Esta manera de pensar influyó notoriamente en varios autores de la época. Uno de los que se beneficiaron fue el filósofo alemán Friedrich Nietzsche. En sus estudios de la Grecia clásica corrobora esa “Edad de Oro”, esa fase arcaica de cercanía, en la que hombres y dioses se sentaban juntos en la misma mesa. En las clases que imparte en Basilea, en 1875, habla del hombre sacrificial griego como aquel que “trataba con sus dioses como una casta inferior se trataría con una casta superior, más poderosa, más noble, pero de la que se sabe de una común descendencia con ella”. Nietzsche, F., El culto griego a los dioses , p. 258.