La crítica contundente a la antropología evolucionista tiene uno de sus principales focos en el establecimiento del "trabajo de campo" como criterio de lo científico y en una estratégica retirada respecto de las teorías demasiado ambiciosas, que intentan copar el objeto de estudio con el establecimiento de pautas generales. En este sentido, el "resultado editorial" de la antropología práctica suele presentarse bajo la forma de la monografía cultural, no inaugurada, pero sí popularizada por los escritos de Franz Boas, Bronislaw Malinowski y otros etnógrafos.