Se basa sobre todo en Jensen, A. E., Mito y culto entre pueblos primitivos , pp. 189-190: "Hubieron de ser vivencias extraordinariamente violentas las que llevaron al hombre a introducir en su vida actos tan crueles". La interpretación de Jensen se mantiene enfrentada a toda lectura teológica o cósmica del sacrificio: “¿Cómo podremos comprender - pese a todas las teorías del sacrificio - que haya de ser grato a algún dios o a los dioses que se maten y consuman en su honor hombres o animales?” (p. 198). El sacrificio no tiene que ver con la deidad ni es una ofrenda ni una comunicación hombre-dios. El sacrificio sólo tiene sentido “a condición de que se relacione con un acontecimiento del tiempo originario, en el que matar constituye uno de los actos centrales” (p. 199). En este trabajo, Jensen se mantiene cauto a la hora de dar una explicación de ese suceso originario, si bien entiende su necesidad y lo reduce a actos arcaicos de matanza colectiva.