el seno del vacío y dan lugar a los infinitos mundos. Este proceso cosmogónico no es eterno, ya que esos mismos mundos pueden desagregarse y desaparecer, corruptibilidad que la cosmología aristotélica negó a favor de la perfección inmutable de las esferas cristalinas, idea no abandonada, entre otras razones, hasta la irrefutable evidencia de cambio mostrada por los cielos con la aparición de una supernova en 1572 y de varios cometas a partir de 1577.

El apologeta cristiano Hipólito recoge un texto de Demócrito de aire sorprendentemente moderno :

“... que existen innumerables mundos, de tamaños diferentes. En algunos de ellos no hay ni sol ni luna, en otros el sol y la luna son más grandes que los de nuestro mundo y otros tienen más de un sol y más de una luna. Las distancias entre los mundos son irregulares, más en una dirección y menos en otra; y mientras unos florecen, otros decaen. Aquí se generan y allá, al colisionar con otros, perecen y de destruyen. Varios mundos carecen de vida vegetal y animal, así como de todo tipo de agua”.

2.500 años separan esta imaginación democrítea -dicho sea sin el menor afán peyorativo, menos cuando se deriva con justeza de su sistema ontológico y cosmológico- de las contemporáneas teorías de evolución estelar y acreción planetaria.

Es destacable la ausencia de cualquier connotación teleológica en el texto democríteo (al igual que la presencia de una inteligencia ordenadora en todo el proceso cosmogónico, como ya hemos visto), al contrario de lo que sucede en la gran mayoría de los pluralistas posteriores, para quienes es poco menos que una necesidad que esos planetas estén habitados, en algunos casos por criaturas inteligentes. Demócrito asegura que en no todos los infinitos mundos existentes debe haber vida; al ser infinitas las formas y combinaciones de los átomos formadores de mundos, muchos no tendrán la capacidad de albergar seres vivos, pues la vida, al igual que cualquier otra manifestación producto de las deterministas leyes que rigen los movimientos atómicos, no es necesaria.

RICARDO CAMPO