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El ser. La substancia

"Ser" se dice en varios sentidos, según expusimos antes en el libro sobre los diversos sentidos de las palabras; pues, por una parte, significa la quididad y algo determinado, y, por otra, la cualidad o la cantidad o cualquiera de las demás predicados de esta clase. Pero, diciéndose "ser" en tantos sentidos, es evidente que el primer ser de estos es la quididad, que significa la substancia (pues cuando expresamos la cualidad de algo determinado decimos que es bueno o malo, pero no que es de tres codos o un hombre; en cambio, cuando decimos qué es, no decimos blanco ni caliente ni de tres codos, sino un hombre o un dios); y los demás se llaman entes por ser cantidades o cualidades o afecciones o alguna otra cosa del Ser en este sentido.

Por eso podría didarse si "andar" y "estar sano" y "estar sentado" significan cada uno un ser (ente), y lo mismo en cualquier otro caso semejante; pues ninguno de ellos tiene naturalmente existencia propia ni puede separarse de la substancia, sino que, más bien, en todo caso, serán entes (seres) lo que anda y lo que está sentado y lo que está sano. Y éstos parecen más entes porque hay algo que les sirve de sujeto determinado ( y esto es la substancia y el individuo), lo cual se manifiesta en tal categoría.
Pues bueno o sentado no se dice sin esto. Es, pues, evidente que a causa de ésta es también cada una de las demás cosas, de suerte que el Ser primero, y no un ente con alguna determinación, sino el Ser absoluto será la substancia.

Ahora bien, "primero" se dice en varios sentidos; pero en todos es primero la substancia: en cuanto al enunciado, en cuanto al conocimiento y en cuanto al tiempo. Pues, de los demás categoremas, ninguno es separable sino ella sola. Y, en cuanto al enunciado, ella es lo primero (pues en el enunciado de cada cosa entrará necesariamente el de la substancia); y creemos conocer cada cosa del mejor modo cuando conocemos qué es el hombre o el fuego, más que cuando conocemos su cualidad o su cantidad o dónde está, puesto que también conocemos cada una de estas mismas cosas cuando sabemos qué es la cantidad o la cualidad. Y, en efecto, lo que antiguamente y ahora y siempre se ha buscado y siempre ha sido objeto de duda: ¿Qué es el Ser?, equivale a: ¿qué es la substancia? (pues hay quienes dicen que esta es una, y otros, que más de una; éstos, que su número es finito, y otros, que es infinito). Por eso también nosotros tenemos que estudiar sobre todo y en primer lugar y, por decirlo así, exclusivamente, qué es el Ser así entendido.

Al parecer, donede más claramente se da la substancia es en los cuerpos (por eso decimos que los animales y las plantas y sus partes son substancias, y también los cuerpos naturales, como el fuego y el Agua y la Tierra y otros tales, y cuantos son partes de éstos o compuestos de ellos, parcial o totalmente, como el Cielo y sus partes, los astros y la Luna y el Sol). Tenemos, pues, que considerar si sólo son substancias éstas o también otras, o algunas de estas o también otras, o ninguna de éstas y sí algunas otras.

A algunos les parece que los límites del cuerpo, como la superficie, la línea, el punto y la unidad, son substancias, incluso en mayor grado que el cuerpo y el sólido. Además, unos no creen que, fuera de las cosas sensibles, haya nada semejante, mientras otros admiten las substancias eternas, más numerosas y más reales; por ejemplo, Platón considera las especies y las cosas matemáticas como dos clases de substancias, y como otra tercera la substancia de los cuerpos sensibles, y Espeusipo admite incluso más substancias [...]

De la substancia se habla al menos en cuatro sentidos principales. En efecto, la esencia, el universal y el género parecen ser substancia de cada cosa; y el cuarto de ellos es el sujeto. Y el sujeto es aquello de lo que se dicen las demás cosas, sin que él, por su parte, se diga de otra. Por eso tenemos que determinar en primer lugar su naturaleza; porque el sujeto primero parece ser substancia en sumo grado. Como tal se menciona, en un sentido, la materia, y, en otro, la forma y, en tercer lugar, el compuesto de ambas (y llamo materia, por ejemplo, al bronce, y forma, a la figura visible, y compuesto de ambas, a la estatua como conjunto total); de suerte que, si la especie es anterior a la materia y más ente (ser) que ella, por la misma razón será anterior también al compuesto de ambas.

Ahora hemos dicho ya sumariamente qué es la substancia, a saber, aquello que no se dice de un sujeto, sino de lo que se dicen las demás cosas. Pero no se debe proceder sólo así; pues no basta, ya que esto mismo es oscuro, y, además, la materia se convierte en substancia. Porque, si ésta no es substancia, , no se ve qué otra cosa puede serlo, pues, suprimidas las demás cosas, no parece quedar nada. En efecto, las demás cosas son afecciones y acciones y potencias de los cuerpos, y la longitud y la latitud y la profundidad son ciertas cantidades, pero no substancias (pues la cantidad no es substancia), sino que más bien es substancia aquello primero a lo que estas cosas son inherentes. Ahora bien, suprimida la longitud, la latitud y la profundidad, no vemos que quede nada, a no ser que haya algo delimitado por aquellas; de suerte que, a los que así proceden, necesariamente les parecerá que la materia es la única substancia. Y entiendo por materia la que de suyo ni es algo ni es cantidad ni ninguna otra cosa de las que determinan al ente. Pues es algo de lo que se predica cada una de estas cosas, y cuyo ser es diverso del de cada una de las categorías (pues todas las demás cosas se predican de la substancia, y ésta, de la materia); de suerte que lo último no es, de suyo, ni algo ni cuanto ni ninguna otra cosa; ni tampoco sus negaciones, pues también éstas serán accidentales. Así, pues, quienes procedan de este modo llegarán a la conclusión de que es substancia la materia.

Pero esto es imposible. En efecto, el ser separable y algo determinado parace corresponder sobre todo a la substancia; y por eso la especie y el compuesto de ambas parecen ser substancias en mayor grado que la materia. Pero omitamos la substancia compuesta de ambas, es decir, la que se compone de materia y forma, pues es posterior y clara. Y también es manifiesta en cierto modo la materia.

(Metafísica, VII 1028a - 1029b 30)

 

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