Este tipo de comparatismo, que excede los marcos de la inter-culturalidad para convertirse más bien en una inter-temporalidad, defiende que un pueblo primitivo actual remite, no exacta pero sí pertinentemente, a los primeros estadios de la evolución del hombre. Esta hipótesis, lejos de ser una fantasía filosófica, venía aparentemente corroborada por los primeros descubrimientos de la arqueología prehistórica danesa, la cual admitía la existencia de tres edades (piedra, bronce, hierro). La existencia, co-presente en la distancia, de pueblos desconocedores de la metalurgia hizo ver en éstos la infancia más remota del hombre.